José Lezama Lima

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    La llamada de Lezama Lima, ‘Cangrejito’. La madre, la literatura y el deseo

    Trinidad Simón Macías - 07-04-2017

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    El llamado del deseoso es un conocido poema de José Lezama Lima, de quien Sexto Piso ha publicado la edición completa de sus poesías1. Se editó por vez primera en 1945 en el poemario Aventuras sigilosas. En él nos encontramos con su impactante primer verso:

     

              Deseoso es aquel que huye de su madre2

     

    Impacto y desasosiego. ‘Deseoso’ es el que desea. En el verso se establece un arco tensional entre el deseoso y su madre. Es deseoso quien huye de la madre, sino no hay deseoso. La huida condición de posibilidad del deseante. Madre, hándicap de deseo. El poema pudiera ser un caracol.

     

    En 1944 Lezama envía una carta que lleva título: Dándole la mano a las hojas (entrada del otoño). Si hubiera sido un poema, las palabras del paréntesis podrían asomar en un poemario de otro tiempo, y las manos hubieran tocado el otoño de la noche, penetrada por las “hojas sopladas” a la luz de su deseo impreso3. La carta es una de las primeras en la amistad trenzada entre Cintio Vitier y Lezama y, hablando como está de su construir poético, le escribe: “¿Huye la poesía de las cosas? ¿Qué es eso de huir? En sentido pascalino, la única manera de caminar y adelantar”4. Si nos detenemos en los inicios, antes de Pascal –filósofo–, hubo un poeta.

     

    Huir es el verbo, la acción, el ser en acto. Con la huida: “Los deseos cercan el cuerpo en otro cuerpo fugado”5. Huir de su madre para ceñir un cuerpo deseado. Un lírico verso que nos evoca a otro poeta: “Cuerpos gritando bajo el cuerpo que les visita”6. Cernuda es el poeta.

     

    En agosto de 1936, José Lezama Lima publicó en la revista cubana Grafos su primer escrito dedicado a la literatura: “Soledades habitadas por Cernuda”7. En abril del citado año se publicó la primera edición de la obra de un solo nombre de Cernuda: Realidad y deseo. Lezama leyó pronto a Cernuda y encontró que aquellas Soledades de Góngora  eran pobladas por “una mística corporal” a la fuga de la “palabra hilada”.

     

    “¿Dónde huir? Tibio vacío”8 en el verso de Cernuda, Lezama leyó y fue tocado, como cuando su padre le llevaba a ver competiciones de esgrima y quedaba fascinado por “aquellos gritos de touché, touché, del final”9. ¿Dónde huir? Lezama apresa el objeto poético de Cernuda en la huida a su inmóvil y transparente centro, palabra clara, delicada, “recortada hebra a hebra”. Huida anegada de voluptuosidad y desgarro, anhelante de olvido. Cernuda entrega la huida, entrega pregunta, ¿dónde, dónde huir? Entrega deseo “porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe”10.

     

    La huida y la pregunta de Cernuda le impresionan a Lezama lo suficiente como para elegirle en su primera salida escritural a la crítica literaria. En el poema del que hablamos el deseante y la huida se confunden:

     

               El deseoso es el huidizo

     

    “¿Qué es eso de huir?”, escribe a Vitier. En su respuesta nombra a Pascal, que es pensador de cabecera de Lezama. En sus escritos ensayísticos aparecerá profusamente y puede considerarse que impregna su pensamiento poético. Pascal escribió lo que se ha dado en llamar Pensamientos, que no son un libro, sino fragmentos de un proyecto de apología sobre el cristianismo que no llegó a confeccionar. A Pascal, matemático y físico, sus crisis espirituales le convirtieron a un catolicismo jansenista y se volcó en la escritura de inspiración espiritual. Lezama fue siempre ferviente creyente católico, Pascal le sopla un camino de huida: “Nada se detiene para nosotros”11, escribe Pascal, que piensa el aburrimiento, la sequía de las pasiones, el tedio, como mortales para la existencia. Del tedio hay que huir, en la huida está la vida: “Razones por las que se prefiere la caza a la presa”12, anota Pascal.

     

    El huidizo es el deseoso de “caminar y adelantar” yéndose de la madre:

     

                La hondura del deseo no va por el secuestro del fruto.

     

    El hijo es el fruto del vientre que una madre quiere retener o, bien el hijo huye de un deseo que: “Lépero maduro entra en su útero como un cangrejo humedece su galerón”13.  Tedio mortífero, aburrimiento aniquilante, deseo mortal: ser reabsorbido por la madre. Cangrejito14, llamaba Rosa Lima, su madre, a José Andrés Lezama.

     

    Rosa, sabía que su niño tenía muchos miedos. Rosa sabía que si se iban de fiesta, él “sentía un gran miedo hasta que ellos regresaban”15:

     

             Despedirse es cultivar un rocío para unirlo con la secularidad de la saliva

     

    Los besos del niño y su ungida madre serán otros besos en otro cuerpo y en otro tiempo, desea el deseoso. O no serán nuevas mañanas si la despedida no se renueva, no se reedita una y otra vez. De la madre a la esposa, el deseoso de Lezama tiembla en la escapada. Lezama recibió de su madre el mandato de escribir la historia de la familia16. Un mandato es una obligación imperiosa que se está llamado a colmar. Un llamado en Lezama es fe, vocación, misterio. Atraparse en el llamado o huir del llamado.

    Cernuda le impacta con la pregunta por huir, Pascal le señala un camino de respuestas:

     

                Deseoso es dejar de ver a su madre.

     

    La ausencia es corte con la presencia. La separación de una madre permite la entrada de la ausencia17 que obliga a construir con elementos simbólicos, el recreo de su presencia. El niño José Andrés “esperaba siempre la noche con innegable terror”18. La noche desciende sobre la tierra, cae. En la noche la ausencia se adentra:

     

                Y es a la noche que esa ausencia se va ahondando como un cuchillo.

     

    Es la pregunta cuchillo, arma blanca o “¿Es esto sueño o ciertamente toco la blanca mano?”19, la mano de la noche que encuentra la mano tendida que busca en la oscuridad. La mano es encuentro y el cuchillo es significante que hiende, imagen de corte de la noche y el día, de los cuerpos apegados de José Andrés y su madre. El cuchillo mortal de la enfermedad le arrebató a su padre. Esta muerte y “el apegamiento con mi madre en una forma casi desesperada como único asidero”20, fueron centro gravitacional de sus alucinaciones21.

     

               En esa ausencia se abre una torre, en esa torre baila un fuego hueco.

     

    Tras huir, la ausencia, “tibio vacío” en el verso cernudiano, ocupado por la torre de deseo de Pascal: “Quemamos de deseo para encontrar un fundamento firme y una última base constante para edificar una torre que se eleva hasta los abismos”22. Una torre, una imago, como un falo. Calmar la ausencia, apagar el fuego del deseo apegado:

     

            La madre es fría y está cumplida.

     

    Desapasionarse, separarse con fría emoción, se han cumplido las obligaciones de satisfacción. Si no hay pasión, la separación se cumple:

     

                Si es por la muerte, su peso es doble y ya no nos suelta.

     

    Si despegarse es morir, la pregunta mata, el deseo se eclipsa. Si la muerte es quien separa, pesa el verso en su peso y Lezama, andando el tiempo, tendrá ocasión de levantar “un espacio resistente entre la progresión de la metáfora y el cubrefuego de la imagen”23, un poema. Escucharemos entonces si suelta y deja marchar, o la ascensión de la vieja sangre, la vuelta de la pasión, iza la torre de fuego incandescente:

     

               Es por un claro donde la madre sigue marchando, pero ya no nos sigue.

     

    En el acto de huir el sujeto persigue “aire” o persigue un objeto inasible que no sabe perdido. O por lo mismo, le persigue el viento como sombra de la “naturaleza” perdida, del otro de naturaleza real, tal como dice Lezama citando a Pascal: “No hay nada que no se convierta en natural; nada natural que no se haga perder”24. Si hay un “claro”, una ausencia con bordes, con suelo, no un abismo, entonces la imago de la ausencia representa la presencia. ¿Qué bordes y que suelo contornean el “claro” de José Lezama?:

     

               Ay del que no marcha esa marcha donde la madre ya no le sigue, ay.

     

    Si la separación no se conquista ni con huir, ni cuchillos ni preguntas, el deseoso desfallece:

     

              Pero el seguirlo sería quemarse dos en un árbol

     

    El poeta siente la amenaza ardiente de la persecución de la madre, que es ahí figura de omnipotencia aniquiladora de subjetividad y vida vivida. Ay, ay:

     

             Y ¿de dónde huimos, si no es de nuestras madres de quien huimos

     

    “El poema es el cuerpo resistente frente al tiempo”25. ¿Qué resiste quien huye? ¿Huye el deseoso para desear, o huye por despecho?:

     

              Que nunca quieren recomenzar el mismo naipe, la misma noche de igual ijada                      descomunal?

     

    Recomenzar es devorar, es el secuestro del fruto o el deseo de ser secuestrado. Recomenzar es regresar y “de regreso, el fuego devoró a su madre, donde su madre podía haberlo devorado a él”26. Devoración y nostalgia del objeto perdido, ese que es la misma noche de igual ijada descomunal. La separación en entredicho. ¿O fracasada? No hay “claro” por donde se vea que la madre lleve su camino, no hay claro bordeando la ausencia, hay abismo que engulle. Devorar el naipe, identificarse con la sombra de la ijada descomunal, del ser alojado en la sombra de la madre. Melancolía, el caracol plegándose. Se cierra el poema resistiendo al tiempo del deseo libertado.

     

     

    *     *     *

     

    José Lezama Lima vivió como escribió, como poeta que sigue al dictado la “fe en su vocación”. Pierde a su padre en la edad de la infancia y sufre una conmoción. El niño y el coronel José María Lezama Rodda tenían una tierna relación. En una cartita que el niño José Andrés escribe a su padre le titula papaíto27 y le dice que tiene muchas ganas de verle, pues el padre se ausentaba por temporadas de la casa familiar de La Habana. Lezama Lima lo dejó dicho: “Cuando mi padre murió yo tenía ocho años y ese hecho me hizo hipersensible a la presencia de una imagen”28. La imagen devendrá imago matriz en la construcción de su poesía, la cual es concebida actuando en la historia, haya o no poeta que la ejecute. La poesía expresa lo que él llamó “las eras imaginarias”, bastos tiempos fuera del tiempo engendrados por la imago, que el poeta –ejecutor de la posibilidad, del potens de las imágenes– guarda y siembra. Lezama definió la imago como la unión de lo estelar y lo telúrico, el tiempo y lo concreto. La espera de lo que nunca llegaba generó un vacío que ocupó con la imagen, su poesía. En la muerte de su padre sitúa el arranque de su creación literaria. Su madre, que le mandó con voz cariciosa, le obligó a escribir, ¿y a no separarse? Un mandato de amor, torre que aprisiona.

     

    Muerte, duelo, objeto amado perdido, vacío, tristeza. Melancolía. Preguntado en una ocasión sobre su sistema poético, Lezama contestó: “Diría que el sistema poético es una locura”29. Una locura de materia simbólica que le permitió legarnos una obra esplendorosa y única; una red conceptual que sostiene su inmenso salto entre palabra y palabra, imán o arco, metáfora y tiempo de la imagen de extensión hipertélica que confiere un nuevo nacimiento otorgando eternidad simbólica a lo escrito. La ocupatio, de súbito, vivencia oblicua y lo hipertélico que es “el acto que vence todo determinismo para ir más allá de su finalidad”30, son los cuatro elementos que lo fundamentan. Su sistema poético como un Nombre del Padre31, que suple a la función simbólica de su padre fallecido.

     

    En mayo de 1971, José Lezama Lima escribió un poema al que llamó La Madre. Las mayúsculas para nombrarla no podemos datarlas en el tiempo, sí decir que en las cartas que escribió a su hermana Eloísa tras el exilio de la misma en 1961, cuando habla de la madre escribe Mamá.

    En este poema, no hay deseoso:

     

                  Vi de nuevo el rostro de mi madre

     

    Hay un poeta que ocupa la ausencia con la imagen, que mira, que asciende, que le habla, que susurra:

     

                 para los oídos de un cangrejito

     

    Recogidos en la playa por Rosa Lima, envueltos en un pañuelito y ofrecidos a su niño José Andrés32. El poeta es de súbito zarandeado por un mar de imágenes: cangrejos en harina, gavetas como brazos, mazorcas como dientes, virutas que son lenguas:

     

                   Con la ligereza del peso de la lluvia

     

    O el arpa, o el patio, son mágicos y propicios porque son su costumbre. Y un fragmento del presente se extiende más allá de su fisicidad concreta, un resto inmemorial que despierta sensaciones arcaicas que dan cuerpo a una presencia ida y consuelan de su ausencia:

     

                   a la evaporación de una pequeña

                   taza de café matinal,

                  a un cabello.

     

    Rosa Lima murió el 12 de septiembre de 1964. José Lezama Lima no se separó de ella nunca. No huyó, luego no hubo deseoso, hubo poeta. Lezama Lima se casó tras la muerte de su madre en diciembre del 1964 con una amiga de la familia, a quien –se cuenta– la madre pidió que no dejara solo a su hijo.

     

    En el Llamado del deseoso el verso: Si es por la muerte, su peso es doble y ya no nos suelta, encontró eco efectivamente en este poema que contiene una madre que es doble y perdida, ausente y presente, es ella y es el poeta. Es estelar y tierra, idealización sublimada. Con Lezama decimos un llamado, un misterio. Madre es poesía.

     

     

     

     

    Trinidad Simón Macías (Torremenga de la Vera, Cáceres, 1958) es licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid en 1982, especialidad en Psicología Clínica por la misma universidad. Formada como psicoanalista en Madrid, ha sido psicoterapeuta en las instituciones públicas de salud mental durante diez años. Actualmente ejerce su profesión en el ámbito privado en Madrid. Ha publicado artículos como ‘Reseña bibliográfica’, en Documentos de Psiquiatría comunitaria nº 2, 1994; ‘Duelo. Intervención en crisis’, en Clínica y salud, Vol. 7, nº 1, 1996, y ‘Las primeras palabras y el No’, ‘Hablar a un niño, un niño habla’, ‘El deseo de saber en el niño’ (1 y 2), ‘El juego, tejedor de vida’, ‘Gemelos idénticos’, ‘Un niño, un lugar’, ‘Problemas en el niño, familia con problemas’ y ‘Un trono del niño’ (1 y 2), en Publicaciones pedagógicas. Revista digital de Acento, desde 2009-2011. También, entre otros, ‘Mandato en un laberinto’, en El goce de lo imposible: obsesiones (Ledoria, Toledo, 2012), y Juego Limpio: Sabina Spielrein entre Jung y Freud y los tiempos actuales (Psimática, Madrid, 2014). En FronteraD ha publicado Te recuerdo a mí. A propósito de la novela ‘Me llamo Lucy Barton’, o las relaciones entre madres e hijas.

     

     

     

     

    Notas:

                         

    [1]Poesía completa, José Lezama Lima, ed. Sexto Piso, Madrid, 2016.

     

    2“Llamado del deseoso” en Poesía completa, José Lezama Lima, ed. Sexto Piso, Madrid, 2016, p. 162-63.

     

    3La mano es una de las imagos de Lezama, una de las imágenes matrices engendradora originaria de mundo poético, como nos cuenta el autor en Confluencias y “Los deseos como las hojas sopladas” es el último hemistiquio del poema: “Tedio del segundo día” perteneciente al libro Aventuras sigilosas, en op.cit., p.192.

     

    4Como las cartas no llegan… José Lezama Lima, ed. Ediciones Unión, La Habana, 2000, p.72.

     

    5Verso del poema “Tedio del segundo día” perteneciente al libro Aventuras sigilosas, en op.cit., p.192.

     

    6“Adonde fueron despeñadas” de Los placeres prohibidos (1931) en: La realidad y el deseo, Luis Cernuda, ed. Renacimiento, 2008, p.102. Facsímil de Ediciones el Árbol de 1936 en Madrid.

     

    7Soledades habitadas por Cernuda” recogido en: Imagen y posibilidad, José Lezama Lima, ed. Letras Cubanas, La Habana, 1981, p.138-143.

     

    8Primeras poesías (1924-1927) en La realidad y el deseo, Luis Cernuda, ed. Renacimiento, 2008, p.14. Facsímil de Ediciones el Árbol de 1936 en Madrid.

     

    9“Dossier Lezama Lima (entrevista inédita)”, por Ciro Bianchi Ross en: Quimera, abril 1983, nº 30, p.32.

     

    10“No decía palabras”, de Los placeres prohibidos (1931) en: La realidad y el deseo, Luis Cernuda, ed. Renacimiento, 2008, p.106. Facsímil de Ediciones el Árbol de 1936 en Madrid.

     

    11Tomado de La ambigua imaginación de la felicidad. Diversión y apuesta en el corazón del pensamiento de Blaise Pascal, Manuel Palma Ramírez, ed. Gregorian & Biblical Press, Roma, 2013, p.359

     

    12Pensamientos, Blaise Pascal, ed. Espasa Calpe, Madrid, 1995, p. 107.

     

    13“Encuentro con el falso”, en Poesías completas de Lezama Lima, ed. Sexto Piso, Madrid, 2016, p.168.

     

    14“Usted me lo dijo— su madre le decía así” en: “Dossier Lezama Lima (entrevista inédita) por Ciro Bianchi Ross”, Quimera, abril 1983, nº 30, p. 43.

     

    15Ídem, p. 32.

     

    16 “Fue entonces cuando la madre le dijo por primera vez: Tú tienes que escribir la historia de la familia”, en Ídem, p. 31. Las cursivas del autor de la entrevista Ciro Bianchi Ross.

     

     17Un niño de año y medio jugaba a hacer desaparecer y aparecer un carretel. El juego: “Hallábase el mismo en conexión con la más importante función de cultura del niño, esto es, con la renuncia al instinto (renuncia a la satisfacción del instinto) por él llevada a cabo al permitir sin resistencia alguna la marcha de la madre”. Es decir, a través del juego, la simbolización de su ausencia. Más allá del principio del placer de Sigmund Freud, en Obras Completas, ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1974, tomo VII, p. 2512.

     

    18“Cortázar y el comienzo de la otra novela”, en La cantidad hechizada, ed. Letras Cubanas, 2010, edición digital, dispositivo Kindle, posición. 7188.

     

    19“Dice el verso de Garcilaso, quien sabe sacar el blanco aún del sueño”, en: “Paralelos. La pintura y la poesía en Cuba (siglos XVIII y XIX)”, La cantidad hechizada (1967), ed. Letras Cubanas, 2010. Edición digital, dispositivo Kindle, posición: 2494.

     

    20“Dossier Lezama Lima (entrevista inédita)”, por Ciro Bianchi Ross en: Quimera, abril 1983, nº 30, p.32.

     

    21“Mis alucinaciones se apoderaban de la imagen y me suspendían y me retaban y provocarían mi mundo de madurez, si es que tengo alguno”, Ídem.

     

    22Tomado de: La ambigua imaginación de la felicidad. Diversión y apuesta en el corazón del pensamiento de Blaise Pascal, Manuel Palma Ramírez, ed. Gregorian & BiblicalPress, Roma, 2013, p.359 (Lf-199, p.84).

     

    23“Sobre poesía”, en La cantidad hechizada, ed. Letras Cubanas, 2010, edición digital, dispositivo Kindle, posición. 129.

     

    24Pensamientos, Blaise Pascal, ed. Espasa Calpe, Madrid, 1995, p.100.

     

    25 “Dossier Lezama Lima (entrevista inédita)”, por Ciro Bianchi Ross en: Quimera, abril 1983, nº 30, p.46.

     

    26La entrada en prosa que precede a los poemas de Aventuras sigilosas, donde el escriba-poeta narra la aventura del maduro y la trinidad que afronta: madre, esposa e. hijo. op.cit., p.157.

     

    27Como las cartas no llegan…, José Lezama Lima. Ediciones Unión, La Habana, 2000, p. 15.

     

    28“Dossier Lezama Lima (entrevista inédita)”, por Ciro Bianchi Ross en: Quimera, abril 1983, nº 30, p. 35.

     

    29Ídem, p.43

     

    30Ídem, p. 42.

     

    31“El padre, el Nombre-del-Padre, sostiene la estructura del deseo junto con la de la ley” en: Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis de Jacques Lacan, ed. Paidós, Buenos Aires, 1989, p. 42.

     

    32“Dossier Lezama Lima (entrevista inédita) por Ciro Bianchi Ross”, Quimera, abril 1983, nº 30, p. 43. 

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