El aprovechamiento de los datos abiertos y las tecnologías de la información: el futuro de los recursos, las narrativas y la inteligencia colectiva para el desarrollo

Helena Puig Larrauri y Rodrigo Davies

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La última década ha visto el surgimiento de dos revoluciones de datos paralelas que afectan a los programas de desarrollo. En primer lugar, el movimiento Open Data ha urgido a las organizaciones –gobiernos, entidades sin ánimo de lucro y empresas– a permitir el escrutinio público y a una rendición de cuentas transparente. En segundo lugar, la creciente disponibilidad de tecnologías de la información gratuitas, de código abierto y fáciles de utilizar está haciendo posible que un creciente número de actores civiles recojan, procesen y analicen sus propios datos. La confluencia de los datos abiertos y los datos impulsados por la comunidad están cambiando el modo en que se lleva a cabo el desarrollo. Este artículo analiza los procesos que se están poniendo en marcha en el mercado de los proyectos de desarrollo mediante estas dos revoluciones gemelas, y cómo estos procesos deberían ayudar a comprender cómo la ayuda puede ser más valiosa en un determinado país.

 

Los datos abiertos y las tecnologías de la información han dado a las comunidades acceso a procesos institucionales que les afectan. Esto ha allanado el camino a iniciativas que permiten a los ciudadanos dar su opinión sobre los servicios del gobierno y los proyectos de desarrollo. Empezando por Reino Unido, FixMyStreet[1] permite al público dar su feedback al Gobierno sobre problemas locales o urbanos. La plataforma ha sido reproducida en todo el mundo, desde Malasia hasta Chile. En Kenia, un grupo de tecnólogos y activistas civiles creó Ushahidi[2] en 2008 como respuesta a la violencia postelectoral. La plataforma permitía al público contar y documentar la versión de la violencia tal como la veían sobre el terreno. Se ha utilizado desde entonces en cientos de contextos diferentes como apoyo a la información de la comunidad.

 

Los mecanismos de feedback no son el objetivo de este artículo; FixMyStreet y Ushahidi son solo dos ejemplos ilustrativos de una tendencia más amplia que comenzó hace una década. Abrir los procesos a la retroalimentación fue un importante primer paso, pero es solo la primera generación de proyectos que aprovechan los datos abiertos y las tecnologías de la información. De hecho, la falta de respuesta al feedback ha plagado esta primera generación de proyectos; con más datos abiertos y más datos generados por comunidades, las instituciones no tienen muchas veces el ancho de banda necesario para responder de forma adecuada. Este artículo tiene más interés en una segunda generación de proyectos que en parte ha surgido como resultado de este fracaso. Estos proyectos se construyen basándose en los datos abiertos y las tecnologías de la información para influir en los procesos existentes y redefinirlos. Para mostrar la diferencia, consideramos cómo FixMyStreet (feedback sobre problemas urbanos) se compara con SpaceHive (renovación urbana crowdfunding o financiación colectiva) y cómo Ushahidi (feedback sobre la violencia) se compara con PeaceTXT (mensajes de paz mediante crowdfunding). La diferencia clave es que los ciudadanos se están organizando cada vez más para actuar directamente sobre los datos a los que ahora tienen acceso.

 

Creemos que esta transformación de proyectos liderados por ciudadanos es crítica al mirar al futuro de la ayuda al desarrollo. A medida que surgen infraestructuras alternativas que promueven soluciones entre ciudadanos, ¿cómo podrán las instituciones seguir siendo relevantes? ¿Puede este método alternativo de hacer las cosas que, no solo se hagan, sino que además ejerzan influencia sobre un método existente (a veces inservible)? Creemos que el futuro del desarrollo se encuentra en las iniciativas lideradas por ciudadanos que aprovechan los datos abiertos y las tecnologías de la información y trabajan con los gobiernos y las organizaciones para el desarrollo, y no a pesar de ellas. Esta información requiere que las organizaciones para el desarrollo trabajen con estas comunidades ahora fortalecidas, se adapten a las nuevas prácticas que están siguiendo, y aprender juntos a ser hábiles respecto a dónde y cómo se despliega la ayuda.

 

 

Tres ejemplos: recursos, narrativas e inteligencia colectiva

 

La apertura de los datos puede conducir a una nueva conciencia radical de la distribución de los recursos, y generar nuevas ideas sobre las demandas y necesidades de los posibles beneficiarios. El surgimiento del crowdfunding ciudadano demuestra que los datos abiertos pueden apuntalar la coordinación entre individuos y comunidades en grupos que son capaces de aprovechar mejor los recursos existentes y abogar por más recursos que cubran sus necesidades. Los datos abiertos y las nuevas tecnologías de procesamiento de datos crean nuevos conocimientos que permiten a las comunidades entender su estado actual de recursos y organizarse para mejorarlo. Esta posible nueva acción puede ser particularmente potente entre comunidades desatendidas y marginales que históricamente han carecido de acceso a los recursos, y que han tenido un conocimiento limitado de sus capacidades actuales y de cómo mejorarlas.

 

El crowdfunding ciudadano, el uso de plataformas online de recaudación de fondos para crear servicios para comunidades como parques, centros comunitarios y programas educativos, se basa en datos abiertos relacionados con los procesos de planificación y uso del terreno. Las plataformas de crowdfunding ciudadano proveen la infraestructura para que individuos y grupos obtengan ideas recogidas a partir de los datos, que reúnan datos adicionales generados por la comunidad e influyan directamente en la conformación de su entorno mediante la creación de campañas que versen sobre el cambio que les gustaría. La plataforma Spacechive[3], con sede en Reino Unido, fue uno de los primeros ejemplos de esta idea, y ha creado asociaciones entre su masa de usuarios y numerosos gobiernos municipales de todo el país, permitiéndoles trabajar juntos en iniciativas como la de convertir espacios infrautilizados en jardines comunitarios, instalar redes de conexión inlámbrica y abrir centros educativos para jóvenes emprendedores. Estas exitosas aplicaciones de proyectos de financiación colectiva ciudadana pueden a su vez generar presión para una mayor transparencia y apertura en torno a los procesos de planificación mostrando la demanda y el deseo del público de participar en estos procesos.

 

Las comunidades, estimuladas por el acceso a los datos y la capacidad de trabajar en un cambio positivo, están motivadas para tratar de entender mejor cómo funcionan los procesos e instituciones que les sirven, y a contribuir en su mejora. Ioby[4], una plataforma de crowdfunding ciudadano con sede en Nueva York, permite a sus usuarios donar su tiempo así como hacer donativos, y ha descubierto que casi dos tercios de los donantes lo hacen. De esta forma, la plataforma permite a las comunidades salir a la luz y reunir una amplia gama de recursos de la cual pueden disponer. 

 

El potencial de aprovechar nuevos recursos va más allá de las mejoras en el entorno urbano y los barrios, y está empezando a ganar terreno en países de ingresos medios y bajos como forma alternativa de abordar problemas generales de desarrollo. En Lima, Intercorp lanzó PeruChamps, una página de microfinanciación colectiva que permite a los niños desfavorecidos en edad escolar recaudar dinero para financiar su educación, mientras que en Nepal, Possible Health ha creado Nyaya, una plataforma que proporciona fondos para la atención sanitaria a algunos de los pacientes más necesitados del país[5]. Estas plataformas están generando por sí mismas datos abiertos, muy localizados, a pequeña escala, sobre las necesidades educativas y médicas de sus usuarios, y al demostrar el deseo del público de contribuir a estos proyectos, está impulsando los esfuerzos de transparencia en esos países.

 

Para las organizaciones para el desarrollo, hay una atractiva oportunidad de asociarse con las comunidades y organizaciones que están fomentando este tipo de trabajo, y así aprovechar el poder del desarrollo de recursos en red e incorporarlo a los programas de asistencia al desarrollo. Hay una serie de ejemplos de estas colaboraciones que se están probando en todo el mundo. El Departamento de Estado de Estados Unidos lanzó este año una iniciativa piloto de crowdfunding para financiar a 33 beneficiarios anteriores de sus programas de emprendimiento para buscar una segunda ronda de fondos para sus ideas mediante financiación colectiva, y es el primer ejemplo de crowdfunding para el desarrollo apoyado por un gobierno[6]. Entre los proyectos de la iniciativa se encuentra una campaña de mercadotecnia social para la prevención del sida en Sierra Leona, un fondo semilla para mujeres emprendedoras en Nicaragua y una plataforma de crowdfunding para impactos sociales en Macedonia. Las organizaciones para el desarrollo también pueden aprender de un modelo que está en fase piloto en Kansas City (Misuri), que utiliza el crowdfunding para financiar la cooperación entre los subvencionadores y las organizaciones de base[7]. El Fondo de Capital de la Comunidad de Kansas City, que financia proyectos de impacto social entre las comunidades desatendidas de la ciudad, ha pedido durante los dos últimos años a sus beneficiarios que financiara colectivamente una parte de su presupuesto total para potenciar la capacidad recaudadora y experiencia en esas comunidades. En 2014 sus cinco beneficiarios cumplieron sus objetivos de financiación, con proyectos que incluyen la rehabilitación de un barrio abandonado, un programa de educación juvenil y un jardín comunitario. 

 

 

Abrir campo a nuevas narrativas 

 

En muchos países en desarrollo, abrir los datos sobre cuestiones de interés público o no es viable políticamente o, cuando lo es, los datos disponibles son de muy escasa calidad. Las nuevas herramientas de las tecnologías de la información permiten a los actores civiles tomar medidas respecto a esa falta de datos, aunando los datos abiertos que estén disponibles con sus propios datos. De este modo, las herramientas de las tecnologías de la información proporcionan nuevas y creativas vías para que los actores civiles promuevan discursos alternativos y cuestionen las narrativas dominantes. Estas nuevas visiones pueden a menudo competir con otras ya existentes al ser más audaces y relacionarse más estrechamente con su público.

 

Cuando los gobiernos se niegan a compartir los datos sobre temas delicados, el periodismo ciudadano y la recolección de datos de la comunidad suele llenar el vacío. Groundviews[8], en Sri Lanka, es un sitio web para periodistas ciudadanos que ofrecen perspectivas alternativas sobre gobernación, derechos humanos, construcción de la paz y otras cuestiones. La página se considera la única fuente de temas polémicos vinculados con el conflicto, y el único medio de comunicación que impugna con regularidad las posturas hacia la paz y el conflicto. Mediante la introducción de nuevas narrativas, el periodismo ciudadano y las plataformas de recolección de datos están contribuyendo a desbloquear el punto muerto en situaciones delicadas, cuestionando la percepción pública y provocando cambios de actitud. En Somalia, el Centro de Investigación para el Desarrollo de Puntlandia trabaja para involucrar a comunidades de difícil acceso en esa región del país a través de un diálogo sobre asuntos clave relacionados con la paz, la participación civil y la reconciliación. Estos diálogos aprovechan los datos y la tecnología de dos maneras: empleando encuestas de participación habilitadas mediante tecnología para recoger datos sobre percepciones públicas y utilizando proyecciones móviles para informar a la gente e iniciar conversaciones transformadoras[9].

 

A veces, la creación de nuevas narrativas es un catalizador para la defensa de la comunidad. En India, el movimiento I Paid a Bribe[10] anima a las personas a denunciar públicamente si han pagado un soborno o se han negado a pagarlo. La campaña ha recibido cerca de 30.000 informes desde su comienzo. La página de la campaña se ha convertido en un punto de referencia para obtener información sobre los procedimientos administrativos correctos, construyendo un movimiento anticorrupción desde cero. La campaña también ha utilizado los datos recogidos para presionar al Gobierno en cuestiones de corrupción. En Kenia, Muslims for Human Rights (MUHURI)[11] organiza inspecciones sociales para supervisar los proyectos financiados mediante el Fondo para el Desarrollo de la Circunscripción de Kenia (CDF)[12]. MUHURI usó los datos abiertos disponibles del Gobierno para identificar los problemas básicos de aplicación (sobrecostos, irregularidades en las facturas, selección preferente de contratistas), y después usó la información recogida durante las visitas al lugar del proyecto mediante verificación física o entrevistas con la población local. Los resultados de esta inspección pública se compartieron en audiencias públicas que reunieron a miles de miembros de la comunidad local y a los miembros locales del Parlamento, permitiendo que se iniciara un diálogo sobre los problemas de corrupción local[13].

 

Las organizaciones para el desarrollo suelen apoyar iniciativas que emplean datos y tecnología para dar cabida a nuevas narrativas. Groundviews ha sido financiado por la Fundación Ford[14]. El Centro de Investigación para el Desarrollo de Puntlandia recibe fondos y soporte técnico de Interpeace[15]. MUHURI recibe apoyo similar por su trabajo de inspección social de Open Society Foundations[16]. El crecimiento en las nuevas narrativas civiles basadas en datos abiertos y en herramientas de las tecnologías de la información representa una oportunidad para que las organizaciones para el desarrollo busquen y financien cada vez más estas iniciativas a medida que cambia la fundación del cambio social de base, lo que proporciona un mejor conocimiento de cómo la ayuda puede ser más valiosa en un determinado país.

 

 

Trabajar a partir de la inteligencia colectiva

 

La inteligencia colectiva plantea que la inteligencia compartida o de grupo surge de compartir datos colaborativos, y que en consecuencia se produce un cambio de poder que pasa de lo individual a lo colectivo. Y de modo crucial para nuestro debate, la inteligencia colectiva es posible gracias a un procesamiento en grupo de la información, lo cual solo es posible cuando los datos son abiertos y las tecnologías de la información en red están disponibles. Es este procesamiento en red de la información lo que posibilita el conocimiento social y lo que amplía las interacciones de grupo. Al capacitar a los grupos para tomar medidas colectivas e involucrarse en la planificación comunitaria del consenso, la inteligencia colectiva tiene la posibilidad de cambiar los procesos de desarrollo.

 

La capacidad para compartir información con más personas puede ayudar a lograr soluciones más eficaces y creativas para la acción colectiva en los problemas de desarrollo más difíciles. Las Iniciativas de Desarrollo de Sudán (SUDIA, por sus siglas en inglés)[17] trabaja con comunidades propensas a dejarse arrastrar a conflictos a lo largo de las rutas migratorias en Darfur, y ha identificado que unos mejores flujos de información a lo largo de las rutas pueden ayudar a prevenir enfrentamientos al permitir una respuesta colectiva temprana a las tensiones que empiezan a surgir. Esta ONG ha dirigido un sistema de comunicaciones comunitarias que combina mensajes de texto y radio para compartir la información en las rutas en Darfur, y ha documentado las experiencias abrumadoramente positivas de la acción colectiva que surge de esta fuente de información compartida. 

 

Del mismo modo que la inteligencia colectiva puede ayudar a la acción colectiva positiva, también puede ayudar a las acciones colectivas violentas: las llamadas a la acción violenta se difunden más rápido a través de teléfonos móviles y de internet. En Kenia, los pacificadores están utilizando las mismas herramientas que los grupos violentos para contrarrestar las campañas negativas, movilizando para ello la expresión colectiva de mensajes positivos. La ONG Sisi Ni Amani[18] dirige el programa PeaceTXT, cuyo objetivo es contactar a personas en áreas de riesgo con el fin de proponer un momento de reflexión en los momentos críticos, cuando se difunden los llamamientos a la violencia. Los informantes de la comunidad identifican dichos momentos críticos y se lo comunican al equipo de Sisi Ni Amani, que después envía un SMS específico para interrumpir la escalada. El uso de la inteligencia colectiva para modificar posturas en los momentos críticos no se limita a los mensajes de paz. Games for Peace[19] trabaja con adolescentes en Israel y Palestina para construir de manera colaborativa pueblos pacíficos en Minecraft. Al igual que otros juegos colaborativos online, en Minecraft se depende de la inteligencia colectiva para crecer. Aunque los resultados se producen en los confines del entorno de un juego de fantasía, Games for Peace demuestra no obstante el poder de hermanar los conocimientos colectivos de los jugadores israelíes y palestinos en el transcurso de un juego para imaginar un futuro juntos.

 

La inteligencia colectiva no solo permite la respuesta a las crisis de conflictos, también puede ser la base de la planificación comunitaria. En Sudán, el proyecto de Análisis Cartográfico de Crisis y Recuperación (CRMA, por sus siglas en inglés) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) abrió los datos que tenían todas las agencias de Naciones Unidas operando en Sudán. Esta fue la primera vez que todos los datos de Naciones Unidas se convirtieron en datos abiertos en un país. El proyecto llevó a cabo después procesos participativos de análisis cartográfico en comunidades de todo Sudán para comparar las percepciones locales respecto a los problemas de desarrollo con estos datos abiertos. Las capas y comparaciones se compartieron con las comunidades locales y con los gobiernos estatales, lo que condujo al primer proceso participativo para el desarrollo de planes estratégicos estatales[20]

 

Para las organizaciones para el desarrollo, hay una oportunidad de construir interrelaciones más sólidas entre proyectos de concienciación colectiva como los antes descritos y procesos de ayuda al desarrollo ya existentes. Ya se han puesto en marcha trabajos en esta dirección. Por ejemplo, PeaceTXT comparte sus datos sobre las tensiones comunitarias con la Unidad de Alerta y Respuesta Temprana ante Conflictos del Ministerio del Interior de Kenia. Compartir la información es un buen primer paso, pero no integra la acción colectiva de base con las intervenciones institucionales. La experiencia del CRMA señala el camino que deben seguir los procesos participativos donde las comunidades informan de la planificación del desarrollo y también colaboran con las instituciones para buscar y aplicar soluciones de ayuda al desarrollo.

 

 

El surgimiento de infraestructuras alternativas

 

Los ejemplos descritos arriba ponen de relieve una incipiente tendencia: los datos abiertos y las tecnologías de la información fomentan la descentralización y la distribución del conocimiento. Esta tendencia es importante por tres razones, que van mucho más allá de los meros datos y la tecnología. La primera es que la distribución del conocimiento crea el espacio para la apertura y la transparencia. A medida que los ciudadanos se organizan en torno a inspecciones sociales en la campaña de MUHURI, se vuelve imposible ocultar prácticas corruptas en los procesos cerrados y las artimañas presupuestarias de un organismo ejecutor. A medida que los ciudadanos utilizan las plataformas de financiación colectiva para comprender los problemas locales y proponer soluciones, a las agencias de planificación central les resulta imposible ignorar las necesidades de las comunidades marginadas. Si sabemos que es más probable que la corrupción y la falta de atención a los grupos marginados se produzcan en sistemas donde la información se controla rígidamente, los proyectos que promueven la gobernación deberían tratar de mantener una conexión más estrecha con las partes concernidas, de manera muy flexible y transparente. La segunda razón es que permite que el conocimiento y las ideas lleguen y circulen entre las poblaciones de forma significativa y duradera. El poder de compartir datos descentralizados resulta evidente en, por ejemplo, la rapidez con que el discurso del odio y las exhortaciones a la violencia se pueden difundir en los medios digitales. PeaceTXT se creó como respuesta directa a esta reflexión, utilizando la misma técnica (mensajes de texto virales que se comparten), cuyo uso habían observado en los grupos radicales para incitar a la violencia. Si las formas más eficaces del discurso del odio son aquellas que se pueden reproducir y compartir fácilmente, entonces son las formas más eficaces de enviar mensajes para el cambio de conducta positivo. 

 

La tercera razón es que nos permite construir organizaciones que funcionan como redes; que utilizan los datos abiertos y las tecnologías de la información para seguir respondiendo a las circunstancias y capacitar a los individuos para que emprendan acciones independientes y creativas siguiendo un objetivo común. Hay un gran poder en esta forma de organización, como lo demuestra, por ejemplo, el uso de tecnologías de datos basadas en redes por parte de actores violentos no estatales. El Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS) recluta activamente en las redes sociales, utilizando múltiples cuentas de Twitter para lanzar su mensaje. Cuando Twitter intervino recientemente para inhabilitar las cuentas asociadas al EIIS, sus activistas se trasladaron rápidamente a la red social Diaspora, descentralizada y de código abierto[21]. El Ejército Electrónico Sirio o el Ejército de Hackers de Siria son un grupo de piratas informáticos que apoyan al presidente Bashar Al-Assad (y presuntamente financiados y organizados por su Gobierno). Estos hackers utilizan una serie de técnicas, sobre todo desfiguraciones de páginas web y ataques de denegación de servicio dirigidos a webs periodísticas, páginas de derechos humanos y aplicaciones online que puedan ayudar a los activistas contrarios al Gobierno. Si algunos de los grupos más peligrosos del mundo utilizan la descentralización impulsada por las tecnologías de la información para aprovechar una multiplicidad de acciones paralelas a su favor, entonces la pacificación no debería tampoco tratar de imponer ideas o procesos singulares.

 

Al ser conscientes los ciudadanos del poder creativo de las estructuras descentralizadas que aprovechan los datos abiertos y los datos impulsados por comunidades, sustentados por la tecnología, están emprendiendo acciones que parecen impugnar los modelos organizativos existentes. Dicho de otro modo, estamos viendo el surgimiento de infraestructuras alternativas: nuevos métodos y prácticas creados por grupos que consideran que los métodos existentes no funcionan de forma satisfactoria. ¿A qué nos referimos con infraestructura en este contexto?  Daniel Kreiss describe infraestructura como “los artefactos técnicos, las formas organizativas y las prácticas sociales que proporcionan contextos de trasfondo para la acción”[22]. En otras palabras, es una mezcla de factores técnicos, organizativos y sociales que se aúnan para proporcionar una base para la acción y un marco de trabajo para cumplir las tareas. Algunos de los rasgos de estas infraestructuras alternativas que nos ayudan a identificarlas son el hecho de que crecen orgánicamente, tienden a ser ad hoc y de naturaleza temporal, tienen procesos repartidos de toma de decisiones y son transferibles entre contextos culturales. Los tres tipos de ejemplos descritos antes, que producen recursos, narrativas e inteligencia colectiva, comparten estas características, y en su mayoría se producen fuera de los procesos establecidos. Están proporcionando alternativas en red y descentralizadas. Al mismo tiempo, están empezando a ejercer cierta presión sobre esos procesos establecidos e influyendo en las partes concernidas, pero básicamente se mantienen al margen de la esfera de las ideas establecidas. 

 

 

Infraestructuras alternativas y complementarias

 

Los ejemplos descritos en este artículo ponen de relieve una tensión incipiente y fundamental entre estas infraestructuras alternativas y las instituciones existentes: aunque los datos abiertos y las tecnologías de la información nos están alentando a descentralizar y distribuir el conocimiento, muchas de nuestras organizaciones civiles y para el desarrollo siguen estando sumamente centralizadas. ¿Cómo puede un modelo descentralizado de acción ciudadana para el desarrollo local interrelacionarse con un modelo centralizado de participación ciudadana para la asistencia al desarrollo? ¿Es posible adoptar estas formas alternativas de hacer las cosas y permitir que se conviertan en infraestructuras complementarias que completen e influyan en las establecidas?

 

Diríamos que sí, dados el nivel adecuado y el tipo de implicación de los propietarios de los procesos e infraestructuras establecidos dentro del campo de la asistencia al desarrollo. Las organizaciones están empezando a valorar y considerar los esfuerzos de desarrollo liderados por la comunidad, para incorporar las narrativas que surgen en las comunidades a las conversaciones sobre elaboración de programas, y para permitir que la inteligencia colectiva que se está creando desde la base influya en la toma de decisiones. Pero estos esfuerzos están en las primeras fases y necesitan un considerable desarrollo. De hecho, si pensadores como Clay Shirky están en lo cierto, podría interesar mucho a las instituciones establecidas iniciar esta conversación, ya que el surgimiento de la sociedad en red apunta, a largo plazo, al declive de las grandes instituciones[23]. Esto no quiere decir que las grandes instituciones para el desarrollo vayan a desaparecer, pero podría significar que el futuro de la ayuda al desarrollo no consista en la construcción de grandes organismos monolíticos para cubrir las necesidades del mundo. En su lugar, puede que veamos un futuro que se construye sobre un ecosistema abierto de prácticas e ideas, y que sustenta una variada gama de iniciativas, que hace hincapié en la transparencia, la colaboración y la capacidad de respuesta entre todas las partes concernidas. Éste podría parecer un futuro incierto y radical para algunos, pero es la consecuencia natural de dar a millones de personas acceso abierto a los datos, y la capacidad de generarlos y compartirlos. El sector del desarrollo debería aceptar estos cambios y tratar de crecer conjuntamente con ellos.

 

Sin duda, el futuro que los datos abiertos y la acción de los datos impulsada por la comunidad prometen también presenta tres importantes desafíos que el sector del desarrollo tendrá que afrontar. El primero es que la dispersión de las oportunidades de recursos abre la posibilidad de grandes desigualdades en el uso de esas oportunidades. Los grandes mercados online suelen ser sumamente sesgados y organizados siguiendo distribuciones Pareto; es decir, que la mayoría de los recursos se concentran en un pequeño porcentaje de los participantes[24]. Podríamos suponer que, por ejemplo en el caso del crowdfunding, comunidades bien dotadas de recursos puedan estar mejor situadas para beneficiarse de la oportunidad de desarrollar nuevos recursos y para defender sus intereses. Por tanto, hay una importante función que las organizaciones para el desarrollo pueden desempeñar, y es incentivar el uso de estas oportunidades por parte de las comunidades que más podrían beneficiarse de ellas. Un ejemplo de esto son los fondos de contrapartida para las campañas de microfinanciación colectiva de organizaciones orientadas a misiones, como la contribución de la Fundación Kapor a una campaña de Black Girls Code, que enseña a las jóvenes afroamericanas a ser desarrolladoras de programas informáticos[25].

 

El segundo reto es que la proliferación de oportunidades para que los individuos creen nuevas narrativas y den relieve a las nuevas historias puede conducir a la fragmentación de las narrativas en una situación determinada. Tanto los participantes como las partes concernidas pueden sentirse confundidos por la variedad de voces que escuchan, y tener dificultades para juzgar la veracidad y solidez de los distintos argumentos. Este es un problema difícil, pero tampoco es nuevo, ya que cada comunidad y cada contexto tiene multitud de narrativas simultáneas y opuestas. Aunque en el pasado estas narrativas hayan podido ser analizadas y simplificadas por actores particulares (a menudo con la mejor intención), su verdadera complejidad ya no queda escondida por estos procesos.

 

El tercer reto es que en las sociedades represivas puede ser difícil que las iniciativas lideradas por ciudadanos complementen a las instituciones existentes y trabajen con ellas. En estos contextos, las infraestructuras alternativas que presionan para propiciar un cambio democrático pueden ser muy desestabilizadoras, y sin embargo alentándolas a ser más estabilizadoras, las infraestructuras complementarias pueden ser irrelevantes para el cambio social si las instituciones no respetan los derechos y las libertades. Esto requiere a veces que los actores civiles sigan trabajando a través de infraestructuras alternativas y acepten una inestabilidad temporal en la consecución del cambio social positivo[26].

 

Entender los mecanismos por los cuales se abren los datos y las tecnologías de la información que afectan a los procesos de desarrollo a nivel comunitario no es una labor académica. Es de vital importancia para los programas de desarrollo y para el futuro de la ayuda al desarrollo. A medida que las comunidades aprovechan los datos abiertos, generan sus propios datos y se valen de ambos para crear nuevos medios de desarrollo, participación civil e impacto social, el panorama para el campo del desarrollo se vuelve inexorablemente más complejo. También exige una responsabilidad e implicación mayores por parte de los profesionales del desarrollo para comprender el paisaje cambiante, incorporar nuevas prácticas y ayudar a crear el nuevo futuro del desarrollo junto a un grupo de partes concernidas más extenso que nunca. El futuro de los recursos, las narrativas y la inteligencia colectiva descrito anteriormente apunta hacia la aparición de un nuevo tipo de ciudadanía, más preocupada por fomentar las relaciones y pasar a la acción con otros ciudadanos que por construir relaciones con organizaciones y participar en procesos institucionales. 

 

 

Recomendaciones para el futuro de la ayuda al desarrollo

 

El reto para que las organizaciones para el desarrollo sigan siendo pertinentes es transformar el mercado de los proyectos de desarrollo para valorar redes alternativas de acción, lideradas por ciudadanos. Esto es un desafío porque, con el fin de interactuar con ellas, las organizaciones para el desarrollo ya no pueden ser los únicos guías; tienen que aprender a permitir que los ciudadanos conformen sus prioridades para la ayuda al desarrollo en un grado mayor que el actual y concentrar los esfuerzos de programación en crear y habilitar un entorno para que esto suceda de forma constructiva y democrática. Basándonos en nuestro análisis de la transformación ya en curso, recomendamos cinco métodos para el futuro de la ayuda al desarrollo.

 

 

1. Comprometerse en participar en las decisiones sobre financiación

 

Las organizaciones para el desarrollo tienen una forma importante de permitir que la inteligencia colectiva que se crea al nivel de base influya en los programas es abrir las decisiones sobre los fondos. Demasiado a menudo, las organizaciones para el desarrollo establecen las prioridades de financiación en un nivel central, dictando qué programas deberían diseñar las organizaciones locales a través de convocatorias de propuestas detalladas. Pasar de las convocatorias de propuestas a las convocatorias de ideas o respuestas abiertas para los grandes retos permitirá a las organizaciones para el desarrollo introducir flexibilidad en la financiación, con prioridades definidas o modificadas por procesos colectivos. Las organizaciones para el desarrollo pueden aprovechar las plataformas de crowdfunding emergentes y las competiciones de retos cívicos para este objetivo.

 

 

2. Invertir en escala

 

Cuando las organizaciones para el desarrollo identifican prácticas innovadoras en la base, suelen proporcionar capital semilla para actividades piloto. Muy rara vez pasan a ampliar la escala de la financiación. Aumentar un esfuerzo dirigido por la comunidad entraña riesgos (algunos seguramente fracasarán a medida que aumentan) y requiere renunciar al control de la programación en un mayor grado del que están acostumbradas la mayoría de las organizaciones.  Sin embargo, a fin de valorar y tener en cuenta realmente los esfuerzos de desarrollo liderados por la comunidad, es fundamental invertir a mayor escala. Las organizaciones para el desarrollo pueden aprender de las prácticas de los mercados privados para valorar los riesgos y aceptar los fracasos como parte de un proceso orgánico.

 

 

3. Participar en el diálogo existente

 

Muchas organizaciones para el desarrollo están aprovechando los datos abiertos y las tecnologías de la información para planificar el diálogo sobre cuestiones fundamentales. Sin embargo, la mayoría de estos esfuerzos tienen por objetivo incorporar a las comunidades a un diálogo gestionado por una institución. Este enfoque renuncia a la riqueza del diálogo que ya se está produciendo de forma orgánica. Las organizaciones para el desarrollo deberían intentar incorporar las narrativas que ya están surgiendo dentro de las comunidades a las conversaciones sobre elaboración de programas, aprovechando las plataformas comunitarias existentes en lugar de crear unas suyas.

 

 

4. Trabajar con procesos iterativos

 

Las infraestructuras alternativas que abordan problemas de desarrollo crecen orgánicamente, tienden a ser ad hoc y temporales por naturaleza, y tienen procesos de toma de decisiones distribuidos. Estas tres características dificultan que las organizaciones para el desarrollo se impliquen en ellas. Muchas convocatorias de propuestas requieren que una organización exista como entidad legal, a menudo con requisitos sobre el periodo de existencia de la organización (por ejemplo, un mínimo de tres años). Los movimientos comunitarios de éxito son muy diferentes, repitiéndose a través de diferentes formas organizativas rápidamente para ajustarse a las necesidades de un objetivo específico. Las organizaciones para el desarrollo deberían encontrar formas de trabajar con grupos que se han establecido con menos formalidad, trabajando para reformular los procesos de asignación de donaciones. 

 

 

5. Construir un ecosistema abierto

 

Aunque todos los proyectos de desarrollo son muy dependientes del contexto, muchas infraestructuras alternativas son transferibles entre contextos culturales. Esta es una oportunidad importante para que las organizaciones para el desarrollo ayuden a construir un ecosistema de prácticas e ideas abierto que sustente una amplia gama de iniciativas. Las organizaciones para el desarrollo tienen una posición única para conectar iniciativas lideradas por ciudadanos en todo el planeta, apoyando por tanto la transparencia, la colaboración y la capacidad de respuesta entre todas las partes concernidas. Las organizaciones para el desarrollo deberían reorientar su foco para actuar como el tejido conjuntivo de una red, en lugar de establecer prioridades mediante una jerarquía de financiación. Finalmente, el futuro de la ayuda al desarrollo se definirá por iniciativas muy localizadas conectadas globalmente en red por este tejido conjuntivo.

 

 

 

 

Helena Puig Larrauri y Rodrigo Davies son co-directores de Build Up, una empresa social que trabaja en la intersección de la tecnología, la participación cívica y la construcción de la paz.

 

 

 

 

Obras citadas

 

 

Agrawal et al., Some Simple Economics of Crowdfunding. Washington: NBER, 2013.

 

James Cook, 'ISIS Takes to Crowdfunded Social Network After Twitter Bans Graphic Images', Business Insider, 21-8-2014. http://www.businessinsider.com/isis-joins-crowdfunded-social-network-diaspora-2014-8

 

Rodrigo Davies, Civic Crowdfunding: Participatory Communities, Entrepreneurs and the Political Economy of Place. Cambridge: MIT Center for Civic Media, 2014. http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2434615

 

Margunn Indreboe Alshaikh y Helena Puig Larrauri, Building Resilience Through Crisis Mapping, Community Engagement and Recovery Planning in Sudan. Vancouver: Proceedings of the 9th International ISCRAM Conference, 2012.

 

Nathaniel James, The Ultimate Matching Grant, Philanthrogeek, 22-8-2013. http://www.philanthrogeek.com/crowdfunding/ultimate-matching-grant-grantmaker-joined-crowd

 

Daniel Kreiss, Taking Our Country Back. Oxford: Oxford University Press, 2012.

 

Peter Nordstrom, 'Tailored Technology for Peace', Building Peace, 07-2014. http://buildingpeaceforum.com/2014/07/tailored-technology-for-peace/

 

Clay Shirky, Here Comes Everybody: The Power of Organizing Without Organizations. Penguin, Nueva York, 2009.

 

'Community Monitoring and Participatory Auditing', Open Society Foundations, 2009.

 

 

 

 

 

Traducción: Verónica Puertollano

 

 

 

 

Original version

 

 

Notas


 

[1]   https://www.fixmystreet.com/.

 

[2]   http://www.ushahidi.com/ Ushahidi significa 'testimonio' en swahili. Se trata de la primera herramienta de esta clase. Desde entonces se han desarrollado otras herramientas similares, tales como First Mile GEO (http://firstmilegeo.com) y Elva (http://elva.org/).

 

[3]    https://spacehive.com/.

 

[4]    http://www.ioby.org/.

 

[5]    http://peruchamps.org/en; http://possiblehealth.org.

 

[6]   http://rockethub.com/projects/partner/socialimpact.

 

[7]   https://www.indiegogo.com/partners/ccap.

 

[8]    http://groundviews.org/.

 

[9]    Nordstrom, “Tailored Technology for Peace”, Building Peace, 07/2014.

 

[10]   http://www.ipaidabribe.com/.

 

[11]   http://muhuri.org/.

 

[12]   El CDF proporciona anualmente la cantidad de 1 millón de dólares a cada uno de los parlamentarios. Este dinero debe emplearse en proyectos destinados a la reducción la pobreza. En teoría, el CDF está pensado para que las propias comunidades se impliquen tanto en la selección de los proyectos como en la gestión de los fondos. En la práctica, MUHURI descubrió que la gestión de los fondos era completamente opaca e inaccesible para los miembros de las comunidades.

 

[13]   “Community Monitoring and Participatory Auditing”, Open Society Foundations, 2009.

 

[14]   http://www.fordfoundation.org/.

 

[15]   http://www.interpeace.org/.

 

[16]   http://www.opensocietyfoundations.org/.

 

[17]   http://sudia.org/.

 

[18]   http://www.sisiniamani.org/.

 

[19]   http://gamesforpeace.org/.

 

[20]   Indreboe Alshaikh and Puig Larrauri, Building Resilience Through Crisis Mapping, Community Engagement and Recovery Planning in Sudan.

 

[21]   Cook, “ISIS Takes to Crowdfunded Social Network After Twitter Bans Graphic Images”, Business Insider, 08/21/2014.

 

[22]   Kreiss, Taking Our Country Back.

 

[23]   Shirky, Here Comes Everybody: The Power of Organizing Without Organizations.

 

[24]   Ver Davies, Civic Crowdfunding: Participatory Communities, Entrepreneurs and the Political Economy of Place, and Agrawal et al., Some Simple Economics of Crowdfunding.

 

[25]   James, The Ultimate Matching Grant, Philanthrogeek, 08/22/2013.

 

[26]   Vaya aquí nuestro agradecimiento a Amy Noreuil por haber sido la primera en llamar la atención sobre la diferencia existente entre infraestructuras alternativas y complementarias.

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ISSN: 2173-4186 © 2017 fronterad. Todos los derechos reservados.

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