Entre   |  Regístrese

El mirador el blog de Alfonso Armada


Tamaño de texto: A | A | A

20 de junio, 2012

Para que un dibujo africano sirva de radiografía hay que mirarlo al trasluz

 

 

 

Me llegó como llegan casi todas las cosas desde que hemos dejado de pisar la calle, encerrados con el solo juguete de la pantalla en la que escribimos –como a esta hora de la noche, sobre todo a esta hora de la noche, cuando el capataz de los remeros echa una cabezada y podemos dejar volar la imaginación y dejar que las bombardas se deslicen por las rampas y vomitorios al fondo del mar- como posesos. Como si nos fuera la vida en ello. ¿Nos va?

 

El escritor argentino Martín Caparrós suele preguntarse “por qué los editores de diarios y periódicos latinoamericanos se empeñan en despreciar a sus lectores. O, mejor, en tratar de deshacerlos: en su desesperación por pelearle el espacio a la radio y a la televisión, los editores latinoamericanos suelen pensar medios gráficos para una rara especie que ellos se inventaron: el lector que no lee. Es un problema: un lector se define por leer, y un lector que no lee es un ente confuso. Sin embargo, nuestros bravos editores no tremulan ante la aparente contradicción: siguen con sus páginas llenas de fotos, recuadros, infografías, dibujitos. Los carcome el miedo a la palabra escrita, a la lengua, y creen que es mejor pelear contra la tele con las armas de la tele, en lugar de usar las únicas armas que un texto no comparte: la escritura. Por eso, en general, les va como les va; por eso, en general, a nosotros también”.

 

¿De quién está hablando Martín Caparrós, de los editores latinoamericanos o de los editores españoles?

 

El dibujo me lo mandó el fotógrafo Fidel Raso desde Ceuta. Me dijo que lo había hecho un inmigrante en Navidades, y añadió: “Me vino a la cabeza después de ver vuestro reportaje de África. La verdad es que tengo la sensación de que, a veces, me rodean historias muy bonitas pero mi tendencia a un nihilismo-eremita es bastante poderosa”.

 

Le pregunté si podía utilizarlo y si podía enterarse de su nombre, de quien hizo el dibujo, y cuántos años tenía y de dónde era.

 

No tardó en llegar otro mensaje desde esa cabeza de puente en el norte de África: “Acabo de hablar con el director del CETI (Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes), Carlos Bengoechea”. Le dijo que recordaba el dibujo porque él se había interesado por ese pedazo de papel. Le dijo también que el día 20 de junio [es decir, hoy] se celebra el Día Mundial del Refugiado y que en la sede del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en la plaza española se celebran “actividades” y se presentan “ponencias interesantes sobre la figura jurídica del asilo”.

 

No he ido a Ceuta. No lo he dejado todo para coger un autobús o un tren (me gusta viajar a ras de suelo, y a ser posible siempre en transporte público: para tener tiempo de leer, escuchar a la gente, ver el paisaje, oler, dormirme, intentar entender de qué va la vaina del viaje) y acercarme a Ceuta para acompañar a Fidel Raso en su investigación.

 

No ceja.

 

 

 

“¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

 

Me acaba de sonar el teléfono... A punto de enviarte el correo. Era el director del CETI. Me dice que el nombre es Isaac Mpacko (firma el dibujo). Era de Camerún y salió de Ceuta con destino a la Península el 9 de junio de 2011. En opinión de Bengoechea puede que incluso ya esté en algún lugar de Europa... Francia, Italia, etcétera. Confirma mi opinión de que parecía una buena persona".

 

A modo de coda, Fidel añade una

 

NOTA: “El día que cubría la información de aquella Navidad en el CETI creo que no fui buen periodista. Cuando tuve delante de mí el dibujo tuve la obsesión de conservarlo: quedarme con él. Protegerlo. Hablé con Isaac y se lo pedí. Me dijo que su dibujo tenía que unirse a otros para el concurso de Navidad sobre su visión de la inmigración y de Europa. Que lo tenía que entregar y que lo colocaban con una chincheta junto a otros en un panel. Me entró pánico perderlo. Me dijeron que volviera otro día. Me negué. Lo pedí, rogué poder llevármelo para publicar algo al día siguiente. Me olvidé del autor. A mi alrededor había pastas, panderetas y guitarras. Cánticos. Ellos –los inmigrantes- terminaban sus dibujos. Alguno ponía a Cristiano Ronaldo con el escudo del Real Madrid. Otros una lancha de la Cruz Roja. Otros... pocas cosas... Aquél, el mío, creo que acabé robándolo. No concursó. Lo siento. Me inculpo. Como periodista tuve dudas sobre alterar el contexto de la noticia. Isaac no concursó con aquel dibujo que podría haber terminado colgado con una chincheta y yo lo guardo con todo el cariño. A salvo. Dentro de mi modesto hogar. Dentro de mi modesta historia personal.

 

Como un fragmento de La vida es bella de Benigni. Creo. (No se por qué lo relaciono)”.

 

 

No siempre acertamos a ser buenos periodistas. Ni Fidel, ni yo. Lo seguimos intentando cada día. Le he pedido permiso a Fidel para contar su historia aquí, junto a este dibujo que él me envió y me hizo pensar en África, en todo lo que dejé cuando cambié África por Nueva York y El País por ABC. Hoy es el Día del Refugiado. Donde quiera que estés, Isaac Mpacko, de Camerún, Fidel y yo te deseamos buena suerte.

 

 

Autor del dibujo: Isaac Mpacko

Compartir

ImprimirImprimir EnviarEnviar
Inicie sesión o regístrese si quiere identificar sus comentarios.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Rellene el código de la imagen / Resuelva la operación matemática

(*) Campos obligatorios

Al enviar tu comentarios estás aceptando los términos de uso.

No sé si será cosa de periodistas, buenos o malos (¿quién puede juzgar?), pero siempre que contamos historias estamos robando algo, aunque sea con buena intención.
Como decía una preciosa canción de María del Mar Bonet:
"i les monges tendeixen els pecats del món, i la roba blanca"

i las monges esteven les pecats del monde, creo que era más así pero no sé catalán

El robo consentido no es robo. Compartir una historia es multiplicar sus ecos. Y claro que se puede juzgar y hablar de buenos o malos periodistas. La semana pasada traía la definición de Arcadi Espada, que a mi juicio debería dejar por fin de lado las fatigosas disquisiciones acerca de la objetividad. Según Espada, la objetividad “es la posibilidad de dar cuenta de los hechos al margen de las creencias”. Quien miente a sabiendas, da pábulo a rumores sin confirmar (especialmente cuando sirven de menoscabo a las personas) o apoya su relato en una sola fuente, o cruza la raya entre la realidad y la ficción (incumple ese pacto sagrado con el lector) no está siendo un buen periodista.

ISSN: 2173-4186 © 2017 fronterad. Todos los derechos reservados.

.