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El mirador el blog de Alfonso Armada


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3 de abril, 2014

La comunicación es la cosa más rara del mundo

 

pajarita de papel

 

Ha pasado tanto tiempo que he extraviado todas las notas. Hasta empiezo a dudar de que las tomara. Contra un ventanal que daba a la calle Huertas, dos poetas hablaban sin levantar la voz. Había que prestar atención. Había que querer oír.

 

Ha pasado tanto tiempo que ha llegado el mes de abril, y con él las lluvias y algunas crueldades inherentes a la suavidad del cambio de estación.

 

A Eli Tolaretxipi le cuesta mucho hablar de sí misma. ¿Es preciso que los que escriben se expongan al escrutinio de la gente, incluso de sus lectores? No. Leyó sin embargo varios poemas de Edgar, el libro que nos había convocado allí, en la librería Iberoamericana, en la que apenas había asientos libres. Pero alguien tuvo la gentileza de dejar espacio para una pajarita de papel, que no se movió durante toda la sesión.

 

Un poema empieza diciendo:

 

“Pienso: ¿qué es el colmo de la libertad?”

 

Algunos versos, escalones, más abajo, se lee:

 

“aislar a la mujer que come

entre familias silenciosas,

la mujer que desayuna huevos, sola

en la pensión de las montañas

o en un bar del centro.

La libertad, y tanta belleza,

el colmo de la libertad,

el desgarro, la niña con los labios

tan finos como la línea de sus ojos”

 

y salto al final, en la página siguiente:

 

“De color verde seco su belleza

y la libertad adulta del silencio”.

 

Olvido García Valdés da la sensación de no tenerle miedo a nada. Habla con precisión, pero sin subrayar, y hace las preguntas pertinentes, como una periodista que no quiere mostrar que es periodista (si nos permitimos pensar mal de los periodistas, cuya fama está ahora tan averiada aquí, por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa, en gran medida, me temo), y Eli Tolaretxipi trata de responder aunque parece evidente que le gustaría quedarse en silencio, en la pensión de las montañas, o a la sombra de un árbol, junto a John Berger, por ejemplo, y a ser posible en silencio.

 

Olvido García Valdés capta nuestra atención y nos invita a seguir leyendo. Ella no viene del circo, ni mucho menos, y sin embargo cuando lee lo que tenía previsto hace que miremos al cielo, a la noche que no se ve (ni siquiera la pajarita de papel, aunque estoy seguro de que ella podría si quisiera), o a Pinito del Oro, una Pinito del Oro de la lucidez encarnada aquella noche (busco en otro cuaderno, esta vez rojo, pero tampoco encuentro las palabras que había escrito a lápiz) en Marshall McLuhan (en conversación con Gerald E. Stearn):

 

“Las comunicaciones, en el sentido convencional del término, son siempre difíciles. Los hombres prefieren armonizar fumando o bebiendo juntos. Se logra mayor comunicación de esa manera que mediante cualquier contacto verbal. Podemos compartir el ambiente, el tiempo y toda suerte de factores culturales, pero nuestra comunicación es siempre inadecuada y rara vez comprendida. Quejarse de la falta de comunicación es un tanto ingenuo, ya que ella es muy infrecuente en los asuntos humanos”.

 

Aquí hace un salto, y en el lenguaje convencional, es decir, en la ortografía y sus mapas de carreteras, habría un paréntesis con tres puntos en medio, así (…), porque no estaría transcrita la conversación íntegra entre MaLuhan y Stearn, solo lo que (seguramente Olvido García Valdés) quiere resaltar, para que no se nos vaya la atención en pos de una estrella fugaz:

 

“En el mundo actual sufrimos una suerte de espejismo al creer que la comunicación es un hecho normal y cotidiano. Cuando no se produce nos espantamos. En realidad, la comunicación es una muy difícil actividad. En el sentido de mera correspondencia circunstanciada de lo que dicen y hacen, piensan y sienten las personas entre sí... es la cosa más rara del mundo. Pienso que cuando se produce el más ligero roce tangencial, el más leve acuerdo, etcétera, entre un individuo y otro, hay una gran comunicación. La idea de la identificación total es inconcebible. Mucha gente supone que la comunicación es una coincidencia entre lo que se dice y lo que se entiende. A decir verdad, la comunicación es elaboración. La persona que ve, oye o presta atención, está comprometida en la elaboración de una respuesta a una situación casi enteramente inventada por ella. Los críticos ya mencionados revelan que el misterio de la comunicación estriba en el arte de la elaboración. Las dificultades, la confusión y las vagas respuestas son la regla. Ello rige de continuo en todas las esferas humanas como, por ejemplo, entre padres e hijos. A cada paso improvisamos interpretaciones de cuanto hacemos y vemos, sentimos y oímos. Con ingenio y muy hábilmente improvisamos respuestas que nos permiten mantener relaciones con nuestros semejantes”.

 

Tal vez por eso Olvido García Valdés escribe poemas. Tal vez por eso Eli Tolaretxipi escribe poemas. Tal vez por eso yo, que soy periodista, y que estos días de abril recuerdo que hace veinte años estuve en Ruanda tratando de contar lo que veía (y menos lo que sentía), de vez en cuando escribo poemas.

 

Los periódicos hacen mucho ruido. Contribuimos al ruido ambiente. A menudo nos olvidamos de aclarar. Y más a menudo de callarnos. ¿Es preciso decir tanto todos los días?

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Juan Carlos Onetti respondió una vez que le preguntaron por su amistad con Juan Rulfo algo así: Sí, algunas veces nos reuníamos los dos para callarnos juntos... Tu pregunta final es muy pertinente, Alfonso. Un abrazo.

Creo que quien debía callarme ya soy yo mismo, desaparecer. Pero no paro de hablar. No consigo callarme. No dejo de mandar mensajes al océano de Twitter, tan concurrido, tan ruidoso.

 

No es fácil seguir la senda de Henry David Thoreau. No es fácil ponerse en el lugar del otro. Y ahora, con el vigésimo aniversario de Ruanda en la nuca, habría que hablar, habría que volver a decir, mientras no decimos apenas nada de la República Centroafricana... Tanto ruido. Sí, Rulfo y Onetti acompañan estas noches de abril, todas las noches. Muchas gracias, Manuel Un abrazo,

 

A

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