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Los paseos del señor Alpeck el blog de Andrés Ibáñez


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9 de marzo, 2010

Novelas españolas: una lista

 

¿Cuáles son las diez mejores novelas españolas de todos los tiempos? Aclaro que entiendo por españolas las escritas en el país llamado convencionalmente "España" o bien escritas por escritores españoles. Sabido es que la novela es un género difícil en nuestro país, porque parece que nos tocó la misión histórica de inventarlo para luego perderlo casi para siempre.

 

La primera gran novela española es Amadís de Gaula, una novela de aventuras fantásticas que para Domingo Ynduráin (si es que yo leo correctamente su discurso de ingreso a la RAE) es la primera novela europea y también aquella en la que se crea la ironía novelesca.

 

La segunda gran novela española, no cabe duda, y ustedes ya lo saben, es el Lazarillo, que a pesar de una reciente lucha de atribuciones hace unos años sigue manteniendo su orgulloso e intrigante anonimato. Tanto se ha escrito sobre el tema que no abundaré.

 

La tercera gran novela española, y en esto sin duda soy parcial y personal, porque estoy hablando de una obra, primero, cuyo autor era portugués, y segundo, cuya estimación general no es ni con mucho la que yo le doy aquí (y se la doy, en gran medida, por motivos personales) es La Diana de Jorge de Montemayor, la primera novela pastoril española. Obra de enorme lirismo y refinamiento, en una época donde la novela suele relacionarse con las "obras de burlas" y considerarse un género menor, sus temas son la memoria y el tiempo, es decir, los mismos temas que obsesionarán a Proust y a gran parte de la novela modernista.

 

La cuarta novela española es Don Quijote de la Mancha, especialmente la segunda parte por la sencilla razón de que Cervantes, al escribirla, logró un sueño que tienen todos los artistas pero que prácticamente nunca consiguen, que es no tanto escribir una continuación a la obra previa, sino escribir la obra previa de nuevo. Cervantes vuelve a escribir el Quijote pero esta vez con años de distancia, con la experiencia de la recepción de lectores y críticos de por medio y con la aparición, incluso, de una versión espuria obra de un tal Avellaneda. Es ahora, precisamente, cuando el Quijote es una realidad y un recuerdo, cuando ya existe, cuando está escrito y es un objeto que puede observarse desde todos los puntos de vista, cuando su autor puede ponerse a escribirlo de verdad.

 

Pasamos el siglo XVIII, en el que se publicaron apenas un puñado de novelas. Podría poner en mi lista Las aventuras de Juan Luis de Diego Ventura Rejón y Lucas, porque de las de ese siglo es la que más me gusta, pero sería puro vacile y una falta de respeto a mis lectores.

 

La quinta novela española es Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós. Inmensa, arrolladora, cruel, despiadada a ratos, tristísima y desoladora, pone en pie un Madrid fascinante y una galería de personajes tan ricos y tan vivos que es una cosa rara que no hayan llegado a convertirse en iconos de la mitología popular. Lo cierto es que en este país nada se convierte en nada porque nadie ama, nadie admira y nadie triunfa.

 

Hace unos años, jamás habría podido imaginar que incluiría a Galdós en una lista de "mejores novelas". Pero lo que es justo es justo.

 

La sexta novela española, esta también imposible de evitar, es La regenta, de Leopoldo Alas "Clarín".

 

La séptima novela española... Y aquí ya tenemos el lío montado. El cuerpo me pide poner algo de Juan Valera (Pepita Jiménez, quizá) o de Palacio Valdés, quizá La hermana San Sulpicio o, mejor aún, La aldea perdida. En otra época habría puesto a Palacio Valdés contra Galdós. Pero hace muchos, muchos años que leí estos libros, y es posible que releerlos, sobre todo a Palacio Valdés, me deparara alguna sorpresa desagradable.

 

Nos quedan sólo cuatro y, como digo, ya tenemos el lío montado. Primero quiero advertir que he decidido elegir sólo a autores fallecidos, por obvias razones. Pero una vez hecha esta salvedad, ¿cuáles serían las mejores novelas posteriores a Galdós y a Clarín?

 

Una posibilidad sería: Niebla, de Unamuno, Silvestre Paradox, de Pío Baroja (o cualquier otra que sea de las buenas, El árbol de la ciencia, por ejemplo), Nuestro padre San Daniel y El obispo leproso de Gabriel Miró (que forman una unidad, aunque puestos a elegir yo dejaría la segunda) y La saga/fuga de J. B. de Gonzalo Torrente Ballester.

 

Pero me da lástima que esa lista no incluya también Nada de Carmen Laforet, un libro absolutmente perfecto, y algo de Carmen Martín Gaite, ahora mismo no sé muy bien qué (¿Entre visillos? ¿Ritmo lento? ¿Los parentescos?).

 

Lo más saludable sería hacer trampa, y hacer una lista de Doce Mejores Novelas Españolas de todos los tiempos, incluyendo a las dos Cármenes. Porque lo que es seguro es que en mi lista no estarían ni Martín Santos (cuyo Tiempo de silencio siempre me ha parecido insoportable), ni Cela, ni Delibes. Ni tampoco, ¡pido perdón por mis muchos pecados!, Juan Benet. De hecho, no me costaría nada poner algo de Benet. Podría poner, por ejemplo, Volverás a Región, que es la primera novela suya que leí y la que más me gustó. Pero no sería justo conmigo mismo, porque esta no es una lista académica (no podría serlo) sino una lista absolutamente personal.

 

Tampoco habría nada de Azorín en mi lista. En cuanto a Valle-Inclán, ¿qué podemos hacer con él? Es un genio, de eso no cabe duda, y sus novelas son obras de arte de primera clase. Quizá podría quitarse Niebla y poner La corte de los milagros. Pero las novelas de Valle no me dejan el recuerdo que suele dejar una novela. No me dejan el recuerdo de un mundo sino, sobre todo, el de un fabuloso atrevimiento verbal.

 

De todo este batiburrillo final, aclaro que las que para mí estarían sin ninguna duda son El obispo leproso de Gabriel Miró y La saga/fuga de J. B. Obras maestras poco valoradas como consecuencia de los feroces prejuicios que suelen seguir existiendo en España con respecto al arte de la novela.

 

Y ahora, ya pueden soltar a los perros.

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Hola, soy Dr.J y me sorprende que no incluya Ud. la trilogía Nocilla ni Aire Nuestro de Vilas ya que ambos cumplen la condición de no ser autores vivos. Yo por principio o falta de principios no leo novela española pero me quedo con Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (por el título), ¿se podría incluir el Libro del caballero Zifar como novela? ?¿admitimos pulpo como animal de compañía? Dr.J

Se me ocurren algunas cosas mientras leo tu lista Andrés. Por ejemplo, siempre que pienso en una lista de libros, canciones, cuentos... siempre se me queda tremendamente corta, me falta mucho espacio para todo lo que quisiera meter. Sin embargo al leer tu selección, con la que coincido en buena parte, he tenido la sensación de que apenas si se me quedaban novelas fuera. Lo cual no dice nada bueno de nuestra narrativa. Y también que a medida que avanzabas en el tiempo la calidad de las novelas disminuía considerablemente. Lo cual incide en el poco relieve de nuestra narrativa actual. ¿Por qué será que nuestra narrativa no ha sabido salirse de ciertos márgenes y que salvo ciertos experimentos, en muchas ocasiones fallidos, produce una rotunda sensación de estancamiento? ¿Por qué la mayor parte de la crítica desprecia como un subgénero menor cualquier narración fuera de la "realidad" oficial? ¿Por qué cualquier cosa que hable de la guerra civil o de marginalidad social es catalogado de elevado y profundo? Creo que para darnos cuenta de las limitaciones de nuestra narrativa basta ver las limitaciones de nuestro cine. Por cierto me encanta esta tendencia tuya de escribir sobre listas, se me ocurren tantas posibilidades: grandes novelas del siglo XX, una enumeración de escritores sobrevalorados, otra de  escritores olvidados, manifestaciones del arte aburrido, una lista de posibles listas, etcétera.

 

 

No es cuestión de soltar los perros, Andrés, porque tú mismo dices que se trata de una lista muy personal, y en materia de gustos cualquier intento de legislar es al santo botón, como dirían en el Río de la Plata. A mí estas listas siempre me han provocado el comentario de que lo mejor sería declararlas lisa y llanamente como "mi canon personal", y entonces cerrarse en banda y elegir a machetazo limpio, caiga quien caiga. O bien la misericordiosa y más benigna alternativa de presentar la lista como "Diez (u once, o doce, o quince) de las mejores novelas españolas de todos los tiempos". A mí, por ejemplo, en tu lista de las incuestionables, me anda sobrando La Diana de Montemayor, no por autor portugués sino por la más sencilla razón de que nunca la he leído (me has despertado la curiosidad au rebours, capaz que la leo y me termina gustando todo lo que nunca me gustó Proust). Y me anda faltando, en tu lista, Desengaños amorosos, de María de Zayas, que es un prodigio de saber escribir novela en un tíempo en que pocos sabían hacerlo. Y con la sombra de Cervantes encima. Y del Buscón, pues, además, no hablo. Vale.

Querido Ricardo: qué placer contar contigo de nuevo en mi blog. Sobre La Diana habría mucho que hablar, porque no sólo es una gran obra de arte, sino también la creadora de un género que siempre damos por sentado, como si siempre hubiera estado ahí, como si Montemayor fuera una especie de continuador de Sannazaro, cuando en realidad la Arcadia de Sannazaro no es una novela y ambas obras apenas se parecen. Y también se olvida a menudo lo importante que es el marco pastoril en la literatura española, prosa y poesía.

En cuanto a María de Zayas, sí estoy de acuerdo. Pero no me parece que esté a la altura de las otras. Hay otras novelas áureas que me gustan mucho. Me encanta la Historia del abencerraje, por ejemplo, pero es una novelita breve. En cuanto a la picaresca, hay algunas novelas muy notables (Estebanillo González, por ejemplo), pero no tengo simpatía por el género. El buscón, por ejemplo, que tú citas y que seguramente estaría en la mayoría de las listas, siempre me ha parecido un libro odioso, no sólo porque no me gusta su estética sino por lo dañina que ha sido para la novela española esa forma de entender la prosa y la narración. Y no cabe duda de que el Guzmán de Alfarache es una obra importante, escrita en una prosa fascinante. Pero aún no es una novela del todo. Es una obra de transición, más interesante aún por esa razón.

Algunos de los mejores libros de prosa de nuestro período clásico no son novelas (El viaje de Turquía o El Crotalón estarían entre mis favoritos, pero no puedo incluirlos por esa razón).

¿Para qué sirve un blog si sólo contesta a los comentarios de los amigos?

Querido Andrés, seguimos, pues, donde empezamos, y es que este es un tema donde lo único que se vale (como diría un mexicano) es el gusto personal. Yo, que suelo rebotar muchos posts de los blogs de fronterad, me encontré con que al rebotar este tuyo me llegó un tsunami de e-mails de respuestas (que es una forma virtual de matar al mensajero), casi todos ellos dándole la vuelta del calcetín a la mitad de tu lista y enjaretándome las correspondientes mitades propias. Y en un intento de legítima defensa, al pedirles que por favor dirigiesen todos esos mails a este blog, me encontré con la unánime respuesta de que acceder al espacio Comentarios de los blogs de fronterad es algo que está reservado a gente tocada por la gracia del espíritu santo virtual. Con lo cual nos hemos perdido una discusión que hubiera sido viva y candente. Hélas!  Aunque, ¿no es ya mucho que prácticamente todos coincidamos en cinco, hasta seis títulos de diez? Feliz domingo, Andrés, y un abrazo.

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