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El laberinto español el blog de Cristina Vallejo


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3 de noviembre, 2017

Los gráficos que explican la brecha salarial en Europa

 

Eurostat acaba de publicar un completo retrato estadístico sobre la vida de los hombres y las mujeres en Europa. Nos vamos a detener en uno de los capítulos más importantes, el de la brecha salarial, que muestra gráficamente dónde reside el problema: cunde la opinión de que los salarios medios de las mujeres son inferiores a los de los varones porque las primeras llegan en menor proporción a los puestos más altos; es decir, domina la hipótesis de que las mujeres, a igual responsabilidad, cobran el mismo salario que los hombres y que el problema de que la masa salarial femenina sea inferior a la masculina es el famoso “techo de cristal” que impide a las mujeres escalar en la pirámide de poder de las organizaciones.

 

Pero no: de acuerdo con el informe de Eurostat, las mujeres obtienen sistemáticamente sueldos más bajos que sus compañeros en toda la escala salarial, aunque la diferencial de remuneración es más importante en la cúspide que en la base, es decir, la desigualdad remunerativa es mayor a medida que se asciende.

 

Vayamos por partes. De media, en la Unión Europa, las mujeres obtienen salarios por hora un 16,3% inferiores a los de los varones. Detrás de esa media nos encontramos con situaciones muy dispares por países: en Estonia, la República Checa, Alemania, Austria y el Reino Unido, la brecha salarial supera el 20%, mientras que en Luxemburgo, Italia, Rumanía, Bélgica, Polonia y Eslovenia no llega al 10%.

 

 

 

En España, las mujeres reciben salarios por hora un 14,9% inferiores a los de sus compañeros varones. Nuestro país está sólo un poco mejor que la media comunitaria.

 

Quedémonos, por ahora, con la cifra media de la Unión Europea, con ese 16,3%, que distancia a os 16,64 euros la hora que cobran los hombres, de media, y los 13,72 euros que ganan las mujeres. ¿Cómo se explica? Con el gráfico que tenemos bajo estas líneas (si pinchan en la imagen la podrán ver a mayor tamaño):

 

 

Aquí se da muestra de que, en toda la escala salarial, las mujeres salen desfavorecidas en términos salariales. En la cúspide, los “jefes” varones tienen salarios por hora de casi 32 euros, frente a los menos de 23 euros que cobran las mujeres que ocupan estos mismos puestos. Los profesionales varones, con sus 24,28 euros, de media, tienen salarios más altos que sus jefas mujeres.

 

En las ocupaciones elementales también existe esa brecha, aunque es significamente menor, con los varones con salarios la hora de 9,80 euros, frente a los 8,59 de sus compañeras.

 

En España, el salario medio por hora de las mujeres es de 10,86 euros, frente a los 12,76 euros de los varones. Y el gráfico de la escala salarial y su brecha de género es parecidísimo, con los jefes ganando salarios medios de 24,62 euros la hora, por encima de los 20,63 euros que cobran las mujeres. Aunque aquí las jefas sí cobran más que los profesionales varones.

 

Las diferencias, insistimos, aunque de menor cuantía, también existen en los trabajos que reciben menores remuneraciones.  

 

 

 

 

¿Qué ocurre en uno de los países menos desiguales, en Luxemburgo? Que la diferencia se encuentra, fundamentalmente, en la cúspide, con los jefes cobrando un salario de casi 50 euros la hora, frente a las directivas, que no llegan ni a los 39 euros.

 

 

Al hecho de que, sistemáticamente, los directivos reciben remuneraciones más elevadas que las directivas, hay que sumar que sólo un tercio de los altos cargos de las organizaciones están ocupados por mujeres. Eso, de media en Europa, puesto que nos encontramos con que en Luxemburgo, el país en el que la brecha salarial es más reducida, sólo un 18% de los jefes son mujeres, mientras que el Letonia, existe prácticamente paridad, con el 48% de los altos cargos ocupados por mujeres.

 

A este problema de las mujeres en el mercado laboral, determinado por cuestiones culturales, sociales e incluso también legales que hay que diagnosticar con acierto y luchar por derribar, hay que sumar otros muchos más. Por ejemplo, que la tasa de empleo femenina está en el 61% en la Unión Europea, en comparación con el 72% de los varones. También, que mientras sólo el 8,8% de los varones tiene un contrato a tiempo parcial, en el caso de las mujeres ese porcentaje sube hasta casi el 32%. Y que el paro sigue castigando más a las mujeres que a los hombres, con una tasa de desempleo para las primeras del 8,7%, frente a la del 8,4% de sus compañeros varones. 

 

Todos estos fríos números ponen a las mujeres en una posición subalterna y altamente dependiente en una sociedad en la que somos quien somos por el lugar que ocupamos en el mercado de trabajo y por el salario que obtenemos a cambio. Más grave todavía es que ocurra en la región del mundo teóricamente más avanzada. Aquí, en Europa, a la desigualdad de clase hay que sumar, al menos, otra: la de género, que, como se ve en los gráficos que hemos incorporado sobre estas líneas, es interclasista. 

 

 

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