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El laberinto español el blog de Cristina Vallejo


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21 de mayo, 2017

Pedro Sánchez gana las primarias socialistas, y ahora ¿qué?

 

Pedro Sánchez ha ganado las primarias socialistas, pero ahora se abren numerosos interrogantes, tanto en cuanto a lo que pueda acontecer en el seno del PSOE como respecto a sus consecuencias sobre la política española.

 

 

Pedro Sánchez ahora tiene que constituir una ejecutiva que debería contar con la aprobación del Congreso que celebrará el PSOE los próximos 17 y 18 de junio. ¿Tendrá problemas para lograr el respaldo de sus correligionarios?, ¿contará con Patxi López para conseguir sumar sus apoyos?, ¿podría haber sorpresas en esa reunión?, ¿es seguro que Sánchez logrará la ratificación de sus compañeros?

 

 

¿Qué sucederá con los apoyos con los que ha contado Susana Díaz y con ella misma?, ¿realizará Pedro Sánchez algún gesto para integrarla a ella o a su equipo en su dirección?, ¿qué ocurrirá si Sánchez no cuenta con nadie de Díaz?, ¿se fraguará un conflicto que pueda reaparecer más adelante?, ¿qué forma debería adoptar la reconciliación, la reunificación del partido?, ¿es necesaria para afrontar próximos procesos electorales con capacidad de mejorar los últimos resultados o de no empeorarlos en demasía? 

 

 

Lo que está claro es que la militancia socialista ha avalado, y muy ampliamente, la estrategia de Pedro Sánchez ante las dos elecciones a las que concurrió y en los dos procesos de negociaciones que le siguieron, muy especialmente al "no es no" a la investidura del Partido Popular, que fue lo que, finalmente, acabó por condenarlo. También ha dado su respaldo a su deseo de unir fuerzas con Podemos, de formar un Gobierno a la portuguesa, para lograr formar un Gobierno alternativo al del PP. El amplio apoyo que ha conseguido el nuevo secretario general les pone las cosas mucho más difíciles a sus oponentes dentro de las propias filas socialistas. No cuentan con ninguna legitimidad ya para cuestionarle. Tras este ínterim de nueve meses, Pedro Sánchez vuelve con mucha más fuerza y respaldo. Las primeras palabras de su gran rival, Susana Díaz, tras conocerse los resultados, no han dado buenos síntomas sobre esa futura reconciliación: no ha nombrado a Pedro Sánchez y se ha puesto a disposición del PSOE, pero no de su nuevo secretario general.

 

 

Pero si mencionamos los próximos procesos electorales, hay que hablar obligatoriamente de las consecuencias que tiene la victoria de Pedro Sánchez para el conjunto de la política nacional. ¿Qué supone? La primera gran cuestión está en si el secretario general in péctore va a ser útil para cambiar el Gobierno de España. ¿Se unirá, negociándola, a la moción de censura de Podemos? No parece probable, teniendo en cuenta que ésta ya está registrada y contiene la candidatura de Pablo Iglesias a la presidencia del Gobierno. Pero ello no evita que, más adelante, el nuevo Partido Socialista presente la suya propia, negociándola previamente con otros socios, o en solitario. Lo que no parece fácil es que con la mera y convencional actividad parlamentaria el nuevo PSOE llegue a asfixiar al Gobierno del Partido Popular, porque éste ya ha conseguido aliados suficientes como para no necesitar a los diputados socialistas, tal y como ha demostrado para sacar adelante los Presupuestos.

 

 

Sin duda, Podemos hubiera estado más cómodo con una victoria de Susana Díaz, puesto que su lugar en la izquierda estaría menos disputado que con Pedro Sánchez. Susana Díaz es el estandarte de la abstención al PP, es el paradigma del soporte al Gobierno de Mariano Rajoy y ésa volvería a ser un arma muy potente en manos de los representantes de la formación morada. Pero el nuevo secretario general socialista ha logrado una gran hazaña que ha sido separarse completamente del PP, desligarse de los populares desde su “no es no” y que se reforzó el pasado 1 de octubre con su dimisión forzada. Con su victoria esta noche, logra también hacer lo mismo y quizás definitivamente con el conjunto del partido bajo su mandato.

 

 

Gracias al equipo del que se ha rodeado, gracias a las personas que le han dado su respaldo, le da también al partido un barniz (serio y profundo en cuestiones capitales) izquierdista con el que se pueden sentir identificados votantes tradicionales del PSOE que se fueron a Podemos. Y lo que es más, Pedro Sánchez puede recuperar a votantes que se fueron a Podemos que estarían cómodos dando su voto a Íñigo Errejón, ahora muy apartado de la dirigencia de la formación morada, pero quizás no tanto a Pablo Iglesias.

 

 

El tercer factor que puede ayudar a que Pedro Sanchez mejore la eficacia electoral del PSOE tiene que ver con que puede aún reinar en el electorado de izquierdas que el voto últil de la izquierda es aún el socialista. Esa percepción gana enteros si tenemos en cuenta que Sánchez tiene en su haber el esfuerzo de haber intentado crear un gobierno alternativo al popular por dos veces, mientras que a Podemos se le puede ver como un actor problemático con el que constituir alianzas.

 

 

Podemos, temiendo la victoria de Pedro Sánchez esta noche, apretó las tuercas de su estrategia parlamentaria con la moción de censura y de movilización en las calles con su más o menos exitosa demostración de fuerza ayer en la Puerta del Sol. Aunque también era una maniobra dirigida al posible triunfo de Susana Díaz, para confirmarse como única alternativa creíble al Partido Popular. Contra esta última, hubiera sido mucho más eficaz que frente a Pedro Sánchez.

 

 

Los movimientos de Podemos muestran que su opción (o acción preventiva ante lo que ha ocurrido esta noche), en lugar de la cooperación con el Partido Socialista, es la competición. Tampoco hay que olvidar que el Pedro Sánchez de hoy es fruto de una estrategia competitiva con Podemos para recuperar los votos perdidos que se le fueron por la izquierda. La historia reciente nos dice que si continúa reinando la disputa por ver quién se impone como primera fuerza de la izquierda, las estrategias cooperativas entre ambas fuerzas van a continuar siendo muy poco probables. Si eso es así, la utilidad de la victoria de Pedro Sánchez para cambiar la situación política del país a corto plazo sería muy reducida. Pero, en ese caso, en estos años que quedan hasta el final de la legislatura, el nuevo secretario general del PSOE y su equipo van a tener que trabajar mucho, van a tener que mantener muy alta la moral de los militantes socialistas y de sus simpatizantes, para lograr gobernar tras las elecciones de 2020, sobre todo si logran ampliar su fuerza electoral y su distancia respecto a Podemos. Pero, en este punto, hay que añadir una cuestión más: el PSOE puede recuperar algunos de los votos que se le fueron al partido morado, pero, a su vez, puede haber una fuga de apoyos hacia Ciudadanos de esos socialistas que pueden sentirse más cómodos votando a Albert Rivera que a Pedro Sánchez, emulando a quienes, en Francia, en lugar de respaldar a Benoit Hamon, más izquierdista, auparon a Emmanuel Macron. 



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