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4 de noviembre, 2013

Un teatro en la peluquería

 

 

La Belleza Oculta es una peluquería.

¿Una peluquería?, ¿por qué hablamos en El Gallinero de una peluquería?

¿Acaso las gallinas no tenemos que atusarnos las mechas?

Bueno. Sí… Atusarse las alas está bien, ¿no?

Sí. Claro que sí. Pero es que además La Belleza Oculta ha sido galería de arte contemporáneo y ahora es una sala de teatro. La primera planta está dedicada al estilismo y en la planta baja nos encontramos con La fábrica de la luz. La sala de teatro.

¡Qué cosas hacen ahora! Y ¿dónde esta eso?

En el sótano de la Calle Limón 19.

Pues yo paso por allí y no he visto nada de todo eso que me cuentas.

Tienes que estar atenta, mujer. Tienes la cabeza a pájaros todo el santo día. No hay nada en la calle que nos indique que ahí hay una sala de teatro; pero la hay.

Porque tú lo digas. Te lo estás inventando, que yo sé que tú eres muy de eso de inventar.

No digas memeces. Este fin de semana me acerqué a ver La madre tolerante, un monólogo interpretado con maestría por el joven Julio Rojas. Muy bueno su trabajo, muy guapo, muy entregado, sin un momento de tregua.

La madre tolerante... eso... ¿de quién es? ¿de algún griego?

El autor y director es otro joven.

Yo que pensaba que el teatro ya no se escribía, que hay el teatro que hay y punto.

Boberías que te entran en la chaveta. El autor es Sergio Martínez-Vila. Muy apañao. Un dramaturgo con un peculiar universo, degenerado, ético, sugerente.

No suena mal.

No es que no suene mal, es que suena bien. Es bueno no perder de vista a este chico. Te lo digo yo.

Ah, bueno, si lo dices tú. ¿Y la sala?

La sala es pequeña. De ladrillo. Como la mayoría de los sótanos del centro de la capital. Entrarán veinte sillas. Se ha inaugurado con este espectáculo y piensa dedicarse a las artes escénicas modernas. Merece la pena conocerlo. Han puesto imaginación en estos tiempos raros para el teatro emergente. Sus dueños son acogedores y el ambiente que se respira es bastante cercano.

Ay, hija, no lo sé. A veces entrar en esas salas tan pequeñas me da una cosa que no se qué, algo de apuro, es como entrar en la intimidad de una casa. Que me da reparo, vamos.

Todo lo contrario. Ponen las cosas fáciles. Convierten el teatro en un banquete para unos cuantos elegidos. Parece que hacen las cosas con mimo, bien hechas.

Pues me acercaré.

¿A la sala o a la peluquería?

A las dos. Por la mañana a la peluquería. Por la tarde, al teatro.

Harás bien.

¿Dónde has dicho que estaba?

En la Calle Limón 19. En el barrio de Malasaña.

 

 

Antonio García

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