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Contar lo que no puedo contar el blog de Joaquín Campos


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1 de junio, 2016

Qiaobi

 

Léase, chiaobi, es la empresa china que produce detergentes que pasará a la historia más que por dejar la ropa blanca por racista. Porque tras el anuncio/denuncia de Zigor Aldama en su cuenta de Facebook la bomba de relojería ha ido corriendo como un tsunami que en pocas horas ha destrozado los denominados trendic topics.

 

Recapitulemos: Qiaobi, compañía china de detergentes que presume de lavar la ropa más blanca que ninguna –al menos en China, donde en general, nada es lo que se anuncia–, ha producido un anuncio en donde una china rara avis –alta, fina, extremadamente bella– mete a un negro en la lavadora, junto a la pastilla de la citada marca, para que al retirar la colada sacar a otra persona, en este caso china, y además aún más inusual: guapa, limpia y de apariencia modélica. O por decirlo de otro modo: en los seis segundos que ese muchacho, imagino que mandarín, apareció en el anuncio no escupió o asomó la uña del meñique izquierdo de manera tridimensional en medio de la imagen. Por lo que, ¿sería taiwanés? ¿Japonés? ¿O un robot creado por Lenovo, la empresa china de ordenadores que funciona, en parte, gracias a los robos de propiedad intelectual a empresas occidentales que le permiten salir adelante?

 

La polémica, en la progre y triste Europa, ha sido rimbombante, con las amas de casa poniendo el grito en el cielo por la cantidad de racismo en un anuncio de poco menos de un minuto, cuando la reacción en China por tildarlos de racistas ha sido, literalmente, el comprobar como algunos –y no precisamente pocos– pedían sacar las aeronaves –creadas también tras el robo tecnológico a potencias occidentales y Japón– y bombardear a cualquier país que no contuviera a amarillos entre su población, salvo que nos refiriéramos a Japón y/o Taiwán.

 

Pero claro, ¿qué habría pasado si de la lavadora, tras la inmersión forzada del actor negro –nadie ha comentado nada de que l china quisiera ahogarle–, hubiera salido un modelo noruego de 23 años con el pene redundante? ¿O ya puestos, Rocco Siffredi, que también es rubiales, guaperas y gasta el triple de pene que algunos chinos con los que yo me he cruzado en masajes tan colectivos como denigrantes? Aunque lo mejor de todo es que si Kobe Bryant se tirara a la hija del director creativo –lo siento: oxímoron, al menos en China– de Qiaobi, éste organizaría la boda de su hija lo antes posible para no quedarse sin la mitad del patrimonio del negrales, en este caso famoso y ultra rico. Que así están las cosas, desde tiempos inmemoriales, en el país del nunca jamás.  

 

Por lo demás, existe un error tan clamoroso como cotidiano –si lo piensan, el error continuado no es más que un terrorismo elegante– en donde la gente se molesta porque un negro sea despreciado en un anuncio de detergentes pero se crece cuando el vecino corea “¡Obama maricón!” en el bar del barrio, donde curiosamente sólo caen bien los negros que practican porno violento o meten goles vestidos de blanco, blaugrana o con la última moda: de rojiblancos.

 

Aunque en este asunto al que no sé cuántos tramos –queda mucho mejor que párrafos, la verdad– le faltan, sólo podría decir que Zigor Aldama reculó en una nota al día siguiente en el edulcorado y edulcorante El Paíscrasísimo error– y que la sociedad se echó las manos a la cabeza por una obviedad: no queremos a sirios en el descansillo de casa pero sí escuchar a B.B. King sin descanso. Luego están los chinos, caso aparte, donde no es que desprecien a los negros, es que se desprecian entre ellos mismos. Y así les va.

 

Recordemos que mientras B. B. King interpretaba la genial The thrill is gone, allá por 1959, los chinos se comían los unos a los otros, sin lavadoras ni negros de por medio, en esa aberraciones aún modernas tituladas, como películas de serie b, El Gran Salto Adelante y La Revolución Cultural.  

 

 

Joaquín Campos, 31/05/16, Phnom Penh. 

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