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Cueros y tacos el blog de Montague Kobbe y Adolfo Calero


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5 de diciembre, 2014

Cuando la noche se hizo día

 

La fecha específica es el 30 de septiembre de 1953. Al menos eso es lo que se dice con mayor frecuencia. Pero la verdad es que este es un hecho de esos que esconden tras de sí verdades complejas, oscuras y a medias. Aquel miércoles otoñal de 1953 el equipo campeón de Inglaterra, el Wolverhampton Wanderers de Stan Cullis, se enfrentó en partido amistoso a la selección de Sudáfrica.  Los ingleses ganaron por un resultado de tres goles a uno e inauguraron en su estadio, el mítico Molineux, su sistema de luces eléctricas instaladas sobre las gradas que permitiría disputar partidos nocturnos a partir de ese momento.

 

Eran los días previos a la Copa de Europa; los días en los que los partidos amistosos en medio de la semana a menudo venían cargados de tanta o mayor importancia que los encuentros de liga los fines de semana; los días en los que la popularidad y reputación de los equipos se forjaban en base a auténticas giras mundiales de exhibición. Fue así como conseguiría su fama el Real Madrid y así también como se instauró el mito de Pelé con el Santos. Fue así, pero a la inversa, como el Wolves se autodenominó el mejor equipo del mundo, invitando a equipos de toda Europa a jugar en su terreno, bajo las luces artificiales y a menudo en medio de una neblina infranqueable, muchos miércoles de los años 50.

 

En realidad el primer partido jugado bajo alumbrado eléctrico data del siglo anterior, y tuvo lugar a las 7.30 de la tarde en el Bramall Lane de Sheffield (la cuna natal del fútbol moderno) el 14 de octubre de 1878 a la sombra de un par de postes parecidos a los de sendos faros marítimos. El experimento atrajo a unos 20.000 aficionados pero no dejó de ser más que una divertida extravagancia: apenas una década más tarde, cuando en 1888 se creó la Primera División del fútbol inglés todos los partidos habrían de ser jugados durante el día, aproximadamente a las 3 de la tarde.

 

De hecho, el fútbol, como tantas otras actividades de entretenimiento popular, se vio (y se continúa viendo) regido por una serie de costumbres —de rituales, prácticamente— que lo perfilan casi como una alternativa laica al sacramento religioso. Ha sido solo con la posmodernidad y su obsesión por difuminar los límites establecidos (o lo que es lo mismo, con la comercialización encarnizada del deporte y, posteriormente, su transmisión televisiva) que la FA inglesa, por muchos años el equivalente al Vaticano futbolístico, sancionó el uso de luz artificial en 1950. Era el comienzo del final de la misa universal de los sábados a las 3 de la tarde y el comienzo de un nuevo y caótico calendario litúrgico en el que casi nunca se sabe con certeza a qué hora se celebran los partidos.

 

Pero la iniciativa por abrir un nuevo horario para el fútbol ya había contado con fuerza en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. De hecho, la propia FA no juzgó necesario pronunciarse en contra del uso de luces artificiales hasta 1930, cuando el Arsenal de Herbert Chapman tenía contemplado instalar alumbrado en las gradas laterales de un Highbury en medio de tremendas obras de remodelación. La negativa de la federación retrasó el desarrollo de la nueva tecnología en el Reino Unido y por extensión en el resto de Europa por más de 20 años.

 

El fortín de Vélez SarsfieldEn tanto, en Sudamérica las condiciones climáticas y económicas permitían que la realidad fuera otra —también la del fútbol. En Argentina, el estadio Vélez Sarsfield del homónimo club porteño se convierte en el primero con alumbrado eléctrico en 1928, y para 1935 ya se disputan partidos de liga en ese horario. Igualmente, en 1932 el súper moderno estadio Centenario de Montevideo, construido expresamente para el Mundial de 1930, exhibe también por primera vez instalaciones eléctricas que permiten su uso nocturno. Ya en 1936 tiene lugar la primera edición del Torneo Nocturno Rioplatense, una copa amistosa organizada fuera de la jurisdicción de las federaciones de Uruguay y Argentina en la que se enfrentaban combinados de ambos países en horas de la noche. Y la Copa América de 1937, disputada en Buenos Aires, también incluye encuentros a la luz de los focos artificiales. En México, el primer partido nocturno se disputa en el Parque España del DF en la inauguración de la Copa de 1940 entre Atlante y España, mientras que en Paraguay el Cerro Porteño es el primer equipo con instalaciones eléctricas permanentes en su estadio a partir de 1949.

 

El Gasómetro de Boedo, sede de la Copa América 1937

Para entonces en el Metropolitano de Madrid, el estadio del Atlético, ya se ha experimentado con luces artificiales (en 1943, de hecho) pero será apenas con la popularidad de la Copa de Europa y el éxito del Real Madrid en la misma que se instalará iluminación artificial permanente en el Santiago Bernabéu en 1957. Noches que quizás nunca hubieran existido de no haber sido porque la FA inglesa decidió adaptarse a los tiempos modernos (tampoco les quedaba alternativa) y permitir la disputa de partidos de fútbol bajo luz artificial. Aquello sucedió en 1950 y el Southampton fue el primer equipo en instalar los focos de alta intensidad en su estadio (The Dell, no el actual St. Mary’s). Le siguieron varios, el Swindon Town, el Arsenal (finalmente), pero sería el Wolverhampton Wolves el que más provecho le sacaría a la estrategia, organizando los famosos floodlight friendlies de 1953 y 1954 que los vería vencer ante el Racing de Avellaneda y el Spartak de Moscú, empatar ante el First de Viena y sorprender al Honved húngaro antes de proclamarse como el mejor club del mundo.  

 

Luego vendría la indignación de Gabriel Hanot, la visión de Santiago Bernabéu y Raimundo Saporta, la fiebre del fútbol europeo y el declive del Wolves, que siguió ganando amistosos en Molineux hasta 1957 (inclusive al Madrid campeón de Europa) cuando ya a nadie le importaba porque para entonces el recinto cerrado de la noche se había convertido en el ambiente predilecto para la fama y la gloria. Y todo aquello por unas tristes luces.

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