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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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11 de noviembre, 2017

De mi diario : Semana 45 / 2017

 

Weiß/Colonia, 5.11.

0:30 am : Logré desfazer el entuerto, el desaguisado de Henri con el televisor, y así pude oír (y ver) a Zubin Mehta conduciendo la Sinfónica de Viena en Budapest, entre otros el Concierto para orquesta de Béla Bartók. Y una vez más no puedo documentarlo con cifras, pero mi oído y mi instinto me dicen que ¾ partes de las bandas sonoras de las pelis de suspenso son producto de un saqueo sistemático de la obra de Mahler, Bártók y Hindemith. Uno oye “Matìas el pintor”, o este Concierto, y se pregunta sin cesar: “¿En qué peli[s] lo pusieron como sound track?”

 

Llegó ayer la tarjeta de Héctor a Diny desde Yakarta con matasellos del 24.9.: «Estoy aquí en Batavia, pensando en los holandeses, en Multatuli y en Max Havelaar. Estoy comiendo satay en el Café Batavia y pienso en tu pescado español hecho en Colonia». Recuerdo la tarjeta mientras leo la columna de Héctor, hoy, en EE, cuya protagonista es esa Batavia, hoy Yakarta, donde él se encontraba al mandarle la tarjeta a Diny. Y dan ganas de no ir allá jamás en la vida. No a mí, que de todos modos nunca hubiese ido, sino a cualquiera que lea la columna.

 

Frank viene a buscar a Henri y nos deja en La Modicana, donde Diny y yo almorzamos hoy. Los invito, a ellos y a Montse, si se quiere añadir. Pero quien se añade es Chico, que llega al rato, con su bici, y que del jueves al domingo dormirá en nuestra casa porque Paul regresará de Passau para festejar en Colonia las 11:11 del 11.11., coloniense a carta cabal este muchacho.

 

Desde Karakogrado, la capital de Venezuelistán, Marcos me llama la atención acerca de que James Bond no trabaja para el MI 5, sino para el MI 6. Le contesto ipso fuckto: «Maestro, gracias por el palmetazo. Más gilipollas que yo es difícil que encuentre, porque justo hace un par de semanas una colega colombiana me preguntó desde Bogotá que cuál era la diferencia entre los servicios secretos alemanes no militares, es decir, entre la Bundesverfasungsschutz (protección federal de la Constitución) y el Bundesnachrichtendienst (servicio federal de información), y le contesté que la misma entre el FBI y la CIA o entre el MI 5 y el MI 6. Lo que pasa en que, a) tengo metida en el coco la serie inglesa Spooks, que seguro que conoces, y b) creo que no he llegado a ver entera nunca una peli de James Bond, me aburren profundamente. Mea culpa, pues, rectificaré en el diario dándote el crédito como está mandao. Estas cosas es necesario confesarlas en público, para extender la mancha de aceite de que todos somos falibles, a ver cuándo se enteran de una puñetera vez los propietarios de la verdad absoluta». 

 

Weiß/Colonia, 6.11.

Una cosa de la que me he dado cuenta en los tres o cuatro sábados pasados, cuando repasaba mis entradas en este diario antes de subirlas a la página web de Fronterad es que son muy pocas  las lecturas que llevo hechas en los últimos tiempos. Otra cosa que me olvidé de consignar es  mi descubrimiento de los ensayos y artículos de Agustina Bessa–Luís, a quien adoro. Y como no hay dos sin tres, también olvidé (un olvido freudiano en este caso) la Ley Seca a que me ha sometido mi Dr. Ruppert durante tres semanas, hasta el 25 de este mes: al parecer no eran muy católicos los valores hepáticos en mi último análisis de sangre. Oremus.

 

Como nos hallamos en plena orgía rememorativa de la Revolución de Octubre, en el canal Arte habían programado Reds y quise verla con Diny, pero Diny tenía ya programado otro canal para ver un documental informativo acerca de lo que engaña la publicidad comercial, en especial en los supermercados, así es que me tuve que conformar con ver Reds en la pantalla de la compu... Pero ¡ay! es una peli cuyos derechos no están libres para la visión en ordenador. Jodime, pues, bien jodido. Y es que la jodienda no tiene enmienda.

 

Pensando en Reds [Rojos] y que la última vez que la vi fue con Rolando, vuelvo a preguntarme qué habrá sido de él. He removido Roma con Santiago (y no tan sólo el de Compostela, sino la ½ docena de Santiagos de América Latina) tratando de averiguar que ha sido de él, por qué es que, de repente, y sin decir ¡agua va!, desapareció del radar, y nadie, ni siquiera en Austin me sabe dar razón de su vida. Me hace recordar fuertemente el caso de Ambrose Bierce, de cómo un día se marchó a México y desde entonces (1914) no se ha vuelto a saber nada de su persona. Teniendo en cuenta que entonces ya contaba 62 años, es de temer que entretanto haya muerto.

 

Weiß/Colonia, 7.11

A las 11:30 am en lo del asesor fiscal. Repasa todos los datos que le llevo, bien ordenaditos, como es mi costumbre, y no me da muchas esperanzas de que el finiquito de Hacienda sea esta vez menor que la pasada. Y pienso en los Paradise Papers y me entra a cabalgar por el pecho una rabia irrefrenable. Cuantísimo hijueputa millonario estafando a su respectiva Hacienda, sin excluir la alemana, y uno pobre paganini apoquinándole la pasta a tocateja, como un corderito.

 

En La Modicana, con Carlitos. Linguini, o como se llamen, alla pescatore. Lo que quiere decir que con pescado y marisco. Al cabo del segundo bocado pido queso parmesano. La persianita se escandaliza y me dice que a esa pasta no se lo añade queso. Le replico: «En Sicilia puede que no, pero aquí faltan el aire siciliano, su mar, el olor de su campo. Eso es lo que le va a añadir el queso a esta pasta». No muy convencida, nos trae el queso. Y Carlitos me da la razón.

 

Regresando a casa, en la radio del auto oímos la noticia de la muerte de Hans Schäfer. Es la muerte de una leyenda. Como legendaria es la jugada del minuto 84 en la final de Berna, el 4.7. 1954, me la sé de memoria: «Schäfer centra sobre el área. ¡Despeje de cabeza! Rahn podría chutar el rebote. Rahn chuta. ¡Gooool! ¡goool! ¡gool! ¡gol!» Ese gol significaba el 3-2 contra Hungría y el primer campeonato mundial para Alemania. Oficialmente, la República Federal nació en 1949, pero Alemania renació ese día de 1954. Es en ese  momento cuando puede datarse su regreso a la comunidad de los países civilizados. Aunque uno la ha visto más de cien  veces. la jugada siempre emociona igual. Ver cómo Schäfer, el mejor extremo izquierdo del mundo en aquellos años, le roba la pelota a un jugador húngaro, corre por su banda y centra sobre el área, una asistencia genial y con marchamo de gol, y fue gol. Schäfer ha sido el más grande jugador salido de Colonia, donde nació y vivió toda su vida y acaba de morir, siendo un ciudadano más, sencillo, abordable, y rechazando siempre el apelativo de “héroe” que les colgaron a los once del equipo vencedor en Berna. Hace poco le dedicó el diario una plana completa, con motivo de sus 90 años. Mañana tendremos otra, y se la volverá a merecer.

 

Voy a las 4:25 pm donde Montse, para felicitarla por su cumpleaños en modo analógico: en modo virtual lo hice recién pasada la medianoche, vía email. Soy el primero en llegar, y al final, de todos modos, estamos en petit comité, sólo Montse y Frank con Oskar y Henri, Diny que se nos une volviendo de lo de Vincent, y Chico, que llega al salir de su oficina. Montse amasó un Apfelstrudel magistral, del que alcancé a comer una porción cuando estaba recién salidito del horno, hmmmmmmmmmmmmm... No pedí más por solidaridad con el resto de la familia. Hoy debe haber sido el Día Internacional del Boy Scout.

 

Weiß/Colonia, 8.11.

A Raúl Figueroa lo conocí durante una de las últimas ferias del libro de Fráncfort que cubrí de manera profesional, para mi emisora, la Deutsche Welle. Nos hicimos amigos y la amistad ha resistido el paso del tiempo y la distancia. Estamos siempre en contacto por email, y de vez en cuando le pido alguno de los libros que publica y que me interesan. Hacía tiempo que no le pedía ninguno, pero justo en estos meses ha salido traducido al alemán uno publicado por él, Puente adentro, de Arnoldo Gálvez Suárez, ganador del Premio BAM Letras 2015; así es que se lo pedí porque el traductor, Lutz Kliche, amigo de los dos, comentaba en una entrevista lo buena que es esta novela, y quise leerla. Raúl me dijo que, para mayor seguridad postal, me la enviaría desde Miami, y así ha sido, y hoy me llegó y le he acusado recibo con estas palabras: «Gracias, mil y una, pero puedo jurarte sobre la Biblia, o el Popol Vuh, que de haber sabido que el correo USA es un negocio de la Cosa Nostra, nunca te habría pedido que me la enviaras. 22,50 $US por el franqueo me parece un robo a mano armada, con agravantes de diurnidad, premeditación y alevosía. El mismo envío del mismo libro (es decir, como carta certificada por vía aérea) hubiese costado –es decir, cuesta– 6,20 € en Alemania, o sea, no llega a 8 $US al cambio actual. Ya sabemos en el mundo entero que los USA son una sucursal de la cueva de Alí Babá, pero caramba, que guarden las formas, por lo menos eso. Lo dicho, gracias, un fuerte abrazo, y no volveré a pedigüeñearte un solo libro más, no quiero contribuir a tu segura ruina».

 

Hoy aparece en Nexos mi texto recogiendo las entradas de este diario dedicadas al recuerdo de Daniel Viglietti. El lay out es magnífico, tanto por las fotos como por los videos que lo ilustran. Lo distribuyo a quienes creo que les puede interesar, y al rato recibo un email de Soledad, muy emocionante: «Desde mi infancia lo quise con muchísimo cariño. Me acompañó​ prácticamente toda mi vida, claro está que desde la distancia y a veces más cerca que otras veces. Pero nunca se rompió nuestro hilito de ternura». Y sí, Soledad era una cría, sólo un año mayor que Rebeca, en los años que compartimos edificio en el 29 del Karolinger Ring: los Salsamendi en el piso 4.º, nosotros en el 3.º; los años en que de pronto se hizo de noche en el Cono Sur y nos empezaron a llegar los que con suerte pudieron escapar, Daniel entre ellos. Una de las secuelas más notables de la muerte de unos seres queridos es –como lo está siendo en este caso– la dolorosa, pero también alegre recuperación de algunos años que se cuentan entre los más hermosos de nuestras vidas.

 

Weiß/Colonia, 9.11.

Todo el día actualizando mi correspondencia. Tengo la manía de no dejar prácticamente sin contestar sino aquellos emails que no precisan respuesta. Uno que me llama la atención incluye la liga [=el enlace] con un repertorio de dizque “los 37 mejores comienzos de la historia de la literatura”. Un repertorio donde faltan los de Platero y yo, Pedro Páramo, Crónicas marcianas, las Sonatas de Valle–Inclán, Rayuela, Conversación en La Catedral, Ricardo III... en fin, a qué seguir. Transcribo de memoria, paladeándolo, el de Platero y yo: «Platero es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos».

 

Sigue la programación relacionada con la Revolución de Octubre y acaban de pasar en Arte una peli que hace mucho tiempo deseaba ver pero nunca se cuadró hasta hoy: El tren de Lenin es un telefilm de Damiano Damiani, del año 1988, en el que se cuenta la odisea de Lenin y un grupo de exiliados rusos a quienes el Estado Mayor prusiano mete en un tren precintado con el cual atraviesan Europa a partir de Suiza, pasan a Suecia por vía marítima, y continúan en tren hasta la estación de Finlandia de San Petersburgo, la que ya entonces (en marzo de 1917) se llamaba Petrogrado. La intención de Berlín era clara: avivar la guerra civil rusa con el fin de poder aliviar la carga del frente oriental y mejor concentrarse en el frente francés. No soy el único en creer que los altos mandos prusianos jamás pensaron que con esta maniobra iban a dar lugar al nacimiento de la Unión Soviética, Aunque es algo plano, como suelen ser los telefilmes, está fenomenalmente bien ambientado e interpretado (un reparto de lujo), y he seguido la narración con un interés creciente; pero es que, además en un momento determinado, supe de pronto por qué era que me interesaba tanto verlo desde hace tiempo, y es al aparecer la figura de Lilina, una de las nodrizas de los niños que viajan en el tren. Apenas la vi me la quedé mirando con esa mirada que repasa álbumes de fotos viejas, y me dije “Jeaninne”. Claro, era Jeaninne Mestre, y fue ella quien me dijo que había actuado en ese film, la última vez que nos vimos, en Madrid, tiene que haber sido el 23 de abril de 1989, haciendo el recorrido de la noche de Max Estrella por las calles madrileñas, siguiendo el texto de Luces de Bohemia. Jeaninne... Y los recuerdos se me apelotonan y me arrasan los ojos. Hubo un tiempo pasado que, sí, fue mejor.

 

Weiß/Colonia, 10.11.

Miguel Sáenz me escribió que ya presentó, en la comisión de la Real donde se desempeña, la propuesta de incluir “desalambrar” en el Diccionario. Pero me añade que sería de desear que la Academia Uruguaya de Letras la apoyase. Que si conozco a alguien allá. Busco en Google la lista de los miembros actuales de la AUL y sólo conozco, de nombre, a Rafael Courtoisie. Pero sí conozco a quienes creo que, en Montevideo, pueden mover el cotarro. Y no me equivoco, al cabo de unas horas recibo comunicación de Clodia, quien es amiga de varios académicos y se pone inmediatamente en campaña. ¡Hasta la Victoria (la de Samotracia) siempre!

 

Weiß/Colonia, 11.11.

Es bueno tener tan atentos lectores como mi don Samuel Whelpley, ingeniero de Barranquilla, quien me escribe después de leer mi columna de ayer en EE: «Don Ricardo, quedé extrañado cuando menciona que solo 2 personas han ganado dos veces un Premio Nobel. Que yo recuerde son 4: Además de Madame Curie y Linus Pauling, el profesor John Bardeen, inventor de los semiconductores y el transistor, ese aparato que dió origen a todos los celulares, televisores, y micros, lo ganó en 1956 y 1972 en Física y Química, me parece. Y el profesor Frederic Sanger que sintetizó la insulina, ganó en 1958 y 1980 el de Medicina. Un saludo hasta la tierra del agua de Colonia». Le contesto ipso fuckto: «Me desasna usted en una asignatura que me creía sabida de sobra. Gracias. Lo malo es que no puedo rectificar al pie de mi columna porque eso me obligaría a tener que hacerme miembro de Scarfacebook (como yo la llamo) o cualquiera de otras redes. Pero tomo nota inmediatamente, para no volver a meter la pata. Aunque en realidad hay una diferencia entre los dos Nobel dobles que usted señala y los que señalo yo. Bardeen fue dos veces Nobel de Física, y Sanger dos veces de Medicina. En cambio Curie y Pauling ganaron sus dos Nobel cada uno en categorías distintas. Sólo que una vez hecha ya esta salvedad, y para decirlo a calzón quitado, no sé cuál de ambas hazañas es más meritoria».

 

He ido este mediodía a la comisaría de policía, en Rodenkirchen, voluntariamente. El lunes han dejado en mi estafeta quelonia una notificación a fin de que el 17 llame a determinado número y participe en un sorteo de lotería para el cual he sido seleccionado. Por supuesto que no pienso llamar, pero me interesa saber si la policía ya conoce esta nueva artimaña de los defraudadores y timadores que pululan en este país. El policía de guardia me dice que no, pero que no es raro, porque recurren a cuánto se les ocurre y siempre hay algún inocentón que pica el anzuelo; que lo esencial –me dice– es no hacerles caso, y punto. Salgo de la comisaría con la frente bien alta de quien ha cumplido con un deber cívico. La madre que me parió.

 

Despedí a Diny a las 7:30 am, antes de que se marchase a Holanda hasta el lunes. Y después de desayunar e ir a Rodenkirchen, a la policía y de compras, regresé a casa a dormir la siesta, de la que me despertó la llegada de Chico. Cenará y dormirá aquí esta noche. Lo que no puedo decir es que nos haremos compañía, porque cada uno anda metido en su propio mundo.

 

***************THE END***************

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