Entre   |  Regístrese

Bajomundo el blog de Roberto Valencia


Tamaño de texto: A | A | A

14 de octubre, 2013

“Ojalá El Salvador no se convierta en otra España”

 

Leída en las Españas, la frase del titular puede resultar desconcertante, provocativa incluso. Espero que no se me ofenda nadie, pero el español promedio tiene cierto aire de superioridad moral sobre los pueblos latinoamericanos, como si en verdad fuera la madrepatria, y me late que puede chocar tantito que España sea un ejemplo a evitar para El Salvador, un país que ese español promedio difícilmente podría ubicar en un mapamundi, pero que, eso sí, le sonará a tercermundismo puro y duro.

 

“Ojalá El Salvador no se convierta en otra España”. Esa frase se la escuché al cronista estadounidense Jon Lee Anderson a mediados de 2012, en una charla magistral que impartió en San Salvador, en la clausura del Foro Centroamericano de Periodismo organizado por El Faro, y en la que en principio iba a hablar sobre sus experiencias como reportero en los albores de la Guerra civil salvadoreña (1980-1992), y sobre el país que había rencontrado tres décadas después de su última visita. Pero habló y habló sobre España, casi más que sobre El Salvador.

 

—La Guerra civil española –dijo Jon Lee Anderon– ocurrió 50 años antes que la Guerra civil salvadoreña. Durante tres años, del verano del 36 al 39, el pueblo español se desgarró. Murieron alrededor de 600,000 personas. Esa guerra civil, como sabemos, la ganó el hombre que la comenzó, el general Francisco Franco, que se había aliado con Hitler y Mussolini. Tuvo el respaldo de estos señores, de estos dictadores, para librar la guerra contra la República.

 

Quizá convenga matizar que si me he acordado ahora de lo que Jon Lee Anderson dijo hace casi año y medio es por lo sucedido en las últimas semanas. A la jueza argentina María Servini se le ha ocurrido abrir causas penales por crímenes cometidos en los años finales del franquismo, crímenes de lesa humanidad convenientemente ocultados durante la Transición bajo esa alfombra de la vergüenza llamada ley de amnistía. Al calor del señalamiento, incluso Naciones Unidas se ha pronunciado contra la política española de silencio y encubrimiento, pero el tema ha sido tratado con un bajísimo perfil en los medios de comunicación más fieles al establishment, que son la inmensa mayoría. ¿Un paisucho como Argentina dando clases de democracia e institucionalidad a la magnánima España? Algo así se preguntaba, visiblemente molesta, una tertuliana hace algunos días en un debate televisivo.

 

—Franco siguió gobernando España durante otros treinta años –dijo Jon Lee Anderson–, y en especial los primeros años de la dictadura fueron muy cruentos, tan cruentos que incluso los alemanes y los italianos lo amonestaron por ser demasiado draconiano con los republicanos, a los que metía en campos de concentración y los ejecutaba, a mansalva, durante años. Los últimos reductos de republicanos guerrilleros en España fueron vencidos allá por los años cincuenta, aunque de hecho actuaban ya más como bandidos que como soldados. Todos fueron aniquilados, y tuvimos Franco hasta los años setenta.

 

Aquel discurso lo grabé, lo he vuelto a escuchar y lo he transcrito. Las palabras atribuidas al cronista de The New Yorker son, pues, literales.

 

—Cuando murió Franco, se abrió una negociación entre sus sucesores y los que querían entrar en la política por primera vez. El temor todavía a una represalia por parte de los militares era muy fuerte. Y entonces, los nuevos demócratas pactaron con sus antiguos represores una transición democrática, y lo llamaron el Pact of Forgetting, un pacto de olvido... Ya saben por dónde voy, ¿no? Ese pacto de olvido en España fue clave, porque permitió que los socialistas y los demás partidos entraran al poder; es más, permitió que asumieran el poder y recibieran las prebendas del poder, de la democracia española... a cambio de nunca... nunca... pero jamás... mirar al pasado. Nunca... nunca... pensar en juzgar algún crimen cometido en esos tres años de gran terror, de mucha muerte, ni en los cuarenta años de dictadura posterior, en la cual también murió mucha gente.

 

No creo que este post sea el lugar idóneo para extenderme, pero la razón de hablar tanto sobre España en San Salvador era precisamente el paralelismo que Jon Lee Anderson establece con el proceso de paz salvadoreño. El mismo guión: represión y guerra cruenta, reforma del Estado pactada entre las partes beligerantes, ley de amnistía. Y hoy, décadas después, las voces de los que beneficiaron del perdón y olvido –no de las víctimas, a ellas nunca nadie les consultó– diciendo una y otra vez que al país no le conviene reabrir heridas del pasado.

 

—¿Cómo puede un país construir una democracia si la base es la injusticia? –se preguntó Jon Lee Anderson–. Yo creo que no es posible. Setenta años después del fin de la Guerra Civil en España, ese país y esa famosa democracia en la que todo el mundo va a la playa... En Granada, esa ciudad emblemática, la de la Reconquista, la de tantas cosas... y también del verano del 36, cuando se levantaron los militares y durante todo un verano, de forma sistemática, comenzaron a matar a gente; llevarlos al cementerio y matarlos, decenas, todos los días. Los mataron, los mataron, los mataron... fosas comunes por todos lados. Y entre ellos, el escritor más grande de España en esa época, el poeta Federico García Lorca. A ese hombre, a ese hijo de su ciudad, lo mataron delante... bueno no, a espaldas de todo el mundo, pero todos sabían que lo habían asesinado. Setenta años después no hay una sola placa en esa ciudad que explique lo que pasó. Los turistas van a la Alhambra, que es muy bonita, pero no hay ni un museo dedicado a lo que pasó en el verano del 36 y a lo que significó eso para España primero y para el mundo después, porque España fue la antesala de lo que luego hicieron Hitler y Mussolini en la II Guerra Mundial. La casa en la que estaba refugiado, escondido, aterrorizado porque lo iban a matar, García Lorca, la casa de unos amigos de la que lo sacaron para matarlo es hoy un restaurante que se llama El Rincón de Lorca, donde puedes pedir chuleta con patatas fritas ahí. A lo que voy es esto: un pueblo que no tiene historia no tiene moral, y una sociedad en la que los crímenes quedan impunes es sociópata después. Sociópata es una sociedad en la que tú puedes convertir un lugar que fue la casa de la que te sacaron al hijo más preciado para matarlo, y la conviertes luego en un restaurante. Entonces... ojalá El Salvador, que tiene todavía tiempo, no se convierta en otra España, vacía de su historia, que ha defenestrado al famoso juez Baltasar Garzón (…) ¿Y cuál fue su crimen? Tratar de abrir las fosas, tratar de encontrar la tumba de Lorca, pero le dijeron: eso no lo vas a hacer... ¡y no lo han hecho! Todavía no hay una tumba de Lorca, pero en España lo que sí hay una especie de panteón nacional que, ¿saben lo que es? Es una cruz erigida por Franco, una cosa gigante, increíble, que la construyeron los prisioneros de guerra, y en la base de la cruz está la tumba de él. Yo lo visité hace un par de años, ¿y saben lo que encontré? Hombres haciendo saludos fascistas. Aquello sigue siendo una especie de reducto, de último reducto en Europa de las ideas más tétricas y rancias del totalitarismo de derechas del siglo pasado. Ese es el panteón nacional español. Ese es el lugar supuestamente de la reconciliación de ese país. Setenta años después de la guerra, treinta y cinco años después del franquismo, no hay ni siquiera un movimiento para erigir un panteón en el que todos los españoles puedan tomarse de la mano y decir: ya pasamos eso y ya estamos unidos. No. No están unidos porque lo que tuvieron fue la paz de los vencedores, y ahora esperan hasta que se muera el último de esa última generación y llegar a la amnesia total... aunque nunca hay una amnesia total. Esa amnesia termina siendo una toxina que entra en el ADN y contamina la sociedad.

 

Al conversatorio le siguió una ronda de preguntas que duró casi una hora entera. Hubo cuestionamientos de todo tipo y, casi al final, una joven española que se presentó como una politóloga, gallega, nieta de republicanos e hija de demócratas, que dijo llevar ya dos años en El Salvador, se atrevió a cuestionar la teoría de Jon Lee Anderson.

 

—Yo creo que en El Salvador, para esta democracia, aún no es el momento para pedir cuentas... que eso tendrá que pasar dentro de dos o tres generaciones, cuando la democracia sea estable –dijo.

 

Y Jon Lee Anderson se molestó. Mucho.

 

Compartir

ImprimirImprimir EnviarEnviar
Inicie sesión o regístrese si quiere identificar sus comentarios.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Rellene el código de la imagen / Resuelva la operación matemática
Image CAPTCHA
Enter the characters shown in the image.

(*) Campos obligatorios

Al enviar tu comentarios estás aceptando los términos de uso.

Jamás he considerado a España como la madrepatria, pienso que una madre es la figura mas bondadosa que se pueda concebir para un hijo y si España fue la madre de nuestros paises pues fué una mala madre que en vez de darnos algo nos quitó mucho, nuestra identidad cultural se perdió por los saqueos y quemas de nuestras ciudades y la matanza de nuestros pueblos a manos de los bandidos españoles, las enfermedades que trajeron diezmaron a nuestra gente mal llamada "indios"(los indios son de la India). El cruce de razas jamás existió, lo que existió fué la violación de nuestras mujeres por parte de los saqueadores españoles bajo la señal de la cruz. Se llevaron barcos cargados de oro y plata por mas de 300 años y aún así no son ni siquiera una potencia en Europa, jamás pudieron aprovechar la enorme riqueza que se robaron de nuestras tierras, España, lugar de hidalgos que tenían prohibido trabajar. Hoy, despreciando a los latinoamericanos con sus leyes quieren ocultar un enanismo mental con una "superioridad europea" que solo existe en sus mentes, le llaman a nuestros paises "Tercer Mundo" como una forma de menosprecio, si nosotros estamos en el tercer mundo ellos deben de vivir en Mercurio, no se dan cuenta que esa clasificación ya no existe, hoy se usa más la relación Norte-Sur, quieren aplicar sus leyes a los paises latinos y no se aplican primero a ellos mismos, en realidad sufren de baja autoestima con relación a los alemanes y franceses e ingleses, en fin que España nos dejó jodidos y seguimos sufriendo con los gringos...

Gracias por participar.

Un matiz nomás: a España y a los españoles se les puede reprochar mucho desde América Latina (este post creo que rema en esa dirección), pero yo no comparto ese discurso tan recurrente como estéril del "oro que nos robaron", que solo sirve para fomentar la xenofobia. Países que acumulan ya 200 años de independencia deberían ser más autocríticos para juzgar su presente. Y en cuanto a las violaciones y saqueos que sin duda ocurrieron durante la Conquista y la Colonia, mi opinión es que no creo que atribuírselo a los descendientes de quienes se quedaron en España sea lo más sensato; salvo que usted sea un indígena de "sangre pura", fueron sus ascendientes los que cometieron esas tropelías. Sus abuelos, sus tatarabuelos son los que -siguiendo con su ejemplo- se montaron un día en un barco, cruzaron el Atlántico y violaron a las mujeres indígenas, o son los que durante geneaciones no han hecho nada para evitarlo. Mirar afuera es lo más cómodo. Solo eso. Saludos y lo dicho: gracias por su comentario.

Pues para tí será un discurso estéril, pero para nosotros es parte de nuestra historia que no debemos olvidar y recordar que la acumulación de la riqueza que ahora disfrutan muchas naciones es originada precisamente en esa etapa de la historia, no creo que sirva para fomentar la xenofobia que dices porque no veo que en nuestros paises se persiga a los españoles como hacen con los latinos en España, más bien creo que la xenofobia se expresa cuando tú me dices que yo soy de tercer mundo por estar en Latinoamérica y tú estás en el primer mundo por estar en Europa. En cuanto a los 200 años de "independencia", indepencia de quién, la estructura de nuestra sociedad quedó igual, lo único que cambió fué la potencia extranjera que oprime, la estructura politica siguió igual, las élites que gobernaban siguieron haciendolo hasta ahora, la gente común y corriente no vió ningún cambio. Hoy ya no nos han alienado con bisutería, con cuentas, con espejitos como en tiempos de la invasión, hoy nos alienan con equipos de fútbol como el barcelona y el real madrid con toda la complicidad de los medios de comunicacion que se llenan las bolsas de dinero con la transmision de los famosos "clásicos", que verguenza, latinos defendiendo equipos del otro lado del mundo... en fin yo no soy indígena porque para tí indígena es todo lo opuesto a lo que es europeo, y más bien indígena me suena más a un termino despectivo para lo que no es blanco, soy una mezcla de sangre nueva pero me siento orgulloso de llevar un porcentaje grande de los oriundos dueños de estas tierras y por ello me siento oligado a reclamar respeto y sí, mirar afuera para comprender porque se comportan nuestras elites gobernantes como lo hacen siguiendo los lineamientos de los organismos internacionales, no sabemos como llamaban a estas tierras los verdaderos dueños de ellas, pero sé que ellos no se llamaban a sí mismos indígenas, toda la historia se perdió cuando los "ascendientes" quemaron todo por el fanatismo religioso, la historia lamentablemente la escriben los opresores y por eso nos pusieron indígenas, término de tremenda ignorancia geográfica. Solo eso...

Su visión es tan romántica que enternece. Le honra reconocerse que es descendiente de malignos conquistadores europeos. ¿Cómo puede vivir con esa carga escribiendo lo que escribe? En su esquema mental, una parte de sus antepasados -su mismo ADN- violó, asesinó y robó a los pueblos indígenas. Yo le vuelvo a sugerir que comience a vivir en el siglo XXI y que deseche esas argumentaciones de chupadero del "oro que nos robaron". ¿Que no hay xenofobia en América Latina? ¿Dice eso y se queda tan ancho? Pregunte a los migrantes bolivianos o peruanos que viven en Argentina o Chile, a los centroamericanos que se juegan la vida atravesando México, a los nicas que viven en Costa Rica o a los haitianos que nacieron en República Dominicana y ni siquiera se les reconoce la nacionalidad. Y ahora no quiero entrar a valorar la exclusión y el clasismo con el que se trata a los ciudadanos de extracción más humilde, al bajomundo, en todas las sociedades latinoamericanas. Sé que es en vano, pero en mi comentario anterior solo apelaba a la reflexión y a la autocrítica. Saludos.
Y por cierto: siento defraudarlo pero yo soy salvadoreño.

¿ya te dieron la nacionalidad roberto?

ISSN: 2173-4186 © 2014 fronterad. Todos los derechos reservados.

.