Emiliano Monge

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    El camino de los migrantes a través de un México arrasado. Una conversación con el escritor Emiliano Monge

    Lino González Veiguela - 25-02-2016

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    El camino

     

    Son pocas las pertenencias que caben en las pequeñas mochilas con las que cargan los migrantes que atraviesan México rumbo a la frontera estadounidense. Dos o tres mudas, quizá algún amuleto al que encomendarse, no mucho más.

     

    —Las mujeres migrantes suelen también llevar con ellas la pastilla del día después, por si son violadas –dice el escritor mexicano Emiliano Monge.

     

    Robos, palizas, violaciones y secuestros afectan a un buen número de los migrantes que atraviesan la geografía mexicana rumbo al sueño de una vida mejor. El viaje puede durar semanas.

     

    —La violencia contra los migrantes –centroamericanos, sobre todo, pero también mexicanos– siempre ha existido. Incluida la violencia de agentes de los cuerpos de seguridad –dice Monge–. Hace algunos años, sin embargo, algunos grupos criminales, como los Zetas, comenzaron a explotarla como si se tratara de uno más de sus negocios. Secuestran a migrantes para conseguir dinero de las familias que están en Estados Unidos. Si no consiguen dinero, los desaparecen. Difícil saber cuántos migrantes han desaparecido. El país está lleno de fosas comunes que sólo van apareciendo de tanto en tanto, recordándonos una realidad de la que casi nadie quiere hablar. A otros migrantes los retienen para usarlos como mano de obra o como sicarios, convertidos en carne de cañón. Algunas mujeres terminan en prostíbulos –dice Monge.

     

     

     

     

    Víctimas y victimarios

     

    Emiliano Monge ha venido a Madrid a presentar su última novela, Las tierras arrasadas (Random House, 2016). En ella cuenta la historia de uno de estos secuestros de migrantes en el sur de México. Los protagonistas de la obra, sin embargo, no son los migrantes secuestrados, sino los secuestradores.

     

    —Quería reflejar la ausencia de voz que tienen los migrantes. Cuando el migrante centroamericano se embarca en su viaje, pierde la voz. Pierde también su nombre, su identidad, sus derechos. No tienen voz como individuos, sólo como masa. En la novela las voces de los migrantes están reflejadas en los coros, que son testimonios textuales.

     

    Monge revisó informes de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que recogían testimonios de migrantes. Leyó también las crónicas publicados en el diario salvadoreño ‘El Faro’, como las escritas por uno de sus reporteros Óscar Martínez, más tarde recogidas en “uno de los mejores libros que he leído sobre los migrantes centroamericanos”, Los migrantes que no importan (Icaria, 2010). Incluyó algunos de esos testimonios a lo largo de la novela, como él dice, a modo de coro. Relámpagos de realidad en su obra de ficción.

     

    —Otra de las razones por las que decidí narrar la historia desde el punto de vista de los secuestradores es porque me parece que los traficantes de seres humanos –no los grandes traficantes, sino los pequeños operadores– son también víctimas de una tragedia, de una guerra económica, de un sistema. Es decir, no es una historia de buenos  y malos, sino de gente jodida por su condición en ambos lados.

     

    Afirma Monge que el sistema neoliberal, especialmente en América Latina, no deja muchas más opciones que ser víctima o victimario.  El crimen organizado supone una de las escasas vías que tienen a su disposición los jóvenes excluidos para subirse al ascensor social.

     

    —No recuerdo ahora las cifras con exactitud, pero creo recordar que en ciertas zonas del norte de México, el crimen organizado emplea hasta el 60% de los jóvenes. No hay mucha más opción.

     

     

    Invisibles

     

    En este México inclemente con sus propios habitantes, los migrantes extranjeros –en su mayoría centroamericanos– no encuentran compasión.

     

    —Somos un país en el que no hemos sido buenos para reclamar derechos de los migrantes mexicanos que se fueron, y se siguen yendo, a los Estados Unidos. Tampoco fuimos buenos reclamando derechos para evitar que se tuvieran que ir. La sociedad mexicana no ha querido ver, y sigue sin ver, al migrante centroamericano. En este sentido, es tan culpable como el gobierno de la situación de esos migrantes cuando atraviesan nuestro país.

     

    Desde hace unos meses, las autoridades mexicanas han comenzado a actuar además como una especie de gendarmes subcontratados por los Estados Unidos. Algunos analistas, como Sergio González Rodríguez (colaborador de FronteraD) hablan desde hace tiempo de un “desplazamiento” intencionado, por razones geopolíticas, de la frontera sur de Estados Unidos hacia la frontera sur de México. Entre 2014 y 2015 México superó por primera vez a Estados Unidos como país que más migrantes deporta de su territorio. La mayoría de los deportados proceden de los países centroamericanos. Las razones de los centroamericanos para migrar son, sobre todo económicas, aunque en los últimos años ha aumentado el número de migrantes que salen de sus países por la situación de violencia. Sobre las base de la legislación internacional serían, por tanto, refugiados. Aunque nadie –ni en México D. F. ni en Washington– parece dispuesto a pronunciar la palabra refugiados. Se verían obligados a reconocerles unos derechos y a proporcionarles una protección que en estos momentos no reciben.

     

    El jefe del grupo de secuestradores de Las tierras arrasadas es un cura y los criminales se mueven por el territorio ante la pasividad o la colaboración directa de las fuerzas de seguridad con las que se encuentran.

     

    —En México, la Iglesia está absolutamente corrompida. Tan corrompida como el Gobierno y los cuerpos policiales y militares. Esto no suele mencionarse, existiendo una especie de respeto por la Iglesia. Por otra parte, la fe es de las pocas cosas que los migrantes conservan durante el viaje. Quería contraponer esa fe al papel de la institución. Es decir, algunos curas bautizan a los hijos de los narcos y de los traficantes de personas. Saben cómo funciona ese mundo. La Iglesia en México recibe grandes cantidades de dinero del crimen organizado.

     

     

    El relato

     

    Monge no cree en un lenguaje novelístico simple. La prosa de Las tierras arrasadas es densa, infiltrada aquí y allá con versos de la Divina Comedia de Dante.

     

    —Mi idea original es que cada uno de las tres partes que componen la novela tuvieran una correspondencia con los tres libros de la Divina Comedia: ‘Paraíso’, ‘Purgatorio’ e ‘Infierno’. Pero al final comprendí que no era posible por la misma naturaleza de la historia. Al final todas las citas proceden del ‘Infierno’ dantesco. En mi mente estaba también el trayecto que realizan los muertos hacia el inframundo presente en la antigua mitología mesoamericana.

     

    Las descripciones se entrelazan con los discursos interiores de los secuestradores. No hay apenas rastro de la jerga delincuencial –el narcolenguaje que tanto se ha usado en los últimos años en un buen número de novelas mexicanas–. Según Monge, esta exclusión intencionada la hizo por razones estéticas y por razones políticas.

     

    —Lo explico siempre a través de un artículo de Juan José Saer. Se planteaba el compromiso político del escritor. Y Saer decía que el único compromiso político que el escritor ha de asumir como ineludible es con el lenguaje. Puedes hablar de lo que quieras, escribir sobre lo que se te de tu chingada gana, pero tienes que tener el compromiso de crear un lenguaje en cada texto diferente al del poder, diferente al lenguaje hegemónico utilizado por todos. Es el único compromiso. Es lo que pretendo. Construir un lenguaje propio para cada novela. Además, la historia es tan violenta que no quería que el lenguaje también fuera violento. Me interesaba un contraste, por así decirlo, entre la épica y la lírica, con un lenguaje más cuidado. Pero yo no juzgo a los que usan otro enfoque respecto al uso del lenguaje. Quizá el mejor libro que se ha escrito en los últimos años en el norte de México sea Un asesino solitario, de Élmer Mendoza, en la que el uso del caló sinaloense es absoluto.

     

     

    Los USA

     

    Monge se muestra muy crítico con el papel de Estados Unidos en relación al problema del narcotráfico. Destaca el papel negativo de la DEA (la agencia estadounidense que se encarga de la lucha contra el narcotráfico) en la denominada guerra contra el narco que, en su opinión, es más una guerra por el control del narco.

     

    —Se nos dice que las agencias estadounidenses no confían en las policías mexicanas. Tampoco en el ejército. Y tiene razones más que probadas para esa desconfianza. Dicen que sólo confían en la Marina mexicana. Con ella han llevado a cabo la captura del Chapo Guzmán y otras capturas de capos en los últimos años. Pero esa narrativa está equivocada. La Marina también está infiltrada por un cártel: se llama DEA. Estados Unidos ha sido siempre capaz de mantener la paz en su territorio respecto al narcotráfico porque hay un solo cartel, la DEA. Es una institución en la que pocos confían, incluso dentro de Estados Unidos. Hablamos de una agencia que tiene problemas con el FBI, que tiene problemas con la CIA, con las policías locales estadounidenses, etcétera. Y no precisamente por realizar bien su trabajo.

     

     

    El regreso

     

    Emiliano Monge, que regresó a México hace dos años tras haber vivido en España durante una larga temporada, se muestra pesimista respecto al futuro inmediato de su país. A falta de una renovación interna de las castas políticas y económicas, hasta ahora inexistente e improbable en el futuro inmediato, dice que una de las pocas esperanzas tendría que venir de la sociedad civil.

     

    —La sociedad civil no se puede encargar de procurar justicia, pero sí se puede ocupar en la creación de sí misma. Se tiene que preocupar por la salud, la educación y por combatir la desigualdad en México. Y hay indicios. El Frente contra la Pobreza está haciendo un trabajo realmente interesante. Ese tipo de cosas son las que puede hacer la sociedad civil, logrando con su trabajo que mejore la composición de las corporaciones de gobierno. El problema es que la sociedad mexicana también está corrompida. Tiene que curarse a sí misma antes de intentar curar al Estado.

     

    Sigue con atención la actualidad política de España, y afirma que algo parecido a lo que ha ocurrido con Podemos, muchos de cuyos miembros proceden del activismo civil, sería deseable en México. Candidatos independientes a las elecciones. Dice no esperar, sin embargo, una renovación semejante ni para las elecciones –municipales y estatales– que se celebrarán en varias regiones de México este año ni para las elecciones federales del 2018, cuando terminará el sexenio –no renovable– de la Administración Peña Nieto, lastrada, dice, por la ineficiencia y la corrupción. El bajo precio del petróleo en los últimos meses, una de las principales fuentes de ingresos de las arcas públicas, ha venido a complicar la pobreza y la desigualdad estructurales.

     

    —En las últimas semanas, además, estamos asistiendo a la devaluación imparable del peso mexicano. Constatando lo que ya se intuía desde hace algún tiempo: que la economía mexicana está a punto de caer. Hace unos días el presidente del Banco de México declaró que habría que estar preparados para una crisis profunda. La situación económica es terrible. La macroeconomía, que es lo único que el Gobierno decía tener contralada, está fatal. De las reformas… algunas no eran necesarias, y las que eran necesarias no se hicieron. México tiene una larga historia de reformas improvisadas que luego se han tenido que volver a reformar. Falta esa amplitud de miras centrada en el largo plazo. La desigualdad aumenta y la escasa clase media disminuye. Hay una enorme diferencia entre la calidad de la educación pública y la privada, entre la sanidad pública y la privada. Hablamos del abandono a su suerte de millones de mexicanos que se convierten en prescindibles.

     

     

     

     

     

     

     

    Lino González Veiguela es periodista. En FronteraD, donde mantiene el blog El mundo no se acaba, ha publicado entre otros artículos ¿UEEEEE, UEEEEE, UEEEEE, UEEEE? Elecciones al Parlamento Europeo, Siria: un testimonioSiria en llamas: ¿anticipo de una nueva guerra fría?John Cheever: un retratoDiccionario de la crónica hispanoamericana y Siete consejos de Charles Simic a los jóvenes poetas. En Twitter: @linoveiguela 

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