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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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1 de julio, 2012

La dictadura de Obiang, sembradora de tempestades

 

De los medios oficiales de comunicación del régimen que tiene maniatados a los guineanos supimos que en estos días uno de los militares evadidos de la siniestra cárcel de Blay Beach fue mortalmente abatido por las fuerzas de seguridad. Es decir, por otros compañeros suyos. ¿Se imaginan lo que es? La profunda reflexión que requiere este caso nos permite recuperar un escrito que ha hecho media historia, y que vio la luz cuando iniciamos una huelga de hambre por la desesperada situación de Guinea Ecuatorial. Si alguien todavía cree que la situación no era para tanto, que incorpore a sus verdades el hecho de que una persona no condenada a muerte puede ser abatida simplemente por escaparse de una cárcel.

 

Entre otros deseos no postergables, decíamos,  Con el dinero recuperado, señor Bono, se construirán escuelas y se formarán maestros y profesores y sacaremos del ejército guineano a estos miles de jóvenes secuestrados por la miseria y les daremos educación y formación”.

 

Y lo decíamos porque era una cuestión capital. Volvamos a los hechos: ¿alguien sabe por qué hay tantos militares en la cárcel pública de Malabo, la siniestra Blay Beach, para que pueda escaparse de la misma 20 de ellos? No es tan difícil imaginarlo. Jóvenes sin otra instrucción que sus deseos de salir de la miseria. Durante años han estado viendo cómo sus hermanos mayores han estado yendo a pasar peligros en Gabón para conseguir lo mínimo para una supervivencia deleznable, y fluye el petróleo guineano y el hijo querido de Obiang hace alarde de sus ganancias. Pero para que esta burda ostentación se haga con seguridad para su vida, tiene que rodearse de jóvenes armados que le den seguridad. Y esto es lo que encontró que hacían todos los que tenían un nombre en su extensa familia.

 

Ahí echan mano de los reclutas, jóvenes sin bachiller que logran salir de la desesperación en la que se encontraban cuando, de la noche a la mañana, se encuentran con que tienen el permiso de matar si entienden que esto agradaría a sus jefes. Todavía sin un juicio formado en moralidad y en las sutilezas básicas de los hombres, de sus paisanos guineanos, tienen en sus manos la posibilidad de acabar con sus vidas ante la menor provocación. Y, en efecto, hacen amplio uso de la letal prerrogativa y acaban arruinando sus vidas. Y es que los mismos jefes a quienes cubren las espaldas descubren que son un peligro. Y así acaban en fétidas celdas sin ningún tipo de garantía de un juicio justo.

 

De lo que estamos hablando es que el régimen guineano, mimado por muchos que no han olvidado de cuando se decía que los negros son inferiores en todo, por lo que sus maldades pueden ser justificadas por su raza inferior, es generador de una situación que mina la convivencia en Guinea Ecuatorial. Como no nos hemos cansado de hacer, ponemos en evidencia este hecho para que en el futuro nadie achaque las desgracias futuras que abatirían sobre el país a otra circunstancia ajena a la realidad actual. Es un escándalo que en un país en que no hay una guerra declarada, en un país con la renta per cápita como la que tiene actualmente, este goteo incesante de muertes violentas pueda adquirir carta de normalidad. Es profundamente condenable que haya gente que no quiera hablar de esto.

 

Imagínense los efectos devastadores en la población, en los barrios míseros en los que nadie está armado ni existen razones especiales para el recurso de armas blancas, que un conocido de ellos sea abatido con armas de fuego, ante toda la vecindad. Para que no crean que esto es un caso aislado, imagínense el grado de violencia creado por la insidia del régimen para que en un país sin guerra declarada se haya decretado el estado de excepción, prohibiendo la circulación de las personas a partir de cierta hora de la noche.

 

Ya está dicho, no buscaremos autores distintos cuando las exacciones se hagan insostenibles y un sector del pueblo quiera sacudirse esta opresión. Lo que decimos ahora es que el régimen y los que lo sostienen serán los únicos responsables de las catástrofes sociales venideras porque, a conciencia, y durante mucho tiempo, han estado preparando el terreno para que se produzca, en un irresponsable huida hacia adelante por no haber sabido conducir los asuntos sociales por derroteros mejores.

 

Barcelona, 1 de julio de 2012

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