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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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20 de octubre, 2012

Dios quiere a Obiang

 

Pero que conste rápidamente, el Dios que quiere a Obiang es este Dios formal al que no le importa el bienestar de sus creaturas. Precisamente estamos hablando de este dios pequeñito representado por la Santa Sede y en la cara de su arzobispo de mayor renombre, el Papa. Y de esta querencia insustancial hemos tenido noticia por la firma de un concordato entre el régimen de Obiang y la Santa Sede. ¿Qué puede contener el documento firmado entre una dictadura infame y la Santa Sede? Mentiras, sólo mentiras. Y es que, en realidad, y con perdón de los que todavía se confiesan y reciben hostias, la Iglesia es una cueva de mentiras.

 

En lo que se refiere al país de Obiang, los representantes de los que firmaron el concordato llevan un vida de escándalos públicos y privados de los que no se dan cuenta los de siempre, estos que creen que la vida religiosa debe ser de mentiras de puertas adentro, y que todo se soluciona con una confesión y una penitencia. Sí, nadie cree que los pastores guineanos son hombres de ningún tipo de ejemplo. Incluso si hubiera ley en Guinea, esta Guinea de Obiang tan querida por la Santa Sede, la mitad de estos pastores estarían sometidos al castigo del brazo secular del poder. (Esto de brazo secular suena a la Inquisición, o sea, nos hemos topado con la verdadera Iglesia)

 

Al hablar de Roma, y del Santo Padre, nos gustaría que el mundo representado por los que sostienen este templo de adoración de lo desconocido sepa que Obiang lleva muchísimos años en el poder, tantos para que su mano malvada se hiciera sentir en el desgobierno caótico del general de acero Macías Nguema. Fue testigo de su fusilamiento, o de su desaparición, y se instaló luego en la silla con vítores populares y populistas por haber sabido librarnos de un tirano sin parangón. Pues ahora este Obiang está cerca de su fin, aeternam sub sole nihil, pero quiere dejar todo bien atado, pero con un atar claramente afectado del carácter perverso con que se le conoce. Pues está bien que la Santa sede, los periodistas que divulgan sus cosas, los políticos democristianos y los guineanos que han comulgado alguna vez sepan que Obiang ha decidido legar su poder en su hijo Nguema, un hijo del que no se conoce ni estudios ni conducta dignos. Por esto, y para facilitarle las cosas, le ha colocado al frente de la armería del país. Con la escasez de libertad que han creado ellos, el chico está en una situación  propicia para eliminar a todos los que puedan impedir que el ominoso régimen instaurado por su familia se sostenga más allá de la desaparición de Obiang. Y el hijo no ha defraudado.

 

Escribimos ahora, y es la enésima vez, para que ni partidos políticos, ni periodistas ni la misma Santa Sede se hagan los ignorantes cuando empiece a rodar las cabezas de los guineanos que podrían ser un obstáculo a las pretensiones de la familia Obiang. Y es que ya es un hecho grave que el aparato militar, y represivo, de un país se ponga a cargo de uno de los más desequilibrados individuos del mismo. Y es que los guineanos no dejaremos de luchar por nuestra dignidad como seres humanos, quieran los dueños de la globalización económica lo que quieran.

 

Y ya que estamos en el ámbito de lo religioso, y de la Santa Sede, incluso, pedimos al dios que toque que mandé su santo espíritu a iluminar a los políticos guineanos de la oposición. Queremos que, de una vez por todas, estos partidos, que todavía ninguno de ellos ha pasado por la experiencia de gobierno, deje de creerse “la verdadera alternativa”, ‘la oposición real’. Y es justo recordar a los líderes de estos partidos que desde su fundación se han instalado en una inexplicable campaña electoral concomitante con la total imposibilidad de celebrar elecciones libres en el país. Si ya es dolorosa la incapacidad de unir sus fuerzas para el restablecimiento de la legalidad en el país, es insidioso que no se dediquen a labores que contribuyan a fortalecer el tejido civil guineano, capacitándola para poder enfrentar, con argumentos, a la dictadura. ¿Lo decimos con palabras de calle?: Los partidos políticos deberían convertirse en una gran escuela para crear hombres libres, un hecho que se conseguiría con la activación de su aparato de movilización en contra de las maquinaciones de Obiang y de sus secuaces. La pretendida intención de presentarse como salvadores descansa en la idea de que fuerzas extranjeras arrojarían a Obiang del poder. No es probable que esto ocurra, pues en el mundo actual, agitado por crisis diversas, ya no hay fuerzas extranjeras de bien, si es que antes las hubo. Cierto que los luchadores contra la dictadura guineana podría encontrar ayuda en la comunidad internacional, pero no sería de la magnitud soñada. Ojalá estemos en error en este punto, pero mientras dudamos, reiteramos nuestras prevenciones a los guineanos que se han asentado en la comodidad de sus partidos políticos para decirles que Dios quiere a Obiang. El gran reto es demostrar a los que así lo creen que no están en lo cierto, y pese a su censurable empeño.

 

Barcelona, 20 de octubre de 2012

 

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