Los muros de la vergüenza

Matías Quirno Costa

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A medida que nos adentramos al siglo XXI la geografía se asemeja más al Medioevo. Las antiguas murallas que rodeaban los castillos, o grandes extensiones, como la Gran Muralla China o la Muralla de Adriano en Britania, para la defensa, hoy son grandes extensiones de cemento y alambre de espino, pero ya no para la defensa, sino para impedir que otros, los otros, los extranjeros, los pobres, los excluidos, los exiliados o los refugiados vengan a formar parte de un selecto núcleo social.

 

Las murallas de hoy sirven como contención de las propias víctimas de los países que amurallan. La franja de Gaza y Cisjordania son un ejemplo clarificador de ello. Palestina no sólo fue despojada de sus tierras sino que el usurpador, en este caso Israel, amuralló los territorios ocupados haciéndose del control absoluto del traspaso de sus muros. Son ellos quienes deciden quiénes y qué cosas entran y lo mismo para salir. Los palestinos han buscado las formas de esquivar estos controles arbitrarios y para ello han cavado túneles que atraviesan esa frontera criminal. Los túneles por los que se pasa mercaderías varias, personas y hasta algunos animales no carecen de peligros por lo que a la hora de la venta de esos productos, los precios se van a las nubes. Estas vías de escape han sido inundadas o explotadas por los israelíes al ser descubiertas.

 

Las murallas mantienen divididos a los ciudadanos de uno y otro lado de las mismas. El miedo, el odio y la xenofobia son funcionales a los negocios de la seguridad. Es el otro el que me va a venir a quitar lo mío, el otro amenaza mi estilo de vida, el otro es diferente, es sucio, feo y malo. Es el otro el que hace a la justificación de la instalación de murallas. Para combatir a ese otro malvado es que nos hacemos de armas afines.

 

El negocio de la seguridad ha crecido de manera exponencial en todo el mundo. Desde las grandes empresas que con exmilitares y mercenarios dan seguridad a las corporaciones instaladas en los países en conflicto como Irak, Afganistán y Kuwait hasta las empresas que vigilan los barrios privados y las esquinas con personal que no siempre está apto para esa función y hasta miembros exonerados de las fuerzas de seguridad.

 

Los countries o urbanizaciones cerradas que tuvieron su auge en los años 90 rememoran las villas feudales con sus casitas dentro y su muralla fuera. Es la idea del sálvese quien pueda. Dentro de la muralla se está a salvo, afuera están los otros. Una concepción por demás individualista que aún hoy subsiste.

 

Hoy Europa que parece no haber aprendido de sus constantes errores se vuelve a llenar de muros ante la llegada de millones de refugiados que escapan de las bombas y armas europeas y norteamericanas utilizadas tanto por gobiernos afines como por los grupos terroristas de la región, llámese Estado Islámico o Al Nusra, entre otros.

 

En este momento hay en el mundo 65 muros para impedir la inmigración. Algunos están en construcción. Hungría, Sáhara Occidental Marruecos con el Frente Polisario, Arabia Saudí con Irak, Israel con los territorios palestinos, Estados Unidos con México, Turquía con Grecia, España con Marruecos en Melilla y Ceuta, India y Bangladesh y Chipre entre otras.

 

Basta recorrer los países que hoy fomentan estas barreras divisorias para darse cuenta que son ideológicamente las derechas mundiales que a través del miedo y sus mecanismos comunicacionales logran instalarlas hasta con cierto apoyo de sus conciudadanos. Al borde de muchas de esas barreras fronterizas se van asentando millones de personas con hambre, frío y enfermedades que han perdido todo, hasta el futuro. Lo curioso es que mientras en el año 1989 el mundo entero celebraba la caída del Muro de Berlín a lo largo y ancho del planeta se levantaban cientos de murallas nuevas.

 

 

 

 

Matías Quirno es un reportero grafico argentino. Trabajó en rsm, un periódico online de san Martín de los andes. Durante 20 años fue maestro de escuela. Hoy trabajo en Argentina y otros lugares como Barcelona, Bosnia y Lesbos. Descubrió su vocación en un viaje a Cuba en 1998 con una vieja Zenith de 35mm. En 2005 empezó a viajar con el mundo como foco. En 2005 participó en su primera exposición colectiva en Argentina. Con su primo Juan Cruz Quirno Costa publicó el libro Embestida a la Bourgogne, fruto de un periplo por Francia y Suiza. Su espacio web, aquí. En FronteraD ha publicado Desembarcar en Lesbos, después de ser carne de cañón de los traficantes. ¿Quién quiere a los refugiados? En Twitter: @matiquirno 

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