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No más metáforas, por favor. Un ensayo de Marta Sanz

J. S. de Montfort - 16-04-2014

 

Nada más comenzar, en una especie de introducción que antecede al texto, Marta Sanz nos advierte de que No tan incendiario (Periférica, 2014) “es un poema […] Por eso, a menudo rima, y no está pensado para discutir”. La forma que toma el libro es la del collage. Esto significa que se organiza en forma de breves textos, casi a la manera del dietario y, así, adquiere una cierta voluntad de croquis. Aquí y allá se incluyen toda una suerte de ilustraciones textuales, y que son ejemplos de un apunte, reflexión, sospecha o hipótesis para los que sirven de aclaración anecdótica.

 

El tratado de Marta Sanz que nos ocupa aspira básicamente a “repensar conceptos espurios sobre el individuo, el respeto, la tolerancia, los propios derechos”. Esto es, a re-pensar la cultura en clave marxista. A reclamar que se fracture de una vez “la conexión semántica inquebrantable entre democracia y capitalismo”. Porque, dice Marta Sanz, sucede que “los artistas de izquierda buscan complacer al público de izquierda”. Y se ha de olvidar, de una vez, ese ternurismo asociado tradicionalmente a la izquierda; “hay que escribir –otra vez– feo de lo feo”, afirma la autora. Y es que “necesitamos escritores impertinentes e intrépidos, y también lectores impertinentes e intrépidos”. En este sentido, se habría de superar la desconfianza postmoderna acerca del lenguaje, nos dice la autora, porque “la muerte de la novela es el resultado de cierto análisis de la Historia en el que ésta también ha terminado y ya no queda ni una sola razón para la épica”. En definitiva, que su propuesta es la de “pergeñar un ideario cultural de la izquierda” como reclamo contra la falta de militancia política.

 

No tan incendiario defiende la figura del erudito, del intelectual. Es un texto que sigue creyendo en la verdad, así, sin matices, y reclama la preponderancia de la razón como base para el ejercicio de la crítica. Cree Marta Sanz en el valor ético y estético del realismo (aunque proponga igualmente una re-escritura de los géneros) y nos recuerda que cualquiera que toma la palabra desde su intimidad y hacia el espacio público toma partido y posición: su discurso se construye o a favor o en contra de la ideología dominante. No existe la cultura desideologizada (y menos aun en el caso de la literatura del “arte por el arte”, esa creación aparentemente neutra, pero que refrenda lo que Slavoj Žižek llama “la ideología invisible”, aquella que “ya no entendemos como tal porque ha sido neutralizada por parte de un discurso hegemónico que ya no se siente como ideológico y que, sin embargo, lo es”). Hay que desconfiar, sí, de una cultura que se ha convertido, en palabras de Anselm Jappe, en una herramienta de “pacificación social y de creación de consenso”.

 

Marta Sanz opina que se habría de buscar un punto de equilibrio entre el arte elitista y las formas populares de la cultura, y que es urgente plantear una nueva forma de comunicación escritor-lector que no quede mediatizada (bloqueada, en verdad) por las interferencias de las industrias culturales. Porque la literatura, vista exclusivamente como objeto de consumo, se aleja cada vez más de los conceptos de comunicación y educación y se emparenta con el ocio y el espectáculo. Y, así, pierde profundidad y se vuelve perezosa. Y se empobrece. Nos faltan realidades, dice Sanz, la literatura debería volver a proponerse como “forma de conciencia de la vida y como capacidad de nombrar y de intervenir en el mundo”. Dicho de otra manera: que la escritura literaria que tenga, al mismo tiempo, una vocación política no habrá de estar relacionada “con la metáfora que hermosea la idea”, sino que debe conformar la realidad y modificarla, a su vez. No más símbolos, nos dice Sanz. No más autoreferencialidad. No más eufemismos. No más metáforas. No más pasividad, pues.

 

 

 

J. S. de Montfort (Valencia, España, 1977) es graduado en Estudios Ingleses por la Universidad de Barcelona, así como diplomado en Literatura Creativa por la Escuela TAI-Madrid. Forma parte del consejo editorial de la Revista Literaria Hermano Cerdo y es miembro de la AECI (Asociación Española de Críticos Literarios). En FronteraD ha publicado, entre otros, La novela de la no-ideología. David Becerra y la literatura del capitalismo avanzadoLa utopía de internet. Rendueles y la sociofobia como nuevo nihilismoLas hadas. El (post)feminismo despistado (o la refeminización de la pobreza) y Dilemas de un alemán francófilo. Este es su blog

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