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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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18 de marzo, 2017

De mi diario : Semana 11 / 2017

 

Weiß/Colonia, 12.3.

0:30 am : Impresiona la performance de Barbara Hannigan en un concierto en Luzerna que acaban de pasar y donde interpreta, a la par que dirige la orquesta, una pieza de Györgi LigetiHa sido un programa titulado “Las Maestras”, dedicado al fenómeno contra natura de que haya tan pocas mujeres directoras de orquesta. ¡Cuando toda mujer lo es de una manera genética!

 

Los medios llevan semanas agobiados con la polémica turco–alemana a causa de los ministros del impresentable Erdogan que vienen a Alemania a hacer propaganda en la campaña electoral del autócrata, disfrutando acá del derecho a la expresión que les niegan a sus ciudadanos allá. A mí me parece pérdida de tiempo el que se discuta con ellos si pueden o no pueden venir acá a hacer proselitismo. Creo que bastaría recordarles que el § 94 de la ley electoral turca prohibe expresamente hacer campaña en el extranjero o en las representaciones turcas (diplomáticas, consulares) en el extranjero. Diría yo que bastaría con invocarles su propia ley. Pero la verdad es que soy un ingenuo: ¡hablarle de leyes a Erdogan, cuyo deporte favorito es pisotearlas!

 

Weiß/Colonia, 13.3.

1:30 am : Un regalo de los dioses es una de esas pequeñas joyas que pasarían desapercibidas en la programación de TV si los críticos no fuesen tan buenos y estuvieran tan alertas. Se trata de una peli de esas que los alemanes llaman “Ensemble–Film”, una en la que lo que cuenta es el conjunto, no la individualidad. Al público de habla española sólo ha llegado en Buenos Aires, en un festival de cine alemán, pero sería bueno que alguna distribuidora la apadrinase, en estos tiempos de paro laboral y desconcierto social es toda una lección sin pretensiones pedagógicas. Una pequeña joya, sí, pero mucho me temo que sea una de las proverbiales perlas echadas a los cerdos (en alemán no son margaritas, se es más fiel al evangelio de San Mateo, 7,6).

 

Durante la siesta, inesperadamente, he rememorado la iniciación sexual de NEE como él me la contó una noche de copas. Él, de muchacho, era mandadero de una tienda de ultramarinos finos, donde compraba la haute volée de la ciudad, que se hacía enviar las compras a domicilio. Y no pocas veces, el palmito gitano de N, un “moreno de verde luna”, debió hacer tilín a la señora de la casa, que se lo llevó a la cama además de darle una generosa propina. Podría ser la semilla de un cuento, pero me da tanta pereza no haber ni siquiera iniciado el que debería escribir este año, en homenaje a Jane Austen... Y pensar que lo tengo todo, el argumento, el lugar, la época, los personajes, que tan sólo me falta escribirlo. Si hasta tengo ya la primera frase: «La primera impresión que Mrs. Meredith tuvo de Huelva fue ver retroceder los encajes de bolillos de la ola más lejana, dejando en su lugar una línea recta inalterable y empenachada de verde: la de una playa blanca, guardada por pinares, definiendo el horizonte». Pero ahí sigue el bloqueo, ahora complicado con esto que no sé lo que es y me inclino a pensar que sea narcolepsia.

 

Leí por fin hoy, ayer no pude, El asesino desconsolado. La leí de una sentada, interrumpida sólo por la cena (sopa de cebolla à la parisienne, u séase, con rodajas de baguette gratinadas), y ello habla en favor de un texto que se deja leer sin dificultad ninguna. Ahora  bien, y a mi juicio, en esta ocasión ha puesto J.M. el listón un pelín más bajo que en las otras novelas de la saga, y así se lo pienso decir cuando le escriba mañana dándole cuenta de mi lectura. No espera él otra cosa de mí y sabe bien que no soy de quienes decoran la verdad de lo que piensan. En cuanto al título, creo que en algo colidimos los del norte y los del sur de Despeñaperros, y es evidente que a él le suena más ese “desconsolado” mientras que a mí me sonaría más un “inconsolable”. Algo de lo mismo sucede con los tres “moratones” que aparecen en el texto, y que me obligaron a consultar el diccionario, ya que yo siempre he dicho (y creo que sigue siendo de uso en Andalucía) “moretones”. En lo que podemos coincidir es en que no iba a ser tan cínico como para propinarle un “cardenal” a una librepensadora agnóstica o acaso atea.

 

Weiß/Colonia, 14.3.

Me llama Diny desde casa de Chico para pedirme que meta los tulipanes dentro del piso; como hace siempre antes de acostarse, los sacó al balcón para que se oreasen durante la noche, y esta mañana se olvidó de retornarlos al salón. Son los primeros del año, que Diny suele comprarlos como una especie de tributo a su país natal. Ayer todavía estaban ahí cerrados, como puños que se alzasen al cielo en un grabado de Käthe Kollwitz. Ahora, al traerlos de vuelta al salón, están abiertos de par en par como si esos puños fueran los de media docena de amigos jugando a los chinos y los hubiesen abierto para mostrar las monedas escondidas en sus palmas.

 

En el crucigrama del diario un error. Piden el apellido de un actor italiano cuyo nombre es Francisco, y la solución es RABAL. Cuando uno sabe más que el autor del crucigrama lo mejor es dejarlo, y eso es lo que hago.

 

Segundo martes consecutivo en La Modicana sin que aparezcan el padre y los tres hijos que tanta curiosidad me inspiran. Sea. Y Mehrnoosh, cuando le vuelvo a encargar espaguettis á le pauvre Jean, me aconseja sustituir la mantequilla por caldo de carne, si no no voy a rebajar de peso en la maldita vida. Sigo su consejo. Soy de un obediente que ni mandado hacer.

 

Ando padeciendo todo el día un dolor feroz en la muñeca izquierda, no puedo hacer con ella ningún movimiento incontrolado porque veo las estrellas. Está visto que el camino hasta la luz al final del túnel no va a ser un sendero de rosas. Y además, sin linterna.

 

Weiß/Colonia, 15.3.

Diny ha ido a almorzar con sus amigas ecologistas, una de las cuales cumple 80 años y las ha invitado en una taberna bohemia llamada Sehnsucht, en Ehrenfeld. Esa palabra, Sehnsucht, es tan intraducible como saudade, nostalgia, morriña, y además lleva implícito el deseo, también sexual: Un tranvía llamado Deseo se tituló aquí Endstation Sehnsucht [esto es, Última parada: Sehnsucht], y ese título forma parte ya del repertorio alemán de expresiones, de frases hechas, como en español “Lo que el viento se llevó” o “Murieron con las botas puestas”. Bueno, hablo del español que se hablaba en 1963, entretanto a lo mejor se han vuelto obsoletas. Por cierto que “Lo que el viento se llevó” también es locución alemana, como asimismo Retrato de grupo con dama (en todas las variantes posibles), el título de la novela de Böll.

 

Me llama Rebeca desde casa de Montse, donde están planeando su viaje juntas a Huelva, del 22 al 29 de septiembre, porque Rebeca quiere cumplir los 50 en el lugar donde nació. Me consulta acerca del hotel que han descubierto surfeando y les doy mi nihil obstat, es el Monte Conquero, que conozco y que cuenta en la planta baja con una cafetería, donde pueden desayunar lo que se les apetezca. Menos churros, me parece. Pero para eso pueden acudir a la plaza de abastos, que está a unos 10’ de camino desde el hotel. 10’ para ellas, claro, para mí sería una ½ hora, eso aparte de que yo desayuno, tradicionalmente, en lo de Joselito, mi café negro y la copa de aguardiente «pa matar el bicho», como dicen en el Alosno.

 

Desde Copenhague, Guillermo me invita  a participar en una encuesta de Aurora Boreal acerca de quién sea el mejor crítico literario hispanoamericano en activo. Le contesto que no creo que vaya a participar en ella por una sencillísima razón, «y es que no leo suplementos literarios (ni siquiera aquellos en que publico mis artículos), y de las revistas sólo leo los artículos cuyos temas me interesan y que nunca son reseñas o críticas de libros. Es más, si te digo la verdad de la milanesa, ni siquiera sabría decirte el nombre de un crítico en ejercicio. Conocí a uno, Rafael Conte, que ya murió, y en realidad nos hicimos amigos a partir de la admiración que él sentía por alguien que había sido fotografiado en compañía de Borges y Ernst Jünger, o sea, aquí tu negro. Ocurre además que durante unos años ejercí la crítica literaria en Revista de Libros, pero fue porque su redactora en jefe, grande amiga mía, creyó que yo tenía uñas para esa guitarra. Apenas abandonó su cargo, nunca más volvieron a encargarme reseñas desde esa redacción. Lo siento, pero para participar en alguna encuesta vuestra tendrás que hacerme una pregunta más facilita, por ejemplo quién escribió el Quijote. Un abrazo desde Colonia hasta la maravillosa Copenhague (¿no recuerdas a Danny Kaye haciendo de Hans Christian Andersen y cantando ♫♫"Wonderful, wonderful Copenhagen”♫♫?)»

 

Phoebe, tan querida, me cuenta que ha descubierto De profundis, de Oscar Wilde, y quiere saber si conozco la obra y si sí qué me parece. Le contesto a vuelta de correos«Ese es uno de mis textos fundamentales. Lo conocí primero de una manera oral, por una adaptación que hizo Radio Madrid, de la Cadena SER, en un espacio que tenían allá a mediados de los 50 y que se titulaba “El teatro del aire”, donde adaptaban de manera exquisita obras dramáticas de todos los tiempos. Y no sólo obras dramáticas. Joaquín Peláez (quien andando el tiempo llegaría a ser corresponsal de Televisa en Madrid) era un enamorado del texto de Wilde y uno de los actores punteros del elenco de Radio Madrid, y en una racha de inspiración adaptó ese texto a la tadio e hizo una gran obra. A mí, además, me descubrió un Wilde que desconocia, como te ha pasado a ti al leerlo ahora. Años después, a principios de los 70, y estando ya integrado en el plantel de la Radio Deutsche Welle, fui el encargado de contactar con Radio Madrid para la producción de varias series que necesitaban actuaciones dramáticas (y nosotros no teníamos un cuadro de actores). Fue así que terminé conociendo personalmente a Joaquín Peláez, entonces coordinador de las relaciones internacionales de Radio Madrid, y de lo primero que le hablé fue de su adaptación de De profundis, y le impresionó tanto que ordenó al archivo hacer una copia especial para mí. La conservo como oro en paño, y en algún momento también haré una copia para ti».

 

Pasaron en el canal Arte el primer largometraje de Costa–Gavras, Compartiment Tueurs [Los raíles del crimen], que  no conocía. Ya se nota en él la garra del autor de Z, de Estado de sitio, de La confesión, y la mera lectura del reparto es un festín para la imaginación. Por cierto que a Costa–Gavras nos lo presentó García Márquez en París, en la esquina de Raspail con Stanislas, ellos iban paseando de sobremesa y nosotros acudíamos a una cita en La Coupole. Fue un mero intercambio de cortesías, pero me alegró haber estrechado la mano de alguien a quien admiraba –y sigo admirando– tanto. Fue en mayo de 1993, y lo recuerdo con tanta precisión porque sólo un par de días antes me había encontrado también con García Márquez en Aquisgrán, cuando la entrega del premio Carlomagno a Felipe González, que tuve que cubrir para la radio.

 

Weiß/Colonia, 16.3.

1:10 am : Fever Pitch [estúpidamente titulada en español Fuera de juego] me ha gustado tanto que creo que se la voy a regalar a Montse en cualquier momento, porque a ella, con marido e hijos fanáticos del FC Köln, la situación debe resultarle de lo más familiar; bastaría sustituir, en las alusiones y referencias al Arsenal, el nombre del club inglés por el de nuestra Colonia. Me divirtió mucho, además, ver a Colin Firth, tan sólo dos años después de su distinguido Mr. Darcy para la BBC, convertido en un hincha deportivo a la enésima potencia.

 

Las elecciones en los Países Bajos provocan que Guillermo me escriba desde su jardín de orquídeas en la sabana santafereña. para felicitarnos, a Diny y a mí. Le contesto ipso fuckto: «Grazie mille, caro Guglielmo, aunque al decirle que no al populismo y a la xenofobia también le dijo que no a la socialdemocracia, y ahora, para formar gobierno, habrá que volver a las circunstancias de 1970, o sea, que estas elecciones han supuesto casi ½ siglo de retroceso en cultura política. Lo único esperanzador es el crecimiento de los verdes, acaudillados por el hijo de un marroquí y una madre de origen indonesio. Pachtwork por donde quiera que se lo mire. Pero si cretinos como Geert Wilders, que tiene el carisma de un queso de bola, logran tales resultados en un país dizque civilizado y tolerante y qué sé yo cuántas falacias más, no veo razón alguna para echar las campanas al vuelo en si mayor. Más bien a doblar en re menor».

 

Weiß/Colonia, 17.3.

0:10 am : Veo por primera vez White Material [Una mujer en África, otro título estúpido en español], una coproducción franco–camerunense que me llega muy hondo y que he soportado hasta el final, aunque a veces se me volvían intolerables la indignación y la angustia, por una especie de solidaridad a control remoto con nuestro querido GQSdW, todavía embarcado en su quijotesca aventura en Burkina Faso. No veo la hora en que por fin regrese a España para gozar del descanso que tanto se merece y del que le hablo cada vez que le escribo, hasta ahora sin poderle convencer. Los quijotes han sido y son de suyo harto testarudos. Cabezotas, diría mi abuela Remedios, tan bella como sabia.

 

Todos los días, por pura y simple curiosidad, leo mi horóscopo en el diario, lo que ya me ha deparado mucha risa a lo largo de los años. El de hoy merece figurar entre los más divertidos«Si se tomase la molestia de surfear en sus pensamientos, podría comprobar cuán fascinante y emocionante es usted. Usted es un tesoro oculto que sólo pueden encontrar los elegidos». Pero la verdad es que me he tomado la molestia y he vuelto a descubrir que soy uno del montón. Siempre recuerdo lo que me contó una vez Víctor, de cuando fue redactor–jefe de Triunfo, que si el autor del Horóscopo no lo entregaba a tiempo, se lo sacaba él mismo de la manga.

 

¡Qué pena que la reforma de formatos en El Espectador impida todavía que los lectores dejen comentarios al pie de las columnas! Como hace quince días, estoy seguro de que la mía de hoy habría desencadenado un buen barullo en el foro. Joderse y aguantarse.

 

Weiß/Colonia, 18.3.

Hoy, en el chiste del diario, rotulado “El momento más sincero de la visita”, se ve a Angela Merkel terminando de subir la escalera del avión oficial en el aeropuerto de Washington. El comandante la saluda diciendo: «Señora, me alegro de darle la bienvenida a su vuelo de regreso a Berlín». Y ella: «Ah, pues eso no es nada comparado con lo que me alegro yo».

 

En las memorias de Laurel Bacall encuentro una oración genial, ella cree que irlandesa, que le enseñó Gregory Peck cuando filmaron juntos Mi desconfiada esposa (divertidísima comedia cuyo guion ganó el Oscar de aquel año, 1957). Dice así la oración: «Quiero darte las gracias, Señor, por haber estado conmigo todo el día de hoy. No he sido impaciente ni me he enfadado, y no he juzgado ni envidiado a nadie. Pero estoy a punto de levantarme de la cama y creo que ahora voy a necesitar tu ayuda de verdad. Amén». Pues eso, joder.

 

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Y yo intento contestarte, animarte más bien, pero cuando aprieto donde dice "responder" me vuelve a salir la página desde el principio. O sea, fracaso en toda la regla.

Estoy probando por si las moscas...

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