Los bosques

relato

John Berger
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En el vagón de un tren tres hombres mantienen una amena conversación sobre plumas de ave y pintura. El escritor John Berger dibuja un bello mapa de la utopía

Ilustración Raúl     

 

e sucedió la semana pasada, en un lento tren suizo hacia Basilea. Eran las diez de la mañana. Fuera todo era frío y gris. Al otro lado del vagón (el tren iba casi vacío) había dos hombres, de unos treinta años, con traje y zapatos lustrosos, sin corbata. Estaban sentados uno al lado del otro. Al cabo de una media hora, se levantaron, avanzaron por el vagón y se pararon donde yo estaba sentado. El que llevaba gafas dijo:

 

- A mi amigo le gustaría mostrarle algunos de sus cuadros, ¿permite?

Asentí (estaba leyendo un grueso catálogo de arte). El pintor se sentó a mi lado y abrió una carpeta de papel marrón del tamaño de una partitura abierta. Pasé la primera lámina de papel marrón y vi pintada una pluma de pájaro, de tamaño algo mayor que el real. El estilo era similar al de un grabado botánico en color del siglo XIX, pero más difuminado y con el colorido de la pluma más delicado.

- Milano real -dijo el que estaba de pie y llevaba gafas para explicarme a qué clase de pájaro pertenecía la pluma.

Pasé a la siguiente hoja.

- Cárabo -dijo.

- Son muy bonitas - murmuré, y pasé a otra hoja.

- Ratonero gris -dijo.

-¿Con qué técnica? - pregunté.

- Lápices de acuarela - dijo el pintor - humedecidos.

Pasé otra hoja.

- Águila dorada - dijo.

- ¿Dónde encuentra usted las plumas? - pregunté.

- Va al bosque - contestó el de las gafas - y las busca, pasa días enteros buscándolas.

- ¿En la Selva Negra?

- También - dijo el pintor.

- Corneja.

- Lechuza.

- Son magníficas - dije.

- Lleva ocho años pintando plumas - dijo el de las gafas.

- Azor.

- Cuando encuentro una pluma que me gusta - dijo el pintor - marco el punto donde la encontré en un mapa del servicio oficial de cartografía que llevo conmigo y añado una nota y un diagrama describiendo dónde estaba. Así llevo un registro.

- ¿Hace también…? - empecé a preguntar.

- No - dijo el de las gafas - no hace otra cosa, es su única ocupación. Pasea por los bosques y dibuja las plumas que reconoce y que le gustan.

Os cuento esta historia porque en ella se encuentra, quizás, un mapa de la utopía.

 

Traducción de María Dolores Lozano

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