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La historia no tiene libreto el blog de Joseba Louzao


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7 de octubre, 2017

George L. Mosse. Un hombre para la historia

 

El historiador George L. Mosse (1918-1999) es un completo desconocido para los no iniciados en la historiografía internacional. Aunque su amplia producción es una fuente inagotable de sugerencias, en nuestro país no ha tenido la fortuna editorial de otros por este inexplicable sinsentido editorial que nos rige (si tienen la oportunidad, no dejen de leer un clásico imprescindible como La nacionalización de las masas: simbolismo político y movimientos de masas en Alemania desde las Guerras Napoleónicas al Tercer Reich). Su biografía y su obra, «los historiadores también son criaturas de un tiempo» como él mismo insinuó, se entremezclan con algunos de los hitos más aciagos del siglo XX. Por ello, se dedicó a investigar incansablemente el nazismo y el fascismo, la Shoah, la memoria de la guerra o la historia de la sexualidad. Y eso que llegó a la historia casi por casualidad.

 

Pero no he elegido a Mosse solamente por su actividad como historiador, sino por su forma de encarar la realidad. Nacido en el Berlín dentro de una floreciente familia judía, su educación en los días de Weimar fue profundamente liberal y cosmopolita. Al igual que Stefan Zweig, durante la Segunda Guerra Mundial observó cómo desaparecía ante sus ojos el mundo, ingenuo y sereno, del que había disfrutado en su infancia. Pudo escapar por los pelos de las garras nacionalsocialistas y terminó sus días como un ciudadano norteamericano más. Como no podía ser de otra forma, su desarraigada condición de judío, a la que deberíamos unir también su homosexualidad, le enfrentó constantemente con el misterioso arcano de la identidad. Sus libros y artículos siempre aspiraron a responder a este problema, porque tuvo la certeza de que el enigma del hombre solo puede ser explicado a través de la historia.

 

Pese a las dificultades, al final de sus días se consideró afortunado por su particular camino vital. Mosse fue un maestro de historiadores, pero también ofrece un modelo vital. Su vocación historiográfica alimentó su necesidad perseverante por «comer, dormir y soñar Historia». Su patrimonio humanístico está en cada una de sus páginas y en su intento de comprender las motivaciones de las mismas personas que le quisieron llevar a la cámara de gas. 

 

(Este texto se publicó hace años en la publicación digital Ambos Mundos).

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