Palabras, palabras, palabras...
Antonio Lafuente
Fotos cortesía Escuela Harlem Children´s Zone / Nueva York 2009
La campana del recreo y los gritos de los críos suenan igual en un colegio del neoyorquino barrio de Harlem que en cualquier otro de Estados Unidos; pero un niño negro y pobre que haya nacido allí tiene un 33% de probabilidades más de ir a la cárcel que otro blanco de familia acomodada que haya venido al mundo en el resto del país. También tiene, frente a sus vecinos de unas calles más abajo, el doble de posibilidades de figurar en las listas del desempleo; y triplica las de pertenecer al 60% de los negros estadounidenses que dejan la escuela. Además, aspirará a trabajos por los que obtendrá menos sueldo; recibirá más malos tratos y tendrá más posibilidades de ser obeso, porque la gordura no es sólo un problema de ricos.
Las estadísticas continúan, siempre en el mismo sentido: el niño negro y pobre de un barrio como Harlem parte con desventaja; incluso en datos, a primera vista tan peregrinos, como el número de palabras que oirá en sus tres primeros años de vida: treinta millones menos que uno blanco.
Sin embargo, de esas cifras, cambiar una, precisamente la última, la cantidad de palabras que captarán sus oídos desde que nazca hasta que cumpla los tres años, puede ayudar a modificar todas las demás. Es lo que se conoce como la estimulación precoz: una palanca que, según filólogos, psicólogos y pedagogos, moverá la educación de los niños pobres en los países ricos y les permitirá salir, a gran escala, de la miseria.
De esa opinión es, por ejemplo, Geoffrey Canada, un hombre negro y licenciado en Harvard, que intenta mover el mundo que le rodea; el de Harlem, precisamente.
Canada es el fundador de una escuela experimental en algunos aspectos, pero tradicional en otros, conocida como Harlem Children's Zone, con la que ha recuperado el espíritu de
En lenguaje burocrático, Harlem Children's Zone se podría llamar “sistema integrado de servicios educativos”; aunque, menos convencionalmente, sus propios responsables lo definen como “una red de seguridad tejida tan fuerte que los niños no pueden resbalarse fuera de ella”; una red que los acompaña desde la cuna hasta las puertas de la universidad.
Sí, porque la idea de Harlem Children's Zone es no desamparar al niño en ningún momento; no dejarlo solo al pairo de corrientes y tormentas; entre ellas, las de la propia familia, la calle o la situación económica.
Se trata, pues, de una tarea de gran envergadura, que comienza cada verano en los alrededores de la calle 125, donde está el principal centro de Harlem Children's Zone; muy cerca de legendarios lugares del barrio, como el Teatro Apollo, hasta ahora una de las escasas puertas de salida de la pobreza por la que se colaron algunas reinas del jazz, como Ella Fitzgerald o Billie Holiday, o padrinos del soul, como James Brown. En los meses de agosto y septiembre, empieza a desarrollarse uno de los aspectos más experimentales de este colegio. Antes de que suene la campana que anuncia la vuelta a las clases, los maestros de Harlem Children's Zone salen a recorrer las inmediaciones del centro en busca de parejas a punto de tener un hijo con el objetivo de enseñarles a ser padres, tal y como explica Paul Tough, autor del libro “Whatever it takes” (cueste lo que cueste), en el que recoge el seguimiento que durante cinco años ha hecho de esta “experiencia única”.
Pero para comprender por qué y en qué es necesario educar a los padres, antes conviene remontarse un poco en la historia y retroceder hasta 1979. Ese año, Betty Hart y Todd Risley establecieron la importancia del estímulo precoz del lenguaje, tras un estudio que les permitió observar que a los 36 meses un niño de una familia acomodada había oído treinta millones de palabras más que uno de una familia pobre. Hart y Risley entendieron que esas palabras servían para el rodaje de nuestro sistema de comunicación y expresión; una especie de puesta a punto que necesita el cerebro para manejar nuestra relación con los demás y comprender mejor nuestro entorno. La investigación se completó, además, con otros descubrimientos. Por ejemplo, que, en esos tres preciosos años, los niños de clase media reciben alrededor de medio millón de palabras de estímulo o apoyo y dieciocho mil de desánimo; una proporción que casi se invierte en los niños pobres, ya que escuchan unas dieciocho mil palabras de aliento y doscientas mil de desánimo o desaprobación.
Ambas experiencias, la del número de palabras y su cualidad, hacen que los niños pobres partan con dos desventajas más: la de tener menos preparado su sistema comunicativo y la de estar desmotivados; lo que se traduce en la necesidad de un mayor esfuerzo durante su desarrollo educativo; un esfuerzo extra que, normalmente, influye en el abandono escolar.
Hace más de veinte años, Geoffrey Canada tuvo acceso a esa información y la conjugó con su propia experiencia. Nacido en el sur del Bronx, un barrio similar a Harlem, Canada superó la miseria gracias a los sistemas de protección social y a una educación pagada con becas. La conjugación de su experiencia, académica y personal, con el conocimiento proporcionado por el estudio de Hart y Risley le permitió comprender la necesidad de idear un sistema educativo basado en la estimulación precoz del niño pobre, prácticamente, desde el día de su nacimiento. También le hizo ver que, para ello, era necesario implicar a los padres, pues son las personas que están más cerca de él, especialmente durante esos primeros tres años de vida.
De ahí la necesidad de salir cada verano a explorar los alrededores de la escuela en busca de futuros padres, o padres de recién nacidos, con el objetivo de enseñarles a ser padres y mostrarles cómo educar a sus hijos, a pesar de que ellos, en la mayoría de los casos, no tuvieron la oportunidad de adquirir estos conocimientos y abandonaron las aulas.















Comentarios
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adamgilly - Mar, 03/16/2010 - 08:56
Technology is an increasingly influential factor in education. Computers and mobile phones are used in developed countries both to complement established education practices and develop new 642-873 ways of learning such as online education (a type of distance education). This gives students the opportunity to choose what they are interested in learning. The proliferation of computers 642-873 also means the increase of programming and blogging. Technology offers powerful learning tools that demand 650-059 new skills and understandings of students, including Multimedia, and provides new ways to engage students, such as Virtual learning environments. Technology is being used more not only in administrative duties in education but also in the instruction of 650-180 students. The use of technologies such as PowerPoint and interactive whiteboard is capturing the attention of students in the classroom. Technology is also being used in the assessment of students.
Kaliua - Mié, 01/27/2010 - 16:08
Buenísimos los dos, el proyecto y el reportaje. Gracias por contarnos estas cosas.
tuinesba.com - Lun, 01/25/2010 - 10:53
Qué bonito artículo!
ullblavissa - Lun, 01/25/2010 - 06:46
Una maravilla de reportaje. Pone el dedo en la llaga pero saca luz en vez de pus. La libertad es la palabra. Bravo Antonio. Anna Grau.
mamensevilla - Vie, 01/22/2010 - 20:29
Un excelente trabajo. Bien documentado, y muy bien contado. y, me atrevería a decir, que lleno de esperanza.
Gracias Antonio.