Ayacucho / Cortesía Solid International

    1    2       Siguiente »

    De la luz a la oscuridad

    Isaac Risco

    Tamaño de texto: A | A | A

     

    Un indio entra en el patio del café, arrastrando los pies. Encorvado y curtido por el sol, lleva ojotas de hule y el raído poncho de colores habitual en los pobladores de la regiones andinas de América del Sur. Tras la “época de la violencia”, como llaman los lugareños a los años del conflicto armado que asoló Perú en los 80 y 90, los visitantes vuelven a llegar a Ayacucho. Turistas limeños y extranjeros. Los cafés del jirón Asamblea ofrecen desayuno hasta el mediodía.

           El indio se detiene al lado de la primera mesa y extiende la mano. Los comensales niegan despacio con la cabeza, sin dirigirle la mirada. No se inmuta. Después de algunos minutos, los huéspedes de la otra mesa lo miran. Sigue ahí. Balbucea palabras incompresibles, con la mano extendida. Los turistas se miran incómodos; uno sonríe y dice algo, muy bajito. Otro, por fin, saca unas monedas del bolsillo y las deja en el pozo de la mano. El indio gesticula y se vuelve para marcharse, lentamente.

    –La proverbial paciencia indígena– bromea uno de los visitantes de la otra mesa.

           El escritor José María Arguedas aborrecía ese tipo de imágenes, muy similares a las que conocía de su propia infancia. Aunque era hijo de acomodados hacendados criollos de Apurímac, un departamento vecino a Ayacucho, Arguedas se crió en las barracas de los criados indígenas, porque su madrastra lo detestaba. Y conocía el trato denigrante que se daba a los indios. “El cantor olía a sudor, a suciedad de telas de lana; pero yo estaba acostumbrado a ese tipo de emanaciones humanas (…) que despertaban en mí recuerdos amados de mi niñez”, dice el protagonista de una de sus novelas, un alter ego del escritor, evocando a los trovadores andinos que recorrían como mendigos las chicherías de la sierra peruana.

           Arguedas, considerado uno de los mayores exponentes del indigenismo en su país, escribió su obra entre los años 30 y 70. Eran tiempos en los que la modernidad sacudía la conciencia colectiva del Perú, una sociedad agraria de corte casi feudal en todo lo que iba más allá de la capital y las medianas urbes costeñas. “El problema del indio”, es el título de uno de los famosos siete ensayos con los que intentaba describir esa situación el filósofo José Carlos Mariátegui, uno de los pensadores marxistas de mayor calado en el siglo XX latinoamericano. En un país marcado por el abandono histórico de la población indígena campesina, los intelectuales se volcaban esos años con ímpetu a la denuncia de la injusticia social.

           La Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho, estaba predestinada a ser uno de sus principales escenarios. Fundada en 1677 como la segunda del país, la casa reabrió sus puertas tras un paréntesis de casi 50 años en 1959, envuelta en el halo de la vanguardia intelectual y cultural. “Fue como salir de una oscuridad a la luz, nos dio oportunidad de conocer las ciencias y las artes”, dice Marcial Molina, entonces estudiante y hasta ahora profesor de literatura en la universidad.

           Enclavado en una región empobrecida y esencialmente rural, la gesta lógica del centro académico era dedicarse de lleno al “problema del indio”. En su seno surgieron iniciativas como el “teatro campesino”, un arte dramático con visos épicos brechtianos, que anunciaba un programa distinto para sus funciones itinerantes: “No somos unos simples activistas de la cultura, eso no. No queremos sólo divertir al público. No. (…) Nos interesa la participación de ese público en el desarrollo cultural, social y político de nuestro país”.

           Pero algo salió mal. Víctor Zavala Cataño, el dramaturgo del teatro campesino, fue capturado en 1991. Bajo el alias de “camarada Rolando”, formaba parte de la cúpula de Sendero Luminoso, el brutal movimiento maoísta cuya “guerra popular” costó a Perú casi 70.000 víctimas desde comienzos de los 80, según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación del país sudamericano.

     

    El rincón de los muertos

    “Bienvenidos a Ayacucho, actualmente una ciudad muy pobre y de relativo atraso económico”, dice al micrófono el copiloto del autobús, cuando aparecen las primeras casas de adobe al pie de la carretera, tras los vericuetos del descenso que desemboca en el valle andino. En 2009, la mayoría de empresas de transporte vuelve a hacer parada en Huamanga, como también la llaman los lugareños en alusión a toda la provincia. Hace años que la ciudad ya no es zona en emergencia por la violencia incontrolable. Huamanga es otra vez pacífica, sí, pero también muy pobre. Como antes.

     

    Compartir

    ImprimirImprimir EnviarEnviar
    Inicie sesión o regístrese para hacer comentarios

    Comentarios

    (*) Campos obligatorios

    Al enviar tu comentarios estás aceptando los términos de uso.

    Geométricamente, su película resulta una línea recta, plana, nada que ver con la figura elíptica en torno a la que gira constantemente el filme. La recreación de la Alejandría del siglo V es sin duda lo mejor de la película junto a las escenas de masas, en donde Amenábar demuestra su indudable oficio. Pero lo que convence por un lado queda eclipsado por el empeño de Amenábar en introducir una serie de planos al estilo Google Earth que sacan todavía más al espectador de la narración.


    lsat practice test | mcat practice test | mft practice test | naplex practice test

    Este estudio de los conflictos armados incluye las guerras, lawn mowers las guerras civiles, revoluciones y revueltas, rebeliones, secesiones, golpes de estado, genocidios, violencia 彋nica y pol癃ica, y en todo el mundo el terrorismo. El conflicto armado Eventos proyecto de Data proporciona a los investigadores con antecedentes militares de los conflictos que ocurren documentado entre 1800 y 1999. best lawn mowers En este momento alrededor de 1500 los conflictos se documentan

    © 2010 fronterad. Todos los derechos reservados.

    .