Los ñoquis. Tradicionales y con currículo

Rita María Gardellini

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Los ñoquis, en esta oportunidad, no se refieren a la sabrosa pasta de procedencia italiana que se come con tuco, en especial los días 29 por una tradición de San Pantaleón, a la cual se incluyó disfrutarlos esa fecha colocando dinero bajo el plato para atraer a la suerte monetaria del comensal; y es válido destacar lo atractivo del recurso para los restaurantes: fin de mes, merman los clientes, menú económico y sabroso. Al punto, los ñoquis, que se tratarán a continuación corresponden a una acepción pintoresca que se le otorga en mi país a un grupo, hasta podría denominarse de elite, considerando a la elite como una minoría selecta. En varias oportunidades me he preguntado de dónde habrá tomado origen la comparación, y asociando a un comentario masculino que escuché: “cuando estamos en las duchas del gimnasio, todos lo tenemos como un ñoqui”. Podría sugerir que el texto que sigue logra iluminar la análoga descripción, no obstante, consultando: el dicho popular lo atribuye  precisamente al citado 29, ya que los ñoquis aparecen ese día a “cobrar” y asimilando la ironía de ambas...

 

Entre los ñoquis estatales, se han definido dos modalidades:

 

El ñoqui tradicional que fiel a su inútil esencia: no trabaja[1]. Su fundamental ocupación es la de haber ingresado al estado con la maquinaria política, y emerger siempre en actitud de mando “lo veo todo, lo cuento todo” en cuanto alguien ose realizar el intento de mencionar “que no hace nada”, amén de endilgar con altisonante quejosa maestría todas las falencias sociales a la pereza de los empleados públicos. Sí: leyó bien, se defiende atacando y denunciando con precisión sin ver la piedra en su propio zapato, mejor expresado: eludiendo que él es la piedra; por eso mencioné “maestría” porque es una maestría de la apariencia, no interesa que se modifique el partido político con el que asumió, él sabrá subsanarlo y creará ese fabulado construido por una oportuna foto, o el reiterado discurso coincidiendo con el político de turno, y siempre representando complicidad, dejando al cuidado descuido para que se escuche y se repita el comentario “que cenaron anoche”, aunque en la cena coincidieran cientos, o hasta es íntimo amigo del padrino del hijo, lo cual se traduce a que es apenas un conocido de una tía que coincidió dos veces en la peluquería del barrio en donde se peinó la abuela que conocía al padrino del mencionado bautismo. ¿Se va captando, el camuflado arte de ser cuando ni siquiera se parece o estuvo? Si usted coincide con este tipo de ñoqui, le sugiero que sonría como tonto, asienta complaciente cuando él aluda a que todo funciona gracias a él, y en especial: lo evite; primero para no amargarse por la obvia injusticia y segundo para que no se tiente en intentar enfrentarlo, no lo haga, usted finalizará agotado, decepcionado y él indemne y aún más victorioso, y lo más probable, establecido que en definitiva quien no hace nada: se aburre; usted pasará a ser su nuevo entretenimiento y como tiempo para batallar le sobra, lo más seguro es que usted termine en el turno noche, trabajando hasta en Navidad y él, ascendido, porque si algo logra es aterrorizar a todos, y nada mejor que tenerlo lejos aun en un puesto superior porque si algo manejan los ñoquis son los códigos del acomodo, y de la famosa mano que lava a la otra.

 

En este ñoqui clásico, existe una particular y hasta sufrida versión: el ñoqui clásico trucho o paria, es aquel agente que ingresó por un movimiento político pero fue un hecho desesperado de acomodo, necesitaba trabajar y tocó la puerta del mismo infierno para lograrlo. Va a advertirlo enseguida, se desvive por trabajar, siempre se ofrece para las tareas que todos eluden, es responsable, comprometido y ha quedado en esa postura de culpa permanente por su dudoso origen. Desde ya, será desdeñado por sus congéneres ñoquis tradicionales que lo verán como un traidor al colocarlos en la evidencia de su pereza y por sus colegas laburantes que siempre sentirán desconfianza “por las dudas, porque nunca se sabe”. Así establecido, le sugeriría que no se ensañe con él, porque el trabajo es algo que necesitamos todos, y a veces las circunstancias nos obligan de forma despiadada, ni mencionar que haríamos situaciones improcedentes por la familia, los hijos y los nietos.

 

El segundo tipo es el ñoqui con currículo o ñoqui con CV, compone una especie diferente y más peligrosa porque logra entorpecer aún más que el ñoqui tradicional, que sólo obstaculiza porque recarga a otros al no trabajar él y al que sólo hay que molestarlo para vernos involucrados en sus ataques. El ñoqui con CV suele aparecer por la necesidad de soluciones, se le requiere para algún proyecto vistoso con el propósito de remediar, en su peculiar enfoque, realidades enquistadas; el problema real es que el vanagloriado y publicitado proyecto no resulta operativo porque de serlo ya lo hubieran implementado o podrían implementarlo los que se encontraban trabajando en la tarea, razón por la cual, el fomentado proyecto para lograr ser sostenido, termina entorpeciendo a los que en realidad trabajan, con exigencias y resultados que acarrean el fracaso a otros, no a su propia inoperancia, es decir no se sostiene con el éxito sino atacando a los supuestos detractores que lo único que hicieron fue observar su inutilidad o a los que se envuelven atrapados en sus redes por encontrarse trabajando. De todos modos, el ñoqui con CV acusa una existencia en el sistema que el mismo percibe como más precaria aunque esto no resulte cierto porque esos proyectos son en equipos y de hundirse o apenas flotar, la culpa resultará de los otros, si tal cual pensaron, esos otros iniciales que se encontraban trabajando y seguirán haciéndolo porque los ñoquis con CV serán reciclados pero nunca despedidos. Igual, se sienten inseguros y sus ataques suelen ser despiadados, para tal faena, su CV viene de perillas como fuente académica para embeberse en fastuosos argumentos dado que nada más simple que quejarse de la inutilidad del sistema, del cual, por supuesto “no forman parte”, ellos eran los transgresores visionarios que vinieron a modificarlo. Frente a este ñoqui, le sugiero que intente adherirse a la postura de ser los que constituyen el lado de los que maquinan frondosas evaluaciones que alejan todo lo posible el resultado del fracaso inmediato, es decir: no quede pegado a formar la comitiva de los que comprenden las causas sino de los que eluden las consecuencias, así usted también será parte de los transgresores que adjudican las quejas a otros. No, no se preocupe, hacerlo no lo convierte en ñoqui, usted seguirá trabajando como todos los días pero al menos no resultará el chivo expiatorio.

 

Estos carismáticos ñoquis con CV si en algún momento perfilaron cierto espíritu de trabajador altruista, dado que su CV no surge por mágica herencia, suele diluirse en esas eternas reuniones de ocio creativo reflexivo “mucho por hacer / no se hace nada”, por lo cual, los que no se han enviciado en la comodidad de las eternas reuniones para proyectar, optarán por irse, y sí, como ya habrán advertido, estos –tal como los ñoquis tradicionales parias –nunca fueron auténticos ñoquis, igual, les costará incorporarse al trabajo cotidiano, real y agotador de respuesta inmediata e idoneidad en acción, permanecerán en esa condición de eterno inmigrante que añora regresar pero ya no puede porque cuando lo hace extraña las ventajas, es decir: se acostumbró a las ventajas de ser un ñoqui con CV.

 

Del ñoqui tradicional y del ñoqui con CV, se está acunando –y si, sutil, muy sutil la connotación– una versión que tal vez haya existido pero se ignoraba por ubicarse en los muy altos perfiles y que sólo la exposición a todo, está descubriendo. Son los “hijos, nietos o muy allegados a” que, luciendo un estruendoso CV abrevados en costosas y siempre seguras instituciones privadas, conservan las características del genuino “acomodo/no merece el cargo” de los ñoquis tradicionales. ¿Será el orgullo familiar del mentado retoño lo que lo pondere a esos cargos inusitadamente jerárquicos que los ubican apenas debajo del ministro? Reflexionemos: insume cierto mérito, el valiente riesgo de alcanzar la vitrina mediática pero considerando la brevedad del bochornoso y olvidable minuto, bien vale el trance por una vida de prestigio cuyo genuino génesis podrá achacarse a los envidiosos difamadores y no a la impunidad del imberbe.

 

 

Test de comprobación y cierre

 

1.      Si usted al leer el texto anterior experimentó:

 

a) cierto desasosiego acompañado de una sutil tristeza es porque trabaja muy cerca de un ñoqui o bajo su dependencia.

b) una ira con toques de impotencia es porque usted comprende y reflexiona sobre el costo del ñoqueado para cualquier sociedad que quiera avanzar.

c) un estado de hilaridad que le provocó desde una tímida sonrisa apenas en las comisuras hasta incluso risas estridentes, puede ser por su potenciado sentido del humor producto de que se encuentre en esos países que todos imaginamos evolucionados o se haya jubilado o haya emigrado o recientemente haya padecido una situación momentánea con un ñoqui o…

 

2.      Si al leer el texto anterior y comprender que no se trataba de la pasta no continuó la lectura y se ofendió: usted es un genuino ñoqui, hágase cargo –y aquí lideraríamos con una perfecta paradoja: un ñoqui jamás se hará cargo–.

 

 

 

 

Rita María Gardellini es directora de escuela primaria estatal y escritora. Docente investigadora, autora del anteproyecto de investigación y del libro Alumnos lectores, alumnos escritores, declarado de interés provincial y legislativo y editado por la Cámara Legislativa de la Provincia de Santa Fe, República Argentina, y de la novela No dejes que muera (Baile del sol. Tenerife, 2009) y del libro de relatos Después de comer perdices o por qué las mujeres son boludas e insisten en enamorarse (UNR. Rosario, 2011. Kindle Edition, 2011). En FronteraD ha publicado El maquinista es vagón, el último es maquinista. Echarle ingenio a la forma de enseñar.

 

 

 

 


[1] De allí la referencia a que sólo aparece los 29 a cobrar el sueldo.

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