Plaza de la Independencia, Minsk. Foto: Eva Coronado

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    La revolución pendiente de Bielorrusia y el espejo de Ucrania

    Eva Coronado - 26-12-2013

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    Miles de ucranianos llevan días llenando las calles de Kiev, bloqueando el centro de la ciudad y ocupando la plaza Maidan. Sus vecinos bielorrusos han sido de los primeros en respaldarlos. Políticos, activistas, incluso músicos famosos, como la banda de rock Liapis Trubetskoy, se han movilizado para prestar apoyo a los ucranianos. Están con ellos en la batalla contra el régimen de Víktor Yanukóvich y su deseo de libertad, a favor del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea que el gobierno de Kiev debía haber firmado en la cumbre del 28 y 29 de noviembre en Vilna, y que Moscú desbarató.

     

    A pesar de las similitudes que existen entre estos dos antiguos miembros de la Unión Soviética, la revolución de Bielorrusia es más difícil de lo que en un principio se pudiera pensar. Minsk no es Kiev. No se puede comparar la fuerza de 45 millones de ucranianos con la de 9 millones de bielorrusos.

     

     

    Un viaje complicado

     

    El 6 de diciembre, agentes de la KGB retuvieron a 53 manifestantes que se dirigían a Kiev en autocar. Los policías explicaron a los activistas que no les podían dejar pasar debido a las duras condiciones meteorológicas. El autobús tuvo que regresar a Minsk pero los manifestantes decidieron seguir su camino haciendo autoestop.

     

    Los dirigentes de la oposición al gobierno de Alexander Lukashenko, que lleva en el poder desde 1994 en Bielorrusia, también han mostrado su solidaridad con el pueblo ucraniano. Entre los opositores más famosos destacan Uladzimir Niakliajeu, de la campaña Contar la verdad, y Yuri Hubarevich, del Movimiento por la Libertad.

     

    Muchos bielorrusos demuestran su apoyo a la lucha de los ucranianos desde Minsk. Natallia K. es profesora universitaria en la capital bielorrusa: “No tengo televisión y no veo el telediario. Una de las razones es porque me desespera ver las noticias sobre mi país. De todas maneras, la mayoría de la gente comparte la opinión de los ucranianos y su esperanza en el acercamiento con la Unión Europea. Quizá sirva de influencia a la situación que vivimos aquí”.

     

    Vita Arhipova estudia Dirección de Empresas en Minsk y cree que las movilizaciones en su país son nulas: “Oficialmente a nadie le importa, no hay protestas o gente cerca de las embajadas. Una vez más, cero acción. Todo está muy tranquilo. En cuanto a la opinión de la gente, por lo que escucho entre mis amigos y los que me rodean, la mayoría está en contra de la integración de Ucrania en la Unión Europea. Principalmente por temas económicos. Creen que esa unión destruiría la producción y la economía ucranianas. Pero me reafirmo en que aquí cada uno vive su vida y no se preocupan mucho”.

     

    Dentro de Bielorrusia se están organizando marchas para los próximos días, pero no es fácil. Representantes del opositor Partido Civil Unido (UCP) habían programado una para el día 21 de diciembre en la ciudad de Brest, en la frontera con Polonia, pero ha sido prohibida por las autoridades.

     

    Uladzimir Vuyek, de la oficina regional del UCP en Brest, define así la situación: “Nos dicen que los eventos masivos no están permitidos a menos de cincuenta metros de edificios oficiales, cuerpos administrativos, diplomáticos, consulares, ejecutivos, representantes locales o cualquier tipo de juzgados o administraciones, o relacionados con la seguridad del Estado. Y a menos de cien metros de hospitales o centros sanitarios”. Vuyek dice que la negativa carece totalmente infundada ya que en los actos del 1 de Mayo (Día internacional de los trabajadores) celebraron una marcha por ese mismo itinerario y no hubo ningún impedimento. El líder local piensa que la prohibición de la marcha es una manera de reafirmar la oposición de las autoridades con los eventos acaecidos en Ucrania estas últimas semanas.

     

     

    Bielorrusia versus Ucrania

     

    A pesar de tener una historia común, los regímenes políticos de cada uno son diferentes. La represión de las protestas es mucho menos violenta en Kiev que en Minsk. Los derechos humanos están mucho más mermados en Bielorrusia, donde sigue vigente la pena de muerte. La última fue dictada el pasado 26 de noviembre. El convicto fue Eduard Lykov, de 53 años, acusado de cinco asesinatos y al que se le venía investigando desde 2011.

     

    Bielorrusia es el único país europeo que todavía aplica la pena de muerte. Catherine Ashton, alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, ha expresado la oposición de la UE a esta condena. “Somos conscientes de la gravedad de los hechos imputados, pero la pena capital nunca está justificada. La UE se opone a la pena capital bajo cualquier circunstancia”.

     

    Dmtriy Karachun y Valeriia Didkovka son amigos, ambos viven y estudian en Lituania. Dmtriy es bielorruso y Valeriia es ucraniana. Llevan días hablando de las protestas y tienen tantos motivos de desacuerdo que resulta difícil creer que se vayan a poner de acuerdo algún día.

     

    “En Ucrania tenemos mucha más libertad. Sobre todo desde los últimos ocho años. Las leyes son diferentes en Ucrania que en Bielorrusia y la represión contra las protestas en la calle es mucho menos dura en Kiev. Además, la mentalidad es distinta y los bielorrusos tienen miedo. Por otro lado el sentimiento patriótico es mucho más intenso en Ucrania. Es algo histórico, desde el siglo XIX”, afirma Valeriia.

     

    “No creo que la mentalidad sea distinta, todos tenemos la misma. Una mentalidad post-soviética. Claro que nosotros tenemos a Lukashenko y ellos no. Y bueno, respecto al miedo, danos unos años. Está claro que ahora mismo las condiciones en las que vivimos son distintas”, replica Dmtriy.

     

    Los dos tienen amigos que han participado en las protestas de Maidan, Dmtriy explica la forma en que sus amigos se han manifestado: “todos llevan banderas bielorrusas, pero no la actual, sino la blanca y roja. En 1996 nuestro presidente cambió la bandera que teníamos, y ahora se usa la antigua bandera como medida de oposición al régimen”.

     

     

    Economía para una revolución

     

    La periodista bielorrusa Mary Yeryoma tiene una opinión clara sobre la reacción de Minsk a las protestas de Maidan. “Oficialmente nadie ha dicho nada. La única excepción fue en una conferencia de prensa en la que Lukashenko aclaró que las relaciones de Ucrania con la Unión Europea  arruinarían los intercambios comerciales con Bielorrusia y con el resto de los países del CIS (Comunidad de Estados Independientes, creada bajo la inspiración de Moscú de la que forman parte diez de las 15 antiguas repúblicas soviéticas). Los medios de comunicación aquí no analizan lo que está sucediendo, se habla de las protestas que tuvieron lugar en 2006 y 2010 y poco más. Aun así creo que los ciudadanos tenemos bastante información gracias a internet. Tengo la sensación de que la mayoría de la población apoya a los ucranianos por luchar por sus derechos”.

     

    En términos de bienestar económico, en Bielorrusia se vive mejor. El salario medio está situado en  torno a los 437 euros mientras que en Ucrania ronda los 291 euros.

     

    Políticamente hablando la oposición en Ucrania está mucho mejor representada en el Parlamento, donde se encuadran partidos políticos con ideas parecidas o diametralmente opuestas. Esta realidad ucraniana suena a pura fantasía para los bielorrusos, donde cada vez que se celebran elecciones presidenciales, cada cinco años, se atisba algo que acaba siendo un espejismo. Lukashenko disfruta de un poder totalitario. El papel de las instituciones públicas es nimio. Desde que el país proclamara su independencia de Moscú, en 1994, Lukashenko es el único presidente que han conocido los bielorrusos, mientras que Yanukóvich es el cuarto que ocupa el cargo en Ucrania.

     

    Son muy pocos los que pronostican una victoria de Yanukóvich en las elecciones convocadas para 2015. Pero eso no resta poder al que ahora disfruta. En el Parlamento de Kiev dos diputados se encuentran entre las personas más adineradas de Ucrania: Vadim Novinsky y Kostyantyn Zhevago, con una fortuna estimada en 1.100.000 millones cada uno. Rinat Akhmetov, el hombre más rico del país, atesora una fortuna personal estimada en 11.242.000 millones de euros.

     

    La situación en Bielorrusia es bien distinta, ya que, como en la madre Rusia, los oligarcas están expuestos a que en cualquier momento sus propiedades puedan ser incautadas por el régimen. El hombre más rico de Bielorrusia ocuparía el puesto número 10 en la lista de los más ricos en Ucrania. Pero en cualquier caso el poder y la influencia de los hombres con grandes fortunas es mucho más importante en Ucrania que en Bielorrusia.

     

    De lo que sí que se puede sentir orgullosa la Rusia Blanca es de su sector tecnológico. Según algunos medios la industria tecnológica podría acabar la década con unos ingresos de  unos 730 millones de euros anuales. Si esas estimaciones finalmente se cumplen, Bielorrusia abandonará la imagen asociada a la industria pesada de la era soviética (con los tractores como máximo exponente) para convertirse un país que espera jugar un papel competitivo en el campo tecnológico.

     

     

    Aprender de Kiev

     

    El presidente ruso, Vladímir Putin, sabe que Lukashenko no es Yanukóvich. El hermano mayor ruso interpreta distintos papeles en función de quien tenga enfrente.

     

    Hace unos meses el líder bielorruso lanzó una advertencia: “Si Rusia mantiene los derechos de exportación de sus productos derivados del petróleo, Bielorrusia no será capaz de permanecer en la Unión Aduanera”.

     

    Fue una de las últimas acciones que Lukashenko realizó contra del Kremlin.

     

    Semanas antes de la cumbre de Vilna, a principios del mes de octubre, los mandatarios de Ucrania y de Bielorrusia celebraron un encuentro. Yanukóvich dijo entonces que su homólogo bielorruso le había asegurado que no pondría ningún impedimento a la decisión que finalmente adoptara Ucrania de suscribir o no el Acuerdo de Asociación con la UE. Indicó además que si Ucrania decidiera adherirse a la OTAN, Bielorrusia lo vería tranquilamente desde la barrera.

     

    Una actitud oficial de tranquilidad y neutralidad ante los hechos acaecidos en Kiev que los medios de comunicación bielorrusos intentan mantener. Se cuenta lo que pasa, pero no se analiza, no se debate, sólo se muestra. Tampoco se entra en detalles. Porque antes de ocuparse de sus vecinos al sur de la frontera, los bielorrusos tienen otros problemas de los que ocuparse. La nueva tasa que el gobierno pretende aplicar a los vehículos de motor, los problemas burocráticos para salir del país, la libertad de expresión, etcétera.

     

    Si las protestas en Ucrania acaban de una manera pacífica y se consiguen cambios, puede que en un futuro cercano se consigan cambios también en Bielorrusia. De momento los bielorrusos mantienen la esperanza.

     

     

     

     

    Eva Coronado es periodista

     

     

     

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