Los tuareg en la nueva Libia. Muchos de los que lucharon con Gadafi son aliados del gobierno de Trípoli

Texto y fotos: Mauricio Morales - 09-07-2015

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“¡Daesh Daesh, somos Daesh!”, dicen entre carcajadas los combatientes tuareg que vigilan desde la montaña Tendi el pueblo de Ubari. Daesh es el acrónimo en árabe con el que se conoce al Estado Islámico (EI). Se ha vuelto una especie de fantasma que ronda por Medio Oriente, y Libia no es la excepción. Aunque la presencia de elementos del EI es evidente en ciudades del norte como Sirte y Derna, su supuesta presencia en el sur ha comenzado a calar en los tuareg, quienes recorrer largas distancias explicando que el EI no esta en su zona y que no son terroristas.

 

El conflicto en Ubari sucede en el olvidado y lejano suroeste del país. Es un eco de lo que sucede en el norte y otro foco de una de las guerras en el seno del intrincado conflicto libio. En Trípoli tiene su sede el Congreso General Nacional, apoyado por fuerzas del conglomerado de alianzas que forman el Amanecer Libio, opuesto a la Casa de Representantes, con sede en la ciudad de Tobruk, en el este, y cuyo gobierno es reconocido por la mayoría de la comunidad internacional. Cada facción, a su vez, tiene gobiernos extranjeros que los apoyan, algo que parece repetirse en otros escenarios conflicto en Oriente Medio.

 

Desde la caída de Muamar el Gadafi, cuando milicias de Misrata lo encontraron escondido en un caño a las afueras de Sirte en 2011, Libia continua inmersa en luchas de poder, que involucran alianzas tribales y políticas en un escenario cada mas confuso y volátil. Aunque se ha tratado de simplificar el conflicto, cifrándolo en una lucha entre islamistas y fuerzas liberales, esto dista mucho de lo que se ve sobre el terreno. Muestra de esto es la dinámica y el conflicto que desde septiembre viene escalando en Ubari con varios actores implicados en los combates.

 

Los tuareg son una etnia semi-nómada del Sáhara con presencia en Libia, Níger, Mali, Argelia, Túnez y Burkina Faso. En Libia, Gadafi forjó importantes alianzas con ellos, permitiéndoles el control de muchas de las rutas del suroeste del país. Acabaron por constituir una base importante de su esquema militar, pero, al igual que los tebu, fueron abruptamente marginados. Cuando la revolución estalló en Libia, fueron muchas de estas tropas tuareg las que combatieron a los revolucionarios en las calles de Misrata y otras ciudades del norte. Hoy esas mismas milicias de Misrata han establecido una alianza con los tuareg por el control del suroeste del país.

 

Con una economía dependiente del petróleo, y con muchos de los campos de extracción inactivos, su control es una de las causas primordiales que atizan el conflicto en el sur y explicaría la escalada de violencia en Ubari. La Tercera Fuerza que procede de Misrata, alineada con el gobierno de Trípoli, ha urdido una alianza con el objetivo, en gran medida, de controlar el yacimiento petrolífero de Sharara, uno de los más grande de Libia, también inactivo en la actualidad. Sharara fue arrancado de manos tebu por unidades combinadas de la Tercera Fuerza y los tuareg en noviembre del año pasado. Los tebu, por su parte, han buscado acuerdos con el gobierno de Tobruk, que desde 2014 comenzó su campaña Operación Dignidad, liderada por el general Heftar desde la propia Tobruk.

 

Considerada una ciudad-oasis, Ubari, en medio de la región del Fezza libio, en el Sáhara, se encuentra en una guerra que ya se prolonga por espacio de nueve meses, con un número indeterminado de víctimas en ambos bandos. El centro de la ciudad se ha convertido en el escenario de fuertes combates. Un frente que oscila, con francotiradores a ambos lados marca el conflicto entre los tuareg y los tebu, que en el pasado convivieron como vecinos. Los tuareg que combaten en la zona claman que muchos de los combatientes tebu no son libios, sino que provienen del Chad y de otros países. Una fuente consultada en Tobruk vía telefónica, perteneciente a la etnia tebu, asegura por su parte que muchos de los combatientes tuareg provienen de Mali. Una de las líneas narrativas dominantes de la guerra libia es la intromisión extranjera en el conflicto por ambas partes.

 

Tila Agali vive con sus seis hijos en una casa de dos habitaciones en Ubari, no salen por la noche y con total calma dice: “Los disparos y las bombas son normales”. Sus hijos no han podido ir a las escuelas improvisadas, ya que algunos colegios ahora sirven como hospitales de campaña para los combatientes heridos. “No hay dinero para libros, no hay dinero para irse”, dice. Como ella, muchas familias aún continúan en la ciudad a pesar de los enfrentamientos.

 

El comandante de la Tercera Fuerza con base en Sepha, en el sur de Libia, Jamal Triqui, afirma que sus efectivos intentan mediar para lograr la paz en Ubari y evitar un escalada de la violencia en la región. “En unos 10 o 15 días estaremos en Ubari”, asegura el comandanta Triqui. Un día después de esta declaraciones al menos diez combatientes tuareg resultaron muertos en combates en la ciudad, lo que demuestra la volatilidad de la situación en un escenario muy fluctuante con ninguna certeza.

 

El conflicto del suroeste libio no solo tiene que ver con la inestabilidad y la división entre los gobiernos del norte. Durante siglos el sur, tanto para los tuareg como para los tebu, ha sido su tierra, y es donde controlan numerosas de rutas de contrabando. Buena parte del tráfico ilegal que se mueve en el sur del país es de armas, drogas y personas. Como muchas de las etnias en el mundo, los tuareg no reconocen las fronteras impuestas en las tierras que ancestralmente recorrían, y su lucha, o sus razones para combatir, son el derecho a una tierra que consideran suya. En el contexto de un país ahora roto en pedazos como Libia propicia un nuevo panorama de alianzas.

 

 

Ghat, la ciudad de la frontera

 

Buena parte de los 25.000 habitantes de Ubari ha huido al sur a la ciudad de Ghat, en medio del desierto. Ghat una ciudad fronteriza con Argelia. Más de cien familias han encontrado refugio en lo que llaman la “compañía china”, un complejo a medio construir de casas de cemento, algunas sin techo, todas, sin agua y sin electricidad. En los pisos de arena del desierto del Sáhara libio se acomodan hombres, mujeres y niños tuareg que huyen de los combates. No hay organizaciones humanitarias internacionales presentes en la zona para atender a las necesidades de la población y de los desplazados.

 

Ghat, una ciudad con mayoría de población tuareg, aislada geográficamente, ahora todavía un poco más a causa de los combates en Ubari, que han cortado líneas vitales de abastecimiento, como la gasolina, comienza a verse afectada gravemente por el conflicto. Problemas que se suman a los muchos que tiene, con la llegada de inmigrantes, el contrabando, el desempleo de muchos jóvenes y los salarios impagados. Hace pocos días se formó un tercer consejo de la ciudad para tratar de mediar y solventar el problema de los dos consejos paralelos que se disputan la administración de la ciudad. Parece un espejismo de lo que ocurre ahora mismo en el norte de Libia.

 

Aquí se encuentran muchas las razones por las cuales muchos tuareg en tiempos de Gadafi optaron por enrolarse en sus filas: bajo la promesa de obtener a cambio la ciudadanía libia. Una promesa que en muchos casos no fue cumplida y hoy en día sigue representando un gran problema a la hora de acceder a oportunidades laborales, educación y o poder viajar al extranjero por carecer de pasaporte, de ciudadanía libia.

 

El conflicto del sur pasa está fuera del radar en el escenario global. Es uno de los tantos conflictos y frentes de batalla que desgarran ahora mismo Libia. Las rutas de contrabando que ahora parecen mas abiertas que nunca comienzan en el sur, donde miles de emigrantes siguen su camino en busca de un lugar en Europa. Pero el sur representa también una gran baza para las partes en contienda en el norte: el control de los inmensos recursos de petróleo con los que cuenta será un factor determinante para la nueva Libia.

 

 

 

 

Mauricio Morales es bogotano de 32 años. En 2008 comenzó a desempeñarse como fotógrafo  para el diario bumangués Vanguardia Liberal. Viajó en diciembre de 2012 a Turquía para cruzar Siria y cubrir la guerra como corresponsal para AFP, Polaris, European Press Agency y Terra Networks. Ha colaborando con medios como Semana, El Espectador, Esquire Colombia y The City Paper. Su trabajo ha sido publicado en medios como The New York Times, Time Lightbox, France 24 y Huffington Post, entre otros. Actualmente tiene como base Turquía. En FronteraD ha publicado La batalla por Kobane (Ayn Al-Arab): Viendo la guerra siria desde TurquíaAlepo, una isla en el mundo. Siria no volverá nunca a ser lo que era. En Twitter: @moralesphoto

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