Poemas

Antonia Pozzi

[Traducción y presentación de Herme G. Donis]

 

ESBOZO

Pienso esta noche
en la leyenda del Pájaro de Fuego,
en su aparición en la espesura,
en su canto liberador.

Y todos hablan
del joven príncipe,
y del sueño de sus enemigos,
y de su salvación.

Nadie piensa en el árbol oscuro
donde apareció el pájaro
la primera noche.
Nadie piensa en la vida del árbol
después de aquella noche,
ya sin el fulgor
de las alas mágicas.

Solo yo sé
que el árbol vive
de nostalgia y de espera,
y que alrededor ve
a la gente que pasa,
pero que no hay vestimenta llamativa
que para él valga
lo que el esplendor
del Pájaro desaparecido.

El árbol no sabe ya
para quién es su florecer,
y por cada hoja que brota
se retuerce en lo más íntimo de sus fibras.
El árbol ya no sabe
a quién ofrecer
su sacrificio primaveral,
y espera la noche,
la noche negra sin estrellas, sin fuentes,
la hora del oscuro silencio,
cuando desde sus profundas raíces,
en un fulgor extremo y cegador,
le surgirá, le correrá por el tronco
hasta la cima de sus frondas,
su único bien:
el recuerdo ardiente del Pájaro.

Marzo-agosto, 1933

PAUSA

Me parecía que este día
sin ti
tenía que ser inquieto,
oscuro. Sin embargo está lleno
de una extraña dulzura, que aumenta
con el paso de las horas
igual que la tierra
después de un chubasco,
se queda sola en silencio para beberse
el agua caída,
y poco a poco
en sus venas más profundas
se siente penetrada.

La felicidad que ayer fue angustia,
tempestad,
vuelve ahora en breves
oleadas al corazón
como mar apaciguado.
Bajo el suave sol reaparecido brillan
cándidas ofrendas:
las conchas que la ola
dejó en la orilla.

7 de diciembre, 1934

ABBOZZO

Io penso questa sera
alla leggenda dell’Uccello di Fuoco –
al suo apparire nel folto –
al suo canto liberatore –

e tutti narrano
del giovane principe
e del sonno dei nemici
e della sua salvezza –

nessuno pensa all’albero oscuro
dove l’uccello apparì
la prima sera –
nessuno pensa alla vita dell’albero
dopo quella sera
senza più la vampa
delle ali magiche –

io sola so
come l’albero viva
di nostalgia e d’attesa –
e intorno veda
la gente che si aggira –
ma nessuna veste variopinta
vale per lui
lo splendore
dell’Uccello scomparso –

l’albero non sa più
per chi sia il suo fiorire –
e per ogni foglia che nasce
si torce nelle intime fibre –
l’albero non sa più
a chi offrire
il suo strazio primaverile –
e attende la notte –
la notte nera senza stelle senza fontane –
l’ora del buio silenzio –
quando dalle profonde radici
in un balenio estremo accecante
sorgerà correrà per il fusto
sino alla cima delle fronde –
unico bene suo –
il ricordo infuocato dell’Uccello –

marzo-agosto 1933

PAUSA

Mi pareva che questa giornata
senza te
dovesse essere inquieta,
oscura. Invece è colma
di una strana dolcezza, che s’allarga
attraverso le ore –
forse com’è la terra
dopo uno scroscio,
che resta sola nel silenzio a bersi
l’acqua caduta
e a poco a poco
nelle più fonde vene se ne sente
penetrata.

La gioia che ieri fu angoscia,
tempesta –
ora ritorna a brevi
tonfi sul cuore,
come un mare placato:
al mite sole riapparso brillano,
candidi doni,
le conchiglie che l’onda
lasciò sul lido.

7 dicembre 1934

 

 

PRECOZ OTOÑO

La niebla es de plata, borra
las sombras de los pinos,
agranda los jardines                                      
al alba.

Al chopo le amarillea una hoja
y al castaño del monte                                  
se le ha muerto una rama.

Temores que ajenos a sí mismos
duermen en el aire celeste:                            
este final que cada año vuelve
y es siempre nuevo.

Como el último árbol del bosque,
el último hombre ha contado las muertes;
sin embargo su muerte lo alcanza
por sorpresa.

18 de agosto, 1935

NIÑO MORIBUNDO

En una noche has vivido
los años de toda una vida;
y el alba lenta te corona
de espinas. Miras
con ojos sabios las sombras
alrededor, vacilantes, incompletas;               
y conoces la pena del trigo abatido bajo los truenos
y las pérdidas en los rebaños amenazados.
En mil noches                                               
has peinado largas trenza grises, te oprimió
la humedad de los días marchitos.
Ahora se abre
en un hilo de sol tu frente, se afianza
en la mirada de un hombre perfecto:
y compadeces a tu madre.

10 de junio, 1937

PAN

Bailaba una mancha de sol
templado sobre mi frente,
había aún rumor de viento
entre hojas muy lejanas.

Más tarde vino
solo: la espuma a oleadas de la sangre
y un martilleo de campanas en la sombra,
abajo, en la oscuridad, la incontenible vorágine
en golpes rojos de silencio repentino.

Después, reconstruían las hormigas
negras filas de vida entre la hierba
junto a los cabellos,
y sobre mi rostro y tu rostro sudado
un mariposa batía sus alas.

27 de febrero, 1938

PRECOCE AUTUNNO

La nebbia è d’argento, cancella
le ombre dei pini:
sono più grandi i giardini
nell’alba.

Al pioppo una foglia è ingiallita,
un ramo è morto al castano
sul monte.

Spaventi che non sanno se stessi
dormendo nell’aria celeste:
questa fine che torna ogni anno,
che è nuova ogni anno.

Come l’ultimo albero del bosco,
l’ultimo uomo ha contato le morti:
pur la sua morte lo coglie
ancora stupito.

18 agosto 1935

BAMBINO MORENTE

In una notte hai vissuto
gli anni di tutta la vita:
e l’alba lenta te ne incorona
come di spine. Guardi
con savi occhi le ombre
intorno brancolanti, incompiute:
e sai la pena del grano riverso fra i tuoni
e i vuoti nelle mandrie insidiate.
In mille sere
ravviasti lunghe trecce grige, ti oppresse
l’umidore dei giorni sfioriti;
ora s’apre
in un filo di sole la tua fronte, si spiana
nello sguardo di un uomo perfetto:
e compiangi tua madre.
 

10 giugno, 1937

PAN

Mi danzava una macchia di sole
tepida sulla fronte,
c’era ancora un frusciare di vento
tra foglie lontanissime.

Poi venne
solo: la schiuma di queste onde di sangue
e un martellio di campane nel buio,
giù nel buio per vortici intensi,
per rossi colpi di silenzio – allo schianto.

Dopo riallacciavano le formiche
nere fila di vita tra l’erba
vicino ai capelli
e sul mio – sul tuo volto sudato
una farfalla batteva le ali.

27 febbraio 1938

 

 

SERVIR

Teresa o Catina
traen a los patios
rudos cantos de siega.

Después, en la oscuridad,
con sus manos enrojecidas aferradas al alfeizar,
difunden entre susurros
los pecados
del domingo.

(Sin fecha)

SERVIRE

Teresa o Catina
portano nei cortili
aspri canti di fieno.

Poi nel buio
mani rosse aggrappate al davanzale
spargono in un sussurro
i peccati
della domenica.

(non datata)

 

 

 

 

Antonia Pozzi   (1912-1938)

Por Herme G. Donis

 

Antonia Pozzi nace en Milán en 1912. Hija única del prestigioso abogado Roberto Pozzi y de Lina Cavagna Sangiuliani, proveniente esta de una familia de la antigua nobleza lombarda. Comienza sus estudios infantiles en la escuela pública de la Vía Ruffini milanesa. Posteriormente, será matriculada en el Liceo Ginnasio Manzoni, donde se gradúa en 1930. Es durante esta época cuando la joven Pozzi se fascina de inmediato por su profesor de griego y latín Antonio Maria Cervi. Su cultura excepcional, la pasión con la que enseña, la moral que exudan sus palabras y sus actos, la dedicación con la que sigue a sus estudiantes, hacen que Antonia Pozzi le venere. Esa veneración pronto se convierte en amor y será un amor tan intenso como trágico, ya que fue frustrado por el abogado Pozzi con todos los medios que tuvo a su alcance. No obstante, viven unos años de intensa relación marcados siempre de cerca por la férrea oposición de la familia hacia esa unión. Cuando en 1933 esta relación termina, Antonia Pozzi escribe que esta se acaba: “No de acuerdo con el corazón, sino con el bien”. En realidad este amor permanecerá imborrable en su alma, a pesar de que, quizá para llenar el vacío inmenso de un ser dominado por las emociones y por una carga dolorosa de sensibilidad, se engañara con nuevos amores y proyectos para sobrevivir durante los turbulentos días de su corta vida.

En 1930, Antonia Pozzi comienza a asistir a la Facultad de Fiosofía y Letras de la Universidad Estatal de Milán. Allí hace algunos amigos (Vittorio Sereni, Remo Cantoni o Dino Formaggi) que, de distintas maneras, entrelazarán sus experiencias vitales y culturales a las de la joven poeta. Asimismo, en la Facultad conocerá a prestigiosos maestros, entre los que se encuentra Antonio Banfi, titular del curso de estética, y con el que se gradúa en 1935 con la tesis Flaubert. La formazione letteraria (1830-1865).

Entre los años 1934 y 1937 viajará a Sicilia, Grecia, Norte de África, Austria, Alemania e Inglaterra. Estos viajes no solo la acercarán a otras culturas, sino que le servirán también para profundizar en la práctica de las lenguas alemana e inglesa que llegará a dominar.

Pero nada de esto logra mitigar el drama existencial que vive la poeta. De personalidad hiperestésica, el abandono de Cervi, la situación política en la que se encuentra Europa -invadida por el fascismo y a punto de entrar en una guerra de consecuencias trágicas que llevarán al mundo y a toda su generación hacia el abismo-, hunden a Antonia en una melancolía en la que la muerte, siempre presente en su ánimo, se desliza por sus versos y por sus diarios, por sus cartas y por su sangre. Demasiada fiebre vital para que la vida no se consuma en sus venas.

En una noche gélida de principios de diciembre de 1938, Antonia sale en bicicleta de Milán y se adentra en el campo. Se oculta en un foso a la sombra de la abadía de Chiaravalle, toma un puñado de barbitúricos y se   ofrece a la oscuridad.

Antonia Pozzi no publicó nada en vida. Unos meses después de su muerte, y por iniciativa de su padre, el abogado Pozzi, se publica una recopilación de su obra poética bajo el título de Parole (Mondadori, Milán, 1938). Posteriormente fue reeditada en 1964 con un prólogo de Eugenio Montale.
Fueron también publicaciones póstumas su tesis de licenciatura Flaubert. La formazione letteraria (1830-1865) y sus cartas y diarios.

La poesía de Pozzi es alma y cuerpo, magia y terrenalidad, dolor y gozo, muerte, comunión con la naturaleza hasta el punto de sentirla como un trasunto de sí misma, donde su espiritualidad interior y el paisaje se funden.
Se podría decir que la poesía de Pozzi, es Pozzi en cuerpo y alma

La obra de esta autora milanesa, la poesía, las cartas, las páginas del diario, incluso la fotografía (a la que era tan aficionada y en la que plasmó la misma agudeza y sensibilidad por el detalle de su poesía), representa un legado extraordinario. Sus palabras modernísimas son capaces de emocionar, sacudir, turbar a los hombres y a las mujeres de hoy porque en ellas está la vida vivida con la intensa pasión de la entrega sin condiciones, con ese desprendimiento vital que solo pueden sentir los locos o los genios. Una poesía que para Antonia Pozzi es un destino escrito en la piel como un tatuaje. Porque la joven poeta italiana vivió la poesía “como las venas viven de la sangre”

 

 

 

 

Herme G. Donis (Villalón de Campos (Valladolid), 1951)
desde su infancia se encuentra ligada a Asturias.

Codirigió la revista de literatura Hydra (1973-1976) y la colección poética Cuadernos de Cristal (1982-1991). Asimismo, ha coordinado el suplemento cultural semanal “Jueves
Literarios” (1982-1985) del periódico local “La Voz de Avilés”.

Ha publicado los libros de poesía Catón de infancia, Avilés, 1983; Marginalia urbana, Oviedo, 1986; El fuego desvelado, Madrid, 1987; Mientras el tiempo pasa, Mieres del Camino, 1989; Peregrinas andanzas, Gijón, 1997 (libro seleccionado para el Premio Nacional de Poesía 1998); Vida y memoria. Antología 1983-2002, Gijón, 2002; Latidos, Madrid, 2007; Lo sguardo effimero (La mirada efímera), Bari, Italia, 2009; El guardián, Oviedo, 2012; La vida en un instante, Nueva York, 2015; El alma desnuda. Antonia Pozzi. Antología poética. Versión y prólogo de Herme G. Donis, Gijón, 2015.

Su obra ha sido incluida en numerosas antologías.  Muchos de sus poemas han sido traducidos al italiano, francés, portugués, asturiano, inglés y neerlandés.

Actualmente reside en Madrid, donde colabora asiduamente en diversos diarios y revistas especializadas en literatura.