Poema

Rafael Argullol

 

3-II-2012

El olvido
nunca es absoluto.
Antes o después,
con un vigor que nos asombra y desconcierta,
aflora lo subterráneo,
resucita lo muerto,
e incluso aquello que el terror destruyó,
con la negra promesa
de que no quedaría piedra sobre piedra,
cede el paso a un joven tallo
que los años esculpirán como venerable higuera.
Lo olvidado,
lo que ni siquiera sabíamos que existía,
golpea nuestra desmemoriada conciencia
para obligarnos a nacer de nuevo
entre mundos renacidos.
El fuego arrasa,
las cenizas procrean.

19-II-2012

En nuestros mejores días
hay algo que se nos escapa
y que nunca se revela.
Es una ligereza especial,
como de inicio de borrachera,
como de vuelo sobre una playa
durante un sueño azulado.
Y no lo llamemos felicidad
ni plenitud ni nada.
La gracia no tiene nombre,
ni debe nombrarse.

4-IV-2012

La higuera que habita
junto a la iglesia de Pedrinyà
ya tiene sus primeros brotes:
minúsculos paraísos que coronan
las ramas secas del invierno.
Me gusta, cada año,
confirmar este estallido
tras la simulación de muerte,
y no me importa unir mi destino
a sus ritos de agonía.
Juego con ventaja: ningún árbol
es tan sabio como las higueras,
acostumbradas a sorber
los jugos antiguos de las ruinas,
y ninguna higuera
es tan leal conmigo como ésta.
Siempre me dice lo que quiero saber,
y en el momento justo.

16-XI-2012

Los pasos que no das
por miedo… al juicio de ojos ajenos
son los que dejan huellas
más visibles en tu camino.

 

 

11-I-2013

Desaparición de los nombres.
Desaparición de las palabras.
Desaparición de los pensamientos.
Desaparición de las sensaciones.
Desaparición de las existencias.
Desaparición de los mundos.
Desaparición de los orígenes.
Desaparición de la luz.
Desaparición de la oscuridad.
Aparece lo indecible, lo inexpresable,
aquello que ni siquiera los sueños han soñado:
la Gran Epifanía.

22-III-2013

Azul, azul,
siempre nos has turbado, azul.
A los otros colores
los hemos domesticado con atributos
nacidos de nuestra alma hambrienta,
y así, sin demasiados reparos,
hemos visto a los verdes como esperanza,
y a los rojos, una continuación
de nuestros inacabables fuegos.
Pero tú, azul, de continuo
has escapado a nuestras domas,
extrañamente ajeno,
huésped maravilloso de otra creación.
El mar es tuyo por el cielo,
pero nadie sabe qué pintor,
en medio del juego de tinieblas,
te convirtió en el señor del firmamento.
Y así, azul, te perseguimos con entusiasmo
como aquel iluso nocturno, Novalis,
para atraparte, al fin, encarnado en una flor.
Pero mientras la flor espera,
escondida en la profunda sima de las promesas,
vamos de iris en iris,
de esos a los que un demiurgo mordaz
ha dado tu tintura,
y a través de ellos caemos en ti,
en lo que no tiene límites,
en lo insondable.

5-IX-2013

Siento añoranza del blanco,
de la inmovilidad,
del silencio,
pero siempre vuelven a mí los colores,
el movimiento,
las palabras renacidas.
Siento añoranza del asceta
que se encierra en el refugio inmaculado:
libre de todos y de sí mismo.
Pero, siempre vuelve a mí el deseo,
el juego de los sentidos,
y, esclavo de la vida,
permanezco vivo.

8-XII-2013

Ninguna frontera es tan sutil
como la que separa al hombre del enigma:
el cobarde la rehúye,
el honesto la respeta,
el osado la atraviesa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9-XII-2013

Avanzaba por una alameda,
al atardecer de un día frío como hoy,
no dormido, como podría suponerse,
sino despierto, con los ojos bien abiertos,
el cuello del abrigo levantado,
las manos en los bolsillos.
En un árbol estaban grabadas mis iniciales
y luego, más adelante, en otro, mi nombre entero.
He continuado andando,
Dirigido por certeras premoniciones.
He visto mi cara en el siguiente árbol,
y a continuación, en un álamo
que sobresalía en el conjunto,
mi cuerpo entero, desnudo,
con una desnudez algo difuminada,
como si atravesara el tronco,
camino de otra parte.
Entonces yo mismo me he sentido desnudo,
aunque rodeado por una nube cálida
que me aislaba de la gelidez invernal.
El paseo había terminado.
Y el mundo, también detenido,
era la  primera caricia de la madre
sobre la cabeza del recién nacido.

4-II-2014

Alguien me ha dicho que han descubierto
un nuevo cráter en Marte: es una cicatriz azul.
Este descubrimiento carecería de importancia
Si no fuera porque desde hace muchos años
tengo la convicción de que las cicatrices azules de Marte
son los lugares más hospitalarios del universo.
No os lo puedo probar, es cierto,
con la sola ayuda de argumentos racionales,
pero entrad un momento
—únicamente un momento—
en el territorio que mi fantasía concibió
con esa extraña generosidad que acompaña
a lo libre, a lo innecesario:
ante vosotros se abrirá un refugio de paz,
un mundo ajeno a las turbulencias
que agitan la creación y la destrucción.
Habréis contemplado, también vosotros,
la cicatriz azul de la armonía.
Y creeréis en ella, os lo aseguro.

12-II-2014

Tienes derecho a saber;
también tienes derecho a ignorar.
Pero si de lo que se trata es de vivir
la elección es clara:
¡apuesta por saber!

8-V-2014

¡No os engañéis, mercaderes,
el arte no tiene valor ni utilidad ni precio!
¡Nunca poseeréis el arte, nunca os pertenecerá!
Vosotros, mercaderes, anheláis apoderaros del presente,
pero en el arte no hay presente alguno.
Tampoco, no os engañéis, pasado…o futuro.
El arte es el espectro que interroga a la eternidad,
y eso, mercaderes, ni se compra ni se vende.

13-V-2014

Necesitamos la fe.
Pero no la fe religiosa,
ni la fe en el progreso,
que ha gozado de tanto prestigio en los últimos siglos,
ni tan siquiera la fe en la humanidad,…
a la que otorgamos el origen de cualquier bien.
Necesitamos una fe íntima.
Tan íntima que, en realidad,
no puede expresarse con creencias
y que apenas puede ser dicha con palabras.
Esa fe, la más necesaria,
no ha encontrado a su teólogo,
a su artista, a su cantor.
Y no podrá encontrarlo
porque se presenta cuando todo lo demás se desvanece.
Nos arrastra hacia el centro de nuestra existencia
con un ímpetu al que no nos resistimos,
mientras nos envuelve con un manto de seductora suavidad.
Necesitamos, más que nunca, la fe.
La fe de los sin fe.

15-VI-2014

He escrito mucho —demasiado—,
pero he escrito poco sobre las nubes.
Y me arrepiento.
Hubiese tenido que dedicar más horas
a contemplar, inactivo, las nubes.
Tal vez hubiese debido de escribir
únicamente sobre la belleza de las nubes.
Me habría cansado menos,

habría comprendido más.

4-XII-2014

A ti, Tolstói, te parecía duro
—y quizá también incomprensible y loco—
que "los hombres buscáramos
el bien en la belleza.
Es cierto que, en nuestra época,
la belleza tiene mala fama
en cuestiones de bondad.
Pero dime, ¿qué buscabas tú, viejo Tolstói,
cuando a los ochenta y dos años
escapaste de tu casa y de tu familla,
para ir a morir a la estación de Astápovo?
¿Buscabas el bien?, ¿buscabas la bondad?
Te conozco, viejo cascarrabias
—por algo te he leído a lo largo de tanto tiempo—
buscabas la belleza, la inconfesable belleza
que se resuelve en el fondo de nuestra alma.

 

 

 

Fuente: Editorial Acantilado.

 

 

Rafael Argullol (Barcelona, 1949)
es narrador, poeta y ensayista. Actualmente catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de más de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimientoDuelo en el Valle de la MuerteEl afilador de cuchillos), narrativa (LampedusaEl asalto del cieloDesciende, río invisibleLa razón del malTranseuropaDavalú o el dolor, Pasión del dios que quiso ser hombre, Mi Gaudí espectral. Una narración') y ensayo (La atracción del abismoEl Héroe y el ÚnicoEl fin del mundo como obra de arteAventura: Una filosofía nómadaManifiesto contra la servidumbre). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantesEl puente del fuegoEnciclopedia del crepúsculoBreviario de la auroraVisión desde el fondo del mar. Recientemente, ha publicado Poema (2017).

Fuente de la biografía: Wikipedia. Fotografía: Rafael Argullol