La nube habitada. Milan Rúfus. Coordinación e ilustración Anxo Pastor

Campanas

Milan Rúfus

Traducción del eslovaco de Alejandro Hermida de Blas

CAMPANAS

También tú oyes ya de vez en cuando

a la muerte chasquear el seco látigo.

E intentas adivinar si está lejos

o cerca la tumba.

 

Suena la campana de tu patria.

Un molde. Ira y amor

Fundieron en él tu figura.

Fuente memoria. A tientas

sacias su sed y, ya que  refleja,

lentamente lees en la superficie

tu propia cara. Observas, te limpias el sudor

y te lavas la suciedad, lo oscuro de la arcilla

que no has dado y que te han robado.

Y así le pides a la patria muerta:

 

Sé paciente, aguanta ahí debajo.

Y acompáñanos en estos duros tiempos.

 

Como las madres en silencio mueven los labios

Cuando el niño dice unos versos.

EL PAÍS DE LA INFANCIA

Los países existen. Éste pídelo

sólo en sueños. Y no pongas el pie, te caerías.

 

Es como si tú, polizón,

quisieras bajar de tu tiempo, igual que de un avión,

derecho a una nubecilla.

Jurando que  aguantará

eso pesado que eres,

eso por siempre sin alas.

 

Y de momento es un altar. Sólo un altar.

Y al Señor nadie lo ha visto.

 

Pero qué importa

de qué piedra es la estatua.

 

Aquí la piedra no es piedra,

es una idea. Así que párate un poco.

 

Y luego vete y vive.

VASIJAS

El tiempo, el agua en la cesta y el amor estéril

se van.

 

Pero la vasija perdura.

Sigue abriendo su espacio de viuda.

Humilde y sabia madre de su hijo.

Invulnerable. Cuando ya todo se pierda,

y bajo tierra se blanquee la cesta.

 

Copas regias,

siempre más caras que el vino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAMINO

Sé tus cosas. Lo indiferente lo escupimos.

Comprendo tu reproche.

 

Todo se graba en la memoria de la tierra

y no hay lugar para lo poco profundo.

 

Todo tiene su hondura. Lo sufrido.

Y el camino siempre se clava en la carne.

 

La tierra recuerda. Y advierte a los dioses

que por ella traquetearon las ruedas.

POESÍA…

¡Poesía, qué fútil es aquello

por lo que eres más que nada de nada!

¿A quién espantas? Se reía a hurtadillas

el dios que mezclaba tus perfumes.

 

¿Y entonces quién te teme? El poeta cantor.

Sólo él se asusta de tu sombrero.

Y no toca el grano: tanto le aterra

tu manga vacía, ¡ay tú, que eres manca

para estremecer el mundo! Poco de poco,

poesía, y no obstante lo único.

 

Un pequeño pájaro en mano. Impotente

y con el alma en la boca.

EL POZO

Ventana saliendo de lo profundo, oh maravilla.

 

Cuántas veces, con la cabeza apoyada en la viga,

escudriñé tus  cambiantes cristales.

Y aceché tras ellos a Dios

o al diablo. ( Ya intuyendo

que unidos están como los dibujos

de los naipes.)

 

Pozo.

Yo preguntaba, tú callabas.

Soltabas tan sólo una ranita.

Tus piedras, cubiertas siempre de verde

como la mesa de un tribunal supremo,

brillaban. El tejadillo reflejabas

por encima de ti. Y la cabeza del curioso

la llevaba igual que Salomé

en una fuente reluciente.

 

¡Ventana en la casa

de nadie! ¡Qué quería ver mirando a través de ti?

 

¿Adónde?

Sin saber que una ventana es ventana

Sólo para los de dentro.

Que Dios desde arriba contempla

las ventanas como pozos

y justo así se pregunta qué hay en nosotros.

Oh aro, herrada, pérfido anillo.

LIBERTAD

Todo está aquí desde antes que  tú. Incluso tú.

El hacha en el tajo, firmemente clavada.

Y el agua en el pozo.

 

Defenestrado

ya antes de gobernar,

en el retiro aun antes de vivir,

mueves tus pequeños trenecitos,

con cuidado, para que no nos suceda

una gran catástrofe ferroviaria.

 

Hace mucho que sabes que  debes aceptar el juego.

Es demasiado serio.

 

¿Y qué es la verdad? Juega,

vive, mi Quijote, ya no preguntes.

Y no escapes. Juega, pues sucederá

una gran catástrofe.

 

 

 

 

LAS CAMPANAS DE LA INFANCIA

Siempre llega el día en que los niños se tragan la llave

de la puerta del misterio. Ya no la devuelven.

 

Ya no  la sueltan, ya se hunde en ellos

cada día más hondo, y el umbral de la puerta cerrada

ya no lo cruzan nunca más. Esa línea

tras la cual el comer se hace saber.

 

Ya nuca más. Y con las campanas robadas

el tiempo ruin acuña monedas falsas

y compra lo que quedó de los niños.

 

Así morimos todos delante de ese portón.

Así en la Candelaria se congelan a veces los perrillos:

en la noche helada ponen la cabeza en el umbral

y los ojos fijos en el picaporte…

 

 

Fuente: Campanas. Editorial: La Poesía, señor hidalgo. Traducción: Alejandro Hermida de Blas

Milan Rúfus (Závažná Poruba, 1928 - Bratislava, 2009)
pertenece a esa reducida estirpe de creadores con un universo poético propio, de perfecta coherencia estética y filosófica. Su obra ha dejado huellas indelebles en la poesía eslovaca de la segunda mitad del siglo XX, y en la actualidad continúa influyendo en muchos autores. Representa, además, un valor permanente en la lírica europea, como lo atestiguan las traducciones a una treintena de idiomas y su reiterada candidatura al Premio Nobel.

Nace en 1928 en un pueblo del norte de Eslovaquia. Su primera formación poética está marcada por los clásicos eslovacos y checos. Entre 1948 y 1952, Rúfus estudia Filología Eslovaca e Historia en la Universidad de Bratislava, de la que pronto llega a ser profesor. Entretanto, sus poemas ya son famosos gracias a recitales, revistas y antologías colectivas. El chico pinta un arco iris no verá la luz en forma íntegra hasta 1974. Este retraso parece explicarse por su déficit de retórica combativa.

La entrada decisiva de Rúfus en el panorama literario se produjo en 1956 con la publicación de Cuando maduremos —que devolvió la metáfora de corte simbolista a la lírica eslovaca— y convirtió a su autor en inocente objeto de una polémica sobre la legitimidad de los tonos sombríos en la poesía socialista. Si bien la polémica se saldó a favor de Rúfus, éste, disgustado por la injerencia en su obra de criterios extraños a la poesía, tardó más de una década en volver a publicar un libro. Gracias a este relativo silencio, su voz se interiorizó y alcanzó su madurez definitiva.

Campanas (Zvony) es esa obra de madurez que supuso la consagración definitiva del autor. Sus poemas surgieron a partir de 1963, coincidiendo con el periodo de mayor libertad creativa de la Checoslovaquia socialista, y apareció el año de la «Primavera de Praga» y de la invasión del país por las tropas del Pacto de Varsovia. Pero las coincidencias cronológicas no deben engañarnos: si en los tiempos del estalinismo Rúfus escribía a contracorriente, también lo hace en los de la euforia liberal. No se somete a las consignas del poder, pero tampoco a la noticia del día. Sin embargo, habla de cuestiones eternas y, por tanto, siempre actuales. La importancia de Campanas radica en la lucidez de sus reflexiones y en la persistente validez de sus imágenes, vivas y sugerentes.

 

Alejandro Hermida de Blas
es Doctor y Profesor Titular de Filología Eslava por la Universidad Complutense de Madrid, donde investiga de las literaturas checa y eslovaca del siglo XX.