Música de astillas
[Libreta 2009 / 2010]
Tomás Sánchez Santiago

En el libro de Marina Tsvietáieva sobre la pintora Natalia Goncharova aparece la plegaria de un navegante,
que comienza así: “¡Envíame, Señor, una orilla para hacerme a la mar (…)!"

No ayudar a manchar más el mundo. Ni siquiera palabras.

ORACIÓN POR LOS BORRACHOS
Señor, da de beber a todos estos que ahora se levantan,
destrozados, farfullando palabras desde el centro del infierno,
mientras espían a través de las ventanas
la espantosa realidad del día que comienza.
                                                      Malcolm Lowry

PARADÓJICA LECCIÓN

De pronto, recuerdo ahora con chocante nitidez que hace ya años, demasiados años, en una entrevista de la radio una famosa escritora se afanaba una vez y otra en exponer cómo el olvido arrasaba con todo. “¿Incluso con aquello que parece cambiar los rumbos históricos?”, venía a insistirle la entrevistadora. “Todo, absolutamente todo se olvida; no lo dude usted”, replicaba más o menos la escritora en tono terminante. Fue la lección más contundente que en aquellos años de mi juventud recibí, como un manotazo en la cara, acerca de la volubilidad de cuanto sucede.
Todavía no lo he olvidado.

CUESTIÓN DE ESPACIOS

Cuando uno se detiene a elegir poemas para una antología –y ahora es el caso- acaba por darse cuenta de que lo que sobrevive en la memoria son sólo algunos espacios. Y además empalidecidos o desdibujados por cuenta suya. El lenguaje poético es asimismo un espacio; se nos revela de ese modo a través de los años. Pero, como ocurre con aquellos otros espacios, no es posible prever una defensa de todos ellos, de su memoria en nosotros. Y se olvidan poemas que no suponíamos y no hay resonancia en ciertas palabras que fueron dichosas en el oído. Se pierde paladar, sí. Es entonces cuando se aprende a estar en silencio. A escuchar esperando. De paso, da un poco de vergüenza haber fiado tanto a las palabras. Menos mal que ellas se disipan por su cuenta, como pájaros en vuelo que nadie sabe arrimar a ningún lugar seguro.

“Uno es feliz sólo hasta que los demás se enteran”. Me lo dice de golpe y sopetón mi compañero C. B. pero suena a Cherteston, ¿no?

ORTOTRADUCTORES

No he sabido hasta hoy de este nuevo oficio. Me lo cuenta, padecido en sus carnes, Juanma [Rodríguez Tobal]. Él entrega hace meses su traducción –a cuatro manos con Neva- de una novela búlgara y cuando le envían por fin un ejemplar ya editado, descubre que lo han destrozado todo. Y no se reconoce a sí mismo en la ‘nueva’ traducción. ¿Qué ha sucedido? La editorial le había pasado previamente el libro traducido al tal ortotraductor para que este la nivelara, la pusiera rumbo al desastre, un rumbo –se supone- más comprensible, más digestivo para el público lector. A ese cometido ya se le había puesto en cuestiones lingüísticas nombre excesivo y con orillas de pitorreo: ultracorrección. Pero esto…

PREMIOS

Cuando a alguien se le honra con un premio, en realidad se le está acusando de algo: se le agradece la obediencia suficiente. Sólo es por eso por lo que los sancionadores lo recompensan. Desde entonces, como dice Pascal Quignard, sus costumbres quedan sometidas “a una vigilancia social”. Ese es el castigo, la condición no avisada de antemano. Así que cuando el premiado dice con palabras protocolarias eso de “no me lo merezco”, “hay otros que lo merecen más”, etc., no está ejercitando la modestia verbal. Son, en el fondo y aunque él no lo sepa, palabras de defensa ante el feliz señalamiento, pues el verdadero escritor sabe que algo suyo y verdadero ha sido violado cuando le ha caído encima todo el peso de la distinción. Los hay que se quedan a gusto y quietos; los hay que manotean para librarse.

LA PERTRECHADA

Es licenciada en dos carreras, diplomada en otra y aún comenzó otras dos; se doctoró en algo del sospechoso color del éter. Poeta y novelista. Y periodista. En menos de diez años, siete novelas para mayores (con reparos) y cuatro para el lectorado más joven. Y tres libros más de poemas. Colabora en tertulias de la radio, en televisión, en periódicos como articulista habitual. Traducida a 18 idiomas. Multipremiada. Aún no ha cumplido los 50 años…
Esconderse detrás de esta coraza de datos y méritos me hace poner en guardia el posible interés que podría suscitarme tal autora. Esconderse detrás de este catálogo es ya, como poco, materia de sospecha.

PIADOSA SOLUCIÓN

Me gustaría creer que los verdaderos poetas terminan por publicar –ese verbo tan poco exacto en este caso- simplemente por ver si se les dice, en diferido y desde el exterior, lo que ellos quisieron expresar con sus palabras, llenos de aturdimiento fértil. Entonces, el hecho de publicar se convierte en súplica: “Dígame alguien lo que quise decir con este idioma”.

CON EL TIEMPO

Con el tiempo, el poeta pierde incertidumbre y la alegría inconsciente del riesgo. Es entonces cuando tiene que poner especial atención en no esperarse a sí mismo en cada verso.

EL SABER DE LA EDAD

Mi tía Henar, a propósito de una herencia que ha provocado desavenencias en una familia: “Oveja de muchos, el lobo la lleva”.

DE LO QUE NO SE HA IDO DEL TODO

Me mira una señora en la cola de Pepe el frutero y de inmediato y sin asomo de duda me dice: “Tú eras el que jugabas con los demás en la cuesta de San Vicente”. Me quedó asombrado. Y escarbando con esfuerzo en la memoria ahora puedo verla a ella allí, tan lejos, bajando con su madre de un portal estrecho y oscuro todas las tardes, sí. Pero es la mujer la que tiene muy presente ese tiempo. Y me dice lo que significaba para ella vernos allí jugar, cantar, correr. No lo ha olvidado en absoluto –de ahí que me reconociera al instante- y en su última soledad –tiene 85 años y vive sin compañía ninguna- esas escenas, ya podridas para los demás, a ella aún la amparan. Con toda seguridad, es la única persona que todavía las mantiene vivas, encendidas. Se va a despedir sonriendo pero la veo muy cargada y la acompaño para llevarle la bolsa de la fruta. Se me coge del brazo y allá que vamos los dos, charloteando y haciendo pequeñas paradas retrospectivas, caminando calle adelante y tiempo atrás, en un doble viaje hacia la decrepitud y hacia la infancia.
Yo tenía entonces doce años; y ella no me había vuelto a ver hasta hoy.

LOS ENEMIGOS

Creo yo que tener algún enemigo es hasta conveniente. Él te da la medida de quién eres, de cómo eres en realidad. Cuando a la larga –y siempre es así- aparezcan desdibujados los contornos falsos o exagerados que de ti haya hecho, entonces es cuando se alzará tu estatura, tu verdadera estatura ante los demás. No es desde luego la que alzó él con saña sobre ti para arruinarte; tampoco es, sin embargo, la que tú pensabas que tenías. Él quedará desmentido; tú, un poco humillado. Su engaño lo sabrán todos pero lo tuyo sólo lo sabrás tú.
Que no lo olvides nunca. Siempre es así.

“Nombrar: estampar la mariposa contra el cristal” (Susana Barragués, Los amántopos)

PARA NO DESPISTARSE

Cada vez está más claro: hay que luchar y luchar en todos los órdenes de la vida para alcanzar la modestia.

ELLOS, ELLOS

Están ellos siempre ahí, en cualquier tipo de reivindicación pública: ahora es por el asunto bochornoso del juez Garzón. Pero antes había sido en llamadas a la república, por vigilar el pirateo (tan saludable, digo yo) de sus discos y libros, por reclamar ayudas contra catástrofes naturales… Ellos, siempre ellos. Los encargados, parece ser, de un Ministerio de la Conciencia, que ellos representan. Para, al parecer, llamar a las cosas por su nombre. Menos mal que Rodríguez Padrón alerta contra estas maneras en su Diario del margen cuando dice con cruda lucidez que los propios mecanismos del sistema engendran su propia legión crítica para que todo se cocine dentro de la casa. “Ya nos encargamos nosotros de no estar de acuerdo con lo que nosotros mismos proponemos”. Algo así.
Esa es justamente, aunque no quieran verlo, la labor que hacen estos profesionales de la protesta. Siempre los mismos y las mismas. En las fotos de los periódicos y en los fogonazos de la televisión, ahí aparecen. Sonrientes e indignados a la vez. Saben hacerlo. Y vuelven a repetirnos en sus gestos que estemos tranquilos, que ya se encargan ellos de protestar por todos. Forman parte de lo que aparentan criticar tal como el negativo forma parte de la película. Ya lo dijo el poeta: “¡Intelligentsia, / dame el nombre exacto / de las cosas!”.

SUICIDIO AMATEUR

-¿Te gustó ese poema que leí en el recital? (la joven poeta me lo muestra de nuevo muy interesada y sigue hablando por su cuenta). Lo escribí una vez que me había tomado estramonio para suicidarme. Pero me salió mal.
-¿Qué te salió mal?, le pregunto.
-El suicidio.
-Te equivocas (y como era tan joven y tan dicharachera le puse cómplice una mano en el brazo para deshacer la pedrada entre risas). Eso te pasa –añadí- por ser una amateur como suicida y como poeta.

AVE FÉNIX

Muere Saramago. Y ocurre eso de siempre. Se reactiva la obra cuando el autor desaparece. De pronto, hay una compulsión lectora inducida por los agitadores de siempre y sus libros son arrebatados de bibliotecas y librerías.
No deja de ser curioso: todo escritor bien conocido sabe en un momento dado que la próxima vez que su obra va a interesar haciendo ruido ha de ser justo cuando él muera. Los lectores prefieren mientras tanto ir atendiendo a otros libros hasta que eso ocurra. Entonces cumplen con esa última fidelidad. Y él sabe esta verdad: para convertirse ya del todo en su escritura ha de entregar la vida. Esa es la ley.

EN JULIO, EN LA HINIESTA

Se llena de moscas golosas el garaje de la casa donde estamos cenando. “No os preocupéis –dice la señora Felisa, nonagenaria- que luego flinamos (o flynamos, no lo sé) y ya desaparecen todas”. Flynar, claro que sí. Como en su día entraron por puertas extrañas otras palabras: petit sou, chauffeur, foot ball…

LOS TRES VERBOS CAPITALES

Hacer. Recordar. Desear. (Presente, pasado y futuro). Quien pueda manejarlos a la vez con soltura podrá vivir sin miedo hasta el final.
Todos los demás verbos son defectivos e irregulares.

También el poeta es el que cuida las cosas con los ojos.

SECRETO A VOCES

Creo que a veces, para seguir siendo poeta, hay que dejar de escribir.

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO (Zamora, 1957)
Poeta. Su primer libro, Amenaza en la fiesta, se publicó en 1979. Luego vendrían La secreta labor de cinco inviernos (1985), Vida del topo (1992), En familia (1994), Ciudadanía (1997) y El que desordena (2006), que han acabado componiendo un mural personal, una escritura de pasadizos, de correspondencias dominadas por unos cuantos ejes nucleares: la familia, el silencio, las menudencias de la vida cotidiana, la fricción entre las apariencias y la verdad interna de las cosas… En 2001 apareció en Lisboa la antología bilingüe Detrás de los lápices y en 2009, en Salamanca, Cómo parar setenta pájaros. Antología 1979-2009. Figura en diversas antologías poéticas y poemas suyos se han traducido al inglés, alemán, eslovaco, italiano y portugués.

Complementan este mundo poético libros en prosa como Para qué sirven los charcos, Los pormenores y la novela Calle Feria. En 2003, y bajo el título Salvo error u omisión, apareció una amplia selección de artículos publicados en prensa. Es miembro del “Seminario Claudio Rodríguez”, con sede en Zamora. Reside en León.