Ilustración: Lino Insu

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    Reflexiones sobre la colonización, independencia y descolonización de Guinea Ecuatorial. Una soberana frustración

    Amancio-Gabriel Nsé Angüe - 17-08-2018

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    La independencia: de la alegría a la congelación de la sonrisa

     

    El 12 de octubre del año 1968 se da por finalizada la colonización de los territorios españoles del Golfo de Guinea, llamados en la provincialización Guinea Española, y que al independizarse de España ese 12 de octubre pasaría a llamarse Guinea Ecuatorial.

     

    Muchas de las personas que vivieron ese día lo describen como un día de mucha alegría colectiva. El día en que muchos guineanos creían que empezaba el cumplimiento de sus expectativas de alcanzar todas las cosas buenas que una persona puede esperar de su vida. Como dice Pedro Ekong Andeme: “¡Al fin! Llegó el día tan deseado por casi todos. Una jornada impar en la historia ecuatoguineana. El final de una larga singladura en pos de la libertad”[1]. No obstante, como dice el mismo Ekong, “Bajo una superficie tranquila y oficialmente ejemplar, se había cocido tensiones violentas y los enfrentamientos más dramáticos”[2].  Tensiones que algunos observaron en el ánimo de algunos protagonistas y que no tardaron en aflorar:

     

    —Rafael Domínguez, en su libro Guinea-Macías. Ley del silencio, dice hablando del día 12 de octubre: “… La muchedumbre que abarrotaba la plaza de Santa Isabel, sigue los actos sin perderse un detalle. Sólo Bosío, el Vicepresidente, tiene el gesto distraído, ensimismado. … Todo muy bien, todo perfecto… y los comentarios consiguientes serían también unánimes: transmisión de poderes en un ambiente de absoluta calma y amistad, ni tensiones, ni derramamiento de sangre, ni miedos al futuro. Pero Edmundo Bosío Dioco, a la derecha del Presidente, tenía un gesto desolado”.[3]

     

    —Bonifacio Ondo Edu, candidato al que Macías ganó las elecciones presidenciales, sus partidarios y sus valedores (Presidencia del Gobierno de España = Carrero, y los madereros). A las pocas semanas de la independencia, antes del mes de diciembre de 1968, Bonifacio Ondo Edu había huido a Gabon, no se sabe muy bien por qué,[4] (pero se le devolvió a Guinea Ecuatorial casi inmediatamente).

     

    La alegría con que los guineanos acogieron el advenimiento de la Independencia empezó a enfriarse con el enfrentamiento entre Macías y el embajador de España, una semana antes del 5 de marzo de 1969, día en que se produjo el supuesto intento de golpe de estado de Atanasio Ndong Miyone. Y continuó enfriándose y se tornó en la congelación total de la sonrisa: la vida de la gran mayoría de los guineanos fue convirtiéndose progresivamente en una vida triste. Lo que empezó con Ondo Edú y sus partidarios y se extendió casi inmediatamente a Atanasio Ndong y los suyos, fue abarcando progresivamente a todas las capas de la población, incluidos los propios partidarios de Macías. La independencia resultó no ser lo que se esperaba:

     

    —En el ámbito político e institucional se produce un deterioro de las relaciones políticas que comienza a los pocos meses del acceso a la independencia, con la proscripción de los partidos políticos, el cambio de la constitución, la acumulación del poder en manos del presidente (que se hace vitalicio), y la consiguiente persecución, primero de los partidarios de los dirigentes caídos en desgracia (Ondo Edu, Atanasio), y luego extendida a toda la población, a cualquier persona que manifestara alguna forma de descontento sino incluso un simple gesto de queja ante cualquier situación vital adversa, que los esbirros del régimen traducen como críticas a Macías. Nace la figura del subversivo, aplicada a cualquier persona sospechosa de quejarse o disidir de las actuaciones de Macías. Lo que provocó un éxodo masivo de guineanos que buscaron refugio en los países limítrofes y en España.

     

    —En el ámbito económico, la situación económica va deteriorándose. Hay una falta progresiva de recursos en manos de la gente, consecuencia de las dificultades para la comercialización de los productos de exportación (café y cacao) de los que vivía la mayoría de los guineanos no asalariados de los poblados. Y se llegaría a una severa penuria de todo. Se tuvo que recurrir a sistemas parecidos a la recluta (traslado masivo y obligatorio de riomunenses a Bioko para lo que se llamó salvar la cosecha de cacao). En el origen estaría lo que Donato Ndongo llama una “maniobra de estrangulamiento económico… por los colonos afines a la Presidencia del Gobierno (de España)”, tanto de las autoridades de la metrópoli como de los colonos operadores económicos: “El gobierno español, de manera extraoficial, declaraba supeditar la ayuda económica a la orientación de la política del presidente. Parecía como si determinados sectores del Gobierno estuvieran molestos por la calma y paz reinantes en la ex-colonia. … A primeros de diciembre (de 1968), se descubrió que todas las firmas comerciales, industriales y agrícolas que operaban en Guinea no reunían, juntas, ni 2.000 pesetas en sus respectivas cuentas corrientes del Banco Exterior de España”.

     

    En el ámbito de la convivencia social, muchas personas aprovecharon la represión desatada por razones políticas para vengarse de rivales o perjudicar a alguien por simple envidia. Si se acusaba a alguien de subversivo era motivo suficiente para encarcelarlo: se instaló una desconfianza, se recuperaron los trabajos forzosos al estilo de la prestación; se cerraron las iglesias. En definitiva, se produjo un gran deterioro de las relaciones sociales, que llevó al exilio masivo de los guineanos a los países limítrofes.

     

    El deterioro siguió progresivamente hasta el 3 de agosto de 1979. En este año se produjo el derrocamiento de Macías. Y gran parte de la población volvió a recuperar algo de la alegría perdida y a albergar las esperanzas de que, por fin, la situación se enderezaría, y de que ahora sí se colmarían las esperanzas puestas en la Independencia. Pero otra vez las cosas se van deteriorando, aunque de manera diferente.

     

    —Ámbito político e institucional. En un principio Teodoro Obiang Nguema prometió devolver el poder a los civiles: incluyó en su Gobierno a personas que habían caído en desgracia con Macías o que estaban exiliados. Pero no permitió el regreso de los partidos políticos que estaban en el exilio. E inició su proceso de institucionalización sin contar con ellos (alguna asesoría extranjera) y así se dotó de una Constitución llamada La Carta de Aconibe (1982), que le hace presidente constitucional por vía de una disposición adicional. La puesta en vigencia de dicha constitución y su aplicación no permitió que las instituciones que contemplaba pudieran tener un funcionamiento adecuado. Así se llega al año 1991 en que por presiones, sobre todo internacionales, se permite el multipartidismo político, con un cambio constitucional que, en lugar de posibilitar un proceso democratizador, sólo serviría para asegurar la permanencia en el poder de Obiang.

     

    —Ámbito económico. Después del Golpe de Estado de 1979, España se vuelca a ayudar a Guinea. Pero las cosas no se desarrollaron sin tensiones: a las dificultades que encontraron los operadores económicos españoles que dejaron sus propiedades en el momento de la Independencia (propiedades denominadas “bienes abandonados” y acaparados por los dirigentes del régimen de Macías y muchos de los cuales seguían en el poder y no querían devolver dichos bienes), se añadió la mala gestión de la ayuda de la Cooperación Española. Estas tensiones derivaron en el ingreso de Guinea en la zona monetaria del Franco CFA (Comunidad Franco Africana o como peyorativamente llaman los detractores, Colonias Francesas de África). No obstante, la ayuda española seguía siendo importante hasta la explotación del petróleo. Con los recursos del petróleo, el régimen se volvió muy altanero y empezó a chulear a todo el mundo, sobre todo a España, y a no hacer caso de los que le aconsejaban (Fondo Monetario Internacional, por ejemplo) de administrar bien los recursos del petróleo. Y se dio la desgraciada dicotomía de una minoría que se enriquecía escandalosamente y una gran mayoría que se hundía en la miseria y la dependencia.

     

    —Ámbito de la convivencia social. En un inicio hay apariencias de una mejora, con el regreso de los exiliados y refugiados. Pero la negativa a admitir a los partidos políticos exiliados continuaría estigmatizando a los que no se integraron en el régimen. La gestión corrupta de los recursos de la cooperación supondría la continuación del deterioro de las relaciones. El cambio constitucional del año 1991, que teóricamente consagraba el pluralismo político, no supuso una mejora en la práctica en este sentido, toda vez que los opositores seguirían siendo reprimidos y estigmatizados, lo que empeoró con la explotación del petróleo, y la utilización de dichos recursos para el afianzamiento en el poder de Obiang y los suyos, mediante la amenaza de proscripción (laboral) o la compra de voluntades, internas y exteriores. Ser opositor (real o sospechoso) es motivo suficiente no ya para no ascender, sino para ser despedido de cualquier trabajo, en el sector público o privado (cooptado por el régimen).

     

    En definitiva, este 2018, en que se cumplen 50 del acceso del país a la independencia, no parece que haya una mayoría de ciudadanos y observadores que pueda decir que los guineanos han visto satisfechas las esperanzas y expectativas que pusieron en la independencia. En este sentido se puede afirmar que, para la mayoría, la independencia ha sido, en cierta medida, si no un fracaso, una soberana frustración.

     

     

    Razones de un fracaso

     

    Después de la Independencia las desavenencias entre el Gobierno de la antigua potencia colonizadora, España, y el del nuevo estado presidido por Macías, el deterioro de la situación política y socioeconómica que hemos señalado, la opción de Macías por el bloque comunista en el contexto de la Guerra Fría, siendo Guinea Ecuatorial un país rodeado por otros más relacionados con el bloque occidental, aislaron a Guinea Ecuatorial del mundo con el que históricamente se había relacionado (mundo de influencia occidental). En España se decretó como “materia reservada” todo lo relacionado con Guinea Ecuatorial. Después de la muerte de Franco en 1975 y la caída de Macías en 1979 se levantó la prohibición de hablar sobre Guinea. Y desde entonces se han hecho estudios y reflexiones sobre Guinea y sobre las causas de este fracaso de la Independencia. Muchos encuentran la explicación de dicho fracaso en los errores cometidos en la manera en que se colonizó y se descolonizó Guinea Ecuatorial, en los errores que posibilitaron el acceso de Macías al poder, o los boicots o sabotajes económicos a que Macías se vio sometido, etcétera. Los hay que ven la causa del fracaso en los escrúpulos de España a la hora de tener una presencia ejecutiva en Guinea Ecuatorial al estilo de los franceses en sus ex colonias (sobre todo desde la caída de Macías). Pero 50 años después dichos errores del colonizador deben haber podido encontrar, en el tino, sabiduría y ecuanimidad de los propios guineoecutorianos, fórmulas para haber sido superados.

     

    Las comparaciones son odiosas, pero nos vemos obligados a ellas y las hacemos todos los días y en todos los momentos, de forma más o menos consciente, de forma más o menos velada. Pero si vemos que Alemania fue machacada en la Segunda Guerra Mundial, y 45 años después se produjo su reunificación, y con Alemania erigida en primera potencia económica de Europa, hay que reflexionar por qué 50 años después de la independencia de Guinea Ecuatorial no se colman las expectativas que la gente tenía puesta en la misma.

     

     

    El mal está en nosotros

     

    En mi intento de comprender (y son mis reflexiones, que no investigaciones académicas), me inclino a pensar que el mal está en nosotros mismos, en los propios africanos, en los propios guineoecuatorianos.

     

    Por esto voy a sopesar qué conceptos, actitudes, fenómenos o figuras sociales e institucionales que surgieron y se fraguaron en el momento de la colonización hacen difícil, si no imposible, colmar las esperanzas puestas por la población guineana en la Independencia. Me voy a fijar en la forma en que dichos conceptos, actitudes, fenómenos o figuras sociales e institucionales han sido asimilados y materializados por los fang, ya que son los que han ocupado el poder y su forma de comprender o hacer en la vida pública es la que ha impregnado en la sociedad.

     

     

    La ocupación colonial

     

    Como todo el mundo sabe, la ocupación colonial no se realizó para constituir estados. Con el avance del capitalismo y la revolución industrial los países europeos necesitaban expandirse en busca de regiones que les proporcionaran materias primas y mercados. Y África fue el territorio que pareció idóneo: rico en recursos naturales, relativamente cercano a los centros industriales de Europa y poco explotado.

     

    En la colonización intervienen: 1.- país colonizador (instituciones); 2.- colonizadores (ciudadanos del país colonizador que van a la colonia en representación de la Administración de la metrópoli o como actores económicos de la colonia: los colonos); 3.- territorio colonizado (colonia, sin instituciones organizadas o con instituciones dominadas); 4.- el colonizado (indígena, habitante oriundo de la colonia, que vivía en comunidades sin estado) y, 5.- la forma de la colonización. En la forma de interactuar e interrelacionarse estas cinco figuras creo encontrar el surgimiento de determinados comportamientos y formas de entender la vida pública y las propias independencias, cuya pervivencia (en Guinea Ecuatorial) puede explicar el fracaso de la misma.  

     

    España fue la colonizadora de Guinea. De las principales potencias europeas que participaron en el reparto de África en la conferencia de Berlín (Francia, Bélgica, Alemania, Italia, España, Reino Unido), España no era precisamente una de las más fuertes. Se había debilitado mucho por las guerras de la Independencia de sus colonias de América y tenía unas instituciones muy débiles. De suerte que incluso la porción de territorio africano que le tocó (más de 200.000 kilómetros cuadrados), fue siendo mermado por las potencias que ocupaban los territorios limítrofes, quedando reducida a menos una séptima parte de dicha extensión que le fuera adjudicada. Los límites del territorio que le quedó a España se establecieron sobre el papel en el tratado de París en 1900, pero tardarían tanto en concretarse en el terreno que incluso los Gobiernos de los estados independientes de Guinea Ecuatorial y los países colindantes (Gabón, Camerún, Nigeria) aún siguen con el problema.

     

    Esta pequeñez del territorio implicaba, por otro lado, tanto la imposibilidad de acceder a una mayor cantidad de recursos como una menor población que pudiera emplearse como mano de obra en la obtención de dichos recursos y que pudiera constituir un mercado para los productos manufacturados. Esto, unido a las amenazas de enfermedades, hacía que el interés de los metropolitanos por ir a la colonia no fuera entusiasta. La propia administración tuvo dificultades para enviar representantes suyos a hacerse cargo de la colonia. Se probaron varias fórmulas (españoles residentes en el Norte de África, cubanos, misioneros…). A final, los territorios fueron colonizados.

     

    En todo caso, en España había unas instituciones estatales (más o menos estables, más o menos democráticas, más o menos dictatoriales, monárquicas, republicanas), que se guiaban y se organizaba siguiendo unas leyes que regulaban la convivencia y las relaciones entre las instituciones y entre los ciudadanos y ésas.  

     

    En los territorios a colonizar, como en los de los países limítrofes y los de las otras colonias, sobre todo de África Subsahariana, no había sociedades con una organización institucional estatal comparables a los de las metrópolis, sino comunidades tribales más o menos amplias, más o menos confederadas. Algunas de estas comunidades tribales, como los fang, estaban recién establecidas en la zona, en la que habían desplazado a otras tribus; y no sólo entraron en guerra contra las otras tribus que se encontraron en su migración, sino que es posible que hubiera también conflictos entre algunos clanes en que se divide la tribu fang. Y eran unas comunidades tribales y clánicas, que además de disgregadas no puede afirmarse que vivieran en armonía y en las que no había ninguna institución supraclánica, ya no digamos supratribal. Comunidades en las que, aparte de determinados ritos reglados por la costumbre, cada uno hacía su ley en su aldea y/o en su familia. Es decir que la familia o clan es la principal institución sociopolítica identificable como tal.

     

    Así lo señala Constantino Ochá Nve: “La tribu fang…  es una entidad político-familiar autónoma, animada por una creencia firme alojada –como un inconsciente colectivo– en una conciencia social profundamente afectiva y comprensiva de un vínculo de hermandad común que emparenta a todos los miembros descendientes de una misma familia totémica.

     

    “… Lo que da fuerza de subsistencia a la tribu fang no es ningún sistema funcional perfecto y materializado en una ley racionalmente elaborada y codificada, cambiable y sujeta a caducidad, no. Lo que avala la subsistencia del elemento tribal es justamente la conciencia, la toma de conciencia que todos y cada uno de los miembros de una tribu tienen en relación con esta: una toma de conciencia que influye decisivamente sobre toda la trama de las relaciones interhumanas”.[5]

     

    Y aunque Nze Abuy dice “En la época precolonial el grupo étnico fań tenía una organización socio-política y cultural propia, la cual fue asimilando los elementos de la cultura bantú y adaptándose a los mismos en el proceso de su bantuización. De ahí que venga a coincidir dicha organización socio-política y cultural con la de los bantú, conservando variantes y características propias. Los fań tenían monarquías, y en la época de las migraciones y de su establecimiento entre los bantú, jefaturas populares, asambleas populares mediante las cuales se ejercía el poder. Los usos y costumbres tradicionales constituían leyes obligatorias”.

     

    Pero al no describir, aunque sea de forma somera, cómo se configuraban dichas monarquías, y continuar a renglón seguido que “La organización socio-política fań se componían en primer lugar de la ‘nd'e bot’, del término ‘nda’, casa y ‘bot’, plural de ‘mbot’, gente, persona, individuo humano varón o hembra...”, notamos que vuelve a reducir la base de la organización política de los fang la familia.[6] 

     

    Es en estas condiciones que España tiene que explotar la colonia. El aparente poco interés económico haría que fueran necesarios muchos esfuerzos institucionales para que la explotación de la colonia fuera posible. La inestabilidad institucional en la metrópoli, se traduciría en dificultades y vaivenes a la hora de establecer una política de colonización clara y, en consecuencia, que dicha colonización se dejara, ora en manos de misioneros, ora en manos de aventureros. Resultando que la presencia colonial real y efectiva, sostenida en el tiempo y abarcando todo el territorio nacional, tiene lugar después de la Guerra Civil Española: es decir, cuando en España gobernaba Franco.

     

    Esta tardía ocupación colonial y colonización real del territorio, implicará, en consecuencia un período de “convivencia” más breve que en los países limítrofes, entre la mayoría de los indígenas y los colonos, lo que se tradujo en un menor tiempo para que los “valores” de los autóctonos (indígenas = comunidades sin estado) pudieran adaptarse a los de una sociedad urbana, que se rige por leyes que regulan las instituciones, las actuaciones de los habitantes y sus relaciones con sus autoridades (“valores” que para más desgracia eran los de la dictadura franquista).

     

    No obstante, la denostada colonización, nos ha legado esta Guinea Ecuatorial, que paradójicamente ha permitido que algunos puedan ejercer un poder sobre otros y aprovecharse de los recursos del territorio heredado de la colonización, situaciones impensables en el contexto de la organización socio-política de las comunidades autóctonas precoloniales, clánicas, tribales.

     

     

    La colonia y la colonización

     

    Sobre la ocupación y explotación de la colonia (opciones de explotación, ocupación efectiva, establecimiento de las instituciones coloniales, formación de una élite local), y las resistencias de los autóctonos a la ocupación y el trato cruel infligido a ellos (claretianos en Bioko, Ayala y claretianos en Corisco y Río Muni), la negación de los derechos a los indígenas, su sometimiento a unas condiciones de cuasi esclavitud, etcétera, otros han hecho estudios más rigurosos a los que no puedo aportar nada.

     

    En lo que quiero fijarme y compartir reflexiones es en el conjunto de actitudes, mentalidades, imaginarios que se van creando a lo largo de las interacciones entre las autoridades coloniales, los colonos, la élite indígena y la población indígena, al establecer y gestionar en la colonia unas instituciones importadas de la metrópoli, sobre unas comunidades sometidas que no tenían instituciones estatales previas. Para ello haremos el siguiente recorrido: ver cómo los colonos vencen las resistencias a la ocupación, cómo se mantiene y se explota la colonia, las actitudes del cuerpo auxiliar que se forma para ello y sus relaciones e interacciones, por un lado, con los colonos, y por otro con otros indígenas.

     

    Vencer las resistencias a la ocupación colonial. Como estamos diciendo, la ocupación colonial de los territorios que le tocaron a España no fue fácil. Además de los avatares relativos a las debilidades e inestabilidades de las instituciones de la metrópoli y el posible poco interés económico apuntado arriba, también hubo resistencias de los autóctonos de los territorios a ser ocupados, resistencias a las que se tuvo que hacer frente con violencia. Anotar que la trata de negros era reciente.

     

    La ocupación del territorio se redujo durante mucho tiempo sólo a las islas de Fernando Poo, Annobón, Corisco y adyacentes, y la costa de Río Muni. En estas condiciones, la ocupación de todo el territorio (interior de Río Muni), no pudo hacerse con sólo colonos: su número, su desconocimiento del terreno y su mayor vulnerabilidad a las enfermedades hace impensable que los colonos españoles pudieran ocupar el territorio sin contar con la ayuda de los propios africanos. Al no contar con instituciones superclánicas en las comunidades que vivían en los territorios de la colonia, eso me hace pensar que no había suficiente cohesión social, más bien todo lo contrario. Había rivalidades entre las diferentes tribus y, dentro de cada tribu, entre los diferentes clanes que la conforman.

     

    Por ejemplo, para la penetración en Río Muni por Ayala, éste habría sido ayudado por los ndowes. En el artículo ‘El sexo y la violencia: el caso de Masié Nguema Biyogo’, Enège A’Bodjedi dice: “Aunque la mayoría de los ndowe costeños protestaron por la subyugación colonial en su tierra ancestral, algunos nagwe nya beduka (capitanes o generales de guerra) ndowe colaboraron estrechamente con los conquistadores españoles”. Cita a Malonga na Bote, “lugarteniente de las autoridades españolas en la conquista del interior”, Imale ja Mbela, Ngatie a Mweli, Elika a Manga, Radawe a Elika, e Isoda ja Nyama. En un párrafo de su exposición dice: “según la voz ancestral Akekagare ya Ediya, del clan Bodùngwe de los benga, “había dos soldados panyale (españoles), Tomás Buiza y Ayala que se portaban despiadadamente con los pangwe (fang) del bosque. Los panyale trajeron a la playa a muchos pangwe del bosque, como parte de su campaña La recluta, que obligaba a los pangwe a trabajar como esclavos en las fincas de cacao y café aquí en la playa y en Nánipo (Fernando Poo). Estos pangwe llegaron a la costa muy sucios, con úlceras en sus cabezas y cuerpos. Yo les había visto con mis propios ojos. Los panyale nos dijeron que estaban haciendo un favor a los pangwe, rescatándoles de su paganismo y canibalismo en las selvas de Río Muni”. En otro apartado, y refiriéndose a uno de los generales (ndowé) que dice que ayudó a los españoles en la conquista del interior de Río Muni, dice: “La voz ancestral Mokayi a Ekuga, del clan Bombamba de los kombes dijo que fue Radawe a Elika que asesinó a Mbong Nzogo (quiero suponer que es el Mbogo Nzogo que se recuerda como uno de los mártires de la resistencia de la ocupación española), un notorio jefe fang del clan esamangón que vivió cerca de Monte Bondelo (Bata) en los años ochenta y noventa (1880-1890). El dictador Mbong Nzogo y sus delincuentes fang aterrorizaban a los Mbeya (Bisiyo) … Radawe decapitó a Mbong Nzogo y se vanaglorió de ello andando por todas las partes con la cabeza del supuestamente feroz y temible guerrero esamangón”[7] 

     

    En este relato no sólo hace referencia a la ayuda de los ndowe (africanos de la costa y bantúes como los fang) para conquistar el interior fang, sino que se ve también la falta de solidaridad (africana) en la tendencia a estigmatizar a los fang. Y evidentemente los fang también tienen estigmatizados a los otros grupos étnicos. Les llaman bi-lobo-lobo [es decir personas que pronuncian palabras aparentemente sin sentido (se utiliza mucho en Gabón)]. Equivale a la explicación que hace Isaac Asimov en su Historia universal sobre el origen de la palabra los bárbaros: “para los griegos, parecían proferir sílabas sin sentido, que eran como decir bar-bar-bar-bar. … Así, los griegos llamaban a los que no hablaban como ellos barbaroi … bárbaros”[8]. Es en este mismo sentido estigmatizante que los fang llaman bilobolobo a los que no hablan como ellos.

     

    También hay que decir que los fang y los otros bantúes que habitan Guinea Ecuatorial ocuparon (del mismo modo que hicieron los colonos) el territorio donde habitan hoy, desplazando a las tribus originarias (posiblemente pigmeos), con los mismos métodos, sólo que no tenían armas tan letales como las de los colonos europeos.

     

    Cierto es que con la provincialización (y un poco antes) y la formación de un cuerpo de auxiliares, sobre todo maestros, muchos de los cuales, siendo de una etnia, fueron destinados a lugares habitadas por etnias diferentes, empezó a normalizarse la convivencia entre las diferentes etnias de Guinea Ecuatorial. Pero la ruptura, con Macías, de esta tendencia de mejor convivencia y el resurgimiento del estigma que se tienen los grupos étnicos guineanos entre sí, enroca a cada grupo e impide trabajar en unos objetivos colectivos.

     

    En definitiva, yo prefiero considerar que lo que Donato Ndongo llama “ambiciones y rivalidades –en buena parte abonadas por los colonos–”[9] fueron simplemente aprovechadas por los colonos.

     

     

    Mantenimiento de la ocupación

     

    Se creó un cuerpo armado, los somatenes. Del mismo modo que la conquista de todo el territorio de la colonia, el mantenimiento y la explotación de la misma también se hizo con el apoyo violento y represor de los propios africanos, encuadrados principalmente en la Guardia Colonial, creada en al año 1907. Los guardias coloniales son los que realmente ejercían materialmente la represión, muchas veces para su provecho, beneficio y venganzas personales. Como dice Gustau Nerín: “Los guardias africanos, por su parte no tardaron en aprender de sus superiores: solían cometer bastantes robos, sobre todo de cabras y gallinas. Los áscaris (los soldados indígenas) instalaban barreras en los caminos y asaltaban a quien quiera que pasase por allí. (…) Por supuesto, los guardias no solían pagar el vino de palma que tomaban en los poblados. Además, se dedicaban, por su cuenta, a ejercer de jueces (y quedarse con el importe de las multas). Otros, escatimando esfuerzos, se limitaban a alquilar su uniforme a alguno de los aldeanos, que se encargaba de practicar las extorsiones. Con cierta frecuencia, los áscaris se llevaban a las chicas de los poblados por los que pasaban y las convertían en sus esposas”.[10] Esta es una cita del libro de Gustau Nerín en el que habla de Ayala, quizás el oficial español que más atrocidades cometió en la colonia. Lo que me interesa observar es que el hecho de que los guardias africanos aprendieran tan rápidamente de sus superiores el robo, la extorsión y la represión puede deberse a que había una predisposición precolonial de los indígenas a tratarse así entre ellos. Y en esta actitud de los propios guardias negros, Ayala habría encontrado un inestimable apoyo para las atrocidades que cometió. Y así ocurrió en otros sitios y más hacia acá en el tiempo. De lo que me acuerdo en mi pueblo, Acurenam, la colonia de blancos la componían un teniente (jefe de la sección de la Guardia Territorial y administrador territorial); un sargento instructor, un médico o practicante (como se le llamaba al Asistente Técnico Sanitario), cinco guardias civiles, cuatro comerciantes, un conductor de autobuses de la empresa Transportes Africanos…[11] En total, menos de veinte blancos frente a una Guardia Territorial que tenía un sargento negro, varios cabos y cerca de 50 guardias negros.  

     

    Es esta represión la que generó el sentimiento de querer la descolonización, pues nadie conocía ni bandera ni himno ni símbolos de un Estado. Entonces parece que los guineanos sólo vieron al ideólogo o autor intelectual blanco de la represión y se olvidaron de que eran sus propios hermanos y congéneres el brazo ejecutor (muchas veces muy voluntario) de dichas atrocidades. Y la conversión de la Guardia Colonial en Guardia Territorial primero y en Guardia Nacional después de la Independencia no cambió la mentalidad y la idea de que la misión de los uniformados es reprimir al resto de la población (a los que tanto entonces como hoy tratan con absoluta falta de empatía), en beneficio propio y en el de los que ocupan el poder (antes los colonos y después de la independencia los regímenes de Macías y de Obiang). Por otro lado Rosendo Elá habla de “somatenistas” (sic) y dice: “eran (los somatenes) individuos sueltos que se dedicaban a acusar a los demás negros ante la autoridad, acusaciones ordinariamente falsas y llevadas por envidia y por ambicionar la amistad del europeo”. Y añade: “El colectivo que se valió del somatenismo para el blanco-autoridad fue el Guardia-escribiente… y el intérprete[12].

     

    En este sentido, hay que señalar que los guineanos notables asesinados por represión política a manos de los propios guineanos después de la Independencia son muchísimos más, en calidad y cantidad, que los asesinados por los colonos. Incluso algunos asesinatos atribuidos a los colonos fueron ejecutados materialmente por africanos, como el referido Mbogo Nsogo o como Enrique Nvo, que, según dice Donato Ndongo: “…aumentaba el número de guineanos exiliados en el exterior. Entre ellos se habían infiltrado otros guineanos a sueldo del colonialismo español, uno de los cuales asesinaba, el 21 de noviembre de 1959, al líder del MONALIGE, Enrique Nvo”.[13] 

     

     

    Explotación de la colonia

     

    La explotación de las riquezas de la colonia, en el caso de Guinea Ecuatorial, consistió en la extracción (madera, caucho, minas) y en el cultivo y recolección de productos (café, cacao, palmiste) que se adaptaban al clima tropical. Para ello surgieron las necesidades de mano de obra tanto de auxiliares como mano de obra bruta. Estas necesidades fueron un incentivo más para intensificar la ocupación de Río Muni. Y tanto para llegar a los pueblos y ejercer el control y la explotación de la colonia como para el trasporte de los productos se precisaba construir infraestructuras (carreteras, escuelas, campamentos militares, etcétera).

     

    Y como, de la misma forma que hubo resistencia a la ocupación, tampoco hubo buena disposición para que los autóctonos se integraran en los sistemas de trabajo esclavizante establecidos por los colonos se impuso un sistema de recluta, para llevarlos forzosamente a Fernando Poo, a trabajar en las fincas de cacao, o al litoral a trabajar en las fincas de palmeras y café y en las explotaciones de madera. También se estableció el sistema de prestación, por el cual los jefes de familias o de tribus tenían que enviar periódicamente a sus jóvenes a trabajar forzosa y gratuitamente en la apertura de carreteras y en la construcción de los edificios oficiales, etcétera. El hecho de que para estos trabajos de la prestación se apuntaban a los jóvenes residentes en los poblados, que no habían emigrado a las ciudades ni completado estudios (y a los que se denominó de manera despectiva como cargadores), sería el origen de la consideración negativa que los guineanos empezaron a manifestar hacia los trabajos físicos y al propio hecho de residir en el pueblo, lo que explica la tendencia a emigrar a las ciudades.

     

    Para que los asalariados realizaran su trabajo estaba el capataz. Y para la prestación estaba la Guardia Colonial. Y ambas figuras tenían a raya a la población ejerciendo (látigo en mano) humillaciones y maltrato físico. Para la extracción de productos como el caucho silvestre se establecía un cupo en kilos que cada habitante del pueblo tenía que entregar.

     

     

    Cuerpo de auxiliares

     

    Las propias dinámicas de la ocupación y explotación implicaban la necesidad de emplear a los indígenas en labores auxiliares en la administración, en las empresas y en los comercios. Para formar a esta mano de obra cualificada, necesaria para la explotación colonial y porque la misión confesada era la de civilizar a los indígenas, se crearon escuelas en las que se formaron maestros, administrativos y otros oficios urbanos. Así lo dice Olegario Negrín en la Historia de la Educación en Guinea Ecuatorial: “Hay que destacar que si bien España tenía unos objetivos económicos de explotación agrícola, comercial de la colonia ... en las explicaciones oficiales siempre se antepusieron objetivos humanísticos y religiosos”. (...) “Heriberto Ramón Álvarez seguramente el mayor ideólogo de la enseñanza en la colonia guineana, explicaba ya en 1949 con total claridad ‘la necesidad de formar cuadros nativos: No sólo por motivos puramente sentimentales o del espíritu se hace preciso seleccionar y formar una élite, sino también por egoísmo y necesidad, pues ella nos resolverá múltiples problemas fundamentales de organización social, administrativa y económica que en los momentos actuales se encuentran sin solución’[14]”.

     

    Los que se formaban en dichos centros y trabajaron en diferentes oficios en la administración y en las empresas empezaron a adquirir un cierto estatus parecido al del blanco y superior al del resto de los indígenas. Y con la creación del Patronato de Indígenas, estos auxiliares y otros indígenas podían adquirir el estatus de emancipado. Estos acercados o medioasimilados a los blancos constituyeron la élite de la incipiente sociedad indígena.

     

    Me interesa que nos fijemos en que esta élite empieza a crear diferencias y a mirar con cierta altanería a los demás indígenas. Es lo que Nze Abuy llama africanos destribalizados: “Es muy grande la sugestión que el modelo de vida europea ejercita en los africanos destribalizados de dicha manera. En muchos casos esta actitud llega a convertirse en una verdadera imitación servil de tal modelo de vida”.[15] No parece, pues, que hubiera mucha solidaridad entre estos que se acercaron al estatus de los blancos y el resto de los indígenas. Todo lo contrario: algunos no dudaban infligir a sus congéneres un trato similar al que los blancos colonos daban al resto de los indígenas.

     

     

    Las expectativas ante la Independencia

     

    Es el rechazo a la negación de los derechos de los indígenas y a su subyugación violenta y represiva la que generó el sentimiento de poner término a la colonización. En el principio de la colonización, casi toda la población sufrió los estragos de la misma. Si había alguna distinción sería hacia los jefes tribales que encontraron los administradores coloniales en las zonas donde se establecían. No obstante, de la colonia más cruda al 12 de octubre de 1968 hubo un proceso de mejora de las condiciones de vida, y del comportamiento del colonizador que puede explicar las esperanzas puestas en la Independencia: se fueron suavizando los trabajos forzosos (Recluta y Prestación), hasta su desaparición con la provincialización y con el gobierno autónomo. Los sueldos de los funcionarios se fueron mejorando, los autóctonos se fueron integrando en la administración como funcionarios, y fueron asumiendo responsabilidades representativas (procuradores en las Cortes Españolas). Y en la administración local, hasta ser miembros de un gobierno, el autónomo. Esto hizo creer a la gente, y era lógico, que con la Independencia todo mejoraría mucho más. Pero, a día de hoy, no puede decirse que muchas cosas hayan mejorado.

     

    Cuando se mira bien, se puede observar que no había objetivos comunitarios y colectivos compartidos por todos los guineanos en todas sus capas sociales para la Independencia. La forma en que cada capa de la población vivió la colonia determina las expectativas que ponía en la independencia:

     

    —Los habitantes de los poblados, llamados despectivamente cargadores, eran los que más sufrieron los rigores de la colonia (maltratos, deportaciones, trabajos forzados). Sus expectativas eran que ya que no habían podido realizar, como sus hermanos, el camino de la escuela y la ciudad. Como quiera que los rigores de la colonia se fueron suavizando progresivamente, esperaban el cese definitivo de los maltratos, las injusticias y los trabajos forzados y la mejora de sus condiciones de vida cultivando sus fincas (de café, de cacao) en la medida de sus posibilidades y comercializando el producto (cuyo precio iría en aumento) y que con el dinero de la venta, podían reunir dote para casarse, mejorar sus casas, enviar a sus hijos a las escuelas, adquirir otros productos de consumo, etcétera. Y que serían tratados con justicia si tenían algún problema. En este sentido consideraban la Independencia como el contenedor de los derechos y las libertades que anhelaban.

     

    —Las élites (emancipados, guardias, funcionarios, empleados de empresas, de los que saldría la élite política), condición a la que acababan de llegar algunos indígenas, reclamaban la emancipación y la soberanía. Además de concebir la Independencia como contenedor de derechos, se veían en la posición de sustituir a los blancos. Pero, en mi observación, faltos de una idea de gestión pública, veían en ese ocupar el lugar de los blancos como una forma de gozar de las prebendas y los privilegios que veían en ello. Los funcionarios aspirarían cada vez a un mayor nivel, los guardias irían subiendo de escala, etcétera. Y, sobre todo, no se verían expuestos a los trabajos penosos que realizaban los que se quedaron en el pueblo.

     

    Mirando estas expectativas con el prisma de los conceptos, actitudes, comportamientos e imaginarios que se van formado en la colonización podemos encontrar equívocos respecto a la independencia que pueden explicar su frustración.

     

     

    Los equívocos de la Independencia

     

    Muchas palabras están predispuestas a tener muchos significados, e incluso una palabra se puede usar en sentidos opuestos. Pasa con la palabra revolución, que en boca de los estadounidenses no tiene el mismo significado que en boca de los cubanos. Es lo que pasa con Independencia, y podemos notar que la independencia tiene tantos significados como era la situación institucional de los territorios que querían independizarse. En efecto:

     

    —La Independencia de países como Estados Unidos y otras colonias americanas significó simplemente que las instituciones establecidas en la colonia y dirigidas por los “colonos”, establecieran sus propios mecanismos de gobierno, sin depender de las metrópolis. Aquí el indígena había sido diezmado y no participó en el proceso.

     

    —En otros países como los países del Norte de África y los de Asia, la Independencia significó recuperar unas instituciones públicas (adaptadas) preexistentes a la colonización.

     

    Y cuando se habla de Independencia en Guinea Ecuatorial se habla de la gestión de un Estado surgido de la ocupación colonial cuyos habitantes autóctonos no tenían ideas sobre la gestión de los estados. Se hicieron la idea que con la Independencia iban a tener libertad, soberanía, emancipación, derechos y servicios públicos, pero no se percataron de que las instituciones que iban a heredar (Estado con sus instituciones: continente de la Independencia) fueron creadas por los colonos para la explotación y la represión y que el éxito de la Independencia debía presuponer la aprehensión por las élites políticas autóctonas de dichas instituciones para saber recrearlas, adaptarlas y reformarlas, para que sirvieran y garantizaran el ejercicio de los derechos y las libertades de todos y cada uno de los ciudadanos del Estado independiente.

     

    En el libro la Democracia en Guinea Ecuatorial: dificultades de un proceso, analizo comportamientos de los responsables políticos guineanos relativos a determinados aspectos que tiene que ver con la construcción de las instituciones de un estado (el continente de la Independencia):

     

    —El desempeño de cargos

    —La creación de organizaciones y elaboración de programas

    —La actitud ante las leyes

    —El trato al adversario

    —La administración del bien común

    —El vínculo en la participación en el poder

     

    Y sostengo que los guineanos se afanan en ocupar cargos solamente para aprovecharse de las prebendas que ofrecen, y no para realizar ninguna labor. En consecuencia, no conciben ni ponen en marcha programas para ejecutar durante el desempeño de los mismo. Los ejercen con un desprecio absoluto a las leyes, con intolerancia y una tendencia a eliminar a los adversarios, se apropian de los bienes de todos, y que el vínculo en la participación en el poder es familiar y no ideológico[16].

     

    Parece que las élites creían que sólo hay que ocupar el lugar de los blancos y todo lo demás les vendría dado. Y no se dieron cuenta de que no tenían un entrenamiento o recuerdo de una gestión de Estado, y que lo único que sabían los sustitutos de los blancos era cómo los que ocupan el poder explotan a los que no ocupaban el poder (como se hacía en la colonia y con el franquismo como único referente). Es lo que Fernando Morán llama mimetismo colonial. Éste es uno de los equívocos fundamentales de la Independencia y quizás sea ésta una de las primeras explicaciones de la frustración.

     

    Por otro lado, hemos visto que la población percibió cambios progresivos de su condición, sin que ellos participasen en alguna movilización colectiva para conseguirlos. Y que la Independencia se concedió por presiones de las Naciones Unidas. Por lo que suscitaron el concepto de que sobre los máximos representantes del Estado que nacía habría algún ente superior (la ONU) con capacidad para hacer cumplir las leyes, como hacían los blancos en los últimos años de la colonia. No se dieron cuenta de que dicho ente no existía, de que la colonia la ejecutaban materialmente sus congéneres y que una vez hechos soberanos y con todos los equívocos que hemos apuntado ejercerían con impunidad el maltrato sobre la población como es el caso actualmente.

     

    Por último, hay otros equívocos con respecto a la independencia:

     

    —Como nos hemos hecho soberanos la independencia significó que nadie tiene que volver a mandarnos. Este nadie tiene que mandarnos se tergiversa tanto que se convierte en nadie tiene que decirnos lo que es o no correcto, nadie tiene que decirnos si cometemos un error. Esta actitud la encontramos desde el presidente el poder de forma absoluta, sin atender a ninguna ley, y se extiende a que nadie tiene que decirle al que ocupa una parcela de poder (que ocupaba el blanco) lo que tiene que hacer. El asimilable al blanco se sitúa por encima de las normas de la comunidad en su ámbito.

    —Otra perversión de la Independencia es la equiparación que no pocos guineanos que hacen entre la exigencia de disciplina con ejercer la colonia y la exigencia o empeño de hacer las cosas conforme a las normas como dictadura. Con lo cual la independencia se identifica con falta de disciplina y la libertad para violar las normas.

     

    —También hay otros equívocos que por parecer chistes, pueden ser graciosos, pero que al final llevan a situaciones de inanición de la sociedad en general. Independencia se ha traducido al fang como Eto Filí. Eto significa estado y Fili es deformación de free (libertad); etofilí es pues estado de libertad. Pero también se aplica filí (en fang) al que vive sin hacer nada. Y como en el imaginario los que trabajan en las oficinas (cargos) viven fili, la tendencia es que todo mundo quiere trabajar en la administración, en el sitio del blanco para vivir bien sin hacer nada. De ahí que se entienda cualquier actividad en la administración o en las empresas como una situación para aprovecharse.

     

    En definitiva, para mí, la frustración de la independencia viene de estos equívocos, del hecho de que realmente los propios guineanos eran los brazos ejecutores de todas las tropelías atribuidas al colono y que parece que no aprendieron de la colonia más que saber explotar al que no tiene poder, de suerte que con la independencia se convirtieron en autores íntegros, intelectuales y materiales, de todos los males atribuidos a la colonización.

     

     

     

     

    Este texto corresponde con mínimos cambios a la ponencia presentada en el V Seminario Internacional Revisitando las descolonizaciones africanas. 50 años de la independencia de Guinea Ecuatorial, que se celebró el Centro de Estudios Afro-Hispánicos (CEAH), en la sede de la UNED en Madrid, a comienzos del pasado mes de julio. 

     

     

     

     

    Amancio-Gabriel Nsé Angüe es arquitecto guineoecuatoriano. En FronteraD ha publicado El activismo político de los guineoecuatorianos en las redesVotar y equivocarse. Visión de España desde Guinea Ecuatorial y La frustrada observación de la muerte natural de una mosca.

     


    [1] Ekong Andeme, Pedro: El proceso de Descolonización de Guinea Ecuatorial. Madrid 2010. Pág 430.

    [2] Ekong Andeme, Pedro: O.c. Pág 435

    [3] García Domínguez, Rafael: Macías-Guinea, ley del silencio. Plaza y Janés Editores. Barcelona 1977, págs. 83, 84.

    [4] Ndongo Bidyogo, Donato: Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial. Editorial Cambio 16, Madrid 1977; pág. 152

    [5] Ocha’a Nve, Constantino: Tradiciones del Pueblo Fang. Ediciones Rialp, Madrid 1.981. Págs 34, 33.

    [6] Nze Abuy, Rafael Mª. Breves datos históricos del pueblo fang. Instituto Politécnico Salesiano. Madrid, 1984. Pág. 19

    [7] Enège A’Bodjedi, ‘El sexo y la violencia: en caso de Masié Nguema Biyogo’, artículo publicado en la Revista Oráfrica, nº 6. Ediciones Ceiba, Barcelona 2005. Págs. 137, 139, 140, 141.

    [8] Asimov, Isaac. Historia universal Asimov. Los griegos. Alianza Editorial. Madrid 1981. Pág 18

    [9]‘Historia y Legado de la Colonización’. Conferencia pronunciada por Donato Ndongo Bidyogo en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria el 26 de abril de 2016.

    [10] Nerín Gustau: Un guardia civil en la selva. Editorial Ariel, Barcelona 2008. Págs 59,60.

    [11] Transportes Africanos era una de las empresas de transporte de pasajeros de Río Muni.

    [12] Nsue Mibui, Rosendo-Elá: Historia de la colonización y la descolonización de Guinea Ecuatorial por España. Impreso en Grafillés. Toledo 2007.

    [13] Ndongo Bidyogo, Donato: o. c. Pág. 89.

    [14] Negrín Fajardo, Olegario: Historia de la Educación en Guinea Ecuatorial. UNED. Madrid, 1993. Pág 138

    [15] Nze Abuy, Rafael Mª. Breves datos históricos del pueblo fań. Instituto Politécnico salesiano. Madrid, 1984

    [16] Confróntese Nsé Angüé, Amancio-Gabriel: La democracia en Guinea Ecuatorial. Dificultades de un proceso. UNED-Madrid 2011

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