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Entrada libre el blog de Juan Ignacio García Garzón


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18 de octubre, 2018

‘Auto de los inocentes’, teatro entre dos mundos

 

A la hora de encarar el montaje de una obra clásica es relativamente frecuente que los responsables aventuren una actualización que a veces consiste únicamente en cambiar el vestuario de época por otro de carácter contemporáneo, de modo que los personajes de una tragedia que transcurre en la antigua Roma aparecen con ropa de nuestro tiempo o de la Alemania nazi, por citar una solución recurrente. La labor dramatúrgica que firman conjuntamente Pedro Víllora y José Carlos Plaza sobre el Auto de los Reyes Magos se aleja de esa tentación y resulta en ese sentido pertinente y profunda, pues no realizan una actualización al uso, sino que ese primoroso retablillo religioso anónimo del siglo XII, el primer latido teatral en castellano que se conserva, es una de las partes de una obra independiente de mayor vuelo, una historia que contiene otras historias y se sitúa en un campo de refugiados, esos inocentes víctimas de un drama que anega fronteras, países y culturas. Así, la ingenuidad del texto medieval inspirado en el Evangelio según san Mateo se confronta con una realidad lacerante y recupera de algún modo su sentido de celebración sencilla y prístina, al tiempo que vivifica la concepción del teatro como instrumento de entrañamiento cultural. De esta forma, la propuesta vincula en un mismo espacio dos universos temporales diferentes: el difícil hoy de los migrantes y la ficción ejemplarizante de las historias literarias de antaño como bálsamo amortiguador de las penurias presentes.

 

 


Fernando Sansegundo (en el centro) en una escena del Auto de los inocentes

 

El campo de refugiados podría estar en Melilla, por ejemplo, aunque no se especifica su situación. Y en él se desborda un catálogo de problemas: acumulación de personas, falta de medios, separaciones familiares, violaciones, burocracia paralizadora, tensiones culturales y religiosas e incluso la lacra de la ablación femenina. Un educador –estupendo Israel Frías– intenta, como motivación dirigida sobre todo a los más jóvenes y como medio de aproximación a la cultura española, implicar a los refugiados en pequeñas representaciones de textos medievales y barrocos, algo tal vez no muy probable en un contexto como ese, pero que resulta un recurso teatral (y metateatral) eficaz. Además de el Auto de los Reyes Magos, se utilizan también fragmentos de dos piezas de Calderón –el auto sacramental La vida es sueño y el drama del mismo título (una pequeña parte del monólogo inicial de Segismundo)–, el auto El hospital de los locos de José de Valdivielso, y el Romance del alcaide de Alhama y el del Prisionero. Las alegorías diversas (el diablo, los vicios y las virtudes, el género humano, el poder, la locura…) y las criaturas de ficción se alternan con los acogidos, los encargados de atenderlos (el educador, una doctora, un político, otros cooperantes...) e imágenes de noticiarios que vomitan escenas de guerra y hambre, la espantosa realidad de la que huyen los desprotegidos, un desastre humanitario que parece no tener fin.

 

Entre los refugiados resulta ejemplificadora la historia de Khalid (magnífica composición de Fernando Sansegundo), un profesor sirio de Física, que habla español porque estudió en Barcelona donde conoció a otra estudiante siria, con la que se casó; de hecho, uno de sus hijos nació en España. Khalid, cuya esposa ha muerto durante la travesía hacia el esperado futuro mejor, se encuentra con una España distinta a la que conoció y admiró; él y sus tres hijos –uno de ellos encerrado en un espeso mutismo– son náufragos de un mundo ajeno pero que está en este, separado de él por una cortina de indiferencia. El texto trenza la denuncia y las buenas intenciones, el horror y la esperanza, sin incidir demasiado en una realidad de perfiles complejos y diversos, aunque sí poniéndola de manifiesto.

 

Plaza se encarga de dar fluidez humana a la función, que cuenta con una escenografía y una iluminación de Paco Leal que transmiten la desolación del lugar donde transcurre la acción, y un atinado vestuario de Pedro Moreno, tanto en lo que se refiere a la ropa de aluvión que visten los refugiados como a las imaginativas galas alegóricas de las representaciones. Bien en general los actores y la atmósfera creada por la música de Eduardo Aguirre de Cárcer.

   

 

Título: Auto de los inocentes. Dramaturgia: Pedro Víllora y José Carlos Plaza. Dirección: José Carlos Plaza. Escenografía e iluminación: Paco Leal. Vestuario: Pedro Moreno. Audiovisuales: Antonio Mateos y Viridiana Galindo (Pulso creativo). Creación musical: Eduardo Aguirre de Cárcer. Intérpretes: Fernando Sansegundo, Israel Frías, Pepa Gracia, Montse Peidro, Sonia Gómez Silva, Jorge Torres, Sergio Ramos, María Heredia, Javier Bermejo, Amanda Ríos, Álvaro Pérez, Eduardo Aguirre de Cárcer y Pablo Rodríguez. Teatro de la Comedia. Madrid. 25 de septiembre de 2018.

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