Entre   |  Regístrese

El arte del ajedrez el blog de Amigos del ajedrez


Tamaño de texto: A | A | A

15 de septiembre, 2015

Saber perder

 

Una partida de ajedrez no empieza cuando te sientas ante un tablero frente a tu contrincante. Antes de eso, has debido de “hacer los deberes”, es decir, prepararte la partida. Si conoces a tu contrincante, debes saber cuales son sus movimientos de apertura: apertura abierta (e4), apertura cerrada (d4), apertura inglesa (c4), apertura suicida (f4, si haces esta nunca llegarás al medio juego).

 

Si sabes sus primeros movimientos puedes estudiar formas de liarlo y crear celadas. Jugar al ajedrez que tú tienes preparado, meterle en tu terreno. Imaginemos que vas con blancas, es una ventaja teórica, tú marcas el ritmo, tú eliges la música, se va a jugar al ajedrez que tú quieras. En mi caso, no conocía al contrincante, no conocía sus partidas, vale, pero él tenía 1967 ELO y yo 1676 ELO. Esto quiere decir que mi contrincante me sacaba 291 puntos de ELO, es decir, era 291 puntos mejor que yo. El ELO es la puntuación en ajedrez, más puntos, mejor jugador eres. Magnus Carlsen tiene 2800 ELO. Ningún jugador ha llegado nunca a ese nivel. Magnus Carlsen tiene 1124 puntos de ELO por encima mío. Pero no pasa nada. Yo sigo aprendiendo.

 

Si has decido sentarte a jugar, pónselo difícil, sácale de la teoría, vamos a campo abierto. Mi contrincante se llamaba Fermín Macías, y recordemos tiene 1967 ELO. Menos de 1800 son el grupo de aspirantes y boniatos; entre 1800 y 1900 boniatos que quieren dejar de serlo; de 1900 a 2000 serían los principiantes y a partir de 2000 ELO es cuando puedes llamarte jugador de ajedrez.

 

Así que el duelo era entre un boniato y un principiante. Este buen hombre por su puntuación deducimos que conoce las aperturas (primeras diez jugadas), el medio juego (diez a treinta jugadas), y los finales (las últimas jugadas antes de que te den jaque mate). El filósofo decía: “hay que jugar las aperturas de teoría, el medio juego como un artista y el final como un matemático”. Como rara vez llego a los finales, no puedo desarrollar más este principio. Será una partida de cuatro horas. A hincar los codos.

Ganará el que consiga un peón de más, el que juegue mejor sus piezas (las desarrolle antes, las saque primero de la línea de fondo). El que quite cuanto antes el rey del centro. Realizo un d4, él me responde Cf6, luego yo c4, él g6, está claro que se va a enrocar rápido (enroque corto), juego muy tranquilo. Y decido atacar su enroque con mis peones, un h4 que lo que pretende es sacrificarse rompiendo el enroque, abriendo la columna h, y a partir de ese momento todas mis piezas apuntan al corazón del rey. Él no se enroca. Me tiene miedo. Signos de flaqueza. Se me eriza el cabello. Los isquiones se ponen firmes. Los colmillos huelen sangre. Ha efectuado unos movimientos incorrectos (no se enroca), y ahora el lado del Rey es vulnerable. Paralizamos ese ataque y nos vamos a jugar en el lado de la Dama. Desarrollamos peones y piezas. Primer error mío. Si tienes una estrategia, tienes que seguirla. Si movilizas tu ataque, no puedes dejarlo e irte a otro lado a prepararte un bocadillo. Ahí perdí mi oportunidad. En el ajedrez si no avanzas, retrocedes. No puedes decir “paso”, ni “juega tú dos veces que no lo tengo claro”, no, tienes que mojarte, como dijo el filósofo: “si no te mojas el culo no cruzas el charco”. Tienes que arriesgar, tienes que tener ideas, creatividad. Si él te pone problemas, tienes que buscar la forma de romper el muro. Y que haces cuando te das cuenta que has cometido un error, te vas a casa, corriges y le dices que ha sido sin querer, irte a un rincón a llamar a tu madre, no, vamos a solucionar el problema. ¿Dónde están sus debilidades?

 

No olvides que el ajedrez se gana cuando das jaque mate, o ganas una pieza, o en este caso hay posibilidad de ganar un peón. En segunda división en la Liga Madrileña, se gana por un suspiro, se gana por un plátano en la tercera hora de juego (como alimento, no arrojándolo), se gana por fumar un pitillo fuera del local de juego y la sensación de tranquilidad que proporciona (lo estoy dejando), se gana por unos orejones cada media hora (alimento recomendado por la Asociación de Jugadores de Ajedrez Profesionales). Las partidas son igualadas, y el que tenga mejor aguante, el que luche más por la victoria, el que crea más en sí mismo, ese ganará. No existe la suerte. Le regalo un peón con la finalidad que sus piezas se queden desorganizadas (el de h4 todavía está ahí disimulando, tragando la respiración, haciéndose la manicura), él con sus ELOS a sus espaldas, lo acepta, y viene con su Dama y su torre a darme el puntillazo. Yo lo espero, y con un movimiento de alfiles y torres contraataco y su Dama tiene que retirarse y yo le gano dos peones. ¡Qué pasó ahora! Yo estoy enrocado, él no. Le saco un peón. Tengo un peón libre, sin oposición de un peón enemigo. La teoría dice que ese fiel guerrillero tiene que defenderse, y acompañarlo cogido de la mano hasta la coronación. Pues, me acobardo, no lo tengo muy presente, y él lo liquida. ¿Nos vamos a casa? En esta ocasión ¿Nos vamos al pub irlandés de la esquina? No, él es un ser humano que juega, (Magnus Carlsen no, todavía no sabemos lo que es), que desayunó como tú, que se levantó un domingo por la mañana para mirar treinta y dos piezas dentro de un tablero, y que tiene hambre. Tienes que tener la sangre fría para irte al baño y mojarte la nuca con agua fría (el agua templada no vale); salirte de tu partida e irte a mirar otras (para no fijarte demasiado y dejar que fluya tu mente). Tienes que caminar y mover las piernas. Tienes que mirar la partida desde el punto de vista del contrincante, y así analizar mejor tu posición. Ponte a hablar con alguien de lo que hiciste el sábado por la noche, se trata de nutrir tu mente, de refrescarla. Después de esto, te sientas y a resolver problemas.

 

Llevas tres horas y media jugando, y la situación es pareja. El medio juego se está acabando y entras en el campo de los finales. Combinación ganadora de varias piezas que llevan a que tu oponente abandone. ¿Cómo se consigue esto? Ni idea. Cada partida es un mundo, y en esta ya has perdido la iniciativa. Igualdad de peones y piezas. En cada movimiento algo se ataca y algo se debilita. Creo que tengo una oportunidad de hacerle una celada, y él con un movimiento de torre y caballo me levanta mi caballo, luego caen los peones, y luego me rindo. He perdido.

 

Tras superar el primer impulso de partirle la cara, le sonrío y le tiendo la mano, mientras siento como mis orejas se vuelven rojas, y me sale un rebuzno como suspiro. Te das cuenta que has perdido por una jugada. Salí bien de la apertura, igualdad en el medio juego, y en los finales solo por una jugada he perdido. Se trata de descubrir dónde estaba el error para nunca más caer en esa trampa. El ajedrez es un proceso, un “continuum”. Es un proceso de crecimiento. Este año en Segunda División, de ocho partidas he perdido seis, he empatado una y he ganado una. ¿Tengo que dejar el ajedrez? Al contrario, intentaré hacerlo mejor el año que viene. El éxito en el ajedrez (y en la vida, si me permiten la digresión), son veinticuatro horas. Al día siguiente, una nueva partida, un nuevo reto, una nueva ilusión. Llevo dieciocho años compitiendo al ajedrez, y sigo aprendiendo. Acepto que nunca dejaré de ser un boniato, mis cincuenta años me lo recuerdan, pero un boniato molesto.

 

Otra lección más “no se puede decir nada de nadie en el ajedrez”, no lo dijo el filósofo, lo digo yo. Todo el mundo te puede ganar, y de la misma manera, tú puedes ganar a cualquiera. Creo que la confianza en uno mismo, reside en ese momento personal que tú te miras en el espejo y dices “creo que lo puedo hacer mejor”. No hay nada escrito, señores. Todo el mundo puede aprender el ajedrez. No es un deporte para inteligentes, la inteligencia tiene poco que ver, sin embargo, la capacidad espacial sí, la memoria también … la confianza, por supuesto.

 

Hemos bajado a Tercera División (somos 90 socios en mi club y tenemos jugadores en todas las categorías), y estamos un poco tristes. Dentro de dos años esperaré con placer mi próximo duelo contra Fermín Macías. Aunque tenga que buscarme un profesor particular durante un año, me voy a preparar.

 

Un contrincante se enfrentó con una chica de nuestro grupo, Maryorit Useche, una chica venezolana de dieciocho años. Cuando le ganó, le dijo: “la última vez que jugamos me ganaste, hoy me he estudiado todas tus partidas”. Ese es el espíritu. ¿Cuánto te importa la victoria?, ¿Cuánto tiempo de estudio quieres dedicarle a esa partida? Y luego, cuando le ganes, será silencioso, personal, íntimo. Y repito, puedes ganar a cualquiera.

 

Un último apunte para llegar al camino de la salvación... “Tú eres el único responsable de tus errores”. Seamos adultos, seamos serios. No le eches la culpa a nadie. Ofrece lo que tengas, el punto en el que estés, y aprende de tus errores. Falta de sueño, problemas personales, resaca, pocas horas de sueño, estrés, … ¡Pamplinas!.

 

Buenas noches amigos

 

Juan Bohigues

Compartir

ImprimirImprimir EnviarEnviar
Inicie sesión o regístrese si quiere identificar sus comentarios.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Rellene el código de la imagen / Resuelva la operación matemática

(*) Campos obligatorios

Al enviar tu comentarios estás aceptando los términos de uso.

ISSN: 2173-4186 © 2019 fronterad. Todos los derechos reservados.

.