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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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21 de agosto, 2015

Didáctiva definitiva en la dictadura guineana

 

El que esto escribe, nacido en 1966, como ya quedó escrito, dosifica sus entregas en fronterad porque escribe específicamente sobre los aspectos censurables de Guinea y cree que ha dicho lo principal. La serie de artículos pretendidamente didácticos es una prueba de la insistencia en temas específicamente guineos. (A propósito, hay un grupo reducido de guineanos que se refieren a sus compaisanos como guineos, convirtiendo, con la fuerza de sus debilitadas agallas, un simple adjetivo en gentilicio, siendo que el que corresponde a los nativos del país en cuestión debería ser guineano, o en su caso estricto, guineoecuatoriano).

 

Esta vez insistiremos sobre lo que los guineanos creen que se debería hacer para la erradicación de la dictadura instaurada por el general-presidente Obiang Nguema Mbasogo. La duración de la misma ha atraído la atención de la comunidad internacional y ha permitido a los guineanos albergar esperanzas de erradicarla, empeño en que han fracasado de manera lastimosa. Las razones del fracaso, empero, son debidas al carácter malvado del régimen, en un alto porcentaje, y a la lectura errónea que diversos actores hacen de su inmediata realidad. A nadie se le escapa, a estas alturas de la Historia, que los guineanos, constituidos en grupos, partidos políticos tradicionales, partidos monofamiliares, partidos unimembres y coaliciones vacías de algún tipo de organización, están muy atentos a los movimientos políticos. La meta de todos estos grupos es “democratizar el país”, e instaurar un política basada en la implementación de sus ideologías, deseos y gustos personales, habida cuenta de la variedad antes mencionada.

 

¿Pero qué es democratizar el país tratándose de uno que había sido colonia española, es africano y está situado casi sobre la línea del ecuador terrestre? Desde el punto de vista de efectos prácticos, democratizar el país desde la dictadura actual es pretender blanquear el babero de un cerdo que está siendo criado en una pocilga. Ejemplos llamativos aparte, y teniendo en cuenta que no estamos diciendo que estamos en contra del intento, o del deseo largamente acariciado, es totalmente imposible alcanzar la democracia, y que sea útil, con los planteamientos actuales, que son los tradicionales. Lo que refuerza nuestros asertos es que este intento ya se ha hecho y nada ha cambiado.

 

Mirad guineanos, y prestad atención los que no lo son, que esto sirve para muchos de regiones remotas y democratizables: El intento de convertir una dictadura en un régimen democrático, y por la vía de las elecciones, es un contrasentido tan grande que parecería mentira que siguieran insistiendo. Y es que no solamente las elecciones transparentes, democráticas y ejemplares ya no resuelven los problemas de las comunidades, ni siquiera de las situadas en países con más trayectoria política, sino que en el caso de Guinea se parte desde una posición en la que el partido gobernante ya sale con ventaja. Si con la desastrosa situación guineana pretenden que la concurrencia en unas elecciones con el partido de Obiang, y con los métodos clásicos ya conocidos, aporte resultados favorables, es que desconocen lo básico de las sociedades actuales. Porque enfrentarse en unos comicios con el aparato de poder de Obiang, esperando que del mismo aparato haya una provisión de fondos para las formaciones políticas que se le enfrenten es, como poco, irrisorio. En unas elecciones en las que los contendientes tienen que financiarse para la campaña electoral y en las que los resultados pueden depender de los desembolsos realizados por ellos, lo llamativo sería que no ganara el partido de más recursos. ¿Pero debemos asumir la realidad de enfrentarse en unas elecciones al partido de Obiang y no ganarlo? En un país sin apenas sistema sanitario, sin sistema educativo, donde hay falta de libertades básicas, no hay planificación para el futuro, impera la corrupción, ¿qué sentido tiene que unos gasten millones en dinero y en recursos materiales para tomar parte en unas elecciones donde reina el caos, pero que sea con esta gran probabilidad de perder? ¿Están viendo, analizando hechos simples, que lo que pedimos no es “democratizar Guinea” como primer paso, sino despojar del poder al que lo detenta y restituir la normalidad?

 

A los que se sienten políticos, todo lo que aquí mencionado les sonará a la lengua de Acab, o sea, el arameo antiguo. Y es porque los políticos no se preocupan por la suerte de los ciudadanos. Ahora, y lo sentimos mucho, ya no. Ya sea en el caso de Guinea, donde los políticos en plaza se disputan un sitio en la foto con el dictador, que en el exterior, ni las elecciones ni los líderes contribuyen a aportar dignidad a los habitantes. En caso de los partidos, velan por su prosperidad, y en el caso de las cabezas familiares, por el bienestar de sus familias. ¿Esto es lo que deseamos, habiendo sufrido bajo el fuego atroz de las dos dictaduras, y desde los pocos años de la independencia? ¿Cuál es la alternativa?

 

¿Cuál es la alternativa? Depende de lo que nos duela no poder vivir en el país, no tener una casa digna, no tener agua potable, no tener quien hable por ti cuando cualquier agente del poder te lleve detenido, no poder trabajar porque has hecho manifiesta tu oposición al estado de cosas, no tener alternativa alguna para la educación de los miembros jóvenes de la familia y no poder hablar cuando miles de millones se regalan en el extranjero o se dilapidan en círculos privados de los que secuestraron el poder. O de lo que nos duela especialmente que nos consideren extranjeros y nos traten como tales, con la malicia con que el poder guineano trata a los extranjeros en un país donde todos deberían ser bienvenidos.

 

Lo básico de este artículo es que creemos que las naciones nuevas están en disposición de ofrecer alternativas útiles en la dinámica política, formulas que no sean las consentidas peleas de grupos económicos que buscan el control del país. En el caso guineano, el poder vigente ya está lo suficientemente relacionado con la oligarquía económica para pretender apuntalarlo con procesos electores baldíos. Porque estos procesos aparentemente democráticos, el mayor objetivo de las partes enfrentadas, los partidos políticos, ya no aportan nada a la población, son procesos por los que los grupos políticos aseguran posiciones para dominar el espectro económico, un dominio que, ya se ve, siempre es en detrimento de la población. Esta es la clave del estancamiento de muchas sociedades africanas, en las que se vota cada cierto tiempo, pero las cosas distan del cambio real y efectivo necesario. Entonces, ¿democracia? Sí, pero luego de una renovación total de la cúpula del poder y el asentamiento de las bases de una forma de hacer política, convirtiéndola en la herramienta para resolver los problemas de la comunidad, una forma que será cambiada por los intentos actuales de que los recursos del país sirvan los intereses de los partidos, bajo los cuales aguardan poderosos grupos extranjeros de presión.

 

La cantidad de espontáneos que se apuntan a los movimientos políticos, siendo apoyados por círculos familiares y regionales, es la prueba de que esperan de su actividad política una retribución, una dependencia total de la política, el hecho que daría al traste con cualquier intento de enderezar los asuntos patrios. Llegado aquí, urge decir que la reiteración de estas consideraciones, con la función didáctica a la que va aparejada, es una llamada de atención por unos hechos que podrían atrasar considerablemente el ingreso de nuestro país en la lista de los que están en la senda de la recuperación.

 

Barcelona, 21 de agosto de 2015

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