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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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4 de septiembre, 2013

No sois guineanos

 

Sí, media centena de hombres y mujeres que podríamos citar aquí, y que a veces salen en los babélicos telediarios en los que hay de todo, menos información, no son guineanos. Pero antes de avanzar, nos gustaría que se supiera que los del poder, compuesto de ministros y generales de Mongomo y ministros maniquíes y corruptos de otras etnias, pero pocos de estos, están equivocados con nosotros, con todos los que seguirán clamando, aun en el desierto en el que serán relegados, contra su irracional y gallinácea manera de ejercer dicho poder. No saben estos hombres que sí dijimos que era difícil que en Guinea hubiera una democracia, que hubiera manera más transparente de administrar el país. De hecho, fuimos concretos y dijimos, en una obra grande de pocas páginas intitulada El derecho de pernada, que la Guinea era feudal. Y estamos en el año del Señor de 2013 y todavía se manifiestan en el país las características feudales. Incluso estas características echan robustas raíces diarias.

 

 

De hecho, aquellos juramentos de fidelidad y de entrega que hacía un señor ladrón muy débil a un señor más poderoso es práctica normal en Guinea, difundido por sus babélicos medios de comunicación y conocido por el cuerpo diplomático. De lo que estamos hablando es de cuando un señor que dice que es opositor, y que incluso tiene un partido político, se entrega con su madre, su padre, sus hijos y su mujer a Obiang, y a su familia y es el primero que se levanta de madrugada a felicitarlo en su cumpleaños. Ejemplos de jura de fidelidad al general sobran. Otra prueba de que vivimos el feudalismo más anacrónico es el comportamiento de los hermanos e hijos del que manda, gente que no está sometida, tampoco lo eran hace siglos, a ninguna autoridad, y que puede asumir el poder en cualquier momento si el señor feudal es llevado a la presencia del demonio a quien rendía cuentas. Sí, sabíamos que Guinea era un país feudal, que lo de pedir democracia es pedir quimeras.

 

¿Pero por qué día a día perdemos tiempo, esfuerzo y dinero en clamar por una Guinea distinta, pese a nuestros fundados conocimientos? Porque, aparte del anacronismo de vivir un feudalismo atroz en el siglo XXI, lo que está comprometido es nuestra supervivencia colectiva e individual. Es decir, podemos entender que esto sea feudal, pero no podemos dejar de exigir que se dé el salto imposible desde este feudalismo hasta el siglo XX, por ejemplo. Y porque, si no lo hacemos, perecemos y perecen otros, y pese a la presunción, al descaro y vanagloria de los ministros de casa y los maniquíes ladrones que les siguen el juego.

 

Bien, decíamos que no eran guineanos por lo que odian al resto de guineanos que no hacen lo que ellos. Y que conste desde hoy: de lo que se juzgará a los que supervivan al feudalismo malvado instaurado y defendido por estos malvados será su odio visceral a los guineanos, y más a los que se han atrevido a señalar sus faltas. Redondeado, el juicio será una declaración de su aguineanidad. No son guineanos. O bien, si persistieran en reconocer su ciudadanía guineana, presentar los hechos que certifiquen la ausencia de un país llamado así, Guinea Ecuatorial.

 

Con la tontería de que lo que se hace, y por la sabiduría suprema del general, es lo mejor, veremos, dentro de poco, que los países que antes se preocupaban por nuestra miseria material, y nos daban leche en polvo, empezarán a preocuparse por los desechos materiales de nuestra riqueza material, porque tanto dinero malgastado en bienes de apariencia dejará huellas en el cuerpo, en el medio ambiente y en el alma. Y porque hasta la fecha, los que mandan, y los maniquíes que los secundan, no saben que no es productivo ni digno de mención esto levantarse por la mañana, embucharse estos trajes falsificados que adquieren a precio de oro y sentarse al volante de estos coches enormes que adquieren para suplir su IQ, mientras la degradación ambiental y moral de todo lo demás clama al cielo. Es decir, por este bajo nivel de IQ, que quieren suplir con una casa fea allá y un coche que acapare toda la atención, no se justifica su vida. Con sus palabras: no hay persona sería que viéndoos haciendo lo que hacéis, no tenga dudas sobre si sois personas afectadas por severas taras, dais verdadera lástima, lamentablemente.

 

Lo que acabamos de decir es que los que somos serios por una inexplicable casualidad no dejaremos de hablar en estos términos, y aunque descubramos o sintamos que cerca de nosotros hay maquinaciones e intrigas diabólicas para comprometer nuestra integridad y la de los otros guineanos que os recuerdan que lo bordáis, no hay ridículo mayor veros presumir en cochazos que no sabríais producir en un país donde no hay absolutamente nada del que vanagloriar.

 

Dicho esto, nos despedimos hasta otra ocasión, que la verdad duele es un certeza que debéis incorporar a vuestra triste vida. Por nuestra parte, ya sabíamos, y lo consignamos por escrito en 2005 cuando dijimos que "al igual que la verdad amarga, estar en posesión de ella no nos libra del acoso de los que la persiguen".

 

Malabo, 5 de septiembre de 2013

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