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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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16 de julio, 2015

Reflexiones para racistas en modo avión

 

Nota preliminar: El modo avión es este estado innecesario, y por esto, extraño, de un teléfono que por lo que sea, nadie sabe por qué, no puede apagarse durante las horas del viaje por avión. ¿A que parece mentira que se haya vivido tantos siglos sin teléfonos y que ahora no puedan ser apagados mientras no se tenga siquiera la posibilidad de usarlos? ¿Qué diría un viajero a nadie si se encontrara en medio del atlántico océano, de viaje a Quintana Roo, por ejemplo? Pues nada, porque si tuviera algo tan importante que contarle en medio del cielo, sobre el océano, sin ver nada, no le dejaría para ir al lugar antes citado, o a otro mucho peor, como las aldeas siriacas dominadas por la intransigencia de fanáticos y criminales aupados al poder.

 

Cuando los grandes países, y los poderosos, no están involucrados en grandes guerras, o sea, estas que saltan a las potentes televisiones, todos los racistas de la parte central del mundo están en modo avión. Es la actitud de millones de personas que no tienen contactos con negros en su vida diaria, pero que actúan como si con éstos no pasara nada; pero bastaría una mirada somera para confirmar el presagio de que podría haber en el mundo una gran revolución causada por motivos racistas. Que los racistas se levanten, y que sus víctimas, los negros, en su mayoría asfixiante, digan que no pueden aguantar más y exijan reparaciones.

 

Que los racistas que no aman a los negros están en modo avión significa que ahora se hacen los santos, y si se les preguntara por racismo en sus comunidades, dirían que clasismo existe a punta pala, y que todo lo que hay de notificable en el asunto que nos ocupa son casos puntuales. Gentes españolas, o gentes inglesas, residentes de Colmenar, holandeses jóvenes, o franceses,  no son racistas, y entre ellos es el dinero el que abre las puertas para todos los mortales del mundo actual. Entonces decimos ¡ah! y les recordamos una cosa; mirad, racistas en modo avión: la esclavitud más cercana a nuestros días fue este hecho por el cual se arrancó a negros de África para venderlos en toda América, luego quedar asqueados por lo negros que eran y empezar a matarlos. Ítem más, no solamente aquellas batidas de negros fueron para el jolgorio de muchas sociedades, sino que pasados muchos siglos, ya en los mediados del siglo XX, todavía era una moda para el divertimento de las sociedades racistas de Europa, y también de España, la de exhibir a los negros por lo feos, salvajes, nauseabundos, deformados y horriblemente coloreados que eran, y esto lo veían como algo normal.

 

Este rechazo persiste hasta nuestros días y los derechos  universales se violan, o se ningunean, para justificar la marginación a la que hay que reservar a los negros, ocultables a toda cosa. Es lo que de manera oficial se ha llamado eufemísticamente los papeles. Pues pese a que todo hombre y mujer tiene derecho a moverse por donde quiera, ajustando sus movimientos a sus necesidades vitales, y a gozar de los beneficios de estos derechos de movimiento, desde que Gavrilo Princip desató la Primera Guerra Mundial y los países descubrieron la posibilidad de cerrar los bordes externos de lo que creían sus territorios, el derecho universal del movimiento fue apropiado por los Estados, usándolo para contener a los pobres y empobrecidos del mundo, que muchas veces son personas negras. Pero el asunto adquiere tintes denunciables por cuanto que se ha producido una reversión inesperada, de manera que la negación de estos derechos universales se ha justificado con la conversión de las víctimas en delincuentes. O sea, siendo víctimas los negros, de manera concreta, ocurre que personas de toda condición de esta raza pueden verse humilladas, o dañadas con grave menoscabo para su salud, porque las partes que defienden el clasismo o la pureza racial reclaman una legalidad que nunca puede equipararse al derecho de las personas. Ítem más, la legalidad que las naciones modernas exigen a los negros y a los sujetos de naciones deprimidas no debe ser un obstáculo para el libre tránsito y el libro desenvolver de nadie por ningún territorio, porque son bienes del espíritu asociados a un derecho mayor, ajeno a leyes inventadas precisamente por los que se enriquecieron mercadeando con negros. Para que lo entiendan los racistas en modo avión: el que un servidor no tenga los papeles gubernativos, que hoy por hoy no comportan el goce de ningún beneficio económico y social, nada le debería impedir tomar un avión, un tren, abrir una cuenta bancaria o beneficiarse de algún tipo de asistencia. Para que este clamor alcance a los de entendimiento lento: el atosigamiento al que se somete a los negros es equiparable a pedir algún tipo de credencial a alguien para salvarle en un incendio. Con los negros, y con otra mucha gente, se está violando sus derechos mientras se les criminaliza o se les elimina. Esto lo deben saber los racistas en modo avión. Esto lo decimos para que cuando llegue la hora del debate de cómo los de raza blanca son negreados, o anegrados, para ocupar el sitio de los negros auténticos, no digan que son hechos marginales, porque si hemos de hablar de marginalidad, los negros tampoco ocupan sitios importantes en estas sociedades. Es decir, negrear al blanco podría ser un hecho para calentar las charlas del bar, pero no lo es.

 

La provisión de hechos racistas ha creado un fenómeno extraño entre ciertas personas de los países mismos que actúan en modo avión. Es la capacidad de exigir cierto tipo de reconocimiento por hacer lo que en condiciones no racistas, sería normal. Por ejemplo, que no le pongas cara al negro cuando entra en tu bar, o que te hagas amigo de él en contra de los sentimientos de la mayoría. En ellos existe la necesidad permanente de justificación, y como resultado de un entorno donde las señales racistas son constantes y sutilmente emitidas, como si la actitud empática fuera la quiebra de una norma impuesta. Pero sea cuales fueran los sentimientos que embargan a quienes vivan en un entorno como el descrito, es urgente recordar a los racistas en modo avión que existe un atosigamiento oficial que no porque esté revestido de un barniz legal no vulnera los derechos humanos. Y es que cuando los agentes de la autoridad, policías, militares, aduaneros, y otros agentes de la ley inciden sobre el desenvolvimiento personal de las personas afectadas por meros incumplimientos administrativos, están violando los derechos humanos, de los que ya dijimos que están por encima de las consideraciones administrativas de cada lugar. Es decir, cuando seas testigo de cualquier intervención de los agentes del poder, guardarás para ti los sentimientos subjetivos que hubiera lugar, pero has de saber que estás asistiendo a un caso de violación de derechos que exige pública reprobación, la tuya incluida.

 

Desvelada como una práctica sostenida en el tiempo, el racismo practicado contra los negros está atravesando por un estadio coincidente con la agudización de los factores  que favorecen la desterritorialización de muchos hombres de raza negra, quienes se enfrentan a infinidad de vicisitudes que menoscaban su autoestima, cuando no comprometen su vida de manera inevitable. La cómoda postura del modo avión ante los fenómenos del racismo es la que impedirá la asunción de una respuesta adecuada, por cuanto que está siendo innegable que la Historia concederá a los sujetos largamente vilipendiados, rechazados hasta la muerte atroz, la oportunidad de decidir la forma de enfrentarse a los que amargaron su existencia.

 

Barcelona, 16 de julio de 2015

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