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Entrada libre el blog de Juan Ignacio García Garzón


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2 de agosto, 2018

'Fedra', el amor que se atreve a decir su nombre

 

 

Fedra es tan vorazmente apasionada que ha difuminado el protagonismo de Hipólito en esa historia de amor con llamaradas de incesto y tragedia que ha servido de inspiración a autores como Racine, Unamuno y, más recientemente, Sarah Kane. Paco Bezerra (Almería, 1978) se asoma al mito para dibujar una Fedra impetuosa que no se avergüenza de la intensa atracción que siente por su hijastro y está decidida a lo que sea para consumar ese deseo que devasta su corazón con la fuerza de una convulsión tectónica.

 

 

Parece haberse inspirado el almeriense en “Hipólito velado”, una tragedia de Eurípides perdida y anterior a la conocida simplemente como “Hipólito”, que el griego escribió en el año 428 a. C. para disipar el rechazo que había sufrido por la primera, bastante incorrecta políticamente para la época, pues presentaba una Fedra de indecente vehemencia en su afán por beneficiarse al joven montaraz, devoto de Artemisa y la naturaleza, que se espanta y ofende por las proposiciones de su madrastra. En esa línea, podría decirse que el Hipólito de Bezerra es un ecologista avant la lettre, defensor a ultranza, como Thoreau, de la vida en los bosques y vegetariano, que deja adivinar pulsiones homoeróticas en su negativa al avasallador erotismo de Fedra. Y la hija de Minos y Pasifae, casada con Teseo, una mujer que se quiere libre de ataduras sociales, pese a ser reina, y de imperativos morales asociados tradicionalmente al recato exigido a la condición femenina. Una protofeminista que se enfada cuando su hijo Acamante, hermanastro de Hipólito, le afea sus incestuosas veleidades amatorias y ella replica que nadie se escandaliza cuando tanto su padre como él se acuestan con cuantas mujeres les apetece.

 

 

El humanísimo Eurípides es comprensivo con las pasiones humanas, aunque imagina unos dioses que mueven los hilos del destino de los personajes; pero no hay en el texto de Bezerra ninguna Afrodita que condicione las vidas de Fedra e Hipólito, es el amor concebido como una fuerza devastadora y terrible, que acerca su pulso al de la naturaleza ingobernable, quien dicta sus leyes y hace que ella, espantada por la muerte del joven tras haberlo acusado falsamente de un intento de violación, se inmole entregándose al veredicto fatal de esa naturaleza que no respeta rangos ni pasiones.

 

 

Paco Bezerra ha escrito un texto de honda trepidación poética y simbólica, con personajes bien dibujados, que Luis Luque aborda en una puesta en escena que va de menos a más; tras un comienzo agobiado por cierta solemnidad marmórea, se eleva el vuelo cuando comienza a hablar Fedra, encarnada por una Lolita Flores que es un borbotón de verdad escénica. Juan Fernández compone un Teseo rebosante de autoridad aunque algo tonante en las escenas más tensas, Críspulo Cabezas es un Hipólito vehemente que transmite en algún momento una sensación de leve desgana corporal, Eneko Sagardoy imprime a su Acamante una desazón impetuosa y Tina Sáinz presta su sabiduría interpretativa a la nodriza Enone, siempre atenta a lo que más conviene políticamente.

 

Monica Boromello ha diseñado una sugerente escenografía abstracta compuesta por diferentes planos con una abertura central irregular que evoca tanto la entrada de una gruta como la profundidad de un útero. Sobre ella se agitan las imágenes cambiantes acuñadas por Bruno Praena (escamas, insectos, marañas, olas, ojos…) en una estupenda propuesta de videoescena, combinada con el difícil y bien resuelto trabajo de iluminación de Juan Gómez-Cornejo. Los figurines intemporales aunque de atmósfera clásica de Almudena Rodríguez Huertas exploran una gama de blancos, grises y tonos oscuros, con algunos detalles puntuales en rojo y azul. Muy bien también la música de Mariano Marín, arañada por un paisaje sonoro de ominosas resonancias.

 

Al público que llenaba el Teatro Romano de Mérida le gustó esta “Fedra” y aplaudió larga y calurosamente a los intérpretes.

 

Título: “Fedra”. Autor: Paco Bezerra. Dirección: Luis Luque. Iluminación: Juan Gómez-Cornejo. Escenografía: Monica Boromello. Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas. Música: Mariano Marín. Videoescena: Bruno Praena. Intérpretes: Lolita Flores, Juan Fernández, Críspulo Cabezas, Eneko Sagardoy y Tina Sáinz. 64 Festival Internacional de Teatro Clásico. Teatro Romano de Mérida. 1 de agosto de 2018.

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