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El mundo no se acaba el blog de Lino González Veiguela


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5 de noviembre, 2013

Mundos (im)posibles

 

“Estuve en China en 2007, en el primera convención –parcialmente- permitida por las autoridades en la historia del país. Tuve oportunidad de hablar con un alto oficial chino y le pregunté ¿Por qué habían permitido la convención? La ciencia-ficción había estado prohibida durante décadas. ¿Qué había cambiado?

 

Es simple, me dijo. Los chinos eran buenos fabricando cosas si otros les facilitaban los planos. Pero no innovaban y no inventaban. No imaginaban. Así que enviaron una delegación a Estados Unidos, a Apple, a Microsoft, a Google, y preguntaron a la gente que estaba inventando el futuro. Y se dieron cuenta que todos ellos habían leído ciencia-ficción cuando eran niños pequeños”.

 

 

                         Artículo en The Guardian, 15 de octubre 2013

 

 

                                                          ***

 

 

“Stanley Yang no es un fan más de La guerra de las galaxias. Es un hombre que decidió convertir en realidad lo que vio en el cine. La impronta que dejó en él la película de George Lucas se ha convertido, 35 años más tarde, en un chip que lee las señales de nuestro cerebro; una tecnología con la que pretende revolucionar la educación, la sanidad y nuestra manera de relacionarnos con las máquinas, con el mundo.

 

“Aterrizó en Estados Unidos con 14 años, procedente de su Taiwán natal. Le llevaron a ver el mítico filme y se quedó boquiabierto. “¡Qué gran país!”, se dijo a sí mismo, “¡han desarrollado una tecnología para mover objetos con la mente!”. No, era ficción en estado puro, para su desconsuelo. Pero si nadie lo había hecho hasta ahora, tendría que ser él el encargado de intentarlo.

 

[…]

 

“Yang abrazó su sueño: convertir en realidad esa habilidad de los jedis para mover objetos con la mente, la fuerza. Tras años de estudios y experiencia profesional, en 2004 vendió su empresa, Triscend, a la gigante Xilinx. Se podría haber retirado en ese mismo instante. Pero decidió ir a por todas. “Esta vez, la cuestión no sería solo hacer dinero”, dice confortablemente sentado en el sofá de su luminoso despacho en San José, California. “Quería un objetivo más grande: hacer algo en pro de la especie humana”.

 

“El resultado de la ambición de Yang, de 49 años, consejero delegado de la compañía Neurosky, es un chip que mide el nivel de atención de nuestro cerebro. Integrado en una especie de diadema, permite captar las señales eléctricas gracias a un biosensor que se ubica en la frente del usuario. En 2009 se lanzó un primer juego que usaba la tecnología de Neurosky y que permitía mover una bolita con la mente: Star Wars.

 

 

              Artículo en El País Semanal sobre Silicon Valley, 27 octubre 2013

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