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El sexo de Lucía el blog de Lucilob


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4 de noviembre, 2014

Fuck and run

 

Soy una gran defensora de las dos actividades que dan título a este post. Por separado, que son muy sanas, pero también seguidas. Es más, las recomiendo seguidas: con ello no quiero decir que te pegues una maratón de sexo en la cama y luego te calces las zapas para correr en el parque (en tierra mejor que en asfalto, hamijos). Lo que quiero decir es que es altamente recomendable, estando el mercado masculino como está, que parece un chiringuito de vender preferentes, follar y después, salir corriendo y si te he visto no me acuerdo.

 

Que sí, que en la teoría es muy bonito eso de abrir el corazón y dejarse llevar y amar. Qué bonito es amar, coño. Ama y ensancha el alma que canta Extremoduro. Lo que pasa es que muchas veces vas tú y abres tu corazón y está la vida esperándote con aquella magnífica definición de la palabra quizá del Libro Rojo de Mongolia, que reproduzco a continuación: Galleta de chocolate que el Destino esconde en la mano con la que nos hace señas para que nos acerquemos a él confiados mientras esconde, en la otra mano, el bate de béisbol del “pues va a ser que no”.


Pues eso, para qué arriesgarse y llevarse una hostia (o zurriagazo, que dirían en Extremadura, nótese cómo barro para casa) gratuita. Salvo que lo tengáis muy muy claro con el tipo de la cama en cuestión, mejor, fuck and run. Que no somos hinduistas y no hemos venido a esta vida a sufrir. Hombreya.

 

¿Cómo saber si el tipo es de los que debes follar y luego, salir por patas? A ver, nosotras, las chicas, solemos tener desarrollado, unas más que otras, ese sexto sentido que a menudo nos advierte “no, no te metas en ese callejón”. Lo que pasa es que somos cabezonas y no escuchamos muchas veces. Os voy a ayudar desde aquí con una breve enumeración de los tipos que son follables pero nada más. Vamos con ello:

 

Los ególatras: se les reconoce enseguida, apenas abren la boca. Incluso sin necesidad de ello: si en una de esas apps tan maravillosas para ligar te encuentras a un tipo cuyas fotos se reducen a su anatomía, abdominales y pectorales sobre todo, o poses de tirar besitos poniendo cara de interesantes (sin serlo, claro), no hay duda, es un ególatra. A los otros, a los ególatras por su intelecto, se les pilla también: hablan sentenciando, que parecen jueces del Tribunal Supremo, saben de todo y aunque pinchen música en un bar parece que estén investigando la vacuna contra el cáncer. Suelen ser pedantes, solo hablan de sí mismos, no escuchan al prójimo, ombliguismo puro y duro. A ver, si está follable a pesar de todo lo anterior, fóllatelo. Pero después, aire. Que ya somos mayores para erigirnos como groupies.

 

Los adictos: ay, los adictos. Ojo, que puede ser un adicto y un ególatra a la vez, aquí los defectos pueden ir de la mano, eh? No son excluyentes. Os podría decir que conocí a uno, pero para qué (hi fucking idiot). A lo que vamos, los adictos, sea a sustancias ilegales o alegales o a sus ex parejas. No acabo de entender lo de que un tipo se vaya vanagloriando de que se pone de todo. El otro día sin ir más lejos comí con uno que enseguida me dijo que todas las drogas le sentaban muy bien. Vale. ¿Y? ¿Acaso estamos frente a un fenómeno hipster como el de las barbas y ahora es una virtud ponerse hasta arriba de maría o de coca y presumir de ello? ¿Es moderno? Coño, que no. Esto demuestra que las campañas de prevención del Ministerio no funcionan, leñe… Pero a lo que voy: si el adicto manifiesto está follable, fóllatelo. Pero después huye como alma que lleva el Diablo, o más bien, como alma que huye del Diablo. No hace falta que os remita a mi anterior post sobre Darth Vader.

 

Los comprometidos: creo que en este punto no ha lugar aclaraciones. Si está comprometido y te gusta, te lo follas. Y luego nada más, ni le pidas el móvil, que parecemos tontas.

 

Los blanditos: escuchan a Ismael Serrano o a Pablo Alborán. Son muy dulces, en demasía. Como las garrapiñadas casi. Hasta en la cama follan blandito. Y follar blandito es pecado, leñe. Enseguida parece que están enamorados (qué cínicos). Prueba, si eso, pero tampoco son reliables.


Los torturados: leen mucho, sobre todo a escritores malditos. También tienen un cierto toque de cantautores, aunque suelen ir más por cantantes y grupos que murieron de sobredosis. Arrastran mochilas varias: de la infancia, de sus anteriores relaciones, de cuando fueron a por pan Candeal a la panadería y solo había Chapata… Chica, te vuelvo a repetir lo del hinduismo. Follarle una vez, o incluso varias si es bueno en la cama, es Bien. Más no.

 

Los volátiles: ay los imprevisibles (y esta categoría me la apunta mi amiga @queen_desert). Estos que no sabes cómo se levantaron hoy. Que ayer dijeron una cosa y hoy, otra. Mi animal mitológico preferido es el hombre Coherente. Mira, si quieres tratar a bipolares, te haces un Máster en Psicología. Pero no más.

 

Los pueriles: si los Peter Panes volasen, no veríamos el sol. Ay los pueriles: los chicos treinteañeros, cuarentones, de cincuenta.. que no crecen. Y aún están esperando que ejerzas de mamá. No. Que ejerza de mamá su puta madre. Una y no más, chicas. Si queréis dormir con infantes, os lleváis a casa un finde a vuestro sobrino. Y ya está. Recordad aquello de quien con niños se acuesta, cagado se levanta. Y no lo digo en este caso por el infante.

 

¿Continuará? 

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