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Tiernamente adorables el blog de Mario de las Heras


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17 de febrero, 2015

El boom latinoamericano

 

El Mundo ha abierto una ventana que da a Chichiriviche, en Venezuela, el Zihuatanejo donde vive con las manos en los bolsillos De Juana Chaos. A un lado se ve del Caribe el remolino y al otro el asesino. Una amiga colombiana le dijo a uno que a sus paisanos no les importa que les confundan con los venezolanos, al contrario que con los ecuatorianos. Así que se puede decir que es como si hubiera más de Cien Años de Soledad provocados por Iñaki; y como si otros cien hubieran pasado desde que enseñó al mundo las costillas emulando a Bobby Sands.

 

Que nunca estuvo dispuesto a dejarse morir se advierte ahora en la camiseta abultada y la postura laxa, envilecida. Aparece todo un mundo de colores americanos a su alrededor, como si más allá de la costa se irguiese aquel burdel de Juntacadáveres, aunque dicen que sólo lleva un mes al frente de la licorería que tiene el entorno cálido y playero en contraste con el rótulo, frío y urbano que parece el de la Genco Oil Company. Da la impresión de que ha dado sesenta y cinco veces la vuelta al mundo como José Arcadio Buendía, cuyo caso es tan mágico como el del heroico gudari exiliado de la tierra, matador de inocentes.

 

Su mujer parece encantada como Rebeca, sucumbida al primer impacto cuando volvió a comer tierra y cal de las paredes. Pero esta mujer comerá pescado, marisco y langostas del mar, y arepa y mondongo y asado negro. No le saldrán hijos con cola de cerdo. Seguro que ambos dan muestras a la mesa de una simpatía radiante, contando sus aventuras en países remotos, como aquella de un mediodía en el Golfo de Bengala donde su barco venció a un dragón de mar en cuyo vientre encontraron no el casco, las hebillas y las armas de un cruzado, sino quizá los juguetes o los zapatos sacados de un niño.

 

Ahora que lo han localizado se escuchan palabras como Interpol que antes no existían. Hasta el ministro Fernández parece decepcionado con el descubrimiento, aunque en él incluso dar los buenos días puede causar melancolía, como si fuera un hombre conocedor de terribles secretos heredados, un santo condenado en el infierno a llevar una carga insoportable que cada día se ve más incapaz de sobrellevar a pesar de la fe, casi perdida como la del Gringo Viejo. Pero el hombre hoy no es el ministro, ya lo fueron otros, Los Jefes que miraron de pronto hacia otro lado tirando a la alcantarilla la llave de la Casa Tomada, sino el protomacho De Juana, vivito en su Comala, al que se ve cerrar el negocio de Chichiriviche como la tienda de Catarino, apostando pulsos con cinco muertos al mismo tiempo o apoyando su entera masculinidad tatuada en el mostrador de las víctimas. El mismo José Arcadio que se cagaba dos veces en natura, y cuyo olor a pólvora permanece aquí, en Macondo.

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