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Tiernamente adorables el blog de Mario de las Heras


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28 de febrero, 2015

El Cóndor de los Andes

 

Hay en Zapatero una adolescencia tardía, quizá patológica, que le ha tocado a España (España es otra adolescente rebelde y comodona al mismo tiempo) como se merece. Puede que sea ZP el presidente que más se ha merecido, y el idóneo echando un vistazo por la ventana e incluso abriendo la puerta de casa. Uno entra en la suya y a veces le ve allí sentado en la descalzadora con las piernas cruzadas sonriéndole como a Raúl Castro y como a todo el mundo. Luego va a quitarse los zapatos y cuando vuelve ya no está, pero estar estuvo. Zapatero está haciendo el viaje de juventud aquel del Ché por Suramérica a bordo de La Poderosa que es Moratinos metido ahora a negociante. Y hay que ver cómo sube las pendientes y surca los caminos de tierra esa moraticicleta. Antes el ex ministro no negociaba y eso que era el jefe de la diplomacia española. Se limitaba más a conceder, que era una cosa que también hacía su garante. Uno le pedía cualquier cosa a Zapatero y él la concedía. Para qué si no estaban él y su ceja, que era como los visto que le ponía a uno el profesor en los ejercicios del colegio. Tiene que estar como loco con Pablo, ¡Pablo Iglesias tenía que llamarse!, que debió de ser su hijo en otra vida. Zapatero tuvo dos hijas (“tráenos un autógrafo de Pablemos papi”, las imagina uno diciendo mientras él se declara fan en la intimidad como de Melendi), pero le faltó el varón político que satisficiese todos sus sueños no cumplidos. El Wolfgang que le salió a Leopoldo. En realidad Zapatero nunca fue del PSOE sino de Podemos, y fue durante su liderazgo que los socialistas perdieron una identidad que ahora se debate entre la criatura del biotopo pesoísta andaluz, como dice Ignacio Camacho, Susana Díaz, y el músculo hinchado de Snchz, al que flaco favor le hicieron quitándole encima las vocales los mismos genios publicitarios que se las quitaron a este Ernesto Guevara (al primero le desinflaron, “snchzzzz…”, al contrario que al segundo, quien de pronto se hizo rotundo), que no es un adolescente aspirante a médico sino un adolescente Consejero de Estado que uno se encuentra de vez en cuando al llegar a casa sonriéndole en el salón.

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