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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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20 de abril, 2019

De mi diario : Semana 16 / 2019

 

Weiß/Colonia, 14.4., Día de la República

2:30 am : Alcancé a poder ver el final de Million Dollar Baby y después quise volver a ver la peli belga Hasta la vista, pero los programadores del canal MDR priorizaron unos combates de boxeo, la remilputa que los remilparió. Y que me demanden judicialmente si leen estas líneas (suponiendo que sepan leer, y además en un idioma extraño): yo los demandaría en el mismo juicio por malversar mis impuestos en la transmisión de unas salvajadas. No es que yo crea que el boxeo lo sea, pero como argumento jurídico es casi inatacable.

 

Le debo a la lectura por Samuel y Marcos del borrador de mi artículo sobre Robinson Crusoe unos aportes que no tienen precio. Samuel, desde Barranquilla, me recordó al mayordomo en La piedra lunar, de Wilkie Collins, para quien la novela de Defoe era lo que para otros suele ser la Biblia. Y Marcos, desde Karakogrado (Venezuelistán), me puso sobre la pista de una novela de Coetzee que no conocía, se titula Foe y promete, ¡cómo no, siendo de quién es! Ya la encargué ayer mismo en la librería de Sürth, pero no sé si me dará tiempo a leerla antes de la fecha en que debo entregar el artículo. No importa. La cuestión es que figure el dato en mi texto. Por su parte, Carla me pregunta que cómo es posible que no mencione al pobre Ulises, a quien llama «¡el primer náufrago de todos los tiempos!» Pero en primer lugar no lo es, y en segundo lugar, la verdad de la milanesa es que naufragar en el Mare Nostrum, esa bañera de los mediterráneos, no es nada robinsoniano. En el Mare Nostrum no puede haber Robinsones comm’il faut.

 

Weiß/Colonia, 15.4.

2:50 am : Interview, con Sienna Miller y Steve Buscemi, una pareja ideal para un duelo de actuaciones. Como Liz Taylor y Burton en ¿Quien teme a Virginia Woolf? Este duelo, empero, me gusta más, porque no hay melodrama en él. Son dos profesionales los que se enfrentan, no los dos miembros de una pareja, y eso es algo bastante mejor plato que las discrepancias à la bechamel o à la vinagrette de la peli del tándem Taylor/Burton. 

 

Le dedico mi columna de esta semana en EE al caradura de Ratzinger. Hay que tener tupé (¿se seguirá empleando esta expresión en España?) para no dedicar ni una sola de las 5.501 palabras de su texto en La Hoja del Clero a pedirle perdón a las víctimas de los abusos sexuales de los sacerdotes, y además decir que las verdaderas víctimas de la revoluciòn sexual del 68 fueron la Santísima Iglesia Católica, Apostólica y Romana, amén de la Eucaristía. Por eso digo que es un caradura, porque si no fuera tan inteligente como dizque es habría que decir que es gilipollas.

 

¡Arde Notre Dame! Y mi primera reacción es: Ojalá no se trate de un atentado terrorista. Esto quiere decir que la sicosis hace estragos hasta en mentes tan racionales como la mía.

 

Y se nos murió Bibi Andersson. ¡Bibi! De la escudería de musas que tuvo Bergman, ese sátiro escandinavo a quien todo se le perdona pensando en su obra. ¡Qué mujer, y qué actriz! Tengo curiosidad por saber qué pelis suyas entrarán en la programación de TV de los próximos días. De alguna manera tendrán que reaccionar a esta noticia. A mi me encantaría volverla a ver en Persona, en El festín de Babette, en Fresas silvestres (nada de salvajes, no es poca salvajada el nombrarla así)... O en Quinteto, que hace años que no la veo, y es de mi admirado Altman, con uno de sus repartos de lujo: Paul Newman, Vittorio Gassman, Fernando Rey, Brigitte Fossey... ¿hay quien dé más?  Es una peli sombría, pero no vivimos tiempos muy alegres que digamos.

 

[En una de las necrológicas de Bibi Andersson que leo buscando alguna ad hoc para incrustarla como hipervínculo en mi texto para Fronterad, descubro que la ilustran con una escena de Un verano con Mónica, que es de Harriet Andersson. Como decía Dieter: «Cultura hay que tener»].

 

Weiß/Colonia, 16.4.

Me escribe Julio desde Viena a cuenta de mi texto sobre Robinson: «En las discusiones sobre calidad musical, suelen aparecer robinsonadas. Como escribí en un capítulo de En contra de la música la pregunta obligada es: ¿cuál disco llevarías contigo si tuvieses que pasar el resto de tu vida en una isla y a solas? La gente es tan absurda que cree que uno naufraga con planes anticipados». Le contesto: «Caro Giulio, la pregunta es hoy obsoleta por lo que se refiere no solo a la música, sino también a la literatura y el cine: lo que me llevaría a una isla desierta es una tableta con conexión a Internet y recargable con célula solar. Así de fácil».

 

Hoy en La Modicana, de nuevo solos Carlitos y yo. Nos vamos a enviciar. Y de La Modicana a comprar agua mineral donde los turcos, y de allí a la librería para recoger el libro de Coetzee y darle a la librera la idea de organizar el escaparate del día 25 –efeméride del tercer centenario de la edición de Robinson Crusoe– con todas las robinsonadas a las que pueda echar mano, le ofrezco prestarle las mías. Me dice que lo va a pensar. Por si acaso, al llegar a casa le paso por email una lista de las que menciono en mi artículo.

 

Angie & Vincent vienen a cenar a casa, y a despedirse porque se van de vacaciones a esquiar en el Alto Adigio (ellos siempre lo nombran “Süd–Tirol [Tirol meridional]”). Charla muy animada durante la cena –soufflé de papa con carne picada, y espárragos blancos de guarnición–, plática donde me entero de que Vincent, al acabar su bachillerato quiere matricularse en la Uni, en dos  ramas: Lengua alemana y Literatura. Angie, por su parte, me pregunta si tengo un drama de don Bertolt Brecht, que necesita para sus estudios, y claro está que lo tengo, y a Vincent, cuando me dice que está terminando su lectura del Quijote, y que le gusta mucho, le entrego mi ejemplar de Momentos estelares de la Humanidad, ese estupendo libro de Stefan Zweig que es uno de los predestinados a volver adictos a la lectura a aquellos que lo lean. Nos despedimos como suelen hacerlo los alpinistas y los esquiadores: «Hals– und Beinbruch! [literalmente= “¡Que te rompas las cervicales y la pierna!]”, un conjuro contra el mal fario.

 

Weiß/Colonia, 17.4.

Rosalba leyó en Montevideo la última entrega de mi blog en El Espectador, y dejó en el foro un comentario: «Me gustaron todos, y en especial el de Michael Jackson. Eduardo Galeano, que no tenía cuenta Twitter porque era pretecnológico, dijo de él una vez que era “la única persona que realizó el milagro de no ser ni blanco ni negro ni joven ni viejo ni mujer ni hombre”». ¡Cuánta razón, Eduardo! Le contesto a Rosalba: «El tal MJ es uno de los individuos más impresentables de la Historia Universal. Y pisándole los talones, the fake president (nunca escribo su nombre para no mancillar mi pantalla ni mis textos)».

 

El último tuit que le regalé a Andrés ha tenido un eco mayor del que esperaba:

 

En El Heraldo de Barranquilla una linda columna de Joaquìn, a propósito de la cual le mando este email: «Te cuento que el año 1975 mi jefe en la Radio Deutsche Welle hizo un viaje de servicio a México y en una recepción conoció a Arreola y le platicó de mi inmensa admiración por su obra. Al día siguiente, en su hotel, mi jefe tenía cinco ejemplares de otros tantos libros de Arreola, y el de Confabulario estaba dedicado personalmente así: "A Ricardo, este saludo desde México, lleno de afecto y gratitud. J.J. Arreola (firma)".

 

Tal y como me lo había imaginado, me jalé de una sentada Foe, de Coetzee, una obra maestra. Ahora ya puedo meterle mano, mañana, a la redacción final de mi texto sobre Robinson Crusoe.

 

Weiß/Colonia, 18.4.

Oskar en casa para tomarme el pelo. Ha conseguido un puesto de aprendiz en una de las mejores peluquerías de Colonia, tiene además tranvía directo a ella desde su casa. Pero sólo empieza en agosto y ha decidido irse un mes a descansar en algún lugar lejano. Nada de turismo histórico ni artístico. Sencillamente relax. Me habla de Sudamérica y empezamos el descarte de países. Al final le digo que la mejor opción es el Caribe colombiano, y además allí tengo un amigo que le puede colgar una hamaca en su jardín. Me dice que me dará la respuesta el domingo. Veremos, como decía aquel gran optimista que era Borges. ¿O fue Homero?

 

Lo sentí como un amago de angina de pecho, o de infarto. Son casi las 7:30 pm cuando sin decir agua va una especie de mano gigantesca me estruja el pecho por dentro, a la altura del esternón. Me quedo quieto, las manos sobre el teclado pero sin escribir. Llega Diny de la calle, me ve la cara y me pregunta qué me pasa. Se lo explico. Luego decido poner en práctica el consejo de mi cardiólogo, pararme e ir a la escalera (Diny quiere que antes me mida la presión) y subir y bajar por ella hasta que la opresión desaparezca. Y sí desaparece. Pero no el susto.

 

Weiß/Colonia, 19.4., Viernes Santo

0:10 am : Relectura de The Artist. Relectura porque la mayor parte de la peli es cine mudo y hay que leer los labios de los actores y los diálogos intercalados. ¡Qué maravilla! Sí, pero el cine mudo, como su mismo nombre lo pregona, es el alfabeto Braille del cine.

 

Hace un par de días cité a Brigitte Fossey, en Quinteto, la peli de Altman. No se me fue del pensamiento porque hace añares que no veo ninguna peli suya, sólo La fiesta, que la repiten con frecuencia los canales alemanes. Estuve repasando su filmografía y recordé las palabras finales de El hombre que amaba a las mujeres [título traducido estúpidamente como El amante del amor], de François Truffaut, y son como un epitafio del protagonista: «Bertrand persiguió una felicidad imposible a través de la cantidad, a través de la multitud. ¿Por qué tenemos que buscar con tanta gente lo que nuestra educación nos dice que encontramos en una sola?» Pero quizá la respuesta esté en lo que ella misma le dijo una vez a Bertrand: «Creo que no se te puede negar nada. Tienes una forma especial de preguntar. Como si tu vida dependiera de ello». Sospecho ser un buen ejemplo de bertrandismo. Tengo mi vida poblada de amigos en los más remotos lugares, y raro es el año en que no se añade una media docena más. Aunque no es la búsqueda de una felicidad imposible lo que me mueve, sino el deseo de saber que mi vida no es inútil, que sirvo para algo. Héctor me lo dijo un día en Berlín, cuando fuimos juntos a alquilar una bici para Daniela, que estaba visitándolo, y me trabé en una plática con el dueño del taller de bicis y lo pasamos muy bien por encima de mi misión como intérprete, tanto que le dije a Héctor que si nos quedásemos un rato más, el dueño del taller y yo terminarìamos siendo amigos. A lo que Héctor me contestó: «Es que es muy difícil no hacerse amigo tuyo». Son palabras que se me quedaron grabadas por su contenido de verdad, una que yo desconocía. Y desde el amago de ayer tarde vuelvo una y otra vez a ellas. Como a las estoicas palabras de Manolete, después de la cornada mortal de Islero: «¡Qué disgusto le voy a dar a mi madre!» Yo, ya, no.

 

Heloïsa Helena me escribe desde su Brasil: «No tengo noticias tuyas desde diciembre. Llegaban mezcladas con una especie de ensayo sobre temas relacionados con la vida en general y con la tuya en particular. Tus textos son muy agradables de leer y los echo de menos». Me hace gracia la manera como ella describe mi diario. Le contesto ipso fuckto dándole instrucciones para que no se quede ninguna semana sin noticias mías mezcladas con una especie de ensayo sobre temas relacionados con la vida en general y con la mía en particular. Ay Heloïsa Helena, «personaja, teóloga loca, bronce, aullido de bronce», así la nombraría Gonzalo Rojas. ¡Qué de recuerdos!

 

Bajé al garaje para traer unas botellas de agua mineral, y al abrir la puerta de la casa, desde el cerezo japonés ornamental en flor, en el jardín de enfrente, me saludó el canto de un mirlo. ¡Qué gratuita es la belleza! ¡Y cuántísima crueldad en lo efímero de su ser! «¡Detente, eres tan bello!», le implora el doctor Fausto al instante. Y el instante le saca la lengua y se esfuma.

 

Última lectura del texto de mi artículo sobre las robinsonadas, y decido que ya no voy a poderlo mejorar (o empeorar) más, lo envío a la redacción de Nexos y que sea lo que los dioses quieran. No sólo los aztecas, los de todas las cosmogonías habidas y por haber. Pero de lo que estoy ± seguro es de que el 25 de abril no habrá ninguna otra publicación con una investigación pareja.

 

Weiß/Colonia, 20.4., Sábado de Gloria

De compras en Rodenkirchen. Diny me encargó una botella de Chardonnay. Cuando me pongo a buscarla viene en mi ayuda el “sumiller” de ReWe. Al decirle que busco un buen Chardonnay me pregunta que con qué fin, le digo que no sé, me pregunta si no será para unos espárragos, me acuerdo de que Diny siempre programa espárragos para los domingos durante la temporada y le digo que sí. Me recomienda un australiano que tienen en oferta y no pinta nada mal. Lo compro.

 

Hoy nos volvimos a quedar sin diario. Llamé a las 11:30 am para reclamar y me aseguraron que nos sería enviado durante el día, cosa que no sucede (son las 6:45 pm) y me supondrá una nueva llamada el martes, dado que el lunes de Pascua es festivo en Alemania. Diny supone que los del reparto habitual están de vacaciones y para los estudiantes que los suplen es un desconcierto el hecho de que el # de nuestra casa sea el 11a, no visible desde la calle al encontrarse en segunda fila, tanto que ni siquiera aparecemos en las imágenes en modo Big Brother de Google Earths. Yo, la verdad, prefiero no pensar tan mal de los estudiantes. Prefiero creer que piensan que ese # 11a se lo tragó el agujero negro sospechosamente fotografiado nada menos que en una galaxia llamada Virgo. ¡Por Dios, señores astrónomos, no se nos pongan sicalípticos!

 

Le envié al Herr Professor XM el artículo sobre los museos aparecido ayer en Fronterad, y de camino los felicité, a él y a N por las pascuas floridas. Me acaba de acusar recibo diciéndome «Parece mentira que un hombre de tu talante intelectual felicite las pascuas, por muy floridas que sean». Le he respondido ipso fuckto: «Jamás se me ha insultado como usted lo ha hecho, caballero. Llamarme "hombre de talante intelectual" es ofensa que no se lava sino con sangre. En breve recibirá usted noticias de mis padrinos. Y como soy el ofendido, puedo elegir las armas. Elijo las blancas. Pero si usted prefiere las mulatas, también estoy de acuerdo. Vale».

 

*****************THE END*****************

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