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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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29 de abril, 2017

De mi diario : Semana 17 / 2017

 

Weiß/Colonia, 23.4.

Domingo dedicado a escribir mi artículo sobre el Guernica y temas adyacentes, para enviárselo mañana a Phoebe. Creo haber armado un texto sólido pero al mismo tiempo alado, no sabría de qué otro modo calificarlo, y donde como en los guiones de Guillermo Arriaga (a quien no le gusta que los llamemos así) se trenzan varios temas para confluir en un final inesperado y sin embargo por completo natural y lógico. Lo voy a dejar dormir esta noche, para que él mismo consulte con la almohada si me va a seguir gustando cuando lo lea mañana por la mañana antes de despacharlo camino de Chilango City.

 

Descubrí un tuit casi genial de un español cachondo, que me hizo reír a más no poder:


 

Se lo mandé a todos mis contactos españoles con el ASUNTO “Semana Santa en Corea del Norte”...y la remesa me llegó devuelta, íntegra. La envié por segunda vez con el ASUNTO “Semana Santa en Pionyang” y también me llovieron las devoluciones. Pero al menos Maite, en Huelva, sí lo recibió, y espero que hayan sido muchos más. Sí así fuera, alabado sea el santísimo sacramento del altar, pero empiezo a sospechar que no hay que poner Corea del Norte en el rubro ASUNTO de nuestros emails; Big Brother Kim Jong Un is watching us!... y bloquea los emails donde se le toma el pelo.


Y todo el santo día esperando la llamada de Oskar. Mi querido niño parece que va a seguir los pasos de al menos cuatro miembros de la familia, dizque se da muy buena maña como Fígaro. En la familia holandesa tenemos a Bernadet, la tercera hermana de Diny, que luego le traspasó su peluquería a Monique, la mujer de Marcel, el hermano menor de Diny, y Monique a su vez a Chantal, la nuera de nuestro Harry (al primer hermano de Diny, a quien lo llamamos así para distinguirlo de su tocayo, el marido de Miny, la segunda de los once Hansen). Y en Huelva está Alejandro, quien, por cierto, le hizo a Oskar un buenísimo corte de pelo el año pasado, cuando fuimos allá en Semana Santa. Y pasa que el martes, en la despedida de Paul, Diny le encargó a Oskar que viniera el jueves a casa, a cortarme el pelo, pero el jueves menda no se encontraba in the mood, como decimos los clásicos, así es que cuando llamó acordamos que viniese hoy domingo, y él mismo sugirió llamar cuando se despertara para a su vez acordar la hora en que pasaría por aquí. Pero al parecer sigue durmiendo, son las 8:54 pm y todavía no ha dado señales de vida. Dios bendiga a quienes saben (y pueden) dormir así.


Weiß/Colonia, 24.4.

2:30 am : Acaban de pasar The Sweeney [cuyo título alemán es, ¡ay!, The Crime], una buena peli inglesa sin necesidad de grandes nombres en el reparto. Es algo que me gusta mucho del buen cine inglés, su falta de pretensiones, sin esa fanfarronería de nuevo rico que suele ser la mácula de bastante cine gringo.


Todo el día dedicado a la última lectura del texto sobre el Guernica, para mandárselo a Phoebe, y luego, inesperadamente, se me ocurrieron de golpe el texto para mi siguiente columna y para mi post de mañana en mi blog en EE, así es que dale que te pego al teclado, y muy en especial el texto para mi blog creo que me salió redondo, un buen ejercicio de rescate del pasado.


Por culpa de la dichosa escritura y que quise aprovechar que estaba en vena, me perdí de ver La doble vida de Verónica, de Krzysztof Kieślowski, de la que Milan Paulovič dice en su reseña del diario que la complejidad de la trama se salva gracias a «la tantas veces mágica Iréne Jacob, quien pertenece a la rara especie de personas que son hermosas mientras no sonríen». Cuando di de mano con la escritura estaban pasando los títulos de crédito finales. Pero sí que pude ver No matarás [la traducción directa del título polaco sería Breve film acerca de matar], también de Kieślowski, uno de la serie de diez telefilms que dedicó a los diez mandamientos. No me ha gustado, me pareció exagerada y aunque incluye una ejecución y sea un alegato contra la pena de muerte, pienso y creo que le sobran los fotogramas dedicados a ver gotear las heces fecales del ahorcado en la cubeta que el previsor verdugo colocó  debajo de la horca. Desacralizar la muerte de ese modo invalida (casi) el mensaje de repudio a la pena capital. He dicho.


Weiß/Colonia, 25.4.

Hoy, hace 50 años, bien entrada la tarde, estábamos en casa de Malala, en Olivos, en Buenos Aires, viendo en la tele el entierro de Adenauer. Lo he contado con pelos y señales en el post que escribí ayer fechándolo hoy para mi blog de El Espectador.


Me escribe Tono desde Santander, metido en la tarea de editar la correspondencia de Felipe y me pregunta por Víctor Canicio, que si sé quién es y qué recuerdo de él. Le contesto: «Es un escritor y traductor del alemán que vive a caballo entre Heidelberg y San Carlos de la Rápita. No recuerdo que hayamos ido juntos a casa de Felipe, aunque puede que sí, y desde luego que sí acudimos juntos a su entierro. Pero no tenía idea de que hubiese una correspondencia suya con Felipe, aunque es quizás porque lo extrapolo de que tampoco la haya conmigo, sólo que Felipe y yo vivíamos a 30 km de distancia y nos telefoneábamos a diario (a veces durante horas, en horario nocturno, que era baratísimo), y Canicio vivía en Heidelberg, que son bastantes más km. El factor económico de los costes de teléfono en aquellos tiempos no es de desdeñar. Hoy podemos llamar directamente durante horas con el extranjero, con tarifa plana (mi mujer lo hace con su familia neerlandesa y con mi hermana en Huelva), pero en los 60, 70, 80 había que pedir las llamadas al extranjero a una centralita y la primera unidad eran 3', pero después el contador parecía conectado con un acelerador de partículas. Como anécdota te cuento que era usual deletrear el nombre de la ciudad con la que se pedía la conferencia, si no se trataba de un nombre como Madrid o Barcelona, en España, y así las cosas pasó lo siguiente: Nos visitó mi hermano, acá en Colonia, y al rato le pregunté si no le gustaría hablar con nuestros padres en Huelva. me dijo que claro que sí, marqué el número de la centralita y recité en alemán una letanía que me sabía de memoria (llamaba a mis padres cada dos domingos) : «Señorita, deseo una llamada a España con, le deletreo, Habana Uppsala Edison Liverpool Valencia Ámsterdam, número 2197. ¿Cuánta demora hay?» Me contestaron que tendría la conexión en menos de ½ hora, di las gracias y colgué. Y me encontré a mi hermano (que, recién llegado, no entendía ni papa de alemán) mirándome estupefacto: «¿A todos esos sitios hay que llamar para que pasen la llamada a Huelva? Posdata : Te anexo un texto en el que hablo de Felipe y de Canicio. Vale».


Por primera vez desde hace siglos, un peluquero masculino: Oskar. Se da trazas de buen Fígaro aunque me dice que todavía no ha decidido si hará el aprendizaje correspondiente. En cualquier caso, ya se le había ocurrido, como a mí, que si lo hace después podría irse a Huelva a practicar donde Alejandro. Veremos, como decía sabiamente Homero. Por de pronto le he pagado 10 € por su desempeño, el doble de la tarifa para sus amigos y diez veces la tarifa para Henri, y se ha ido más contento que unas pascuas. ¡Bendita criatura mi Oskar de mi alma!

 

Cannabis ante portas, en la casa de la familia Bada Hansen, no significa que nos está llegando una remesa de marihuana, sino que nos visita Herr Hanf, el dueño de la casa, para tratar de un asunto delicado: la subida del alquiler. Y Hanf, su apellido, en español significa “cáñamo”, por lo que me permito el latinajo de marras. Hemos tenido una conversa larga, porque a este buen hombre le gusta hablar más que a un tonto un lápiz, y nosotros además nos contamos entre sus víctimas predilectas porque somos los únicos inquilinos que quedamos de los ocho partidos que inauguramos esta casa en diciembre de 1975. Eso también hace que seamos el único partido de los ocho actuales con un contrato de inquilinato anterior a la nueva Ley de Alquileres Urbanos, que no tiene carácter retroactivo. Por ello, a partir de julio sólo tendremos que pagar 77,95 € mensuales más. ¡Aleluya!, como dizque gritan durante sus orgasmos los miembros del Opus Dei.

 

Weiß/Colonia, 26.4.

Visita de Babette, que todos los años se escapa de Suiza para venir a pasar unos días en Weiß. La queremos mucho a Babette, y a su hermana, Katya, las compañeras de juegos de nuestros hijos cuando ellas vivían en el piso de arriba, con sus padres. Luego el padre se suicidó y un par de años después murió la madre, de cáncer, asistida por Diny hasta sus últimos momentos. La relación con las dos chicas es pues casi familiar, somos unos padres de repuesto. Babette me trae de vuelta el libro que le presté, Guillermo Tell para la escuela, de Max Frisch, y que le ha gustado mucho. Y ha invitado a Diny a almorzar con ella y su suegra en el otro italiano, a la orilla del Rhin, así es que charlamos una hora hasta que llega Carlitos para buscarme. 

 

Hoy, en La Modicana, regreso a las buenyviejas costumbres: espaguettis à le pauvre Jean. Son la pura delicia y, como dice Carlitos, la mejor prueba de que en cocina también menos es más.

 

Cuando regreso a casa me encuentro que el cartero ha dejado en mi buzón los episodios 2 a 5 de la saga de John Rebus. Lectura asegurada para esta semana y la siguiente. Pero debo empezar a encargar ya los episodios 6 a 10, quiero leer la saga completa (son 21 episodios hasta la fecha) antes de que llegue la tía Paca con la guadaña.

 

Weiß/Colonia, 27.4.

1:10 am : Acabo de ver Un profeta, por primera vez, y desde ya estoy deseando volverla a ver. Tenía toda la razón Milan Paulovič, en su reseña del diario, al escribir: «Ocho años ha durado hasta poder ver esta obra maestra en Free–TV. Algo desagradable. Por otra parte tan sólo cabe envidiar a los espectadores que tienen hoy la primera posibilidad de verla. Y felicitarlos». Es, como él mismo dice en la misma reseña, «una de las mejores obras de los últimos tiempos».

 

Leyendo el diario me entero de que a partir de julio las pensiones de jubilación aumentarán en un 1,90%, lo que me hace precipitarme a la calculadora y extraer como resultado que percibiré un plus de 78,37291 € (¡bah, 78,40 en cifras redondas!), lo que me confirma que estoy siendo vigilado por el Estado del bienestar, y al enterarse de que mi alquiler subirá 77,95 € desde julio, tomó la decisión de sufragarme ese gasto, e incluso añadir una propina. ¡Gracias, Padre Estado!

 

Al final del segundo episodio de la saga de John Rebus, este le dice al DC Holmes, después de una razzia encubierta: «Anoche me pareció que estaban ustedes algo nerviosos. [...] Vi que se comportaban a la manera del ejército italiano, “¡Adelante, retrocedamos!”, o algo semejante». Me recordó la única expresión negativa respecto del bando franquista que no estaba mal vista en la posguerra civil; decir (como lo decía mi padre) acerca de alguien que se acobardaba si le hacían frente: «Chaquetea más que los italianos en Guadalajara». “Chaquetear” tiene hoy otro significado inmediato, “cambiar de partido en beneficio propio”, pero en los años 30 y 40 era lisa y llanamente “huir ante el enemigo”. Los ejemplos de esa acepción que aduce el ejemplar Seco para documentar su uso, son todos de novelas que transcurren durante la guerra civil.

 

Weiß/Colonia, 28.4.

En el foro de mi blog de EE, al pie de mi nuevo post sobre el entierro de Adenauer, encuentro este comentario de Mauricio Gómez, a quien no conozco: «Qué hermosa nota. Ojalá desde allá sientas una nostalgia similar por esta parte de América. Aunque algún rescoldo se nota en la remembranza de nuestro poeta». Le hubiese querido responder en mi propio blog, pero para dejar un comentario o una respuesta resulta que tengo que darme de alta en Scarfacebook y el nieto de mi abuela no cae en esas trampas. Le daría las gracias a Mauricio Gómez por leerme, y le hubiera dicho que se trata de dos nostalgias distintas. Mi Güeno Saire querido que ya no volveré a ver & la Colombia de mi corazón me llenan de una nostalgia por lo que viví allá, pero lo que sentí el 25.4.1967 fue otra nostalgia, una que implicaba un sentimiento de pertenencia. Lo quiera o no lo quiera (pero sí lo quiero) soy europeo de los pies a la cabeza.

 

Ese soneto de Juan Lozano a la catedral de Colonia es hermoso de a deveras, gozo copiándolo:


                                          Desde el arco ojival de la portada
                                          hasta la flecha que en lo azul palpita,
                                          cada cosa en su fábrica suscita
                                          el ansia de emprender otra cruzada

                                               Mole de encaje y de ilusión, cascada

                                          que baja de la bóveda infinita,
                                          surtidor que hasta Dios se precipita,
                                          escala de Jacob, fuerza encantada.

                                               Tiene tanto a la vez de piedra y nube,

                                          su pesadumbre formidable sube
                                          en la luz con tan ágil movimiento,

                                               que se piensa delante a su fachada

                                          en alguna cantera evaporada,

                                          o en alguna parálisis del viento.

 

Weiß/Colonia, 29.4.

El tercer episodio de la saga de John Rebus, Tooth & Nail [Uñas y dientes], sucede en Londres, donde Scotland Yard requiere su experiencia en la detección de asesinos seriales. Es un relato que voy a decirle a Susana que lo compre enseguida, en el original inglés, lo va a disfrutar de varias maneras. Una de ellas recorrer su ciudad querida de la mano de Ian Rankin, que parece conocerla bien, ha vivido allí. Otra de las maneras es leyendo de primera mano los albures (así los llaman en México) del Rhyming Slang, sin los circunloquios que he tenido que hacerlo yo por el empeño meritorio de la traductora alemana para introducirnos en ese terreno lingüístico que es un mundo per se. Y una tercera manera, por la contraposición de dos mentalidades, la escocesa de Rebus y la inglesa de sus colegas de Scotland Yard, que a veces culmina en frases como esta, cuando el inspector Flight se pregunta pensando en Rebus: «¿Podía confiar en ese hombre? [...] Rebus era escocés, y Flight nunca había confiado en los escoceses, en todo caso no desde el día en que se habían decidido, mediante referéndum, por permanecer en el Reino Unido». La frase podría ser de Chesterton, o Shaw, y la novela se publicó en 1992, así es que no se trata del referéndum de hace un par de años, ya en el nuevo milenio.

 

Montse y Frank se han ido a pasar este fin de semana largo en Francia, llevándose a Henri. Por su parte Paul sigue en Tailandia, y como Oskar no se quiere quedar solo en la casa, va a venir a la nuestra, sólo a comer y a dormir, claro está, porque aquí no parará sino para reponer fuerzas. Sea como fuere, me siento feliz de tenerlo dos días durmiendo bajo nuestro techo. Y sé que él también se alegra de estar con nosotros. La felicidad consiste en no pedir más de aquello, poco o mucho, que te da la vida. («–Metafísico estáis. –Es que no como»).

 

Pena que no se me haya ocurrido antes, se la hubiese enviado por email al ghost writer de the fake president para su discurso de los 100 días. Una frase donde declarase que el lema de su paso por la Casa Blanca va a ser “Donde dije digo, digo Diego”.

 

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Me gustó muchísimo el artículo sobre el 80 aniversario de la alevosa destrucción de Guernica. Gracias por la interesantisima información que en él das, y que para mí era desconocida.

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