Entre   |  Regístrese

Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


Tamaño de texto: A | A | A

5 de mayo, 2018

De mi diario : Semana 18 / 2018

 

Weiß/Colonia, 29.4.

Uno de los trucos todavía no utilizados por Hollywood es el siguiente: El policía protagonista descubre que su esposa (su hija, su amante, su loquesea) ha sido asesinada por algún servicio secreto de su propio país (los metastásicos USA, ¿cuáles otros?) y gracias a un ardid consigue echarle mano a los representantes de una de esas ramificaciones del Crimen Organizado que son los servicios secretos USAnos, y uno de los encartados le dice: «Usted no sabe con quién se está enfrentando, ya lo va a notar». Ese es el momento en que el protagonista, saliéndose del guión, le respondería: «No seas hijueputa y además imbécil, esta es una peli de Hollywood”. La reacción (real) en las caras de los actores dirían (explicarían) mucho acerca del pantano moral en el que viven los ciudadanos del país de las imposibilidades genéticamente programadas. Creo que valdría la pena que un director echao p’alante hiciera el experimento.

 

Angie y Vincent en casa, almuerzo con espárragos del terruño, papas cocidas en su piel, jamón serrano y jamón dulce, huevos revueltos y mantequilla fundida. Viva el lujo y quien lo trujo. Pero la de Diny es una argumentación sin vuelta de hoja: Angie no está ahora en condiciones de costear un almuerzo así para ella y Vincent, de modo que nos toca a nosotros ofrecérselo.

 

El nombre Beck sigue siendo el gancho, pero la serie (tal como es ahora) no tiene un carajo que ver con la serie cuando había una dupla Martin Beck/Gunvald Larsson. Los episodios carecen de chispa, son meros ejercicios para sobrevivir en el favor de la audiencia, teniendo como coartada la presencia cada vez más penosa y prescindible de Peter Haber. Siente uno vergüenza ajena cada vez que aparece fugazmente en la pantalla, los guionistas no han sabido estructurar su función en este nuevo vehículo. De repente se acuerdan de él y le inventan una escena. Algo de a deveras lamentable; quien te ha visto y quien te ve, como antaño se decía en España.     

 

Weiß/Colonia, 30.4.

A las 8:30 am me despierta el ruido de una taladradora, en algún lugar de esta casa, mejor dicho, del conjunto que forman el 11a (tres apartamentos, uno por cada piso) y el 11b (cinco apartamentos en sus también tres pisos). El edificio en sí goza de un aislamiento acústico ejemplar. No recuerdo, en 42 años largos de vivir aquí, haber oído más ruidos ajenos que el llanto tenue de algún niño bien entrada la noche, o la ducha del piso de arriba, asimismo en la noche o la madrugada, y desde luego cuando las visitas se despiden en el hueco de la escalera. Pero apenas entra en acción una taladradora, el edificio entero se vuelve una caja de resonancia y la impresión que queda es la de que están convirtiendo alguna pared en un alfiletero    

 

Como mañana es fiesta y no podríamos hacer las compras de la semana en Aldi, vamos con Diny a comer en el italiano a la orilla del río porque La Modicana cierra los lunes a mediodía. Casi toda la plática versa sobre mis viejos tiempos, pertenezco a una generación que conoció el viejo Velódromo como campo del Recreativo, los cines de verano, el tren botijo a la playita de la Punta del Cebo, los vaporetti (en Huelva los llamamos “canoas”) a Punta Umbría, ¡tantas cosas que pasaron a la Historia y ya no volverán! Pero en mi memoria están vivas, y cómo.

 

Diny me dice que no piensa comprar más fresas de Lepe. Acaba de ver un reportaje en la tele, hecho en Lepe, en una de esos macroplantíos, y las condiciones en que trabajan los recolectores son lo más parecido que se conoce a la mera esclavitud. Por si eso fuera poco, a las mujeres se las llevan después del trabajo para calmar la rijosidad del dueño del plantío y sus amigos. Todo ello documentado en el reportaje, que no he visto pero, por lo que cuenta Diny, recuerda mucho las páginas más terribles de No Logo!, el apocalíptico libro de Naomi Klein.

 

50 Shades of Grey es una peli que no pensaba ver, leí acerca de ella todo lo que necesitaba en numerosas cuentas latinoanericanas de Twitter buscando trinos para mis selecciones, y de a deveras que se me quitaron las ganas de ver algo así. Pero esta mañana descubrí en la crítica de la programación del día en la tele que en su reparto figura Jennifer Ehle y me dije que no me la podía perder. Mi desencanto es mayor de lo que pensaba, porque JE no aparece más que cuatro o cinco veces, todas de muy pocos segundos, en el papel de madre de la protagonista, y uno no puede sino menear la cabeza sin comprender por qué una actriz de su calibre aceptó participar en una peli como esta, en la que además no llega a un minuto el metraje donde se la ve. Tiene que haber sido porque le ofrecieran un honorario que no podía rechazar, diría el Padrino.

 

Weiß/Colonia, 1.5.

Carina, la hija de nuestros vecinos del piso de arriba, ya tiene 16 años y un pretendiente, lo ha descubierto Diny esta mañana, al mirar por la ventana de la cocina y ver injertado en el seto, enfrente de la puerta de la casa, un árbol de Mayo con una C pintada en un globo en forma de corazón. La costumbre del árbol de Mayo está muy difundida en esta zona de Colonia. En Sürth, el pueblo que sigue a Weiß hacia el sur, incluso tienen una tradición única en la ciudad, y es la elección anual de una Reina de Mayo.

 

Todo el día dedicado a pasar a pantalla un texto sobre Beuys que sólo tenía en soporte papel y que me gustaría enviar a Nexos para una efeméride no redonda, los 97 años del nacimiento del hombre del sombrero. Porque una de las cosas que más simpáticas me resultan en Nexos es que la redacción no se limita a los aniversarios redondos (cincuentenarios, centenarios, etc.) sino que extiende su atención a los que no lo son, casi como haciéndole caso a Enrique Vila–Matas, que en 1997 se sacó de la manga un volumen titulado Para acabar con los números redondos, con algunas efemérides como los 82 años de la venida al mundo de Octavio Paz. Me monto en ese tren para rememorar cómo fui entendiendo un arte que al principio no entendía.

 

Weiß/Colonia, 2.5.

Larguísima carta de mi querido Loyola, que me conmueve como él nunca se podrá imaginar. No se la puedo contestar a vuelta de correos, tengo que esperar a sosegarme y a leerla una vez más, tranquilo, sin la sorpresa del puñetazo en el plexo solar que ha sido esta primera lectura. De siempre, es decir, desde que nos conocimos en Berlín, en 1982, sé que Loyola es una gran persona, y es uno de los autores que más admiro, y entre mis amigos uno de los más queridos. Lo que nunca llegué a sospechar es que la primera de las dos premisas fuese también recíproca.

 

Me escribe Ibsen y me dice entre otras cosas que se hace acompañar por Schubert a menudo mientras trabaja. Le contesto que «mis compinches musicales suelen ser Shostakovich (mi compositor predilecto, junto con Ravel) o bien Satie. Depende del ánimo con que ande, o del trabajo en el que esté metido. Ayer, por ejemplo, transcribí a la pantalla un texto que sólo tenía en soporte papel y lo hice teniendo en fondo la sinfonía Leningrado, en la versión de Mariss Jansons». Lo que olvidé mencionarle es que mientras le pergeñaba esa respuesta lo que estaba en fondo era Rosa, la China, la zarzuela de Lecuona que incluye algunos elementos chino–cubanos en su partitura. Tengo el CD ahí desde un par de meses, cuando le hablé de él a Julio y le prometí enviárselo, pero no encontré todavía el tiempo ni la ocasión.

 

Pasaron en el canal Arte Le gamin au vélo [El niño de la bicicleta], otra peli de los hermanos Dardenne que me ha hecho recordar las mejores cosas de Truffaut, mi director predilecto. Leo en una reseña que el crítico le toma a mal a los Dardanne el cartel de esta peli, y creo que tiene razón, ese cartel tan lleno de vida, de luz, de armonía, no condice con la dureza de la trama, que en algunos momentos llega a angustiar. Pero me digo que el cartel es cosa del mercadeo y no de los autores de la peli, el cartel no la descalifica. Para nada. Hasta le gana otra dimensión.

 

Weiß/Colonia, 3.5.

Gran parte del día repasando mis archivos de fotos viejas y escaneando una media docena que me pueden servir para ilustrar textos futuros, entre ellos el que quiero dedicarle a Severo en el 25.º aniversario de su muerte, el 8 de junio. Encontré por cierto la foto que me hizo Diny el 11 de junio en el cementerio, en cuclillas al lado de la inmensa ofrenda floral sobre el túmulo de tierra apelmazada y el sencillo letrero detrás: «Mr. Severo Sarduy / 1938–1993», con esas dos S del nombre y el apellido tan semejantes al signo & dado vuelta hacia la izquierda. ¿Será la letra de François o la de algún empleado del cementerio? ¡11 de junio del 93! El día anterior celebramos la fiesta de mi cumpleaños, en el apartamento de Fernando, todavía en la Rue Stanislas, Métro Notre–Dame du Champs. «Eheu, fugaces!», que dijo don Horacio. Y lo que más me despista de esa Oda es que Horacio le habla de los años que pasan fugaces a alguien que se llama nada menos que Póstumo: «Ay Póstumo, Póstumo, fugaces / se deslizan los años y tu piedad no hará que se retrasen / las arrugas, la vejez inminente / y la muerte invencible», así se lee en la traducción de Ramón Irigoyen, la que más me gusta de entre las que conozco.

 

Weiß/Colonia, 4.5.

0:45 am : Zapeando en la tele llegué justo a tiempo para ver un documental sobre el Parque de María Luisa en Sevilla, un documental apasionante por la inmensa cantidad de información audiovisual condensada en ½ hora. ¡Qué gran arquitecto de jardines y parques ese Forestier que nos legó semejante maravilla! Yo tengo dos recuerdos personales ligados a ese Parque. Allí fue donde en los pabellones uruguayos de la Plaza de América se instaló la casi única fábrica de zapatos que hubo en la zona franquista durante la guerra civil, y donde se desempeñó mi padre, salvando así la vida porque toda la industria del calzado se encontraba en la zona republicana y mi padre era de los contadas personas que estaban en la zona dizque nacional, con experiencia de fabricación de esa prenda prácticamente indispensable para el ser humano. Y si digo que así salvó la vida es porque sus ideas políticas eran federalistas republicanas, las del partido de su admirado Eduardo Barriobero, a quien asesinaron legalmente en Barcelona tras un consejo de guerra sumarísimo. Y el otro recuerdo que tengo del Parque de María Luisa son los paseos que dábamos entre clase y clase de la Facultad de Derecho, llegábamos hasta la Plaza de España y la recorríamos  por el arco interior  para regresar a la Facultad teniendo su vista completa a la derecha, Números fijos de aquellos paseos siempre fuimos Miguel Mantero, de Valverde, y yo. Los otros cambiaban con los días. ¡Qué dias divinos como el tesoro ese que no volverá!

 

Esta vez apareció puntual mi columna en El Espectador. Y lo único que se ocurre comentar es: Alabado sea el santísimo sacramenteo del altar. (La grey: Sea por siempre bendito y alabado).

 

Sigo con la lectura de la correspondencia de Flaubert, cada vez se me hace más evidente que fue una sabia decisión del Destino el hacérmela leer a una edad tan avanzada, ahora es cuando realmente puedo extraerle todo su sabor. El 6.4.1853 le escribe a Louise Colet, a propósito de Lamartine: «Un hombre que compara a Fénélon con Homero y que no ama los versos de La Fontaine, está sentenciado como literato. De Lamartine no quedará tanto como para rellenar medio libro con poemas escogidos. Espiritualmente es un eunuco, le faltan los testículos, tan sólo ha orinado siempre agüita clara». Y el 1.6. le escribe: «¡Oh, la palabra de Goethe! “Yo quizás hubiera podido ser un gran poeta, si el idioma no se hubiese mostrado inexpugnable”.  ¡Y eso que era Goethe!» Y el 21.8, siempre a su amante, le habla una vez más del genio de Weimar: «Cuando Goethe se casó con su ama de llaves ya había dejado el Werther a sus espaldas y era todo un maestro como hombre que todo se lo repensaba».

 

Weiß/Colonia, 5.5.

Anteayer me escribió Juan Carlos desde su retiro de las Asturias, para agradecerme el envío de mi foto con Paco Toronjo, que le prometí in illo tempore, y me dice: «Hoy recordaba tu cuento sobre el alemán de la Condor del que ya hablamos. Estuve en una comida de antiguos alumnos de la promoción del 64 en los jesuitas de Gijón. Comíamos juntos F. Comas (hermano de José Comas, corresponsal de El País en Berlín, ya fallecido) y yo, y me comentaba que en el pueblo donde ahora vive, muy cerca de Cangas  de Onís, hay un monolito en piedra en recuerdo de un alemán de la Condor caído allí. Cangas de Onís fue semidestruida por la Condor en octubre del 37. Parece ser que intentaron llevarse ese monolito para un museo y mi amigo les dijo que no. Allí se quedó». Le contesté hoy: «Pepe Comas y yo fuimos muy amigos. Fui uno de los del pequeño círculo íntimo que recibía regularmente su parte médico, describiendo los avances de su enfermedad, con una lucidez y una valentía admirables. Para mí ha sido siempre un ejemplo, lo sigue siendo. En mi diario de Fronterad trato de ser tan 100% sincero y veraz como él lo fue en sus partes médicos». Pobre Pepe, tan joven y tan lleno de vida. Qué putada del Destino.

 

Hoy por fin, después de desayunar, me senté para escribirle a Loyola la larga carta que tanto se merece por la suya del día 2, y como remate de una tanda de verónicas muy ceñidas a mi cuerpo y a mi alma, la abroché con esta media: «No quiero terminar esta carta sin agradecerte muy de profundis la tuya ni decirte cuantísimo me alegro de que hayas terminado una nueva novela y tengas tan buenos ánimos y tan buena movilidad física a pesar de ser un par de años más viejo que yo. Me alegra cómo no puedes hacerte la más remota idea. Y conste que principalmente me alegra por ti y por los tuyos. En cuanto a mí, te repito lo dicho en la carta anterioryo no sirvo para viejo. A no ser conservado en alcohol, de ahí mi impenitente adicción al whisky. Cheers!»

 

***************THE END***************

Compartir

ImprimirImprimir EnviarEnviar
Inicie sesión o regístrese si quiere identificar sus comentarios.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Rellene el código de la imagen / Resuelva la operación matemática

(*) Campos obligatorios

Al enviar tu comentarios estás aceptando los términos de uso.

Con lo que a mi me gustan las fresas con vino tinto y azucar...

Confío en que ese vídeo no caiga en saco roto y ayude a terminar con semejante explotación. 

Bueno, hay que decir que Diny, como buena cocinera, cocina generalmente con los productos del campo en el que vive, y las fresas alemanas son muy ricas, tanto que pueden comerse sin vino tinto ni azúcar. Si hasta ahora también compraba las de Lepe (cuando  no es la temporada en Alemania) era por mera solidaridad con la patria chica del onubense con quien se casó. Pero para todo hay límites. Y yo la apoyo irrestrictamente en ello.

ISSN: 2173-4186 © 2018 fronterad. Todos los derechos reservados.

.