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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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11 de enero, 2014

De mi Diario: Semana 2 / 2014

 

Weiß/Colonia, 5.1.

Escribí anoche aquí mismo «volvemos pronto a casa, a tiempo para el concierto de año nuevo de la Sinfónica de Viena, pero es tan acarameladamente vienés...». ¡Oh dios de dioses, cómo se puede ser tan estúpido, sabiendo como sé, de sobra, que lo definido nunca, nunca, debe entrar en la definición! Lo que tendría que haber escrito es: «volvemos pronto a casa, a tiempo para el concierto de año nuevo de la Sinfónica de Viena, pero es tan empalagosamente narcisista», etc. Estas son las fallas de las que sólo se da cuenta uno después de haber cagado en público.

 

Estuve adelantando trabajo en mi blog de El Espectador, y compuse un post acerca de correos indeseados, de esos que te llegan como llovidos del cielo y te hacen las más pintorescas ofertas. Hace tiempo tomé la costumbre de contestarlos en son de burla, y es una de las cosas que más divierten a los lectores de mi blog. Uno de esos correos lo recibí de Costa Rica [cuya moneda nacional es el colón] y decía literalmente así: «Conoce tu distribucion de grasa y densidad osea por 39.000 $». Respondí lo siguiente: «Faltan un acento en "distribución" y una coma después de "densidad"; y "osea" se escribe separado, "o sea", a no ser que ustedes quisieron escribir "ósea", en cuyo caso no hace falta la coma después de "densidad". Por una lección como esta, generalmente, cobro, pero a ustedes ni me se [sic, con un guiño al lector] ocurre; capaz que me pagan luego en cólones, y yo con el mío tengo bastante». Otra de las ofertas se formulaba como pregunta: «¿Desea pintar su casa?». Les contesté así: «La casa, en concreto, no, pero mi esposa está empeñada en que tengamos unos frescos en el techo del salón. Ya nos llegó una oferta concreta de un colega de ustedes, italiano, un tal Buonarroti, pero no me acaba de convencer su propuesta, demasiado predarwinista. ¿Tienen ustedes en catálogo algo más uptodatezado?»

 

En el programa sobre cocina rural, los domingos, a las 7:45 pm en el canal Arte, hoy le tocó el turno a Sologne, una región francesa de las que ¾ partes son bosques y estanques, y donde muchos de sus habitantes viven de la pesca y, sobre todo, la caza, abundantísima allí. En este reportaje mostraron a un cazador que ejerce su oficio con arco y flechas. Ha sido un reportaje interesantísimo per se, pero mi interés fundamental era empaparme del paisaje donde transcurre la acción de El gran Meaulnes, y lo que vi me abrió el apetito para releer ese capolavoro.

 

Weiß/Colonia, 6.1.

Hoy es el segundo día que me levanto, desayuno y empiezo a trabajar hasta el almuerzo, y sólo después me meto de nuevo en la cama, para la siesta, el «yoga ibérico», así lo llamaba Cela. Dos golondrinas tampoco hacen verano, pero sí pueden anunciar la primavera.

 

En la sección deportiva del diario ½ plana dedicada a Eusebio. Yo estaba saliendo de la siesta, ayer, y de repente se me apareció Diny en la puerta y me lo dijo: «Ha muerto Eusebio». Uno de los poquísimos futbolistas a los que Diny identifica. Llevábamos 21 días de casados, el sábado 23 de julio de 1966, cuando Eusebio remontó por cuenta propia el inesperado y sensacional 3:0 de Corea del Norte, y Portugal ganó los cuartos de final en Liverpool, por 5:3, con cuatro goles suyos. Fuimos a comer a El Gaucho, para celebrarlo con Pepe, el portugués.

 

La peli semidocumental sobre Otto Weidt me ha removido el alma. Él siempre ha sido uno de mis ídolos, uno de los emblemas de “la otra Alemania”, como Rosa Luxemburg, como Erich Mühsam, como Carl von Ossietzky, como Martin Niemöller y Dieter Bonhöffer, como Sophie Scholl, como Oskar Schindler, y luego, terminada la guerra, como Heinrich Böll. La de ellos es mi Alemania. Mucho, mucho más que la de Goethe y Beethoven.

 

Weiß/Colonia, 7.1.

0:45 am : Nosferatucita me mandó el enlace con un artículo de a deveras interesante acerca de la literatura infantil y, siguiendo mi costumbre, lo regué urbi et interneti. Con la consecuencia de que mi mantuanita querida me escribe: «Oye, mi Richi, el artículo está muy bueno y tiene datos interesantes pero ¿por qué quiere enviar a la hoguera al Principito? ¿qué le hicieron los franceses? ¿o es qué se metió en el cuerpo del barbero o el cura que le quemaron los libros a Don Quijote?» A lo cual he tenido más remedio que responderle: «Respeto tu gusto, pero El principito es un libro tan estúpido como detestable. No sé qué le han visto generaciones de lectores, pero debe de ser como con la Biblia, que alguien dijo que es la palabra de Dios, y allá va el rebaño y se lo cree. El principito, léelo de manera desapasionada, pensando que su autor no es un aristócrata francés, sino Corín Tellado, y te darás cuenta de que no es más que una colección de lugares comunes, en un idioma más cursi que un ocho. A veces, incluso, hasta recuerda Camino, el libro del fundador del Opus Dei». Alguien lo tenía que decir alguna vez, carajo.

 

El definitivo regreso a la normalidad es la “portione umana, non tedesca” de spaghetti frutti di mare que me mandé a bodega, hace una hora, en La Modicana. Y la larga plática con Carlitos acerca del copyright del idioma español. Creo que todavía no se había dado cuenta de que la publicación del Diccionario de la Academia es uno de los mayores negocios editoriales de todos los tiempos. ¡Son millones y millones de compradores potenciales!

 

Otra reseña espléndida de Faulkner, la que hace de la novela El camino de vuelta, de Erich Maria Remarque. Habla en ella de Alemania y de la guerra perdida, la del 14-18, y habla del éxito en Estados Unidos de los libros de Remarque, que terminarían quemados públicamente  por los nazis en Alemania. Puedo resumirla en dos frases inolvidables, la primera y la última: «Hay una victoria más allá de la derrota, de la que el vencedor no sabe nada. [...] América ha sido conquistada no por los soldados alemanes que murieron en las trincheras francesas y flamencas, sino por los soldados alemanes que murieron en los libros alemanes».

 

Repiten la serie de Lewis en Oxford, y afortunadamente no pasan hoy martes, a la misma hora, el programa de información médica al que Diny es adicta. Me atrae el caso como la primera vez que lo vi, es como si lo viese por primera vez. Y he buscado en mi diario lo que anoté entonces. Fue el 17.4.11 y escribí esto: «Entre bastidores, durante una representación de El mercader de Venecia, matan a Shylock, y Lewis interroga a la directora, que hace algún tiempo mantuvo una relación amorosa con ese actor, bastante mujeriego: “¿Ha tenido usted también muchos amoríos?” Y ella: “(Mirándolo como si llegase desde el siglo XIX, si no antes, por el túnel del tiempo:) ¡Estamos en Oxford! (Tras una pausa:) Digamos que el promedio normal”. Y de la manera como lo dice, a uno le dan unas ganas locas de ir ipso fuckto a matricularse en Oxford».

 

Weiß/Colonia, 8.1.

2:15 am : El muerto en las marismas, la acabo de ver por cuarta vez, y a cada vez me parece mejor. Claro está que no es lo mismo filmar una policial en Islandia que en Niúyor o en Maiami, o en Hamburgo, o Venecia, o incluso en Estocolmo: hasta el viento sopla distinto. Y en Islandia no existe prácticamente nada más que una ciudad, el resto es naturaleza en estado duro y puro. 

 

Mi tuit sobre el mundial...

Alberto Salcedo R ‏@SalcedoRamos  Mundial ‘82, Italia eliminó a Polonia, el Papa era polaco; Mundial ‘06, Italia eliminó a Alemania, el Papa era alemán. ¿Mundial ‘14? (Bada)

...va ya por los 118 retuiteos, sólo en la cuenta @SalcedoRamos. Pero Alma Delia también le dio cabida en su cuenta, y ahí también lo retuitean. A este paso terminaría siendo famoso, si no fuera porque, curiosamente, muchos de los retuiteadores le atribuyen el texto a Alberto. Cada vez estoy más convencido de que la gente no sabe leer. En cualquier caso, este tuit mío sale de una observación que hice el 14.6.2010 en el blog que mantuve en Nexos durante el Mundial de Sudáfrica. Allí dije: «En vez de “squadra azzurra” ¿no sería hora de irla llamando “cuadra burra”? Sea como fuere, no olvidemos los detalles simpáticos: en el Mundial de 1982, Italia eliminó en semifinales a Polonia siendo Papa un polaco, y en el del 2006 eliminó a Alemania siendo Papa un alemán. C’est très mignon, mon Dieu, du laïcisme avant toute chose!»

 

En 1925 Faulkner ganó un concurso semanal promocionado por un diario de Nueva Orleans, que premiaba con 10$US la mejor carta de lector respondiendo a la pregunta «¿Qué problema hay con el matrimonio?» Inconsciente, pero fatalmente, pienso en que Susana se dio a conocer gracias a que ganó un concurso con una carta de amor, la de Constance Lloyd a Oscar Wilde.

 

Weiß/Colonia, 9.1.

0:44 am : Las series policiales escandinavas tienen una densidad tal que en verdad abruman con el peso de la realidad que refractan. Creo que eso falta en las series gringas: de las pocas que he conocido y seguido, la realidad que muestran es una realidad nacida a partir del guión, mientras que en las suecas, sobre todo la del comisario Beck (como en el episodio que acabo de ver), el guión nace a partir de la realidad. La diferencia es tan flagrante que a una serie gringa puede uno seguirla sin comprometerse más que como espectador, estéticamente, y en las escandinavas no, a ellas, así lo quieras o no, sólo las puedes seguir comprometiéndote como ser humano.

 

Cita con la neumóloga a las 9:45, lo que me obliga a madrugar, levantarme a las 7:30, oscura la noche todavía, la puta que la parió. Llegué súper puntual, a las 9:35, porque luego debo acudir a mi médico de cabecera y llorarle la palinodia. La neumóloga me atiende por fin y a su pregunta de cómo me siento le respondo que por favor me diga la hora que es, me dice que las 11:00 casi en punto y le contesto que me siento muy mal porque he perdido hora y ¼ esperando que ella me atienda. Disculpas. Que la próxima vez les diga a las asistentas que sólo volveré a la consulta si respetan el horario que me dieron. Luego, mis bronquios se han recuperado, hay que seguir el tratamiento un mes, y después suspenderlo, y al cabo de un mes ver qué pasó. Desde allí llamo a mi Dr. Ruppert, y tengo suerte con los dos autobuses y llego a su consulta a las 11:50. Todo en orden menos los gases, cuando me percute en la panza suena como el bombo de la banda de música del pueblo en el concierto en la plaza tocando “El sitio de Zaragoza”. Debo regresar el miércoles, para que me extraiga sangre, pero todo en orden, y nunca más Ibuprofén, esa fue la fuente de todos mis malestares a partir del 25 de diciembre y hasta que suspendí su ingesta. Hay pues remedios con los que soy incompatible. Yo diría que en materia de remedios sólo he sido compatible con mi abuela, Remedios con mayúscula, tan bella y tan sabia.

 

Regreso de la pedicura alrededor de las 2 pm, después de haber visto las estrellas más lejanas de la galaxia, porque la uña del dedo gordo del pie derecho se convirtió en tal incordio que hasta es posible que mi presunto ataque de gota no lo fuese, sino esa infección en la remilputísima uña. Y mientras le cuento a Diny suenan las sirenas, parecidas a las de la alarma aérea, pero más breves, y nos miramos preguntándonos qué pueda ser. Diny se va al rato de compras, y cuando regresa me cuenta que esperando el bus en la parada, al salir, vio pasar una nube negra por encima de nuestra casa, y un par de helicópteros, y que en el bus un chico iba explicando que se produjo una explosión en la refinería de la Shell, en Godorf, y hubo un escape de gases cáusticos que fueron esa nube que vio Diny, empujada por el viento. Las sirenas aúllan de nuevo, ha pasado el peligro. Pero al rato resuenan otra vez, sólo que ya al otro lado del río. Gracias, viento.

 

Weiß/Colonia, 10.1.

En el año 1938, en plena guerra civil española, Faulkner envió el siguiente mensaje al presidente de la Liga de Escritores Americanos: «Con la máxima sinceridad deseo dejar constancia pública de que me opongo irrevocablemente a Franco y al fascismo, a todas las violaciones del gobierno legal y a los ultrajes contra el pueblo de la España Republicana». Adoro a Faulkner desde que lo empecé a leer, allá por el año 1955, a mis dieciséis. Pero después de ver esas tres líneas, más que adorarlo es algo así como venerarlo, como se venera al más anciano de la tribu. Terminé su libro, que tanto me ha enseñado. Ahora le hincaré el diente a las memorias de Simone Signoret, que si bien las compré en su día, 1978, hasta ahora no supe encontrar el hueco para leerlas.

 

En el canal Arte concluyó hoy una serie de cinco reportajes sobre viajes en tren (Brasil, Irlanda, Madagascar, Corea del Sur, Sajonia), y en el canal NDR otra serie de tres, a través de los Países  Bajos, explicando y mostrando cómo es que al mundo lo hizo Dios y a Holanda los holandeses. Ambas series son para mí la demostración de que la TV, bien usada, sirve para algo. Y que mal usada, sólo sirve como alcahueta de la industria. O mucho más pior [sic]: de la política.


[He buscado en mis fólders que contienen todo lo que publiqué en el Odiel, de Huelva, desde febrero 1963, cuando me fui de España. He buscado concretamente la serie de veinte crónicas que empecé a enviar en el 65, cuando conocí a Diny e iba casi cada segundo fin de semana a pasarlo con ella en su tierra. La serie se tituló “Y a Holanda los holandeses”, y en la crónica que le dediqué al Afsluitdijk, el dique con que cerraron el Zuiderzee, incluí estos versos: «Dios hizo en un principio / los cielos y la tierra, / excepto Holanda. // E hizo Dios después / la luz: / y estaba Holanda por hacer. // Y Él descubrió lo seco / debajo de la mar, / excepto Holanda. / Luego, el séptimo día, / descansó Dios: / y Holanda sin hacer. // Después de muchos siglos / la hicieron holandeses, / y el mundo estuvo hecho, / con Holanda»].

 

Weiß/Colonia, 11.1.

Los Reyes Magos niños volvieron a visitarnos. Ya los estaba extrañando, el año pasado vinieron el día 7. Esta es la única de las tradiciones navideñas alemanas que sabe tocar con sus nudillos en la puerta de mi corazón. (Me temo que esta frase me ha salido un tanto cursi).

 

Acabo de leer las tres primeras páginas de las memorias de Simone Signoret y ya me las prometo muy felices, las horas que invierta en las 456 que faltan. ¡Qué delicioso cómo cuenta cuando iba de la mano de su madre, siendo chiquita, al mercado callejero de su barrio! «En el mercado de Neuilly yo alcanzaba justo hasta la altura de los productos más interesantes. El puesto que más me gustaba era el del lechero. Entre el lechero y yo había ruedas de queso Gruyère cortadas a la mitad; él no me podía ver, porque yo era muy pequeña, y yo metía el dedo en los agujeros del Emmental, que se convertían en auténticas grutas, mientras el lechero pesaba para mi madre la mantequilla casera que le había pedido». Se puede respirar la atmósfera, en un párrafo así.

 

***********FIN***********

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