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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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5 de septiembre, 2015

De mi Diario / Semana 36 / 2015

 

Weiß/Colonia, 30.8.

Anoche fue la primera vez que Henri durmió solo en esta casa, Diny decidió que ya era hora de que así lo hiciera, sobre todo para poder dormir ella, porque con él en la cama nunca conseguía pegar ojo. Me encargó, eso sí, antes de irse a dormir, que antes de hacerlo yo mirase si él dormía tranquilo y bien arropado. Lo hice un par de veces hasta las 3 am, cuando finalmente me fui al catre; todas ellas tuve que volver a arroparlo, todas y cada una me quedé embelesado mirándolo dormir con una carita tan inocente como la de un ángel de Murillo. Y hoy, esperando la llegada de sus padres para recogerlo, he estado con él un ¼ de hora jugando en el balcón, soplándole pompas de jabón que él atrapaba o pinchaba con el dedo, feliz mi niño querido. ¡Es tan fácil hacer feliz a una criatura, y es tan grande la recompensa en risas por ese mínimo esfuerzo!

 

Terminé de releer, esta vez con mayor atención, la primera novela policial de Peter–Paul Zahl, Der schöne Mann [El hombre guapo], con el detective privado Aubrey Fraser de protagonista. Tiene momentos muy felices, como este: «Que siempre siga gimiendo “¡Jesús, Jesús!” cuando estamos metidos en la cama sólo se lo acepto a regañadientes. Si tanto le gusta gritar y gemir ¿por qué no aúlla “¡Aubrey, Aubrey!” siendo yo quien está encima o debajo de ella o a su lado, y no ese freak melenudo de Palestina con sus pies–pontones con los que chancleteaba sobre las aguas?» O este: «El último respeto por la Justicia inglesa lo perdí en Inglaterra cuando viví de cerca cómo la policía y la Justicia trataban a los primeros Nigger del país, los irlandeses. (Por pura casualidad no son negros)». O este, cuando habla de las elecciones amañadas en Jamaica, país donde se desarrolla la acción: «Hubo distritos electorales en los que, como se sabe, más del 100% de la población votó a los socialdemócratas. O a los conservadores, según. Pero lo que sorprendía era que hasta los muertos del cementerio habían votado a los socialistas demócratas: lo normal es que los muertos elijan a los conservadores. Disponen de tanto tiempo...»

 

8:15 pm, en el canal Arte, Casablanca. Una de las pocas pelis que Diny repite ver siempre que la pasan. Yo me la sé tan de memoria que me basta escuchar el sound track al fondo. Y así, por ejemplo, cuando suena “Perfidia” sé que Ilsa y Rick están en París, lo que siempre les quedará. Y cuando el sound track me avisa subliminalmente de que llegan los cinco minutos finales, ahí ya no puedo resistir y acudo también a verlos por milésima vez y repetir desde dentro todas y cada una de las frases del guión, que son un canon, hasta la última, Diny sube el volumen a tope para que se oiga en toda la casa: «Louie, I think this is the beginning of a beautiful friendship». Desde el Quijote y Hamlet, y hasta El padrino, pocas obras de arte le han legado tanto, tanto, al imaginario de la cultura occidental. Jamás entenderé cómo es que alguien con una sensibilidad artística tan grande como MM, no haya logrado conectar con esta obra maestra. 

 

Weiß/Colonia, 31.8.

Acaba de pasar por casa el Dr. Ruppert, mi médico de cabecera, y después de una larga charla llega a la conclusión de que mi abulia proviene de haber dejado de tomar hace dos meses, o más, los antidepresivos. Me los ha recetado de nuevo, una semana ½ pastilla, y luego 1 pastilla diaria, y que le informe dentro de dos semanas. Amén de ello se interesó mucho por mi ingesta diaria de agua, y le aseguré –lo que es verdad– que no bebo menos de dos litros por día; pero quiso ver la botella de mi agua nuestra de cada día y decidió que no contenía los minerales bastantes para compensar lo mucho que sudo, de manera que me recomendó que cambiase de agua y hasta me dijo cuál sería la más conveniente, la Fachinger o, en su defecto, la Apollinaris. Sin gas, eso sí, y en todo caso. Un caso que le haré. Veremos, como decía el compadre Homero.

 

Weiß/Colonia, 1.9.

En La Modicana le pregunto a Carlitos por la tertulia del viernes y me dice que Juan Carlos de Sancho, el escritor canario que estaba invitado esta vez a leer de su obra, le contó que posee un CD con la voz de Cortázar contestando a un cuestionario suyo para una entrevista que le hizo. Hasta la presente sólo se conocía la existencia de dos fonocartas de Cortázar, como yo las llamo, y son la que le envió el 17 de junio de 1963 a Manuel Antín, el director de cine argentino, y otra a mí, a fines del año 1976, pero ambas en soporte cassette, no CD. Añade Carlitos que Juan Carlos le preguntó qué se podría hacer con semejante material y mi respuesta por email, a Juan Carlos, a la dirección que me dio Carlitos, es que debería mandarle una copia (copiar un DC es cosa sencilla, imagino que también se puede hacer en las Canarias) a Carles Álvarez Garriga, quien ya se ocupó de publicar los cinco volúmenes de la correspondencia de Cortázar y sigue coleccionando más y más cartas que continúan apareciendo y darán lugar a un sexto volumen. También me ofrezco a tratar de colocar la entrevista en alguna de las revistas donde colaboro, si ya dispone de una transcripción literal. Vamos a ver qué me contesta.

 

Comienzo la lectura del libro de Grass y avanzo ⅓ del texto. Me pregunto cómo van a traducir el título, no importa en qué idioma: Vonne Endlichkait es transcripción fonética del habla en el Este de Alemania (Grass se remite a las colonias de refugiados de Prusia oriental y Pomerania, al final de la 2.ª guerra mundial); en alto alemán sería Von der Endlichkeit [De la finitud]. ¿Y lo más aproximado en español? De la finitú... ¡pero se ve tan feo!, mientras que en alemán hasta resulta simpático. Y sí, en español se ve feo porque el “De la” remite a muchos títulos clásicos, De la consolación por la filosofía, de Boecio, o De la vejez, de Cicerón, por ejemplo. Aunque Cicerón hubiese empleado una expresión coloquial de la plebe, a nadie se le ocurriría traducir este último como De la viejés. Pero para terminar de darle la vuelta a la tortilla: ¿y si la pretensión del autor hubiese sido justamente esa? Un autor nunca titula su libro de manera caprichosa. Tela cortada, pues, para el traductor que lo tradujere, que buen traductor será, es decir, lo es: Miguel Sáenz.  

 

Weiß/Colonia, 2.9.

Marcos me envió ayer desde Caracas un artículo de América 2.1 dedicado a Oliver Sacks con motivo de su muerte, y en el que se incluye la traducción del que el propio Sacks publicó en el New York Times, en febrero, hablando de su enfermedad y el tiempo que le restaba de vida. Lo leí en su día, lo vuelvo a leer ahora y me vuelve a conmover. Además, por no sé qué carambola de la memoria, me hace recordar ahora el testamento de Pirandello. Lo busco con ayuda de Miss Hortensia Google y lo encuentro en un artículo publicado en La Jornada Semanal:

«I. Que mi muerte pase en silencio. A mis amigos, a mis enemigos, ruego, no sólo que no hablen de mí en los periódicos, sino que ni siquiera den la noticia de mi muerte.

II. Que no me amortajen. Que me envuelvan desnudo en una sábana. Y nada de flores sobre el lecho mortuorio ni cirios prendidos.

III. Carroza fúnebre de ínfima clase, la de los pobres. Desnudo. Y que no me acompañe nadie, ni parientes ni amigos. La carroza, el caballo, el cochero y nada más.

IV. Quemad mi cuerpo. Y en cuanto mi cuerpo haya ardido, dejad que se dispersen las cenizas,; porque ni eso quiero que de mí quede. Pero, si no fuera posible, llevad la urna funeraria a Sicilia y amuralladla en cualquier tosca piedra del campo de Agrigento, donde nací».

Se diría que al escribirlo hubiera pensado en sí mismo como un personaje en busca de su Autor.

 

Un par de horas más tarde recuerdo otro impactante “adiós a la vida”, la carta a Alejandro, su hijo, que unas semanas antes de morir publicó en SoHo, Bogotá, mi querido y buen amigo Rafael Humberto Moreno Durán, el inolvidable RH, tan prematuramente desaparecido. La busco en Google, la encuentro, la releo, me vuelve a conmover.

 

Avanzo en la lectura del libro de Grass, hay muchas alhajas en ese joyero. Lo que no acabo de entender es cómo en algo diseñado con tantísimo esmero se ha deslizado un espacio en blanco en la página 69, donde sólo figuran las dos primeras estrofas del poema “Adiós a la carne”, y las ocho restantes se distribuyen (3–3–2) entre las tres siguientes páginas. ¿A qué puede deberse ese espacio en blanco en la 69, cuando allí hubiera cabido perfectamente la tercera estrofa, mientras las restantes siete podrían haberse distribuido (3–3–1) entre las siguientes? Tal como está queda feísimo, y así se lo escribo a Clawdia, también para certificar lo atento de mi lectura.

 

Weiß/Colonia, 3.9.

La correspondencia entre Hannah Arendt y Mary McCarthy es una fuente continua de placer. Estoy releyéndola con esa alegría que sólo nos deparan las obras maestras. Y la gozo más porque no la estoy leyendo de corrido, sino a trechos. Como un buen whisky Single Malt, hay que darle sus pausas al placer de degustarla.

 

Acabo de leer el libro de Grass. Y ahora viene la gran interrogante: ¿cómo voy a reseñarlo para Nexos? He tomado tantas notas que no sé ni por dónde empezar. Y además está el problema de si Alfaguara autorizaría que se tradujera un fragmento del libro para acompañar mi texto. Como debo entregarlo a fines de este mes, lo que en principio había decidido (voy todavía más allá, lo que en realidad ya decidí) es pergeñar una especie de guía de lectura del libro, con tantas citas traducidas por mí que al final no se eche de menos leer un fragmento íntegro. Pero voy a esperar un par de días, a ver qué me cuenta NT de su consulta con la editorial.

 

Weiß/Colonia, 4.9.

2:00 am : Por fin puedo ver la versión original de Princesas, el DVD que me regaló Manu y que se me había traspapelado. La frase clave de Caye[tana], la protagonista española, se me pirograba en el disco duro: «El amor es eso, que te vengan a buscar a la salida del trabajo». Me recuerda la salida de las obreras de la fábrica de mi padre y cómo los novios las estaban esperando. La única que no tenía novio era María, y vivía al final del barrio del Matadero, casi en descampado, así es que era yo, adolescente, quien la acompañaba cuando regresaba a casa, ya anochecido, hasta que conoció a un pescador con quien poco después se casaría: mi padre fue su padrino de boda.

 

Traspiés, trompicones, resbalones, trastazos al final, el ser humano lleva milenios enzarzado en una guerra sin sentido contra las piedras, tropezando con ellas, casi siempre las mismas, desde el día en que salió del Jardín del Edén. ¿Aprenderá [Aprenderemos] alguna vez?

 

El homenaje que Marcos le dedica a Ingrid Bergman incluye tres momentos mágicos de las pelis de esa mujer impar, y un video de casi 13’ con el homenaje que a su vez le rindiera TVE. Creo que Marcos es de los pocos que entienden cómo trabajar en pantalla aprovechando de manera óptima el soporte para documentar visualmente sus textos. Claro está que no es el único que lo hace, pero en él se ve, se siente, el entusiasmo por la materia que está tratando. Y eso falta en la mayoría de los ejemplos que conozco, de otros virtuosos de la obra virtual bien hecha.

 

Acabo de hacer un descubrimiento notable al rastrillar cuentas de Twitter en busca de materiales para los próximos números de The Twitter’s Digest :

 

 

Weiß/Colonia, 5.9.

2:18 am : Es tan poco el correo privado recibido en las últimas 48 horas que, temiendo algo así como un fallo virtual, me envío un email “Test”... y llega. Eso sólo puede significar que la gente empezó a dejar de escribirme. Lo positivo es que así tendré más tiempo libre, por los muchos menos compromisos de responder. Alabado sea por siempre el santísimo sacramento del altar.

 

2:45 am : Vuelvo a ver los últimos minutos de Princesas, el DVD sigue insertado en el televisor. Y rescato la frase de Caya que ayer se me olvidó registrar acá: «Lo peor no sería que no hubiera nada después de la muerte. Lo peor sería que hubiese otra vida. Que fuera como esta».

 

Hoy, en el cuaderno de esquelas de todas las ediciones finisemanales del diario, aparece una con este hermoso epígrafe de Lao–Tse: «Lo que la oruga llama el fin del mundo, mariposa lo llama el resto del mundo».

 

Repaso el libro de Günter Grass para afilar las armas de cara al texto que tengo que enviar a la redacción de Nexos, y reencuentro los dos versos que subrayé en el poema titulado “Mutti” [=Mamaíta], dedicado in petto a la canciller Angela Merkel. Y no me resisto a la tentación de intentar pasarlos al castellano: «Aquello que podría fastidiar, es elocuentemente silenciado; / en todo caso, ella, facundamente, no dice nada». Chapeau, don Günter!

 

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