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La noche del cazador el blog de Rosa Blas Traisac


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26 de marzo, 2014

True Detective (Ecos)

 

Han aparecido las primeras listas con las mejores series de todos los tiempos donde ya se incluye a True Detective. Aparece directamente en el número dos, detrás de Breaking Bad. Yo no soy nada competitiva y no voy a comentar la legitimidad del orden de la lista, pero voy a hablar de True Detective. Quiero decir cosas que hasta ahora no se han dicho. Sí, todo un atrevimiento.


1.- La situación de partida de Breaking Bad era endiabladamente buena, pero no contiene un personaje con la enorme capacidad de arrebato que tiene Rustin Rust Cohle (Mathew McConaughey). El espectador sabe desde el primer plano que la relación que surge con él es para toda la vida. Siempre será un lugar de referencia, siempre habrá que revisarlo, siempre encontrarás algo nuevo, escondido en cada plano, en cada dialogo, en cada gesto. Se ha criticado en algunas publicaciones lo ininteligible del acento texano, pero lo que hace Mathew con su voz en esta serie es de otra galaxia: ese susurro mortecino, pasará como uno de los mejores trabajos que ha realizado un actor en la historia de la ficción americana.

 

2.- Desde el principio te das cuenta que la serie es una propuesta diferente: el tempo, la inmejorable factura, la cabecera, la música, el casting, los actores, la iluminación, la dirección artística, las localizaciones en Louisana y New Orleans, el director de la serie, Cary Fukunaga, la dosificación de la información, la sorprendente estructura con esa dos líneas temporales, 1995-2002, esos policías negros que interrogan a los dos protagonistas, dos expolicías blancos, la forma de visualizar la mentira, los pactos de supervivencia de los protagonistas, de la policía, las contradicciones humanas de todos los personajes implicados en la trama, las referencia literarias; pero por encima de todo esto, sobresale con una eficacia deslumbrante el momento que se borran las dos líneas temporales. El pasado muere delante de los ojos del espectador y solo queda la incertidumbre del presente. En esa memorable secuencia donde los dos protagonistas se encuentran en la carretera. A partir de ese momento, como en la vida, no sabremos lo qué va a ocurrir. Hasta entonces, pasara lo que pasara, sabíamos que seguían vivos. 


Otro inspirado acierto es dejar tener al espectador la intuición de quién es el asesino antes que ninguno de los policías. Sí, las dos parejas de policías se cruzan en la investigación con el culpable, pero ninguno de ellos lo percibe. La primera vez el espectador tampoco lo intuye, en la segunda surge la sospecha. Esa sospecha hace más grande el dolor de Rust cuando se da cuenta de que se cruzó con él al principio de la investigación y hace mucho más grande que sea Martin Hart (Woody Harrelson), el hombre que no quiere apartarse ni un ápice de la vida común de clase media, quien lleve a la pista definitiva para descubrir al asesino en serie.

 

Pocas series han visualizado tan bien la pobreza en América. Es demoledor comparar la casa, los electrodomésticos, el interior de la nevera de la familia de Martin con las casas de las víctimas, de los sospechosos, de los ciudadanos desprotegidos del estado de bienestar social. Sinceramente, creo que nadie ha mostrado las consecuencias de la corrupción, del fin del estado de bienestar o la ausencia de él, como las series americanas. Algunas veces crees que estás viendo el sueño de un ideólogo neoliberal. 


3.- Nadie ha visualizado al monstruo humano con la contundencia de True detective. Ese discurso de Rust sobre la conexión final entre víctima y asesino, esa afirmación sin ninguna estridencia sonora; “…al final, cuando se dejan ir, ven al monstruo”,  mezclado con esa aparición en imagen de un hombre extraño, en calzoncillos, con algo colgando de su rostro. Las primeras apreciaciones de esa visión te hacen pensar en una alcachofa de gas butano, o una mascarilla de oxígeno, una trompa de elefante o incluso en un pene mal situado. Adquirimos la consciencia de tener la suerte de ver al  monstruo sin tener que morir. Es brillante, probablemente el mejor final de capítulo de toda la primera temporada.


4.- Estamos tan acostumbrados a pensar en la vida cotidiana sin perspectiva; paro, trabajo estrés, manifestaciones, prensa, terrorismo… que olvidamos dónde estamos ubicados, y estamos ubicados en el centro de una batalla entre la luz y la oscuridad. True Detective es el relato de esa batalla. Una batalla que está en todas partes, en el universo, en la física, en nuestras contradicciones, en el sexo, en nuestras vidas, en la vida de nuestros protagonistas. Rust tiene un cerebro prodigioso que lo capta y lo sufre. El personaje está tan bien escrito y tan bien interpretado que consigue que te pongas en su piel para darte cuenta de que hay gente que ayuda a los demás desde cualquier lugar, incluso desde una iglesia, pero hay gente que se esconde entre la palabra de Dios para acercarse a seres vulnerables, abandonados a su suerte y caen como moscas ante ese ejército de depredadores sexuales, asesinos en serie, camellos, explotadores sin escrúpulos, o adoradores del diablo. Duele tanto verlo. Nuestros dos protagonistas, derrotados en sus vidas personales y profesionales, abandonan la policía. Rust decide mirar hacia otro lugar ante la dimensión de la batalla, se sabe insignificante. Martin se va porque no puede soportar ver más atrocidades entre humanos, pero su derrota no es definitiva, es una forma de crecer y rearmarse para regresar a la guerra con una posibilidad de victoria. 


5.- Nuestros protagonistas preparan minuciosamente la batalla. Son conscientes de que pueden perder, saben que será una lucha a vida o muerte. Vestir a Rust en esa situación con una inmaculada camisa blanca, sin chaqueta, es un gran acierto.  Parece tan puro, tan atractivo, tan masculino.


Herido, casi moribundo, lo vemos, en un plano lejano, yacer en la cama de un hospital a través de un cristal que distorsiona ligeramente la imagen, luego entramos en la habitación y lo seguimos viendo, manteniendo la lejanía, el pelo suelto, las heridas en su rostro, y por un momento te acuerdas de Jesús. No como un Dios tradicional. El paralelismo es entre hombres que tienen la capacidad de ver la lucha entre la luz y la oscuridad. Dos hombres que representan a todos los hombres que luchan por agrandar la luz, aun poniendo en peligro su propia vida. Brutal, por favor, deténganse especialmente en esta fotografía o mejor revisen el capítulo final y véanlo con sus propios ojos.

 

6.- Y aparece Howard Hawks. Sí, sé que lo han hecho otros, pero nadie ha reflejado la camarería y la amistad entre hombres como él. Hawks decía que no había nada tan divertido como tratar a dos hombres como un matrimonio de larga duración cuidándose entre ellos. La sonrisa solía surgir al feminizar a uno de los hombres; lo hizo en casi todas sus películas de aventuras y en los western. Cuando Martin y Rust resuelven el caso y se convierten, por fin, en amigos, la serie da un giro maravilloso hacia la comedía, haciendo un hermoso guiño a Hawks. Martin y Rust son una pareja de hombres, solos, heridos, pero supervivientes que se tienen el uno al otro para afrontar el resto de sus vidas. Casi lloré, no podía creer que alguien resucitara con tanta fortaleza el espíritu de Hawks.

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