Cartel propagandístico de la época

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    Brigadistas chinos en la guerra civil española

    Hwei-Ru Tsou y Len Tsou - 30-05-2013

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    Solo después de mudarse a vivir con Xie Weijin supo que las fotos eran de una guerra que hubo en España, que las fotos las había hecho el señor Xie cuando fue a ese país para tomar parte en ella, y que los extranjeros eran sus compañeros de armas. El señor Xie le contaba todos los días historias sobre las fotos, repitiendo sin cansarse quién era tal o cual persona, quién había muerto en tal o cual batalla o cómo Dolores Ibárruri había ido al frente a dar ánimo a los soldados... Xie Jinzhen recuerda que citaba muchos nombres extranjeros, de los cuales ya no puede acordarse después de tanto tiempo. En los 12 años que vivió con él, en su casa no se respiraba otro ambiente que no fuera el de la guerra civil española. Y cuando alguien los visitaba, siempre acababan hablando de la guerra. Un día cayó por su casa un profesor suyo, y el señor Xie comenzó a hablarle de la guerra y no se detuvo ni un instante, ni siquiera el necesario para tomar una taza de té. En esa ocasión le oyó decir: “Aunque perdimos la guerra, gentes de varias decenas de países y de todas las razas fueron a España para tomar parte en ella, un hecho sin precedentes en el mundo”.

     

    ¿Cómo había sido la guerra civil española? ¿Por qué un chino como el señor Xie y otras personas procedentes de varias decenas de países habían participado en ella? ¿Por qué después de 30 años el señor Xie seguía viviendo con el recuerdo de aquella página histórica ya amarillenta por el tiempo?

     

    Un día, el señor Xie no se encontraba bien. Se tocó el pecho y, al notar una especie de bulto, suspiró y dijo con emoción a la pequeña: “Yo ya soy viejo, y en China se sabe muy poco de la historia de España. Quiero que tú la conozcas, pues si un día me muero de repente, dejaré tantas cosas que me las tirarás por inservibles si no sabes lo que representan”.

     

    La pequeña Jinzhen era, a sus ojos, la persona que debía relevarlo en la preservación de la historia, el ángel de la guarda encargado de custodiarla, y al final le dijo muy serio: “Debes conocer todas estas cosas, pues son más valiosas que la vida misma”.

     

     

    Una gran bandera de seda

     

    El nombre completo del señor Xie era Xie Weijin. De pequeño lo llamaban Zhixiang, y también usaba el nombre de Yongchang. Nació en junio de 1904 en el cantón de Guangpu, distrito de Bishan, provincia de Sichuan. Cuando estalló la guerra civil española estaba en Europa, continente en el que ya llevaba 17 años estudiando y trabajando. La primera persona que despertó su conciencia fue su propio padre, Xie Nanfang. En un tiempo, su familia había sido propietaria de varios campos de cultivo, pero vinieron las vacas flacas y el padre hubo de mudarse con todos los suyos a la vecina ciudad de Jiangjin, donde abrió un estudio de fotografía. Xie Nanfang era un intelectual progresista. A finales de la dinastía Qing apoyó la Reforma de los Cien Días y en 1911 simpatizó con la Revolución de Xinhai y conoció a muchos de los miembros de la Sociedad Protectora del Ferrocarril de Jiangjin. También abrió una escuela en su pueblo natal y dio clases de ciencias naturales; Xie Weijin ingresó en ella en 1910 y asimiló el espíritu innovador del padre. 1916 marcó un punto de inflexión en la vida de Xie Weijin, pues ese año abandonó Jiangjin para ir a estudiar a la Escuela Secundaria de Nanyang, de Shanghái.

     

    En Shanghái, a la sazón importante escenario de la política internacional, había, a las puertas de las concesiones extranjeras, letreros que decían: “Prohibida la entrada a los chinos y a los perros”, letreros que, como una fuerte bofetada a la dignidad nacional, exacerbaban el ánimo del pueblo chino. En las calles no era infrecuente ver a mendigos rusos, personas que antes de la Revolución de Octubre habían pertenecido a la arrogante nobleza zarista y cuya pobre imagen del momento contrastaba vivamente con la de los blancos altivos y déspotas que vivían en las concesiones. Estas y otras experiencias permitieron a Xie Weijin comprender que los imperialistas no eran sagrados ni intocables, y que la revolución popular podía dar al traste de una vez por todas con su altanería y sus privilegios. Y, de añadidura, las revistas Xin Qingnian [Nueva Juventud] y Xinchao [Nueva Marea] le pusieron en contacto con nuevas corrientes de pensamiento que irrumpieron como un manantial de agua fresca en su alma pueril e inocente.

     

    En 1919, al estallar el Movimiento del Cuatro de Mayo, los estudiantes de Shanghái secundaron la huelga general declarada en Pekín. Xie Weijin se unió de inmediato al movimiento estudiantil y fue elegido representante de la Escuela Secundaria de Nanyang, lo que le permitió integrarse en la Federación de Estudiantes de Shanghái y participar en la organización de las huelgas en el sector de la enseñanza, el comercio y la industria, las consiguientes manifestaciones y la campaña de rechazo a los productos japoneses. Con la experiencia adquirida en el vigoroso Movimiento del Cuatro de Mayo, Xie Weijin decidió buscar en la Europa de la postguerra ideologías revolucionarias y nuevas tecnologías que, aplicadas a China, sirviesen para marcar el camino de su futuro desarrollo.

     

    Y el 31 de octubre de 1919, con el nombre de Xie Yongchang y en compañía de 135 compañeros de estudios, partió de Shanghái con destino a Francia en el buque Paul Lecat. Constituían la quinta tanda de estudiantes enviados a Francia por la Sociedad del Trabajo Diligente y el Estudio Frugal de Shanghái. En el correspondiente formulario rellenado por el mismo Xie Weijin con el nombre de Xie Yongchang, consta que nació en Bishan (Sichuan), estudió en la Escuela Secundaria de Nanyang, estaba domiciliado en la ciudad de Jiangjin (Sichuan) y tenía 20 años de edad. Si este último dato es cierto, habría nacido en 1899, y no en 1904. Xie Weijin nunca podía haberse imaginado que iba a permanecer 20 años en el extranjero. En ellos pasó de ser un joven brioso y patriótico a un combatiente internacional, y la forja donde se operó este cambio fueron los campos de batalla de España.

     

    Todo comenzó a finales de 1919. En la primavera de su segundo año en Francia partió a Inglaterra para proseguir sus estudios de secundaria en el Harrogate College de North Yorkshire. En su tiempo libre solía salir del recinto de la escuela para hacerse con folletos informativos sobre la Revolución de Octubre y las guerras revolucionarias en Rusia y, por ello, como cuenta en su autobiografía, “mis compañeros me llamaban en broma bolchevique”. Escribió algún artículo divulgativo sobre la nación eslava, como Chi-Ê zuijin zhi jingji zhuangkuan [La reciente situación económica en la Rusia roja], firmado con el nombre de Yunchang y aparecido el 1 de septiembre de 1922 en la revista Shaonian [Jóvenes]. Y también prestaba particular atención a las noticias de prensa sobre el movimiento de los obreros ingleses, y en especial a las aparecidas en un periódico del Partido Socialista, e iba con frecuencia a visitar a los mineros de las minas de carbón cercanas, según él mismo comenta.

     

    En la primavera de 1923, una vez acabada la escuela secundaria, partió para Alemania, país que a la sazón era cuna de tendencias ideológicas vanguardistas, donde podía adquirir las obras de Marx y Engels y acceder libremente a la lectura de las de Lenin u otras muchas consagradas al movimiento obrero internacional o a la revolución rusa. Instalado en Göttingen, en la región central de Alemania, el mismo año se matriculó en la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Göttingen con el nombre de Yun San Hsieh, aunque el siguiente semestre se cambió a la de Ciencias Políticas.

     

    En aquel momento eran una cincuentena los estudiantes chinos que cursaban estudios en dicha universidad, entre los que se hallaban Zhu De y Sun Bingwen. Xie Weijin se incorporó a las reuniones de estudio que celebraban por la tarde tres veces a la semana los estudiantes izquierdistas chinos. En ellas se aprendía más que en la propia universidad, como comentaba Zhu De. Leían y estudiaban los artículos dedicados al pasado y presente de la revolución china publicados en Xiangdao [La Guía], la revista orgánica del Partido Comunista de China, las noticias sobre la situación internacional aparecidas en las publicaciones del Partido Comunista de China en París e, incluso, El ABC del comunismo, publicado en la Unión Soviética. Xie Weijin estudió cuatro semestres en la Universidad de Göttingen, hasta el verano de 1925. En ese tiempo solo dejó de matricularse en el periodo correspondiente a las vacaciones de verano de 1924. En 1925 se trasladó a Berlín.

     

    La “doble felicidad” llamó a la puerta de Xie Weijin en el año 1925. En el aspecto ideológico se vio recompensado con su ingreso en la Liga de la Juventud Comunista China de la mano de Sun Bingwen, convirtiéndose de añadidura en miembro del Socorro Rojo Internacional, y en el aspecto personal tuvo un hijo. Según Jinzhen, la hija adoptiva de Xie Weijin, su esposa se llamaba Cheng Qiying y también era de Sichuan, aunque de la localidad de Wanxian. Ambos viajaron juntos a Europa, pero el nombre de ella no figura en la lista de pasajeros del Paul Lecat.

     

    —Oí decir a mi padre que por aquel entonces ella era budista y todavía no había ingresado en el Partido Comunista, y que en Alemania se limitó a hacer algún trabajo de propaganda.

     

    El hijo, siempre según Jinzhen, se llamaba Hansheng. En enero de 1926, Xie Weijin fue transferido al grupo itinerante del Partido Comunista de China en Europa y participó en los trabajos preparatorios de la Alianza Internacional Antiimperialista; el año siguiente asistió en Bruselas a la asamblea fundacional de la Alianza y comenzó a prestar servicios en ella como secretario internacional.

     

    El 5 de abril del mismo año, el Partido Comunista de Alemania convocó en el Palacio de los Deportes de Berlín una gran asamblea de solidaridad con China. A las seis de la tarde, las calles circundantes estaban atestadas de policías a caballo que, ostentando sus porras y fusiles en clara actitud amenazante, parecían advertir a los viandantes: “Al que se acerque, le disparamos”. Aun así, 20.000 berlineses atravesaron las líneas policiales, siempre atentas a la más mínima oportunidad para actuar, y afluyeron al estadio como una verdadera marea humana. Xie Weijin subió a la tribuna después del discurso de Ernst Thälmann, presidente del Partido Comunista de Alemania. Anunciado como representante de los campesinos y obreros chinos, fue acogido con ensordecedores aplausos y un efusivo apretón de manos del presidente, hombre de gran estatura que le sacaba media cabeza. En ese momento todo el mundo se puso de pie y entonó con brío La Internacional. Con lágrimas en los ojos, Xie desplegó la gran bandera de seda conmemorativa de la huelga general de los obreros de Hong Kong y Kowloon y el estandarte de la Asociación del Movimiento Campesino de Hunan, e hizo entrega de ambos distintivos al Partido Comunista de Alemania. El estadio en pleno gritaba, agitando los puños: “¡Abajo el fascismo! ¡Abajo el imperialismo invasor de China!”.

     

    En 1928, Xie Weijin fue transferido al grupo de lengua china del Partido Comunista de Alemania, donde trabajó con Cheng Fangwu, Zhang Ê y Zhang Wenjin, entre otros. Escribió para Chiguang [Luz Roja], publicación de la célula de Berlín, y publicó algunos artículos sobre la situación del momento en China en Die Rote Fahne [Bandera Roja], la revista del Partido Comunista de Alemania. Antes, entre 1925-1927, y siguiendo instrucciones del Partido Comunista de China, se había incorporado con otros camaradas al Kuomintang, formación que abandonó cuando se produjo la escisión entre ambos partidos. El Kuomintang los puso en la lista negra, y sus nombres fueron difundidos en la prensa china.

     

    En 1930, el Partido Comunista de China le asignó el trabajo de periodista en el International Press Correspondence, publicación de la Internacional Comunista en la que periodistas de todo el mundo informaban del movimiento revolucionario en sus propios países, editada en ruso, inglés, francés, alemán y español. Entre agosto de 1930 y julio de 1936, Xie Weijin escribió, con el seudónimo de Chie Hua (Tschie Hua), numerosos artículos para esta publicación. Entre ellos se encuentran ‘La supresión de los bandidos de Chiang Kai-shek y la contraofensiva del Ejército Rojo’ (5 de febrero de 1931), ‘La lucha de liberación nacional revolucionaria en Manchuria’ (23 de marzo de 1934), ‘Los bandidos japoneses invaden el sur de China’ (20 de junio de 1936) y ‘La lucha del Ejército Rojo y el Frente Unido Antijaponés en China’ (25 de julio de 1936).

     

    Siguiendo instrucciones del Comité Central del Partido Comunista de China, entre 1930 y 1932 trabajó como enviado especial de Zhongguo Gongnong Tongxun [Noticias de los obreros y campesinos chinos], la revista del Partido en Europa. En 1932 colaboró con la revista de la Internacional Comunista Zhongguo Tongxun [Noticias de China], y desde 1930 hasta 1933 también se encargó de distribuir en China y otros países los documentos internos de la delegación del Partido en Moscú.

     

    La elección de Hitler como primer ministro de Alemania a principios de 1933 y la victoria del Partido Nazi en las elecciones generales de marzo marcaron el comienzo de una sangrienta masacre política. La policía arrestó a Ernst Thälmann y a otros muchos miembros de la misma formación y fijó su atención en Xie Weijin, sospechoso de ser un elemento provocador comunista. Bajo la amenaza de su posible detención en cualquier momento, Xie Weijin huyó a Suiza en agosto de 1933 con el consentimiento del Comité Central del Partido Comunista de Alemania. Al principio vivió ilegalmente en Basilea con la ayuda del Socorro Rojo Internacional y luego, hacia el verano de 1934, logró instalarse de forma legal en Ginebra, donde trabajó en una asociación de inmigrantes dependiente del Partido Comunista de Alemania. En 1936 se fundó en París el Frente Popular Chino, y Xie Weijin pasó a convertirse en miembro de su comité ejecutivo.

     

     

    En las escuelas religiosas también se canta Defended Madrid

     

    En vísperas de la guerra civil española, Europa estaba sumida en una grave depresión económica y la inmensa mayoría de los obreros había empezado a organizarse para hacer frente a la carestía. Los grandes terratenientes y grupos financieros, nerviosos por el perjuicio que todo ello representaba para sus intereses, abogaban vivamente por una política de coacción como único remedio para el problema del hambre y el desempleo. Estas circunstancias hicieron posible el rápido ascenso a la escena política de Europa de dos grandes caudillos fascistas como Hitler y Mussolini. De todo ello fue testigo Xie Weijin.

     

    La tragedia comenzó en julio de 1936. Cuando el pueblo español celebraba con júbilo el nuevo gobierno elegido y su política de erradicación del analfabetismo y de reforma agraria, el general Franco traicionó el régimen democrático recién establecido y dio un golpe de Estado. Hitler y Mussolini le enviaron de inmediato aviones para transportar sus unidades desde el norte de África hasta la Península y acto seguido lo ayudaron con el envío de tanques, cañones y soldados de infantería, y con ello la que era una guerra civil se convirtió de la noche a la mañana en una sangrienta contienda de carácter internacional que sirvió de prólogo a la Segunda Guerra Mundial.

     

    Atemorizados por el potencial bélico de Alemania e Italia y con la excusa de la no-intervención, los países occidentales que se decían democráticos coartaron el derecho del pueblo español a adquirir armamento y municiones para su autodefensa y dejaron que el fascismo germano-italiano se sirviera impunemente de España como campo de pruebas de sus armas más modernas. Tan gran injusticia conmovió la conciencia de los intelectuales de todo el mundo. El escritor francés André Malraux recolectó fondos de inmediato y organizó una escuadrilla aérea que, dirigida por él mismo, voló hasta Madrid para participar en la contienda; el escritor inglés George Orwell dejó la pluma por la espada y se lanzó a las trincheras de España para combatir codo con codo con los milicianos; el poeta chileno Pablo Neruda, a la sazón cónsul de Chile en España, escribió a propósito de la guerra: “Mi humilde poesía quisiera servir de espada y pañuelo [al pueblo], para secar el sudor de sus grandes dolores y para darle un arma en la lucha del pan”; el médico canadiense Norman Bethune dejó su puesto de trabajo para marchar a España y organizó su propia unidad médica móvil en primera línea de combate; el estudiante cubano Rodolfo de Armas partió de Nueva York en un vapor y llegó a España a través de Francia con la idea de que la derrota de los fascistas en Europa conduciría al derrocamiento de la dictadura de Batista en su propio país: “Nuestro camino de vuelta [a Cuba] pasa necesariamente por España”; el irlandés republicano Frank Ryan consideraba una gran vergüenza nacional el hecho de que los fascistas de su país se hubieran alineado con los de España y se incorporó con otros compatriotas a la contienda con el fin de “derrotar al fascismo y lavar el honor de Irlanda”.

     

    España y China están separadas por 1.000 cordilleras y 10.000 ríos, pero en aquel momento se hallaban unidas por el mismo mal y el mismo destino y el pueblo chino tenía por ello una especial sensibilidad para captar el latir de los campos de batalla hispánicos. Las noticias sobre la guerra civil de España siempre encabezaban las páginas internacionales de periódicos, semanarios y revistas como Dagongbao (Ta Kung Pao), Xinhua ribao, Xin Zhonghuabao (Sin Zhungxua bao), Jiuwang ribao, Jiefang zhoukan o Dongfang zazhi, y también abundaban los artículos, traducciones, comentarios, poesías, caricaturas y canciones en publicaciones relacionadas con el mundo artístico y literario, como las revistas Shijie zhishi, la antes mencionada Dongfang zazhi o Yiwen. Esta última, cuyo título significa “textos traducidos”, dedicó un número monográfico a España el 16 de abril de 1937, con 14 artículos traducidos al chino y tres coplas españolas.

     

    En aquel tiempo se puso de moda en China la canción Defended Madrid (Baowei Madeli), gestada en la Asociación de Estudios Internacionales (Guoji Yanjiuhui), una modesta organización cuyos jóvenes miembros tuvieron la idea de componer una canción para ofrecérsela al pueblo español. Uno de ellos, el compositor Mai Xin, de 22 años, escribió la letra a partir de las noticias que aparecían en la prensa: “Empuñad las fieras granadas y apuntad a Franco, al incendiario criminal. ¡En pie! ¡En pie! Marcha presto al frente, pueblo de España, por la libertad y la independencia patrias, al frente que lucha por la paz. ¡En pie! ¡En pie! ¡Luchad a muerte contra los lacayos traidores! ¡Defended Madrid! ¡Defended del mundo la paz!”.

     

    Y Lü Ji, otro compositor perteneciente a la asociación, la dio por buena y compuso la música. La canción no tardó en popularizarse en China. Solían cantarla los estudiantes de las universidades de Pekín y Qinghua, e incluso los de las escuelas religiosas; era como un estímulo para su propia voluntad de lucha en la guerra contra Japón. En el verano de 1937 la periodista norteamericana Helen Snow se hallaba de visita en Yan’an: fue ella la que, al parecer, escribió en español las palabras “¡No pasarán!” de la pancarta que enarbolaba al frente de una manifestación antifascista en cuyo transcurso la canción no paró de sonar por todo Yan’an. En marzo de 1937, la Asociación de Esperanto de Shanghái tradujo la letra al inglés, francés, alemán, japonés, italiano, ruso, español y otras lenguas.

     

    La comunicación de Yan’an con el resto del mundo no era en esos momentos nada fácil, pero las noticias sobre la guerra civil de España llegaban con gran premura. Así, si la batalla de Guadalajara se inició el 8 de marzo de 1937, el 12 de ese mismo mes Zhu De ya escribía una carta abierta al ejército y al pueblo español que decía: “¡Cuánta ha sido nuestra alegría al tener noticia de vuestro triunfo, y sobre todo al saber que en Guadalajara habéis derrotado a tres divisiones del ejército italiano! ¡Vuestra gran victoria refuerza aún más nuestra convicción en la lucha por la liberación nacional y nos estimula a combatir con mayor firmeza contra el imperialismo japonés, principal enemigo de la nación china!”.

     

    Mao Tse-tung fue muy explícito con la guerra de España: “La causa por la que os esforzáis es también la nuestra. Hemos leído con emoción que las Brigadas Internacionales están formadas por ciudadanos de todos los países y nos hemos alegrado mucho al saber que entre ellos hay chinos y japoneses”. Y en una carta abierta al pueblo español de 15 de mayo de 1937 escribe: “Muchos camaradas del Ejército Rojo de China están dispuestos a ir a España para participar en vuestra lucha; no hay día que no hablen de vuestra lucha y la situación general de España. De no ser por que tenemos enfrente al enemigo japonés, iríamos con toda seguridad a integrarnos en vuestras tropas”.

     

    Ya que el Ejército Rojo de China no podía descuidar sus obligaciones para ir a la lejana España a tomar parte en la guerra, ¿debería hacerlo él, Xie Weijin, en tanto que miembro del Partido Comunista Chino residente en Europa? No era una decisión fácil. China, invadida por el fascismo japonés, se enfrentaba a una situación de vida o muerte que obligaba a todos sus ciudadanos a hacer causa común. Los propios mandos de Chiang Kai-shek, incapaces de soportar la situación por más tiempo, tuvieron que ponerlo bajo arresto domiciliario para obligarlo a formar una alianza antijaponesa con el Partido Comunista en el que se conoce como Incidente de Xi’an, protagonizado por el mariscal Zhang Xueliang y el general Yang Hucheng el 12 de diciembre de 1936. En tales circunstancias, cualquier ciudadano chino que se hallara en el exterior sentía el deseo ardiente de volver a la patria para luchar contra el enemigo. Además, Xie Weijin se había divorciado y vivía con su hijo de 11 o 12 años. ¿Quién cuidaría de él, si iba a la guerra de España?

     

     

    No he venido a Madrid para una corta temporada

     

    Xie Weijin decidió ir a España. Su decisión tuvo mucho que ver con el Frente Popular Chino de París, de cuyo comité ejecutivo formaba parte. La organización le encargó el envío de periódicos y revistas de España a China con el fin de que las experiencias de los campos de batalla de España pudiesen ser asimiladas en su propio país en la guerra contra Japón. Para librarlo de toda preocupación familiar, su hijo se quedaría en Suiza bajo el cuidado de otros camaradas y sus gastos cotidianos serían sufragados por la propia organización.

     

    Xie Weijin partió de Suiza con el falso nombre de Ling Ching Siu (Lin Jishi) y el 4 de abril de 1937 pisó emocionado suelo español. Su intención era presentarse de inmediato en el frente de batalla, pero como pasó más de un mes y todavía no se le autorizaba a integrarse en la Brigadas Internacionales, el 28 de mayo, impaciente tras su larga espera en Valencia, escribió una carta al Comité Central del Partido Comunista de España en la que le instaba a darle una pronta respuesta positiva. Al principio decía: “He pasado muchas penalidades para venir a España a tomar parte en esta guerra, y ya no puedo dar marcha atrás”. Seguía diciendo que si albergaban alguna sospecha sobre sus antecedentes personales, podían consultar con la sección china del Partido Comunista de Alemania en Suiza y del Partido Comunista Francés en París. “No he venido a España para pasar una corta temporada, sino para ir al frente y combatir con toda mi energía como un soldado”, subrayaba. Y concluía: “Espero que el Comité Central me autorice el uso de este derecho y me permita, al igual que a tantos otros camaradas extranjeros, incorporarme a las Brigadas Internacionales”.

     

    La carta surtió efectos inmediatos: a principios de junio Xie Weijin se presentaba en el cuartel general de las Brigadas Internacionales en Albacete para incorporarse a filas y conseguía por fin su carné militar, número 83492. La ciudad era un hervidero de razas y colores, de gentes de diferentes naciones entre las que había marineros, carpinteros, chóferes, mineros… y también estudiantes, profesores, escritores, artistas, periodistas, médicos, enfermeras..., gentes procedentes de todas las partes del mundo que venían a ayudar al pueblo español y cuyos rostros aparecían iluminados por la misma emoción y esperanza que embargaba a Xie Weijin. Muchos nunca habían tocado un fusil, pero habrían de echárselo al hombro y lanzarse al campo de batalla en cualquier olivar de cualquier cuesta para reclamar con sus vidas justicia para el pueblo español.

     

    La situación militar no daba pie al optimismo. El norte de España podía caer de un momento a otro frente a la aplastante superioridad del armamento franquista, y la capital se hallaba sitiada por tres partes desde el inicio de la Batalla de Madrid en noviembre del año pasado y todavía no había logrado romper el cerco. Xie Weijin llegó a tiempo para participar en la gran ofensiva que, con el objetivo de aliviar la crítica situación en el frente Norte y romper el bloqueo de Madrid, lanzó el Ejército Republicano en julio en las inmediaciones de Brunete, a una treintena de kilómetros al oeste de la capital.

     

    El 6 de julio de 1937, 28 brigadas enviadas por el gobierno de la República de España, entre 80.000 y 90.000 soldados, desataron un vasto ataque contra las tropas franquistas. Era la primera batalla en suelo español de Xie Weijin, destinado a la unidad de artillería contracarro de la XI Brigada Internacional con el grado de alférez y en calidad de comisario político y secretario del partido. Bajo el abrasador sol de julio, los tres impresionantes cañones de 45 milímetros sobre dos ruedas despedían un resplandor que hacía daño a la vista. Aún no habían empezado a disparar y ya estaban tan calientes que el menor roce de la piel con el metal levantaba ampollas; y cuando ya en el campo de batalla empezaron a cumplir su cometido, el calor se hizo aún más insoportable. La falta de agua invalidaba la acción de los tubos de refrigeración acoplados a los cañones, y tenían que orinar en ellos. El sudor les empapaba la ropa y la sed los tenía al borde de la desesperación, pero el fuego intenso impedía los avituallamientos en el campo de batalla y, por si no bastara, el río Guadarrama estaba seco en ese tramo. Tuvieron que hacer un profundo hoyo en su cauce para lograr al fin un poco de agua, agua fangosa que tomaban en sus manos y bebían con avidez sin importarles su gusto áspero y amargo.

     

    Cuando Franco tuvo noticia de la gran ofensiva del Ejército Republicano suspendió de inmediato las operaciones militares en el norte y despachó la totalidad de las escuadrillas aéreas italianas y españolas al frente de Brunete. La primera semana de combates se saldó con sucesivas victorias de la República y la ocupación de Brunete y las poblaciones cercanas, pero su numerosa infantería no pudo hacer nada contra la superioridad aérea y armamentística del ejército rebelde y al final, el 25 de julio, Brunete volvió a caer en manos enemigas. Murieron 23.000 soldados republicanos, y muchos batallones tuvieron que fusionarse con otros para resarcir las numerosas bajas.

     

    A finales de julio Xie Weijin se incorporó al batallón austriaco bautizado con el nombre de 12 de Febrero de 1934, fecha de la insurrección izquierdista en Viena, con base en Collado-Villalba, a unos 40 kilómetros al noroeste de Madrid. La compañía de ametralladores a la que fue destinado con el grado de alférez solo contaba con 80 o 100 hombres, y era muy fácil hacer amistades. En ella prestaba servicio como mensajero Hans Landauer, un mozalbete austriaco de solo 16 años que sentía una gran curiosidad por saber por qué un chino, una persona proveniente de un país en esa época tan lejano, casi de otra galaxia, había venido a participar en la guerra de España. Xie Weijin le dijo que venía de Suiza, donde además tenía un hijo. Así fue como se conocieron.

     

    El 21 y 22 de agosto fueron trasladados en camión a Tembleque, a unos 80 kilómetros al sur de Madrid; en Tembleque cargaron el armamento en un tren con destino al frente de Quinto y toda la compañía de ametralladores tomó asiento en un mismo vagón de pasajeros. Allá por la medianoche, ya cerca de Valencia, dormían todos profundamente con el balanceo del tren, cuando Xie Weijin, el único que permanecía despierto, comenzó a gritar: “¡Fuego! ¡Fuego!”. Sus gritos despertaron a todos; Hans Landauer se levantó de un salto, según recordaba luego Xie Weijin. El tren frenó en seco, y algunos saltaron a tierra y vieron la oscura noche iluminada por lenguas de fuego que brotaban de los costados inferiores del vagón: eran los frenos, que habían empezado a arder por sobrecalentamiento. Desengancharon la unidad y continuaron el viaje apretujados en otros vagones. El tren llegó a Tarragona siguiendo la costa mediterránea y de allí giró para empalmar con la antigua vía férrea que llevaba a Madrid; por tierras de Aragón atravesó el Ebro y al cabo se detuvo en Quinto, punto final del trayecto.

     

    Sin un momento de reposo, esa misma noche emprendieron la marcha y llegaron al frente. El día siguiente, 24 de agosto, amaneció con muy buen tiempo. El sol dorado iluminaba los centenares de casas blanqueadas de las cuestas dominadas por una gran iglesia de piedra lindante por uno de sus lados con un barranco, un edificio que se recortaba imponente contra el firmamento. En cada ventana había ametralladoras enemigas. Al oeste de la iglesia, no muy lejos, había un cementerio rodeado de un muro, y al este y al sur del pueblo se hallaba el monte Purburell, donde el enemigo había cavado trincheras y construido fortificaciones y nidos de ametralladoras. A primera hora de la mañana se dio orden de avanzar, pero las tropas enemigas situadas en la cresta del monte los recibieron con una auténtica lluvia de balas. El jefe de la brigada austriaca fue herido en un tobillo, y Xie Weijin también resultó alcanzado debajo de la rodilla derecha. La sangre le fluía en abundancia de la herida y fue llevado fuera del campo de batalla y enviado al hospital de Benicàssim.

     

    El hospital de Benicàssim ocupaba una veintena de elegantes chalés desplegados a lo largo de medio kilómetro de costa mediterránea, pertenecientes en su día a personas adineradas. En la parte exterior había gran profusión de flores y árboles bien repartidos y cuidados, y la playa de arena blanca corría paralela a un amplio paseo bordeado de palmeras abiertas en verdes abanicos que aventaban la suave brisa mediterránea hasta las habitaciones. Los ricos propietarios habían huido a causa de la guerra, y los bellos chalés hacían ahora las veces de hospital.

     

    A Xie Weijin le vendaron la pierna por debajo de la rodilla: una foto que se hizo con un soldado yugoslavo herido y el enfermero da prueba de ello. A los pocos días de su ingreso llegó al hospital un soldado chino de unos 20 años de edad, herido de bala en el dedo gordo del pie derecho. Xie Weijin entabló conversación con él y descubrió que el joven apacible y de modales suaves que tenía ante sí había sido, antes de su llegada a España, camarero en un restaurante de la Chinatown de Nueva York. Aparte de hablar inglés con fluidez, era muy buen calígrafo y tenía una sólida base cultural china. Dijo llamarse Chen Wenrao, y coincidió con Xie Weijin en el frente de Quinto, si bien después de la victoria fue trasladado a Belchite para seguir combatiendo, y allí resultó herido. Xie Weijin se alegró mucho de conocer a Chen Wenrao y hubiera querido mantener largas conversaciones con él, pero él mismo, debido a la gravedad de su herida, tuvo que ser trasladado a otro hospital militar para ser intervenido y no tuvieron más remedio que despedirse, aunque quedaron en que se mantendrían en contacto.

     

    El 25 de septiembre, Xie Weijin fue ingresado en un hospital militar de Murcia, ciudad jardín del sudeste de España cuyo clima y entorno la convertían en lugar idóneo para el restablecimiento. En la ciudad había cuatro hospitales militares de la Brigadas Internacionales. Uno, el Hospital Pasionaria, ocupaba el recinto de un instituto de enseñanza media y contaba con más de 400 camas; otro, instalado en una de las alas de la universidad, tenía muchas habitaciones bien iluminadas y un jardín rodeado de una galería abovedada, y podía acoger a 500 enfermos; otro, emplazado en lo que había sido un hotel de lujo, contaba con modernos equipos quirúrgicos y tenía un gran jardín en la azotea; y otro estaba especializado en medicina interna.

     

    Xie Weijin fue ingresado y operado en el Hospital Pasionaria. Una vez estabilizada la herida, y cuando ya pudo empezar a valerse por sí mismo, pidió permiso al director para tomar fotografías en los hospitales de Murcia asignados a las Brigadas Internacionales. El permiso le fue concedido en noviembre: a partir de entonces podía dedicarse a escribir reportajes ilustrados y a hacer fotografías con la cámara que le había regalado Zhou Enlai para mandarlos al Frente Popular Chino de París.

     

    Por esas fechas escribió una carta a Chen Wenrao, el chino que había conocido en el hospital de Benicàssim. En ella le contaba que se recuperaba con mucha lentitud y todavía no podía servirse de las muletas, y que en Murcia había conocido a ocho brigadistas chinos. Uno de ellos se llamaba Yan Jiazhi y estaba adscrito al escuadrón de caballería de las Brigadas Internacionales; había servido en otros tiempos en las filas de Zhang Zuolin (Chang Tso-lin) y llevaba en Francia desde 1916, país desde el que había llegado a España en 1936 para incorporarse a la lucha; otros dos, Liu Jingtian (Liou Kin Tien) y Zhang Ruishu (Tchang Jaui Sau), eran huagong, obreros chinos empleados en el extranjero, y procedían de París; y otro, Zhang Ji (Chi Chang), era residente en Estados Unidos. Los chinos, al ser pocos, no contaban con una unidad propia y se hallaban repartidos aquí y allá en las Brigadas Internacionales. Para paliar esta dispersión, Xie Weijin tuvo la idea de organizar un cuerpo de combatientes chinos, una idea que exponía en la carta a Chen Wenrao.

     

    Chen Wenrao le contestó con premura, a principios de diciembre, desde Benicàssim: “Estoy totalmente de acuerdo. Ya lo había pensado hace mucho tiempo, pero no había encontrado a ningún camarada chino con quien hablar de ello”. Y le pedía que, una vez recuperado, redactase un borrador de declaración para hacer realidad la idea lo antes posible. En la misma carta le mencionaba que otro chino, Liu Huafeng, había sido trasladado hacía poco a Benicàssim. Era de la provincia de Shandong, y procedía de Francia; trabajaba como enfermero, vivía en Villa Panlow, y también estaba a favor de la idea. Por otra parte, también quedaba con Xie Weijin en hacer un intercambio de periódicos: él le enviaría el Xianfengbao de Nueva York, que recibía cada semana, y Xie Weijing a él el Jiuguo shibao, que recibía de París.

     

    En el mismo periodo en que Xie Weijin y otros compatriotas se estaban recuperando de sus heridas llegó a España un grupo de visitantes chinos encabezado por Yang Hucheng, el general instigador del Incidente de Xi’an, desterrado justamente por ello al extranjero por Chiang Kai-shek. Yang Hucheng aprovechaba la oportunidad para recorrer otros países, y fue expresamente a España para estudiar las experiencias militares derivadas de la creación de un frente unido. El grupo, integrado por 12 personas, llegó en avión a Valencia, capital provisional de España, el 14 de octubre de 1937, y el día 16 en coche a Madrid, donde se reunió con el general Miaja, presidente de la Junta de Defensa de Madrid. En el transcurso de la reunión, Yang Hucheng le regaló al anfitrión una bandera de seda con una leyenda en chino que decía: “¡Unidos en la lucha por la independencia nacional, la democracia y la paz!”. Al día siguiente fueron al frente de Brunete con el general Miaja y visitaron las posiciones defensivas de la XI Brigada, la misma zona donde Xie Weijin había entrado por primera vez en combate en España.

     

    Uno de los miembros del grupo, Chen Zhutian, intentó, con la ayuda de terceros, localizar por todas partes a Xie Weijin. Chen Zhutian era el responsable en París de la Asociación por la Salvación Patria (Jiuguohui) del Jiugou shibao, y uno de los miembros del Frente Popular de París, Zhao Jiansheng (Yao Shushi), le había encargado que llevase unas cartas, panfletos y ejemplares del Jiugou shibao a Xie Weijin. Sin embargo, Chen Zhutian fue incapaz de dar con él en la vorágine de la guerra, con sus cambios impredecibles, y al partir de vuelta tuvo que confiar la entrega a unos amigos españoles.

     

     

    El mundo es nuestro hogar

     

    Xie Weijin se debatía en un gran dilema desde que fue herido en agosto. China le había declarado oficialmente la guerra a Japón a raíz del Incidente del Puente de Marco Polo el 7 de julio de 1937, pero él se veía obligado, por la herida en la pierna, a permanecer encerrado en los hospitales españoles sin saber cuándo podría ser dado de alta; ya que no podía ser de ayuda en España —se decía—, ¿por qué no volvía de inmediato a Suiza y de allí a China con su hijo para participar en la guerra contra Japón? La carta que le hicieron llegar del Frente Popular Chino de París consignaba la opinión del Partido Comunista de China al respecto: “Mao Tse-tung, Wang Ming y otros dirigentes de nuestro Partido me han escrito expresamente instándome a transmitirles a todos ustedes en su nombre sus mejores deseos, y haciendo votos por su pronta recuperación y porque sigan incorporados al frente combatiendo contra el enemigo”. Y también decía: “En momentos en que la guerra en los países occidentales se halla en una fase crítica no es conveniente que los miembros del Partido planteen como norma general su deseo de volver a China para tomar parte en la contienda, ya que ello puede dar una mala impresión. Deben ser sumamente cuidadosos en este punto. En cuanto a los pocos compañeros que por una diversidad de razones quieran volver para participar en la guerra de Resistencia contra la agresión, en principio no nos oponemos, pero deben aprovechar su vuelta para fortalecer la alianza fraternal entre los dos países… y preservar, vueltos a China, los cauces de comunicación con Occidente”.

     

    Chen Wenrao también le aconsejaba quedarse unos meses más antes de volver a China. Por carta le decía: “Los camaradas chinos somos muy pocos aquí, y el que te quedes unos meses más no solo nos favorecerá, sino que de forma indirecta también será muy provechoso para la guerra de Resistencia que libra nuestra patria”. Y al final Xie Weijin decidió, aunque a regañadientes, retrasar su vuelta a China.

     

    En España se prestaba mucha atención a la guerra de Resistencia contra el Japón: la eventual victoria de China se veía como la victoria en la propia guerra y en la lucha general contra el fascismo. Las Brigadas Internacionales publicaron un folleto titulado ¡Estemos preparados! Del frente de Aragón a las batallas de China, y en los periódicos y revistas abundaban las noticias sobre la guerra en China. Así, después de la visita a España de Yang Hucheng apareció en la revista Ejército del Pueblo un artículo titulado ‘Una nueva España: China’, de una extensión inusual de tres páginas, ilustrado con fotografías y unas consignas escritas de propia mano por Chen Zhutian y dos de sus compañeros: “¡Adelante hacia el camino de libertad y paz junto a los jóvenes catalanes! ¡Abajo los fascistas! ¡Los jóvenes chinos siempre estamos a vuestro lado luchando por la victoria final!”.

     

    Los médicos, enfermeros y pacientes de los cuatro hospitales de Murcia celebraban asambleas, pronunciaban discursos y realizaban todo tipo de labores de propaganda para dar a conocer la guerra de Resistencia contra el Japón. El 2 de diciembre, los pacientes de la sección alemana redactaron un telegrama de simpatía y solidaridad con el ejército chino en su lucha; Xie Weijin lo envió al Jiuguo shibao de París, y de allí fue a su vez enviado al VIII Ejército de Ruta del Ejército Revolucionario Nacional, al IV Ejército, al XXIX Ejército y a todas las unidades antijaponesas que combatían en el sur de China. El telegrama decía: “Los combatientes de todos los países que en España forman parte de las Brigadas Internacionales apoyan, con la mayor cordialidad y entusiasmo, al pueblo chino en su heroica lucha por la independencia y la libertad nacional… y desean de todo corazón que la nación china y todas las naciones amenazadas por el fascismo obtengan la victoria en el más breve plazo”.

     

    La herida de Xie Weijing fue mejorando poco a poco, y ya era capaz de andar con muletas. Uno de los sitios que en Murcia solía frecuentar era un hermoso jardín botánico cuyo rótulo, sobre la puerta de entrada, decía Campo de niños General Luckasc en honor al jefe de la XII Brigada Internacional y escritor húngaro Pavol Lukács (Máté Zalka, Béla Frankl), muerto en el frente de Huesca el 12 de junio de 1937. Apoyados en sus muletas, Xie Weijing y otros soldados heridos entraban cojeando en el jardín, y al instante una multitud de niños se acercaba corriendo a ellos cual bandada de mariposas y los rodeaba. ¿Quién hubiera podido apreciar a primera vista las profundas cicatrices que surcaban el corazón de aquellos 250 alegres angelitos de entre 7 y 12 años? Todos eran huérfanos de guerra, y Xie Weijin y otros compañeros se habían convertido en sus “padres”, unos padres adoptivos merced a los cuales contaban con columpios, una acequia, un teatrillo de títeres y juguetes, aparte de leche, pasteles y fruta, producto todo ello de los tres días de paga mensual que les destinaban. Cada tarde iban a hacerles compañía y a jugar con ellos, y les llevaban un poco de alegría y cariño.

     

    La visión de estos niños alegres despertaba en Xie Weijin la añoranza de su hijo, su Hansheng de la lejana Suiza. Hacía ya casi un año que no lo veía. ¿Cómo estaría? ¿Habría dado ya el “estirón”, a sus 13 años? Cada vez que pensaba en él, la mala conciencia lo dominaba. Desde que el niño nació, Xie Weijin había estado muy ocupado trabajando para las revistas de la Internacional Comunista, pues además de escribir noticias y artículos especiales sobre la revolución china para la International Press Correspondence, también era enviado especial de Zhongguo Gongnong Tongxun [Noticias de los Obreros y Campesinos Chinos], y no había podido dedicarle mucho tiempo. Pero lo que más le apenaba era el divorcio con Cheng Qiying, pues como consecuencia de él el pequeño vivía ahora solo en Suiza, atendido únicamente por unos amigos. A veces se preguntaba si no había sido demasiado cruel como padre al dejar solo a su hijo, que se hallaba en pleno crecimiento, para venir por su cuenta a la guerra; pero al ver a los huérfanos del campamento infantil sentía un cierto alivio, pues si había venido a España para ayudar a la República a ganar la guerra era para que no hubiesen más huérfanos y viudas y para que los niños pudiesen crecer en un clima de libertad. Quizás Hansheng, cuando fuese mayor, pudiera comprender su pena oculta.

     

    A pesar de hallarse en España, Xie Weijin estaba bien informado del desarrollo de la guerra antijaponesa en China gracias a los periódicos, libros y ejemplares del Jiugou shibao que Zhao Jiansheng, del Frente Popular Chino de París, le enviaba con frecuencia. En febrero de 1938, el Jiuguo shibao decidió suspender temporalmente su publicación y trasladarse a Nueva York a causa de la escasez de personal, ya que la mayoría había regresado de forma progresiva a China para tomar parte en la guerra. Antes del traslado, los trabajadores hicieron una bandera de seda roja con una poesía manuscrita dedicada a los combatientes chinos que estaban en España. Xie Weijin la recibió en marzo a través de Zhao Jiansheng. El poema decía:

     

     

    Frente de Oriente, frente de Occidente. Miles de li os separan, y en vosotros renace y muere la cultura.

    ¡Esforcémonos por hacer frente a la invasión,

    Por llevar a la realidad nuestra defensa de la democracia!

    Habéis sido heridos por la causa del gran pueblo español:

    La sangre que derramáis es la luz roja del descenso a la tierra del dios de la libertad.

    La noticia de vuestra valentía colma nuestro corazón como el sol de invierno.

    Vuestra victoria es la nuestra.

    Estad tranquilos, nosotros cargaremos con las responsabilidades de la patria.

    ¡Adelante, y hacedlo posible! Cuando se extinga el fascismo y el pueblo sea rey, cuatrocientos millones de compatriotas os darán la bienvenida en vuestro regreso a la tierra natal.

    Mas, ¿para qué volver a la tierra natal? Mirad, el cielo azul es el techo, la gran tierra el suelo, las veintiocho constelaciones los muros.

    Hermanos y hermanas somos la humanidad, y el mundo es nuestro hogar.

     

     

    Xie Weijin recibió con gran júbilo la bandera. El 16 de abril se celebró en el hospital el cumpleaños in absentia de Ernst Thälmann, el mismo Thälmann al que diez años antes había entregado, en el estadio de Berlín, una bandera de seda conmemorativa de la huelga general de los obreros de Hong Kong y Kowloon, ahora encerrado en las negras mazmorras de la Gestapo, quién sabe si vivo o muerto. El poeta alemán Erich Weinert fue el organizador del acto, concebido en recuerdo suyo y como muestra del respeto que todos le tenían. Xie Weijin trajo consigo, con gran fervor, el poema que le había hecho llegar el Jiuguo shibao y le pidió a Weinert que lo tradujese al alemán e intentase publicarlo. El poema traducido al alemán aparecería años más tarde, en 1951, recogido en la antología poética Camaradas, de Erich Weiner.

     

    Xie Weijin escribió a Zhang Ruishu, Liu Jingtian, Liu Huafeng y Chen Wenrao para darles la buena noticia de la bandera que había recibido. Lo que no sabía es que este último ya no estaba en este mundo: Chen Wenrao se había reincorporado a filas después de salir del hospital de Benicàssim a mediados de diciembre de 1937, y había muerto en combate en el frente de Gandesa en abril de 1938.

     

    Xie Weijin recibió un nuevo regalo. Un regalo que un marinero chino, por encomienda de Mao Tse-tung y Wang Ming, había llevado de Shanghái a Marsella y de allí a España atravesando océanos y mares. Estaba dirigido a él mismo y a la “decena de combatientes valientes que luchan en la guerra”. Abrió el paquete, y se encontró con un gran pendón de color rojo brillante de la altura de una persona. En la mitad superior había una leyenda en chino, y en la inferior la misma leyenda en inglés. Los grandes caracteres amarillos decían: “¡Uníos, pueblos de España y China! ¡Abajo con el fascismo, enemigo común de la humanidad!”. Estaba dedicado al Destacamento Chino de la Brigadas Internacionales, y era “obsequio conjunto de Zhu De, Zhou Enlai y Peng Dehuai”. Xie Weijin colgó esta y la otra bandera con suma solicitud, como si fuesen un tesoro; eran un gran motivo de orgullo para las decenas de combatientes chinos.

     

    Xie Weijin seguía perteneciendo a la XI Brigada, pero al no poder prestar servicio en el frente de batalla por su herida en la pierna fue trasladado, con el grado de sargento, a la Compañía de Depósito del Batallón de Las Planas. Allí disponía de más tiempo para escribir artículos y hacer labores de propaganda. Escribió artículos sobre la guerra de Resistencia contra el Japón y el Partido Comunista de China para Frente Rojo y Ahora, envió fotografías y noticias sobre los voluntarios chinos a The Volunteer for Liberty de España, Jiuguo shibao de París, Xinhua ribao de Hankou, Xianfengbao y Daily Worker de Estados Unidos, Dazhong ribao de Hong Kong y algunos periódicos cubanos, y también mandó al Xinhua ribao fotografías de voluntarios japoneses, filipinos y cubanos internados en los hospitales de las Brigadas Internacionales. Por otra parte, también escribió una carta a Chiang Kai-shek, a la sazón presidente del Consejo Militar del Gobierno Nacional, en la que decía: “Yo y otros compañeros llevamos ya más de un año en las filas del ejército popular de la República de España luchando por la libertad y la independencia de la República de España y combatiendo, por ello, contra los enemigos de la liberación de nuestra nación china, y esperamos tener la ocasión de emprender el regreso inmediato a nuestro país para ofrecernos a luchar en el campo de batalla”.

     

    Y empezó a planificar con todo entusiasmo su vuelta a China para incorporarse a la guerra de Resistencia contra el Japón.

     

     

     

     

    Este texto es un fragmento del libro Los brigadistas chinos en la guerra civil. La llamada de España (1936-1939), que publica esta semana la editorial Los libros de la Catarata.

     

     

     

    Hwei-Ru Tsou (Ni Huiru) y Len Tsou (Zou Ningyuan) nacieron en Taiwán y se doctoraron en química en Estados Unidos. Residentes en Nueva York desde hace varias décadas, se dedicaron a la investigación farmacéutica y de semiconductores, respectivamente, antes de su reciente jubilación. Ambos han participado activamente en movimientos a favor de la justicia social y la paz tanto a nivel local como mundial. Su libro sobre los brigadistas chinos vio la luz en Taiwán en 2001 y acaba de ser publicado en China en caracteres simplificados.

     

    Laureano Ramírez Bellerín se ha encargado de coordinar la traducción al español, en la que también han participado Liu Jian, Maialén Marín Lacasa, Sun Jiakun y Wang Jun

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    Verdaderamente sorprendenta la historia de estos chinos. Se ve la tremenda repercusión que tuvo la Guerra Civil española en todo el mundo.
    La causa de España fue la causa de la libertad.

    ISSN: 2173-4186 © 2019 fronterad. Todos los derechos reservados.

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