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Cosas de niños el blog de Linda Ontiveros


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16 de marzo, 2010

Domingo de periódicos

Son las nueve de la mañana del domingo y M ya está despierta. Al menos, no se levanta a las siete. Entra en la habitación de sus padres que todavía duermen. S está en su cuna medio dormido, pero se espabila al ver a su hermana. Ella se sube a la cuna para jugar con él. M pierde el interés por el juego, baja de la cuna y se acerca a su padre, lo toca en la cabeza; lo escruta como si con su mirada pudiera abrirle los ojos. Con voz muy baja lo llama: “Papá, ya es de día”. Unos minutos más por favor, piensa L, pero ya no hay nada que hacer. La frase de la niña pone en movimiento a toda la familia: D se levanta, le hace el desayuno a la niña. Luego se viste y compra los periódicos, mientras L se encarga de S. 

 

D regresa de la calle y prepara el desayuno para ellos. L le ayuda a poner la mesa. D, antes de sentarse a comer, comienza a buscar un CD. M pide el de “Amadeus Mozart”, un disco que trae tres arias y un dueto de la ópera la “Flauta mágica”, y que viene con un libro llamado “Mozart, el pequeño mago”, que le ha regalado su padre. A M le fascina la historia que cuenta cómo el príncipe Tamino rescata a la princesa Pamina que ha sido secuestrada por el sabio Sarastro. S se rasca las encías con un pedazo de pan y baila apoyado con una mano en la mesa. 

 

L y D leen los periódicos mientras terminan sus cafés. L se entera por uno de los suplementos dominicales que se ha perdido un mejillón del cuadro de Big Spanish Dinner que está expuesto en el Reina Sofía, pero antes de terminar el último párrafo, tiene que luchar con S para que le devuelva la página sin romperla: el niño ha aprendido a hacer tiras el papel, un ejercicio con el que se prueba la motricidad infantil, pero que S hace sin que se inicie ningún test: un peligro para todos los documentos o libros que se dejan a su alcance. D, por su parte, interrumpe la lectura cada vez que M le ofrece los manjares imaginarios que prepara mientras escucha su disco. Él finge comerlos y, entre plato y plato, logra terminar de revisar el periódico. 

 

A media mañana, los niños reclaman más atención. D pone un disco de The Smith y acepta la invitación de M, para pintar unos animales con paisaje tropical que había dejado a medias el día anterior. S se suma a la actividad cogiendo uno de los lápices de colores de madera donde deja la marca de sus incipientes incisivos inferiores.  L pone un poco de orden antes de la comida y recoge los periódicos.  Los padres leen así: primero pasan todas las páginas, marcan lo que les interesa mentalmente y, varias horas después, cuando los niños duermen, leen lo que les interesó del diario. L es la encargada de que sobrevivan hasta la noche.

 

 

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