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    Entre la violencia y el miedo

    Pilar Rodriguez - 16-12-2010
    Fotografía y video Iñigo Alcañiz

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    Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se crearon en el año 1964. Desde entonces, la presencia de este grupo armado en la zona fronteriza con Ecuador ha sido muy activa. Hoy en día, y desde que Juan Manuel Santos subió al poder el pasado mes de agosto, siguen produciéndose incursiones de las FARC en la región. Una de las más recientes se llevó a cabo el pasado 10 de septiembre de 2010 en el casco urbano de San Miguel, población cercana a la frontera con Ecuador, en la que fallecieron un total de ocho policías.

           En 2008 se produjo uno de los grandes golpes perpetrados contras el grupo insurgente en esta región. El número dos y portavoz del Bloque Sur de las FARC, Raúl Reyes murió a manos del Ejército colombiano cerca de Santa Rosa de Sucumbíos, población ecuatoriana que hace frontera con el Departamento de Putumayo.

           La desaparición de Raúl Reyes no consiguió que la presión de las FARC disminuyera en la zona. La falta de presencia policial en las áreas rurales del sur de Colombia ha hecho que la guerrilla se instale en la jungla amazónica. Esto ha afectado a la vida de miles de personas inocentes y campesinos de la región, así como a los menores que se han visto forzados a ser adoctrinados y entrenados para ingresar en la guerrilla. Es precisamente el reclutamiento forzoso de menores, así como las amenazas sufridas por parte de las FARC, las que han hecho que muchas familias hayan tenido que abandonar su pueblo para evitar que sus hijos pasen a formar parte del conflicto armado.

           Este es el caso de María, una campesina procedente de Puerto Guzmán, en el Departamento de Putumayo, que se vio obligada a abandonar su casa y cruzar la frontera con Ecuador hacia Lago Agrio, a catorce kilómetros de Colombia. María sufrió las amenazas recibidas por los Frentes 32 y 49 de las FARC al negarse a sus peticiones e impedir que sus hijos entraran a formar parte de las filas del grupo armado. El temor a que asesinaran a toda su familia, como ya habían hecho anteriormente en el pueblo, hizo que su marido, sus doce hijos, uno de ellos con síndrome de down, y ella huyeran rápidamente de Colombia, abandonando la finca de la noche a la mañana el día antes de que las FARC vinieran a por sus hijos, sin tiempo de vender sus pertenencias para poder salir adelante en su nuevo destino. Desde el momento que abandonaron el pueblo, todo lo que allí tenían pasó a manos de las FARC.

           Cuando María y su familia llegaron a Lago Agrio contaron con el apoyo y la ayuda de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que les acogió en su albergue. Posteriormente se instalaron en el pueblo. Actualmente, la familia subsiste como puede en una casa alquilada de dos habitaciones. María se gana la vida arreglando ropa con una máquina de coser que el profesor de su hijo le proporcionó y que ACNUR reparó para ella. A su vez, María participó en uno de los talleres ofrecidos por este organismo en el que le enseñaron a manejar la máquina para proporcionarle un medio de autosubsistencia.

           También se ha visto beneficiada de ayudas para la educación de cinco de sus hijos, así como material educativo. A pesar de la asistencia recibida, las duras condiciones a las que se enfrentan los desplazados colombianos que viven en Lago Agrio y la dificultad para encontrar trabajo en Ecuador, han hecho que el hijo mayor de María decidiera regresar a Colombia. El resto de sus hermanos trabajan cuando la posibilidad se les presenta.

           Ya han pasado dos años desde que llegaron a Lago Agrio. El temor hacia las FARC les impide volver al lugar de origen. El caso de María no es el único que encontramos en la zona. Lago Agrio es una de las ciudades de Ecuador con un mayor número de desplazados procedentes de Colombia al ser el único paso fronterizo disponible en el Departamento de Putumayo. Al igual que la familia de María, la mayoría de los colombianos que viven en esta ciudad han iniciado una nueva vida gracias a la ayuda recibida de ACNUR que, desde diciembre del año 2000, realiza una importante labor de protección a los refugiados. Gracias a la coordinación entre esta organización y los distintos organismos internacionales y locales, ONG e instituciones especializadas, se han elaborado proyectos humanitarios y programas de asistencia que han permitido que los refugiados puedan adaptarse a su nueva situación en Ecuador. Estos programas se han centrado sobre todo en garantizar la alimentación, el alojamiento, la educación, la salud, los servicios comunitarios y la asistencia jurídica de los desplazados, así como a otorgar autonomía a los refugiados para que puedan desenvolverse e integrarse en su nuevo entorno.

     

    Pilar Rodríguez

     

     

    Otros videos de esta serie:

    El mambe

    La cocina de la coca

    El restaurante de la coca

    Un centro de salud en la frontera

    Empezar de nuevo

    El Barrio

    Inkal Awa, en la encrucijada

     


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