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El mundo no se acaba el blog de Lino González Veiguela


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24 de octubre, 2012

Frasario III

 

 

Euroeufóricos. “Están los euroescépticos, los eurófobos y los euroeufóricos. Estos partidarios de la idea federal se encuentran tanto entre los intelectuales como entre los responsables políticos y son al menos tan peligrosos como los primeros”, artículo en el semanario alemán Die Ziet sobre los distintos caracteres que conviven en las instituciones de la UE y en su entorno intelectual.

 

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Entre espejismos de independencia y sueños de autonomía. Así resume un periodista de Jeune Afrique, en un reportaje sobre el Sáhara Occidental, el estado de ánimo mental de muchos saharauis en los territorios ocupados por Marruecos. El periodista visita las oficinas de la MINURSO (misión de la ONU encargada de preparar un futuro referéndum) y conversa con el representante especial de las Naciones Unidas, el alemán Wolfgang Weisbrod-Weber, un funcionario de la Organización veterano de otras misiones delicadas, como Timor o Afganistán. La respuesta del alemán, cuando el periodista le pregunta por qué no hace nada para que sean retiradas las banderas marroquíes que rodean el cuartel general de MINURSO, resume en gran medida la impotencia de la Organización para gestionar el problema del Sáhara durante casi 40 años: “No puedo hacer nada al respecto, están emplazadas fuera de mi jurisdicción”.


El reportaje se publica unos días antes del 24 de octubre, fecha prevista para el inicio del juicio ante un tribunal militar de Rabat contra los 22 saharauis acusados de haber “utilizado la violencia” durante los disturbios que tuvieron lugar a finales de 2010 como consecuencia del desmantelamiento del campamento saharaui de Gdeim Izik por parte de las autoridades marroquíes. Se acusa a los saharauis imputados de ser los responsables de la muerte de 12 policías marroquíes.

 

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Geografía e ideas.Adam Gopnik escribe en un artículo publicado en The New Yorker  acerca de la importancia de la geografía a la hora de explicar guerras, desarrollo político y escenarios geoestratégicos futuros. El periodista estadounidense reseña los libros de Robert Kaplan, The Revenge of Geography, y de Harm Blij, Why Geography Matters: More Than Ever que rescatan la vieja idea de los condicionantes insalvables de la geografía y el clima a la hora de conseguir el desarrollo de un país. Para reforzar su argumento de que la geografía importa hasta un cierto punto, pero que las ideas –y sus retorcidas descendientes, las ideologías- son un fuerza motriz de la Historia mucho más relevante, Gopnik comentan también el libro de Timothy Snyder, Tierras de sangre (Galaxia Gutenberg) y termina concluyendo que “Good ideas matter, as does the creation of the prosperity that good ideas need in order to flourish. Conversation shapes us more than mountains and monsoons can. Human history, like human love, is still made most distinctly face to face”.  A modo de ejemplo menciona la gran ambición geoestratégica rusa –el acceso a un mar de aguas cálidas- para concluir: “Even if Russia could get that warm-water port it is supposed to want, nothing much would change: it would still be cold and flat and depressing to be a Russian”.

 

 

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Pretenciosa innovación. “Celebrar la innovación solo por serlo es de mal gusto. Para que la tecnología aumente de verdad la realidad, sus diseñadores e ingenieros deberían tener una mejor idea de las complejas prácticas de las que se compone esa realidad; tales prácticas tienen sus propios objetivos, ideales y valores”- el periodista bielorruso Evgeny Morozov, especialista en nuevas tecnologías, en un artículo publicado en El País sobre la cocina inteligente.

 

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La araña (social) de  Kierkegaard. “Creo que los griegos y los españoles son como ratas de laboratorio para ver qué nivel de castigo y sufrimiento puede ser aceptado por esta sociedad sin que la gente se rebele. Eso puede alentar al fascismo”, Susan George, activista y presidenta de honor de ATTAC, en una entrevista concedida al Diario de Levante.


Unos días después de leer la entrevista con Susan George, encuentro esta frase de Kierkegaard: “¿Qué ocurrirá? ¿Qué traerá el futuro? No lo sé ni intuyo nada. Cuando, desde un punto fijo, una araña se precipita hacia sus consecuencias, ve siempre ante sí un espacio vacío en el que no encuentra lugar donde apoyarse, por más que patalee. A mí me ocurre lo mismo; ante mí hay siempre un espacio vacío; lo que me impulsa hacia delante es una consecuencia que está detrás de mí”.

 

En una entrevista publicada en la revista Jot Down, el Gran Wyoming ofrece un argumento sólido para defender el coste del Estado Social: “La paz social cuesta dinero. Yo no es que sea generoso con la clase obrera, yo soy egoísta, y quiero que mis hijos jueguen al balón ahí y que no tenga que tener a un tío con una pistola para que no les pase nada. Y como siga así lo que tenemos aquí ahora —y que puede durar seis meses más, o a lo mejor seis años— se acaba. Si tienes un ejército de diez millones de pobres de verdad a los que el estado les importa un carajo, van a decir que si a nadie le importa que ellos palmen, a ellos tampoco que palmen los demás. Estamos jugando con fuego”. El proceso de desintegración del Estado Social, comenta también, continuará salvo que se tome la calle. Otras de sus consideraciones sobre la historia reciente de España no tienen desperdicio.

 

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Centros de poder en Italia. Por primera vez en la historia de la Segunda República Italiana, el Gobierno central ha procedido a disolver un ayuntamiento. Se trata del ayuntamiento de Reggio Calabria, y el motivo para disolverlo, según parece, ha sido la infiltración de la ‘Ndrangheta en la administración municipal: una de esas primicias que no son novedad.

 

Las noticias políticas italianas que parece que van a desencadenar un vendaval, vistas con perspectiva, suelen quedarse en ligera brisa primaveral. Esperemos que esta vez no sea así, aunque…no podemos olvidar que estamos hablando de Italia. De la misma Italia –año arriba año abajo- que retrató el escritor Italo Calvino en un artículo publicado en el diario La Repubblica. Corría el año 1980:

 

“Existía un país que se regía en base a lo ilícito. No es que faltasen las leyes, ni que el sistema político no estuviese basado en principios que todos, más o menos, afirmaban compartir. Pero este sistema, articulado en torno a un gran número de centros de poder, necesita recursos financieros desmesurados (los necesitaba porque cuando uno se acostumbra a disponer de mucho dinero no es ya capaz de concebir que se pueda vivir de otro modo) y estos recursos sólo se podían obtener ilícitamente, es decir, pidiéndolos a quién los tenía, en cambio de favores ilícitos. En otras palabras, quién podía entregar dinero a cambo de favores por lo general ya había ganado ese dinero mediante favores obtenidos con anterioridad; por lo que resultaba un sistema económico en cierto modo circular y no carente de una cierta harmonía.

[…]

“Esporádicamente, cuando menos se esperaba, un tribunal decidía aplicar las leyes, provocando pequeños terremotos en algún centro de poder e incluso arrestos de personas que habían tenido hasta ese momento sus propias razones para considerarse intocables. En esos casos, el sentimiento dominante, más que la satisfacción por la revancha de la justicia, era la sospecha de que se tratase de un ajuste de cuentas de un centro de poder contra otro centro de poder”.

 

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Petróleo a partir de aire. “Suena demasiado bien para ser cierto, pero es cierto. Están haciéndolo y yo mismo he estado allí y he podido verlo. Lo innovador es que lo han hecho posible mediante un proceso ordenado. Es una pequeña planta piloto que captura aire y extrae el CO2 contenido en él basándose en principios bien conocidos. Lo excitante de todo el asunto es que han conseguido ordenar toda la tecnología disponible y todos esos principios bien conocidos y han mostrado que puede funcionar”. Con estas palabras comenta un alto cargo de la Institución de Ingenieros Mecánicos de Londres la noticia de que una pequeña empresa inglesa ha anunciado que puede producir petróleo a partir de CO2 contenido en el aire. La noticia se publica en The Independent. Dicen que en dos años, más o menos, podrían estar en disposición de producir petróleo a escala industrial. En la revista canadiense Embassy, hablando de esta noticia, se comenta que resulta difícil saber si esta alternativa logrará convertirse en una opción rentable para producir combustibles, pero que, “en todo caso, la gasolina que pondremos en nuestros vehículos en 25 años no procederá seguramente del subsuelo

 

 

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15 de octubre, veinticinco aniversario del asesinato de Thomas Sankara.


Extracto del discurso pronunciado por Thomas Sankara, revolucionario de Burkina Fasso, pocos meses antes de ser asesinado, en una de reuniones de la Unión Africana celebrada en 1987: “Consideramos que la deuda [externa] se ha de analizar empezando por su origen. Los orígenes de remontan a la deuda se los orígenes del colonialismo. Quienes nos han prestado dinero son los mismos que nos colonizaron. Son los mismos que gestionaban nuestros Estados y nuestras economías. Son los colonizadores los que endeudaron a África con los prestamistas, sus hermanos y primos. Nosotros somos ajenos a esta deuda. Por lo tanto no podemos pagarla”

 

Más: “ La deuda es el neocolonialismo o los colonialistas transformados en «asistentes técnicos». En realidad, deberíamos decir asesinos técnicos. Y son ellos los que nos propusieron las fuentes de financiación, los prestamistas o «proveedores de fondos». Una expresión que se emplea cada día como si hubiera hombres cuya «provisión» fuera suficiente para crear el desarrollo en otros países. Estos prestamistas nos fueron aconsejados, recomendados. Nos presentaron dossiers y montajes financieros fantásticos. Nos endeudamos por cincuenta años, sesenta años, y más aún. Es decir, nos han llevado a comprometer a nuestros pueblos durante cincuenta años o más”

 

En Burkina Fasso sigue gobernando tras 25 años Blaise Compaoré, compañero de revolución de Sankara, implicado según muchos indicios en la muerte del revolucionario burkinés. Compaoré, que llegó al poder tras un golpe de estado contra Sankara  afirma en una entrevista publicada en Jeune Afrique que él no ha cambiado, que sigue siendo el mismo. Respecto a la revolución que emprendió junto a Sankara y otros militares –tomaron el poder tras un golpe de estado- afirma que fue una experiencia histórica única que no tardó en mostrar sus límites, en especial el de la falta de libertades.

 

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Expropiación de tierras en África. El pasado mayo Veterinarios sin Fronteras organizó un encuentro en Madrid entre periodistas y líderes campesinos ugandeses. Desde hace más de una década, se quejaban los líderes campesinos, en Uganda se han llevado a cabo expropiaciones forzosas de tierras por parte del Gobierno sin las mínimas garantías legales reconocidas en la Constitución y las leyes del país. La gran mayoría de esas tierras expropiadas a familias de campesinos termina en manos de grandes empresas extranjeras. Uno de los líderes campesinos, Peter Beleke, explicó su historia: unas tierras expropiadas a 400 familias que ahora son explotadas por la compañía alemana Neumann Kaffe Gruppe, empresa que presume en su página web de responsabilidad corporativa por lo que respecta a su compromiso de contribuir a la mejora de las sociedades de los países en los que trabaja. “Nos están robando la comida las multinacionales”, afirma Beleke.

 

También en mayo se supo que el Gobierno ugandés exigía que varias ONGs locales e internacionales –entre ellas Intermon Oxfam- pidiesen disculpas por “incitar a la violencia” mediante sus declaraciones e informes acerca del acaparamiento de tierras en el país. En otras palabras: el gobierno ugandés mostró su malestar por ser acusado de llevar a cabo expropiaciones forzosas sin cumplir con las garantías legales debidas.

A comienzos de este mes de octubre, Intermón Oxfam difundía el siguiente vídeo en el que explicaba en apenas dos minutos las implicaciones del acaparamiento de tierras en  los países africanos, cuya población depende mayoritariamente de la agricultura.

 

 

 

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Sesgo de disponibilidad. Daniel Kahneman cuenta en su libro Pensar rápido, pensar deprisa (Debate) que, en un estudio llevado a cabo hace unos años por psicólogos estadounidenses, se les realizaron a los participantes diversas preguntas que tenían por objeto comprobar su percepción de las causas de más y menos probables. Los participantes en el estudio juzgaron, por ejemplo, que la muerte a causa de un rayo menos probable que la muerte por botulismo, aunque las estadísticas mostraban que la probabilidad de morir alcanzado por un rayo era 52 veces superior a la posibilidad de morir a causa de botulismo.

 

“La lección es clara: las estimaciones de causas de muerte están distorsionadas por su cobertura mediática. La cobertura misma se halla sesgada hacia la novedad y el dramatismo. Los medios no solo moldean, sino que son modelados por lo que interesa al público. Sus editores no pueden ignorar las demandas del público, que quiere que determinados asuntos y puntos de vista reciban una amplia cobertura. Los sucesos poco habituales (como el botulismo) atraen una atención desproporcionada, y por eso se perciben como más habituales de lo que realmente son”.

 

 

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Una definición posible de las Relaciones Internacionales. Al Jazeera se ocupa de una modalidad de boxeo-ajedrez cada vez más practicada en Inglaterra.

 

La definición del boxeo-ajedrez podría servir perfectamente para referirnos a las relaciones internacionales contemporáneas: Cuatro minutos de ajedrez contrarreloj, dos rounds de boxeo, otros cuatro minutos de ajedrez contrarreloj, y otros dos rounds de boxeo…Así hasta que uno de los contrincantes recibe un KO técnico o hasta que se produce el jaque mate.


También en The Guardian se ocupan del boxeo-ajedrez.

 

 

 

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Lermontov ya no vive aquí. Los ideólogos del régimen soviético decidieron que el nuevo hombre comunista no podía crecer y desarrollarse dentro del dédalo decadente del viejo barrio moscovita de Arbat y derribaron las viejas casas. En el centro del nuevo Arbat hoy podemos encontrar una avenida peatonal flanqueada por negocios para turistas. El nuevo hombre comunista hace ya más de dos décadas que viste jeans y sueña con llegar a fin de mes en una ciudad de alquileres inalcanzables.

 

El ex corresponsal en Moscú del diario inglés The Guardian, Luke Harding, viaja hasta Tiblisi con motivo de las recientes elecciones que han permitido un cambio de gobierno. En uno de sus despachos enviados desde la capital georgiana se ocupa de la profunda remodelación arquitectónica que ha sufrido la ciudad desde 2007, año en el que resultó elegido presidente Mijeil Saakashvili. La ideología parece haber tenido poco que ver en el cambio de aspecto de la ciudad. Los sueños urbanísticos de los políticos suelen ser un reflejo dialéctico de los sueños de riqueza de los promotores inmobiliarios que financian las campañas electorales, los adalides de la modernidad. Entre los viejos edificios sometidos a piqueta se encuentra la conocida como la Casa Lermontov, un edificio que habría servido de residencia al escritor ruso durante su aventura en el Cáucaso. Un escritor inglés que reside parte del año en Tiblisi le comenta a Harding que los edificios históricos “han sido arrasados, remplazados por una versión Disney del modelo original”. Se lamenta además de que la parte más afectada es la parte asiática de Tiblisi, en la que se levantaban edificios con un valioso artesanado de madera que remitían a las raíces orientales de Georgia. “Es desolador”, concluye.

 

Tiblisi no es la única ciudad del mundo que padece los efectos de la piqueta indiscriminada. El crítico de arquitectura de The New York Times, Paul Goldberger, preguntado sobre qué se puede hacer para evitar que las grandes urbes se parezcan cada vez más entre sí, comenta que el cambio es el único medio para mantener vivas las ciudades, pero añade: “No es la primera vez en la historia que esto sucede. La monocultura se vence con esfuerzo por mantener las identidades. Cada vez hay más interés en lo original, por eso los lugares que no borren el pasado serán más atractivos. En el último siglo las ciudades han crecido de manera muy parecida entre ellas y muy diversa a como lo habían hecho hasta entonces”. Conversar sin estancarse es todo un desafío que, en su opinión, merece la pena afrontar: “La creación de lugares y de memoria, lo que constituye lo auténtico en la era virtual, es un reto que deberemos entender”.

 

 

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Cambios en Marruecos. La Primavera árabe en Marruecos no ha sido tan traumática como en otros países del norte de África. La monarquía accedió a negociar con la oposición una serie de reformas –de distinto calado- que han permitido la redacción de una nueva constitución y el nombramiento de un primer ministro islamista tras las elecciones celebradas en noviembre de 2011, el líder del Partido Justicia y Desarrollo, Abdelilah Benkirán. Las relaciones entre la Monarquía –que comprende una Corte variopinta que controla casi todos los pilares económicos del país- y el gobierno islamista no están siendo fáciles. Ni siquiera se ponen de acuerdo sobre las atribuciones que corresponden a ambos poderes –el real y el ejecutivo- a la hora de gobernar.

 

Las transiciones políticas ordenadas requieren la buena voluntad de los actores implicados para lograr acuerdos que, de facto, permitan una gobernabilidad fluida incluso en los casos en los que la ley, por vacío legal o por imprecisión atributiva, no regule todos los aspectos de la vida política de un país en remodelación. Las siguientes líneas de un artículo publicado hace poco en la revista Foreign Policy resumen en una escena la importancia de lo visible y lo invisible en la transición marroquí: “Una mañana [de este pasado verano], me acerqué hasta el complejo del palacio real, construido en el siglo XIX y situado en la capital, Rabat. Los visitantes no pueden visitar su interior (los marroquíes ni siquiera pueden merodear en torno a los muros exteriores). Mientras daba un paseo frente la fachada, cerca de una de un gran puerta alicatada, apareció un oficial de seguridad para decirme “No puedes caminar más allá”. Sonreí y dije que no había visto ninguna línea. «No», dijo con gravedad, «no hay ninguna línea». Este es el Marruecos actual: aún existen límites, y es posible que no te des cuenta de su existencia hasta que los hayas transgredido”.

 

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Manifestaciones y represión. Con el paso del tiempo, las libertades y los derechos se estiran y se contraen como…digamos, para nos ser vulgares, que como el encofrado de un puente en función de las variaciones climáticas. En sus memorias, Christopher Hitchens cuenta una anécdota que viene a demostrar que, por lo que respecta al derecho que tiene el ciudadano de conocer la identidad de un funcionario de las fuerzas del orden, no estamos mejor que a finales de  los años sesenta. Aunque  los mandos de la policía española siempre podrán defenderse afirmando –con razón- que sí estamos mejor que en nuestros años sesenta, por lo que se refiere al estado (de las cosas) policial. Cuestión de perspectiva, claro.

         Manifestarse en Inglaterra a finales de los años 60. “Ayudé a organizar una sentada en el exterior de una peluquería oxoniense que no admitía a clientas negras. Mientras seguía bajo fianza por esa falta, volví a sentarme en el campo de críquet de un partido en el que debía jugar el equipo sudafricano. En el juicio, no conseguí divertir al magistrado cuando me quejé del brutal comportamiento del oficial de policía que me arrestó y di el número que llevaba en el uniforme. «¿Cómo puede estar tan seguro –preguntó el hombre desde el estrado- de ese número?» «Solamente porque, señoría –respondí sarcástico-, la cifra 1389 es la misma que la de la fecha de la gran revuelta campesina». La costosa multa resultante reflejaba la opinión que le merecía al tribunal mi improvisado desprecio, así como mi rechazo a jurar sobre la Biblia”- Christopher Hitchens, en su autobiografía Hitch-22

 

       Manifestarse en  España en 2012. Desde hace varios meses, se suceden las manifestaciones en Madrid y en otras ciudades de España que terminan con una intervención policial. En no pocas ocasiones, varios manifestantes se han quejado –en muchos casos tras ser dados de alta en el hospital- de la brutalidad con la que han sido tratados por la policía nacional. Las quejas no pueden cristalizar en una denuncia completa –concreta, con nombres y apellidos- porque las unidades antidisturbios se niegan a llevar visible el número de identificación que permitiría señalar al culpable de una acción de violencia desproporcionada. Tal vez no sea acertado decir que “se niegan” a mostrar su identificación. El Director de la Policía afirmaba a comienzos de octubre en el Congreso de los Diputados que se procedería a comprar nuevos chalecos antibalas para facilitar la identificación de los agentes. El presupuesto de la renovación de vestuario: 3 millones de euros. Supongo que han valorado, y descartado, otras posibilidades menos costosas. ¿Es mucho suponer? Tal vez ¿No entraría esta medida dentro de la categoría de medidas que popularmente se denominan “matar moscas –sin chaleco antibalas- a cañonazos”? El caso es que, al menos, se cumpla. Cuanto antes.

p.d.: ¿Cuál será el destino de los viejos (pero nuevos) chalecos que no tienen identificación? Dadas las buenas relaciones de España con Marruecos, escenificadas en la última cumbre bilateral, tal vez podrían enviarlos a la policía marroquí, por si quiere usarlos en el Sáhara Occidental cuando tenga que dispersar, como al parecer ocurrió hace unas semanas, manifestaciones de escolares de entre 12 y 16 años.

 

                                                    *

 

Carlos Dada, director del periódico salvadoreño El Faro, en su discurso de aceptación del premio Anna Politkovskaya, entregado el 5 de octubre en el Festival Internazionale de Ferrara, leyó un texto en el que, siguiendo a la Politkovskaya, abogaba por un periodismo que no le convirtiese en “otro payaso de los medios”. Dijo Dada:

 

“En su última columna, llamada De qué soy culpable, Politkovskaya hablaba del ejercicio periodístico realizado en estas condiciones, en las que los independientes, los que retienen los principios y las razones que nos trajeron a este trabajo, son los menos ante un ejército de periodistas complacientes y entregados a los intereses de los poderosos..

 

“Los koverny, les llamaba ella. Payasos rusos cuyo trabajo era entretener al público mientras el escenario era cambiado.

 

"Politkovskaya fue silenciada porque no quiso ser un koverny. Porque decidió utilizar el poder de los medios de comunicación para denunciar la victimización de las comunidades chechenas. Una victimización cuyos perpetradores tienen nombre y apellidos; oficiales y funcionarios culpables de desapariciones, abusos de poder y corrupción en la Rusia de Vladimir Putin”

 

                                                      *

 

La construcción de un país. Un buen reportaje en eldiario.es sobre Sudán del Sur y la difícil construcción nacional del nuevo estado. Un asesor europeo del gobierno sudanés comenta: “Hay una lista enorme de cosas que resolver cuando inicias un nuevo país. Después de la independencia necesitamos símbolos de nacionalidad. Una bandera, un himno nacional... pero también necesitamos un banco central, una nueva moneda, un marco legal, una Constitución escrita, pasaportes, control del trafico aéreo e incluso escoger un idioma oficial".

 

Los elementos constitutivos –incluida la Constitución- de un viejo Estado suelen darse por supuestos, pero no dejan de ser creaciones convencionales: y todo lo que se ha creado puede destruirse o reformarse. ¿No se habían debilitado los Estados-nación? ¿Se puede impedir la manipulación política de la identidad nacional? ¿Qué diferencia el nacionalismo del patriotismo? ¿Qué queda de la identidad nacional si eliminamos el confortable –y no exento de agresividad- sentimiento de pertenencia? ¿Qué hacer con los Estados-nación que se construyeron a su vez como fusión –pacífica o violenta- de varias identidades aglutinadoras?

 

                                                     *

 

 

Unívocos que se equivocan. “No soy dogmático. Hay muy pocas cosas en la vida de las que piense que solo se pueden hacer de una manera. Eso ha condicionado mi mirada. Todavía me cuesta entender a los talibanes de la arquitectura que solo admiten una manera de actuar”, comenta el historiador y crítico de arquitectura Paul Goldberger.

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